Miguel y Lolo, 1ª parte.

Empezamos hoy con una nueva historia sacada de una serie. Ellos son Lolo y Miguel. Uno mecánico de fotocopiadoras y el otrotrabaja en una emisora de radio. No demos más detalles. Disfrutemos de su historia. A ver como les va.

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El trabajo de entresacar el hilo argumental de esta pareja lo ha hecho Key 190, al que claro, le estamos muy agradecidos.

Retazos de vida imperfectos: No pegamos.

Quise verte aquel día. No lo medité mucho. Llegué y pregunté por ti.  La recepcionista me miró de una forma… de una forma… no se definirla. Pero estuve seguro  que me iba a decir que no estabas o alguna excusa parecida.

En efecto, me dijo que estabas en una reunión y que habías dado orden expresa de que no te interrumpieran. Yo dije entonces que esperaría. Ella me dijo tajante: No es posible. No se dignó ni disimular lo más mínimo el rechazo que le producía.

No pude verte.

Intenté esperar en la calle, como me dijiste si pasaba algo parecido. Casualmente vino un policía al poco para pedirme la documentación y recomendarme que no era buen sitio para estacionarse. ¿Estacionarme? Me pregunté. He venido en autobús. Estoy en la acera, apoyado en una barra de las de aparcar bicicletas, pero sin bicicletas.

Si hubiera ido con traje, no con mi chándal viejo, bien afeitado,  no con esta barba de varios días que perdió hace ya unos cuantos el encanto de la barba de un par de días. Con unos zapatos nuevos, en lugar de estas deportivas, que aunque son de marca y costaron una pasta, están gastadas y sucias. Y huelen, que las he usado mucho. Eso no creo que lo notara el policía, ni la de recepción de tu empresa. Pero esas zapatillas me han acompañado mucho. Y sabes, son muy cómodas. Las tengo cariño. ¿Para que voy a comprar otras?

Otras tengo. De hecho, tengo muchas. Nuevas. sin estrenar. Pero no pensé que debiera ponerme de punta en blanco para ir a verte.

Claro, están acostumbrados a verte limpito, recién afeitado, con tu corbata perfectamente anudada, recta, tu camisa impoluta, tu gesto risueño, pero circunspecto, de persona importante.   No debieron pensar que de mi visita se derivara nada bueno para ti.

No pegamos juntos, te lo he dicho siempre. Tu me dices que me quieres, y sé que es verdad. Y yo te quiero, y es verdad. Te amo. Amo. AMO. Mayúsculas. Quién me iba a decir a mí que tus canas me llevaran por la calle de la amargura.

Pero no pegamos. Y nos lo dicen a cada paso que damos. Nos lo dicen de palabra, con la mirada, con la obra.

Y tenemos que decidir si lo dejamos y les damos la razón o de si intentamos darnos una oportunidad. Aún así, hay muchas probabilidades de que salga mal. Hay cosas que de tanto escucharlas al final, acabas por creértelas.

 

Estás conmigo.

Ahora mismo, si a Chus le hablan de orgullo, dignidad y eso conceptos tan grandilocuentes, se echaría a reír con ganas. De hecho, está en plena carcajada, al lado de la cama de su amante, desnudo, tirado en el suelo y con las sábanas y mantas sobre él. No entiende como se ha podido caer de la cama tan tontamente. Pero ahí está. Todavía no lo sabe, pero el vaso de agua que se llevó a la mesilla sobre un platito, que su amante es muy remilgado, está a punto de caer sobre su cabeza. Le queda nada, un pequeño movimiento del suelo con las risas del propio Chus, que su amante salga del baño (aunque conociéndolo todavía tardará como media hora) y abra la puerta con decisión, o que se cuele por la ventana una pequeña brizna de aire.

El vaso pende de un hilo, que diría aquél.

