Diario de un hombre sin nada que contar. 65ª entrada.

La tormenta perfecta. Eso es lo que había desencadenado López en noche vieja. Pol confía en su amiga Flor para grabar la escena de su padre. Ésta “que fuerte que fuerte”, lo interpreta a su manera y hace correr el vídeo. En él López le espeta a su hijo que está celoso de Justin. Conclusión: todos piensan que Justin es un capullo que deja a Pol por su padre. Justin en un momento pasa de ser una víctima a ser un cabrón.

Oriol se arregló con Gonzalo.

Mi hijo Sergio se fue unos días, le reclamaban en su empresa. O huyó. Seguramente consideró que su asedio a Oriol no iba a tener éxito. No iba a sacar más que sexo de él. Si es que lo sacaba.

Didac se fue unos días. Trabajo. Regresó.

Hablé largo y tendido con Oriol. Resulta que sí, le gusta mucho el sexo. Pero mucho. Y lo practica. Sexo cada día, parece su lema. Con ambos sexos. Su paga se la gasta en preservativos. Al menos, algo bueno.

Sergio está colado por mí, me confiesa. Siempre lo ha estado. Pero no me decido. Me aburriría de hacer sexo siempre con el mismo. Y me lo he montado de nuevo con Gonzalo. Esta vez ha ido muy bien.

Vale. Así que se han arreglado tan rápido.

Didac se ríe cuando le cuento todo esto. Se ríe de mi cara de susto.

No nos hemos enterado de nada de esto, me quejo.

Es que Oriol no da el pego de follador a ultranza, dice riéndose a carcajadas.

¿Nosotros lo damos? Pregunté. Volvió a reírse. Yo sí, tú… y dejó en el aire la respuesta. Le tiré mis calzoncillos que me acababa de quitar. Nos íbamos a dormir. Los cogió al vuelo y los olió. Me puse caliente, así que me lancé sobre él. Dormimos poco esa noche.

Pol y Justin.

Nos repartimos la tarea: yo hablé con Pol y él con Justin.

Pol.

Me lo llevé al cine. Vinos “Dunquerque”. Luego, pizza. Estuvo cabizbajo. Sabía por qué nos habíamos ido los dos solos. No quería hacerse el duro, pero estoy convencido que no sabía como estaba, ni lo que sentía. Estuvo todo el rato pensando que decirme.

Me habló de su padre. Había sido el niño de papá. Oriol el de mamá. A los 9, le pilló en un chat con un tío. Más tarde, le pilló unas fotos conmigo. Lo supo, aunque se lo guardó. No le gustaba que engañara a su madre, pero pilló a esta con uno. Pensó que era lo normal. Cuando su madre se fue y su padre cayó en ese estado catatónico, se le fue el alma a los pies. Necesitaba a López. Deseaba que se centrara y volver a casa con él. Yo te quería mucho, y te agradecía que nos sacaras de allí, pero… aquel chico, Eduardo, no era para ti, por cierto. Te la pegaba con otro del banco. Los vi un día. Ahora están juntos, los vi antes de navidades. Es un jefazo. Alguna vez lo he visto contigo, en la oficina.

Mantuve la compostura después de esa confesión. De todas, en realidad. No me hacía gracia que confesara que había pillado unas fotos mías y de su padre a los 9 años. Puto López. Tampoco me hacía gracia que confesara que Eduardo me la pegaba con otro, cuando me perseguía insistentemente e intentaba meterse en mi vida a toda costa. Soy muy inocente, está claro. Y encima que estuviera con un “jefazo”, como decía Pol.

Mejor día que año nuevo para intentar que su padre cambiara, no había. Así que fue en su busca. Pero lo pilló ligando, ya borracho. Decidió seguirlo. Le daban calabazas siempre. Hasta que se encontró con Justin. Tuve la sensación de que no era la primera vez, sabes Néstor. Justin tiene 16. López no se lo puede montar con un adolescente. Me hirvió la sangre. Le dije a Flor que nos sacara el vídeo. Fue patético. Luego, cuando Flor dejó de grabar, intentó acercarse a mí. Olía a whisky barato, me dio asco. Y te juro que percibí como si Justin tuviera celos. Como si quisiera a López para él. O a mí. Y te juro que nunca me lo he montado con él, ni ganas. Es mi colega, nada más.

Me sentí tan mal, que me pedí un cubata. Me lo bebí de un trago. Joder, que asco. Enseguida me dio vueltas todo. No bebo. Lo sabes, papá. No me mola. Joder.

Allí en el jardín, sentados los dos, me di cuenta que te quería. Que habías renunciado a tu vida tranquila por cuidarnos, cuando no tenías que hacerlo. Eras un amigo de la familia que nos caía bien a Oriol y a mí, pero no tenías que llevarnos a tu casa y darnos de comer, ni comprarnos la ropa ni aguantar nuestras neuras ni salir en noche vieja para sacarme del pozo. Lo hiciste. Sin que tuvieras ninguna obligación.

Salimos de la pizzería. Le acerqué a mí y lo abracé. Así fuimos hasta casa. Callados. Pensé en lo que me había perdido con mis hijos por tener miedo. Por dejarme condicionar por mis padres. A Sergio lo había recuperado. Pero ya era difícil meterme en su vida, que compartieran sus problemas conmigo. Ya era tarde para salir por la noche a ayudarlos. Acabar abrazados. Tampoco me lo pedirían. Pensé en lo que nos condicionan los extremistas, los que quieren que seamos como ellos determinan. Estas reglas y si no, al infierno. ¿Y el amor? ¿Y la vida? No hagas daño a los demás, joder, por como piensas. Respeta a los que no son como tú, los que no creen en lo mismo que tú. ¿Qué daño te hacen?

Al llegar a casa, Pol me dio un beso en la mejilla. Justin necesita ayuda, me confesó. Sabes algo, le pregunté. Lo conozco, dijo lacónico.

Didac está en ello, le contesté. Bien, exclamó mientras se iba a su habitación.

Me senté en el salón a esperar a Didac.

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Néstor G.