Sin regalo.

Una vez más, un año más, pasó el día de Reyes.

He tenido la sensación durante todo el día que, en algún momento, llegaría mi regalo. Sería un regalo único, de los que cambian la vida. Algo que ni siquiera puedo imaginar. Un regalo que no escribí en la carta a los Reyes Magos.

Una ¡Sorpresa!

Uno es adulto pero merece disfrutar de la ilusión.

He abierto el correo un ciento de veces, pensando que podría llegar por ese medio.

He bajado un par de veces al buzón, hasta lo he hecho en pijama, antes de meterme en la cama, por si acaso.

He oído que los Reyes Magos se han modernizado. Ahora incluso me han contado que los camellos llevan GPS para no perderse. Ahora que pienso, ese puede ser el problema: mi casa no está bien situada en el GPS. Si una noche de borrachera lo pusiera para no perderme, acabaría en cualquier acantilado, o en el pantano cercano. No un pantano de esos de guardar agua, sino de esos de aguas cenagosas y arenas movedizas en los que si alguien pisa, el barro se lo va engullendo poco a poco. En una película de aventuras de los años cincuenta, aparecería el guía de la expedición, un tío resabido al que nadie le hace caso, que tiraría una cuerda y salvaría al héroe romántico, o a la heroína tirando de ella en el último momento. Porque sería en el suspiro final, cuando apenas queda la nariz por encima del barro, y los brazos agitándose sin rostro, cuando el héroe o heroína en peligro lograría coger la cuerda y el otro, el guía sabelotodo de la expedición, tirar de ella para salvarlo. Luego el guía le echaría la bronca, vaya que sí.

Por eso no han venido los Reyes magos.

Pero digo yo, que a pesar de que la tecnología ocupe su lugar en el mundo, estos reyes son importantes porque son Magos. ¿Es que ya no tienen magia? ¿Es que la magia no tiene un lugar en el mundo? Y no me refiero a los ilusionistas o como se quieran llamar. Y deberían saber que yo también soy un niño peque, que necesita de sus regalos. De ilusiones. Yo también tengo ilusiones. Y creo en la magia. Eso sí, no me vale un madelman, o un puzzle. Prefieron algo de más enjundia. ¿Una vida nueva? ¿Un premio de la primitiva? ¡Un Príncipe azul! Con sus medias y su canesú.

No me ha tocado la lotería del Niño.

He abierto la puerta varias veces, creyendo que llamaban. Si hubiera tenido chimenea, me hubiera apostado junto a ella toda la tarde. Con el fuego encendido, para llamar su atención. Con los zapatos delante de mí, bien lustrosos, sin polvo del camino. Como no tengo chimenea, me he quedado frente a la televisión, cambiando de canal una y otra vez, viendo como unos concursan para adelgazar y hacer de ello un espectáculo, o viendo relatar crimenes horrendos e increíbles. He visto como iban a buscar tesoros ocultos por los graneros de USA para comprarlos y venderlos de nuevo, indicando lo bobos que son los que lo venden porque los que los compran van a sacarse un beneficio del copón. He observado la técnica de puja y la comedia que se montan esos que van buscando subastas de trasteros abandonados. No sé si sacarían algo de mi trastero, los pobres. Y como eso significaría que había palmado y la pasta se la llevaría el del trastero, que le peten.

He mirado el Facebook, por si llegaba ahí mi sorpresa de los Reyes magos.

Nada.

Quizás es que, como es un regalo de enjundia, de los que cambian la vida, llegará mañana. O pasado. O al otro. Pero a mí me hacía ilusión que llegara hoy, día de Reyes. De Reyes Magos.

También me hacía ilusión que me llegaran un pedido de libros que hice el otro día a una tienda online. Resulta que no me han encontrado en casa. Vaya. Hubiera jurado que estaba. Al final casi acabo antes yendo a comprar esos libros a Nueva York.

Acabo de abrir el correo de nuevo y nada. No ha llegado nada.

Voy a bajr un momento al buzón.

¡Nada!

Pero es que he sido bueno. He sonreido y saludado al conductor del autobús todos los días. Sonrío al del banco, a la de la panadería. Me apunto a la rifa de una cesta de la tienda del barrio para que cobren su extra. Me dejo engañar, si me piden algo, corro para darles satisfacción.

He sido bueno…

Ya es de madrugada. Tengo un poco de sueño. Me he resistido a irme a la cama, por si habían pillado un atasco en la autopista o algo y no les había dado tiempo a acabar el reparto. Y juro que no he salido de casa, no fuera a ser que me pasara como los de Seur que no me encontraron.

Así que, con gran tristeza, he de declararme un año más, derrotado y vencido. Sin regalo. Sin regalo de Reyes. Y para más inri, el rosco ha venido sin sorpresa.

¿Será que ser bueno no compensa?

PD. Ya ha pasado el día siguiente a Reyes, y nada.

PD1. Ya ha pasado el día siguiente al día siguiente al de Reyes, y nada.

PD2. Ya ha pasado el día siguiente, al día siguiente, al día siguiente a de reyes, y nada.

PD3. Ya ha pasado…

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