Diario de un hombre sin nada que contar. 40ª entrada.

Caí enfermo.

Ansiedad. Gripe. El virus más famoso: el estomacal. Limpieza. Arriba y abajo. Hecho polvo. Los chicos de viaje con el colegio. Solo en casa.

Solo.

Cuando estás enfermo es cuando notas más la soledad.

Un desastre.

Adelgacé esa semana 5 kilos.

Dídac venía a traerme Acuarius para beber. Ponía su mano en mi frente.

Tienes fiebre, decía.

Me quedo, ordenó.

Se quedó un par de noches. En silencio. Trabajaba mientras me miraba de reojo. Estaba preocupado, se lo noté. No dijo nada. No dije nada.

No tenía ganas de nada. Ni de fútbol. De tele. De libros.

Me llamó Luis. Se había enterado. Se preocupó por mí.

Teresa llamó.

Los chicos a cada rato un wasap. Quería volver a cuidarme.

Yo con ganas de nada.

Solo.

Pesaba la soledad. Pero no quería a nadie. Me molestaban hasta las charlas de mis vecinos que escuchaba nítidamente por el silencio de mi casa.

Eduardo, mi compañero de trabajo y aquel proyecto de pareja, no dijo nada.

El viernes me recuperé un poco. Volvieron los chicos. Me prepararon un consomé para cenar. Y una tortilla francesa.

Me sentó bien.

Me hicieron sentir bien.

De coña, dijo Pol que me había puesto malo porque se habían ido ellos.

Negué hasta cinco veces.

¿Y si tienen razón?

Anda que, a cualquiera que le cuente que tengo más conexión con estos chicos que con mis propios hijos.

Una cosa tengo que agradecerles: que espantaran a Eduardo.

.

Néstor G.

Anuncios

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s