Diario de un hombre sin nada que contar. 47ª entrada.

Me pregunto por qué me he quedado tan vacío. Lo juro, no tengo ganas de nada. Me cuesta ir a trabajar. Me cuesta comer. Hasta que Didac no se ha instalado en casa, no comía apenas nada.

Los chicos se fueron.

No quería que los chicos se quedaran, cuando se quedaron. Ahora, los hecho de menos.

No quería novio o pareja o lo que sea. Y primero Eduardo se echó atrás. Pero estaba Luis por ahí. Ahora éste se ha ido. A Oslo. Ya tendrá las pelotas heladas.

Toda la gente se va de mi lado. Teresa, mis hijos. Los chicos de López. Eduardo. Luis. Y los anteriores. Mis padres me echaron. Mis hermanos me ignoran.

Antes sobrellevaba el tema con naturalidad. No quería a nadie fijo, decía a todos. No quería responsabilidades, hijos, esas cosas. Me gustaba la soledad, decía a todos. Todo mentiras.

Llegaron los de López y llenaron mi vida. Luché por ellos incluso. Hice muchas cosas con ellos, para ellos. Por ellos. Todo lo que no hice con mis hijos.

Luis llenaba mi mochila de “piel con piel”.

Me quejaba a todos. Si los chicos, si Luis, si tal, si su madre, si su padre.

Un fastidio, decía.

Sin el fastidio, no vivo. No tengo razones.

Didac no me dice nada. Me obliga a comer, a ir a trabajar. Pol le ayuda con sus wasap matutinos.

Oriol se vino el fin de semana pasado a casa. Dijo que tenía que estudiar. Vino a cuidarme. Didac se fue de viaje.

Todos saben que estoy fatal. Que vergüenza.

Pol vino a comer.

López me llamó y dijo no sé que de salir a ligar. Pensé en mandarle a cascarla. Demasiado esfuerzo: le colgué. Que no me maree.

Didac me vigila. Luego leerá lo que he escrito y vigilará que lo mande bien. Seguido, me llevará a la cama y se abrazará a mí para dormir.

Me acaba de mandar un mensaje Pol. Quiere que le ayude con un trabajo para el colegio.

Que vergüenza. Lo hace por darme juego. Por hacerme sentir importante.

Todos saben lo arrastrado que estoy. Y yo, sigo estando arrastrado. Todos buscan excusas para cuidarme y que no me enfade. Me enfadaría si no les necesitara. No voy a ser tan tonto de, por un poco de dignidad, echarles a todos. ¿O sí?

Demasiado esfuerzo. Lo dejaré correr.

Ven, Pol, y te ayudo, le dije.

Vino con maleta y se quedó unos días.

El trabajo es complicado, le dijo a su padre.

Aprovechó para ensayar una obra de teatro que están preparando para final de curso. Dice que yo sé de eso, su padre nada de nada.

Oriol aprovecha la circunstancia de su hermano y viene a comer.

Cocina Didac. Se lleva bien con los chicos.

Didac ha dejado a su novio. Le digo que podríamos hacernos novios. Como respuesta me mira. Fijamente. Yo no pestañeo. Sigue mirándome.

Lo digo en serio, le manifiesto.

Se da media vuelta y se mete en su despacho.

Desde dentro, dice:

Deberíamos irnos a mi casa, es más grande.

Lo dice así para no ver mi reacción.

Pero los chicos, deberían tener una habitación.

Me ocupo de ello, le oigo decir a través de la puerta.

No he entendido muy bien lo que ha pasado. Si ha sido en serio, o no. ¿Un sueño?

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Néstor G.