Y el hilo se rompió, porque Chus acabó riéndose otra vez a carcajadas (miró al espejo del armario y vio la pinta que tenía además, con su cara llena de carmín, que le gustaba a su amante el tema del carmín, espatarrado, con las mantas aquí y allá, y con su tripita, que no se había dado cuenta de que era cierto lo que le había dicho Carlos de la Cuesta Contigo, su remilgado amante: has engordado, cariño, pero me pones más así), el vaso se volcó derramándose sobre Chus y cayendo luego sobre su pecho, ya vacío. Todo esto volvió a provocar otra carcajada. Que cuando uno se siente ridículo es mejor reírse, sobre todo si no le ve nadie. Chus era incapaz de levantarse del suelo, lo que le hacía reír de nuevo. Un círculo vicioso que estaba consiguiendo que su miembro viril quisiera ponerse contento para unirse a la fiesta. Ponerse cachondo en esa situación era para echarse a reír. Una vez más.

El remilgado amante de Chus, salió del cuarto de baño, espantado de la algarabía que escuchaba en la habitación, con su camisa impoluta, su peinado perfecto, afeitado y con la boca sabiendo a clorofila.

– ¿Qué ha pasado? – preguntó caminando hacia Chus, con una ligera sonrisa en su boca, que no dejaba de ser el asunto gracioso y la risa de Chus era contagiosa.

– No me puedo levantar, como la canción.

– ¿La canción?

– De Mecano. – Chus empezó a cantarla.

– ¡Ah! Esa.

– Carlitos, pareces un viejo.

– Y tú un crío.

– Lo que somos.

– No somos críos, tenemos veintitantos.

– Da igual. Somos unos críos. Aunque parezcas un viejo.

– Tengo muchas responsabilidades.

– Tienes un palo metido por el culo.

– No es cierto.

– Lo es. Déjate de cháchara y ayúdame a levantarme.

Carlos de la Cuesta se acercó a Chus decidido a solventar el tema, con tan mala suerte que no vio el vaso en el suelo y lo pisó, resbalándose. Intentó mantener el equilibrio agitando los brazos como si fueran aspas de molinos de viento en medio de un huracán. Lo más que consiguió es caer hacia delante en lugar de hacia atrás. Chus vio la jugada y se movió para ponerse en la trayectoria de su caída y amortiguarla.

– ¡Carajo! -exclamó fastidiado Carlos de la Cuesta– tendré que volver a arreglarme. (su camisa de lino se había humedecido con el agua del vaso y Chus, para fastidiarlo, había pasado su cara rasposa de barba de dos días y carmín de la última noche, por la suya, poniendo colorete en su rostro, estaba seguro de ello).

– Vayamos al Orgullo, Carlitos.

– Deja. No me van esas movidas.

– Subámonos en una carroza.

– Quita, quita.

– Follemos. Ahora. Por primera vez hoy.

Iba a decir que no tenía ganas, pero notó la mano de Chus sobre su miembro y supo que no podía disimular. Y notó el pene de su amante, que acababa de ponerse a tono. Sintió su piel mojada, el carmín en su cara, el gesto de pillo que le ponía… y sin más disquisiciones, se lanzó a besarle como un desesperado.

La camisa acabó en la manilla de la ventana, la corbata directamente sobre el cuello, hacia atrás. Los pantalones hasta hacía unos minutos, pulcramente planchados, estaban arrugados debajo de la cama.

Se abrazaron, dieron varias vueltas sobre sí mismos, besándose apasionadamente. Chus fue a despeinar a su amante, pero éste le detuvo la mano.

-No, que me ha costado…

El comienzo de un beso nuevo, calló las quejas de Carlos. Y Chus consiguió su propósito y lo despeinó completamente. Y a Carlos no le importó, un día es un día. Y dos, son dos.

El tiempo pasó como una exhalación. No dejaban de besarse, de tocarse, cambiaban de posición, jadeaban, reían. Se saboreaban.

De repente, Carlos escuchó en el carrillón del salón que daban las 12,30 h.

– Cáspita, no voy a llegar.

– ¿No puedes decir joder como todo el mundo?

