Diario de un hombre sin nada que contar. 63ª entrada.

El catarro, costó

Todos volvieron. Me cuidaron.

Didac me echó la bronca. Por no decirle y volvía.

No le dije y volvió cuando tocó.

Los chicos me echaron la bronca.

Me quieren.

Vuelvo a Justin, su madre y López. Los sucesos de Nochevieja.

Didac y yo fuimos a ver a la madre de Justin, recuerdo. Ahí lo dejé.

Lo primero que nos sorprendió fue la preocupación desmedida de la madre de Justin por si su hijo era homosexual o no. Didac y yo nos miramos atónitos.

No lo he educado bien. ¿En qué me he equivocado?

Nos volvimos a mirar desconcertados.

¿Denunciar? No, por Dios. De ninguna manera. Que vergüenza. Pensará que es un invertido que ha calentado a un señor casado.

Se nos habían acabado las caras de sorpresa. Las palabras también. Nos mirábamos desbordados.

Lo mejor es que no le han violado.

¿Como que no le han violado?, preguntó Didac sin poder contenerse.

Claro, no le han penetrado.

Nos callamos. Me pregunté si esa médica había aprobado la asignatura de psicología en la carrera. Lo segundo que me pregunté si esa profesional de la medicina trataba así a las mujeres y a los hombres que llegaban con el mismo problema a Urgencias. Lo tercero que inquirí en silencio es si era el mejor apoyo para su hijo en aquel momento.

Cuando llegamos de regreso a casa, Justin se había ido a la suya. Su madre nos pidió que no le dijéramos que habíamos hablado con ella.

Justin no le contó nada. Ella siguió como si no hubiera pasado nada. Al día siguiente, Justin no cogió el teléfono a Pol, ni le contestó ningún wasap. Quería hacer como si no hubiera ocurrido.

A lo mejor si lo ha violado, como dice su madre.

Didac estaba mirando la ropa de Justin. Tenía los calzoncillos en la mano. Esto es sangre, y señaló unas manchas.

Me encogí de hombros. No se me ocurrió decir nada.

Voy a subir la ropa al altillo. Diremos que la hemos tirado. Lo siguiente es que nos la van a pedir para hacerla desaparecer. Pero no me parece bien.

Estuve de acuerdo con Didac.

Pol se fue a hacer deporte con su hermano y Sergio. Didac y yo nos pusimos a preparar la comida. Así no pensábamos.

Por la tarde, Pol se echó la siesta. Oriol se quedó en el salón, leyendo, tirado en uno de los sofás. ¿Tocas algo Didac? Pidió. Algo relajante.

¿Violín o piano? Preguntó un poco sorprendido, porque los chicos no solían gustar de que Didac tocara si estaban en casa. Es aburrido, se quejaba amargamente Oriol.

Lo que quieras. Me gustan los dos.

Didac se sentó frente al piano y se puso a ello. Sergio salió de su cuarto y se sentó a mi lado. Estuvimos así mucho tiempo.

Le miraba tocar y no podía dejar de pensar en nuestras campanadas particulares, tirados sobre el piano, haciendo el amor. Con una botella de cava en la mesa de al lado. Nuestros cuerpos sudorosos, entrelazados, nuestras manos recorriendo nuestra piel. Sexo del bueno, con amor, con sexo y consentido. Consentido y buscado. Sexo del bueno que nos vino a interrumpir el sexo del malo.

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Néstor G.