Diario de un hombre sin nada que contar. 36ª entrada.

Eduardo se está alejando de mí. Por completo. Se ha asustado, seguro. Lo noté en nochevieja, ya os dije. No viene por casa. Apenas dice de quedar o salir. Ya no se queda en casa ninguna noche, ni me ha invitado a ver su estudio. En el trabajo, trabajamos. Como antes de lo nuestro.

Me dice Didac que lo hable con él.

Los chicos, bien gracias.

Yo, no sé.

El Real Madrid ganó. Me duele lo de la Copa del Rey.

Fuera Cristiano. Fuera Benzema. Me gusta Morata. Lucas Vázquez.

Oriol ya no quiere ir a Barcelona a estudiar. Quiere quedarse conmigo. No he dicho nada.

Pol ha descubierto que quiere ser médico. Quiere quedarse conmigo. No he dicho nada.

Didac organizó una cena de parejas. Para juntarme de nuevo con Eduardo. Fue ayer.

Él fue con su VIP. Eduardo y yo, claro.

No fui convencido. Pero tanto insistió que claudiqué.

Aclara las cosas, me dijo Didac.

El VIP ese es un snob. Cree que Didac come de su mano, cuando es al revés.

La cena no acabó bien.

Todo iba normal, hasta que Didac y yo empezamos a bromear como solemos hacer cuando estamos solos. Nos conocemos hace tiempo. Medias palabras, frases entrecortadas, bromas que solo entendíamos nosotros.

Hubo un momento que me di cuenta y pensé en parar. Pero me lo estaba pasando bien.

Eduardo al principio nos miraba divertido.

El VIP, se mosqueó desde el pitido inicial.

Eduardo en el postre se hartó también.

Se levantó y sin darme la ocasión de preguntar o decir algo, se fue. No miró atrás.

El VIP no tardó ni diez segundos en seguirle.

El VIP le devolvió las llaves de su casa a Didac.

Nos quedamos en silencio.

Le hemos dado a Eduardo la escusa perfecta, dije. Didac no dijo nada, pero por el gesto de su cara supe que estaba de acuerdo.

Tenías razón, dijo poco después.

Didac pagó la cuenta y nos fuimos. Caminamos despacio, por la calle. No hacía mucho frío. En un momento dado, Didac me cogió del brazo. Seguimos caminando. En silencio.

Llegamos a su casa.

Me dio las llaves que el VIP le había devuelto. Me dejó sitio para que abriera el portal.

Subimos en ascensor. Un ático en el décimo.

Abrí la puerta con la llave. Automáticamente se encendieron las luces. Eché un vistazo: no había cambiado casi nada desde la última vez que estuve allí.

Cerró la puerta.

Fui a devolverle las llaves. No las quiso. Cerró mi mano con la suya apretándolas. Guárdalas, me dijo, sonriéndome.

Nos besamos.

La noche fue agradable.

Y larga.

.

Néstor G.

Anuncios

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s