A José Mari no le quedó claro.

David le desconcertaba.

Estaba bañándose en la piscina. Hacía calor.

José Mari volvía del trabajo, con su traje, su maletín con los papeles que debía gestionar esa noche antes de la reunión que tenía a primera hora de la mañana. No fue consciente del calor que hacía hasta que vio a su amigo en la piscina, chapoteando, disfrutando. Fresquito. Mojado.

Se acercó y lo saludó.

  • ¡Qué envidia!, le dijo.

David sonrió pícaro mirándolo. Lo cogió de la corbata y lo empujó hacia la piscina. José Mari tuvo los reflejos suficientes para soltar el portafolios y saltar para caer de pie. Lo miró desconcertado.  Pensaba a la velocidad de una locomotora de AVE sobre las intenciones de su amigo. Cuando llegó hacía una semana de improviso, él pensó que quería tema. Cuando se conocieron en aquella fiesta de Benidorm, hablaron mucho y se abrazaron, y se besaron con cariño en las mejillas. Había mucha gente. Pero David se fue al baño y  no volvió. Desde la barandilla de la terraza, vio como se subía a un coche con otro hombre.

  • Qué buena pareja hacen – le dijo Yaniris, la anfitriona de la fiesta. – Van para dos años.

Se intercambiaron algunos wasaps de vez en cuando. Caritas sonrientes, algún corazón que David el enviaba de vez en cuando. y de repente, un día, se lo encuentra en la puerta de su casa, sentado sobre su mochila, esperando.

La segunda noche, José Mari intentó besarlo. Pero David lo esquivó con mucho arte.

La tercera noche, parecía… pero no.

Ya no lo intentó más.

Pero ahora, mientras él se miraba el traje, mojado hasta la cintura, con ganas de jugar en el agua, David subió las escaleras de la piscina, andando despacio, seguro de sí mismo, moviendo muy lentamente su culo que sabía atractivo. Caminaba inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado, como jugando, como queriendo mirar hacia atrás para comprobar que José Mari lo seguía, pero sin hacerlo.

José Mari dudaba. ¿Era la señal esperada? ¿Había ocurrido algo en los últimos días que explicara ese cambio de actitud?

Al final decidió seguir a David. Porque además, sentir su ropa interior  mojada, dentro de sus pantalones mojados, le había puesto muy, muy caliente. Y ver caminar a David por detrás, no ayudaba a serenar su espíritu.

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Lo siguió y dejó de pensar. Lo siguió hasta su habitación. Y ahí en medio de la cama, tumbado boca arriba, se lo encontró, completamente desnudo, empalmado, con sus calzoncillos en la mano.

  • Ven.

José Mari fue, mientras se desanudaba la corbata.

Cuando David le quitó la camisa arrancando los botones, José Mari lo tuvo claro. Lo que pasaría al día siguiente, seguía sin estar nada claro. Pero decidió preocuparse de eso al día siguiente.

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