– ¿Qué más da?

– Sácate el palo, joder.

– No seas grosero. No tengo un palo en mi culo, tengo… – se detuvo porque le daba corte decir en voz alta lo que tenía en su culo en lugar del palo. – Acabemos que tengo que…

– Ya se me ha cortado el rollo – exclamó un fastidiado Chus notando como su miembro viril se ponía flácido y salía de Carlos de la Cuesta Contigo.

Chus se puso a horcajadas sobre Carlos. Le agarró las manos y se las sujetó por encima de su cabeza.

– Estás ridículo con todo ese carmín – le dijo de repente Carlos, intentado inútilmente que le soltara.

– Pues bien que te pone caliente. Y tú eres ridículo a tiempo completo. ¿Me quieres?

– Qué pregunta más tonta. Sabes que sí.

– Dímelo.

– Ya lo sabes.

– Dímelo.

– Te… te… te… quiero.

– Vas a llamar a esos con los que has quedado y les vas a decir que te ha surgido algo y no vas a poder ir.

– Pero…

– Nos vamos a ir a la manifestación. A la fiesta. Te vas a poner algo de ropa informal, de la mía, que la tuya es toda de viejos. Con el pelo así, y sin ducharte, oliendo a sexo y sudor. Oliendo a mí. Yo iré oliendo a ti.

– No, eso no.

– Y vamos a pasar la tarde juntos, de la mano, como hacen los novios.

– Pero…

– Tú me quieres, yo te quiero. Así que somos novios – dijo muy serio y convencido Chus.

– No me gusta los…

– ¿Compromisos? Pues bien te comprometes para otras cosas.

– No es lo mismo. E iba a decir las etiquetas. No me gustan las etiquetas.

– Yo te miro con orgullo. Quiero que hagas lo mismo. Y quiero ir por la calle contigo. Quiero subirme a una carroza, bailar contigo, quiero besarte… quiero ponerme un cartel en el pecho: soy el novio de Carlos de la Cuesta Contigo.

– ¿Y tu carrera? Tu representante decía que…

– Que le den a todos. ¿Estás conmigo?

– Bueno… pensaba que no querías…

– ¿Estás conmigo, Carlos? O ésta será la última vez que veas estas lorzas que tanto te ponen…

– Pero…

– ¿Estás conmigo?

Se hizo el silencio.

Los dos sin moverse, respirando agitados, mirándose. Cada uno en su lucha.

– Te quiero – dijo de repente Carlos. Lo dijo decidido y sin trastabillarse.

Se besaron.

– Hago todo eso, incluido lo de novios. Pero a cambio te pido una cosa. Dos.

– Dispara.

– Te vienes a vivir conmigo y… – carraspeó – te casas conmigo.

Chus abrió la boca de la sorpresa. Soltó las manos de Carlos. Y se inclinó sobre él para besarlo.

– Hecho. Te quiero, bobo. Que les den a todos. Vamos a ser la pareja del año. ¡¡Ja!!

Chus se levantó del suelo y fue a buscar su móvil.

– ¿Qué vas a hacer?

– Voy a mandar a todos un wasap, para anunciar nuestra decisión.

Carlos de la Cuesta Contigo se movió insinuante en el suelo, sobre su ropa y las sábanas de su cama. Puso morritos. Chus lo miraba de reojo. Y puso el culo en pompa. Chus miraba de reojo. Dejó de escribir. Empezó a salivar. Carlos se hizo un ovillo en el suelo, pegando sus piernas a su pecho, a la vez que le lanzaba un beso.

Chus dejó el teléfono en la sifonier.

Carlos se volvió a estirar, tumbándose boca arriba, con su miembro apuntando al techo.

– La madre que te parió – exclamó Chus yendo hacia Carlos.- Carlitos, Carlitos, he despertado a la bestia. Me pones a 100.

– Aplácala, pues.

Dio los dos pasos que lo separaban se tumbó al lado de su amante y… se puso al tema.

