Diario de un hombre sin nada que contar. 70ª entrada.

Jaime ha vuelto.

Yo vuelvo. Ya puedo volver a escribir.

Hace tiempo que no escribía. Mucho tiempo. 7 meses.

Han pasado unas Navidades.

Un cambio de año.

Todo tranquilo.

Los chicos bien.

Mis hijos, ahí están, con sus vidas.

Oriol y Pol ya son mis hijos también. Nadie ha puesto pegas. Ellos contentos. Yo contento. Didac, contento.

Me da por pensar. Una familia, la de ellos, que no lucha por su custodia. Sería para sentirse olvidados. Repudiados. Me había preparado para luchar. Tienen algunos tíos. Tienen padres. Si eso es lo que quieren, por mí, vale. Esa fue su respuesta. Ya son mayores, apostillaron.

Somos raros. Todos. Los humanos. Tenemos una forma de querer rara. Algunos quieren tanto, o eso creen, que pegan a sus parejas. Son suyas, dicen. Otros, quieren de una forma tan desapegada, que les da igual. Dicen que son libres. Que hagan lo que quieran. ¿No los echan de menos?

Unos achuchan en demasía. Otros, no saben decir te quiero.

Me dijo Pol un día que no recordaba que le hubieran dicho nunca que le querían. Acababa de leer un post de Adri, en este blog. Suele leer los post antiguos de Jaime. Como ha escrito tanto, le lleva su tiempo. Lloraba con el post de Adri.

Me puse a pensar. Y sí, le había dicho algunas veces que le quería. Y Didac también. Y su hermano. Pensé un rato. No estaba seguro.

A mis hijos no les dije te quiero. Me justifico con lo de mis padres. Sé que no lo hice bien. Teresa, mi mujer, cubrió mis deficiencias. Teresa es una gran mujer. Grande. No sé que hubiera sido de mi vida sin ella. A veces pienso que si no se hubiera enamorado de aquel hombre, seguiríamos juntos. Y no hubiera pasado nada.

Para lo que le duró el amor. Ese hombre es idiota. Perder a una mujer como Teresa. Me pregunto, si no estuviera con Didac y hubiera formado esta familia nueva, si no hubiéramos vuelto.

Ahora a mis hijos, al menos a uno de ellos, lo tengo más cerca: Sergio sigue pasando temporada en casa. Antonio y su mujer Adela, llaman de vez en cuando. Enrique me sigue ignorando. Yo tampoco hago nada por acercarme a él.

Didac está bien. Estamos bien. Nos queremos y nos lo decimos. Nos lo demostramos. Es raro. Ninguno éramos de eso. Formamos una buena familia.

Oriol nos dijo el otro día que quería tomarse un año sabático. Quiere trabajar en un bar y vivir la vida. Si trabaja en un bar, poca vida va a vivir. Ya se dará cuenta, si es que al final lo hace. No lo tenemos claro Didac y yo.

El Madrid un desastre. Y Morata al Atlético.

El Atlético, otro desastre.

Morata, lo que podría haber sido, y se va a quedar en nada. Con lo mono que es. Me ha defraudado.

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Néstor G.

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