– No se si llegaremos a la fiesta del Orgullo.

– ¡Joder!

Y no llegaron.

Martin Garrix & Troye Sivan – There For You

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There for you

I woke up pissed off today
And lately, everyone feels fake
Somewhere, I lost a piece of me
Smoking cigarettes on balconiesBut I can’t do this alone
Sometimes I just need a light
If I call you on the phone
Need you on the other side

So when your tears roll down your pillow like a river
I’ll be there for you
I’ll be there for you
When you’re screaming, but they only hear you whisper
I’ll be loud for you
But you gotta be there for me too

But you gotta be there for me too

Last year took a toll on me
But I made it with you next to me
Around the world and back again
I hope you’re waiting at the end

But I can’t do this alone
Sometimes I just need a light
If I call you on the phone
Need you on the other side

So when your tears roll down your pillow like a river
I’ll be there for you
I’ll be there for you
When you’re screaming, but they only hear you whisper
I’ll be loud for you
I’ll be loud for you

I got you, I promise
Let me be honest
Love is a road that goes both ways
When your tears roll down your pillow like a river
I’ll be there for you
But you gotta be there for me too

But you gotta be there for me too

Boy, I’m holding on to something
Won’t let go of you for nothing
I’m running, running, just to keep my hands on you
There was a time that I was so blue
What I got to do to show you
I’m running, running, just to keep my hands on you
Running, running, just to keep my hands on you
Running, running, just to keep my hands on you
So I’m running, running, just to keep my hands on you
But you gotta be there for me too

But you gotta be there for me too

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Ahí para ti

Desperté harto hoy
Y, cariño, todos me parecen falsos
En algún lugar, perdí una parte de mí
Ando fumando cigarros en balcones

Pero no puedo hacer esto solo
A veces me hace falta una luz
Si te llamo al teléfono
Y tú estás del otro lado

Así que cuando tus lágrimas se precipiten por tu almohada cual río
Yo estaré ahí para ti
Yo estaré ahí para ti
Cuando estés gritando, pero ellos a penas oigan tu susurro
Yo desataré la bulla por ti
Yo desataré la bulla por ti

Yo te cubro, lo prometo
Permíteme ser honesto
El amor es un camino que se abre en ambas vías
Cuando tus lágrimas se precipiten por tu almohada cual río
Yo estaré ahí para ti
Pero tú debes estar ahí para mí también

Pero tú debes estar ahí para mí también

El pasado año originó un daño en mí
Pero lo superé contigo a mi lado
A lo largo del mundo y de regreso otra vez
Espero que estés esperando al final

Pero no puedo hacer esto solo
A veces me hace falta una luz
Si te llamo al teléfono
Y tú estás del otro lado

Así que cuando tus lágrimas se precipiten por tu almohada cual río
Yo estaré ahí para ti
Yo estaré ahí para ti
Cuando estés gritando, pero ellos a penas oigan tu susurro
Yo desataré la bulla por ti
Yo desataré la bulla por ti

Yo te cubro, lo prometo
Permíteme ser honesto
El amor es un camino que se abre en ambas vías
Cuando tus lágrimas se precipiten por tu almohada cual río
Yo estaré ahí para ti
Pero tú debes estar ahí para mí también

Pero tú debes estar ahí para mí también

Pero me estoy aferrando a algo
Despierta si no sientes nada
Estoy corriendo, corriendo, solo para mantener mis manos encima tuyo
Hubo un tiempo en el que anduve sobrio
Pero me puse muy grande como para mostrarte
Estoy corriendo, corriendo, solo para mantener mis manos encima tuyo
Corriendo, corriendo, solo para mantener mis manos encima tuyo
Corriendo, corriendo, solo para mantener mis manos encima tuyo
Así que estoy corriendo, corriendo, solo para mantener mis manos encima tuyo
Pero tienes que estar ahí para mí también

Pero tienes que estar ahí para mí también

(traducción de Albelis Landaeta)