Miguel y Lolo, 24ª parte.

Lolo y Miguel se meten a casamenteros.

NO sé que tal les saldrá.

Me parece a mí que Cristiano, lo tiene chungo. Iba a poner que “lo tenía claro”, pero claro… no es el concepto.

Menos mal que Lolo y Miguel, se ponen un poco románticos. Aunque al final…

.

.

 

Anuncios

Diario de un hombre sin nada que contar. 60ª entrada.

La Navidad es pasado.

Enero es presente.

Todo pasa como un suspiro. Tanto anhelo por la navidad, meses hablando, algunos preparándola, otros denostándola, y en realidad soplas y ya pasó.

Como la lotería. Un desastre económico.

Año nuevo, bien gracias. Es un decir. En casa, solos. Didac pensaba ir con su familia, yo le acompañaba. El trabajo lo torció.

Había dado permiso a los chicos para que fueran de fiesta. Al saber que no nos íbamos dijeron de quedarse. Lo hicieron con cara de nos vamos a esforzar por vosotros. Didac calló, yo les dije que no importaba. Durante un segundo, pensé que no era buena idea dejarles. Algo me decía que pasaría algo. Mucho “algo”, pero nada concreto. Lo aparté de mi cabeza después del segundo beso de Didac.

El cambio de año lo hicimos sobre el piano. Sexo desenfrenado.

Las uvas las tomamos a las dos.

A las tres llamó Sergio. Vente, dijo, escueto y apremiante.

Fui. Fuimos.

Pol borracho, sentado en un jardín, llorando.

Oriol desesperado.

Sergio sin saber que hacer.

Los miré un rato, sin que lo notaran. No sabía que hacer. Por un lado sentía en mí el aroma de Didac. Sentía en los poros de mi piel las manos de él. Tenía la necesidad de sentir su boca en … no es necesario explicarlo. Por otro lado, veía a uno de mis chicos desesperado, llorando. Borracho con diecipocos. Borracho alguien que no gusta de beber. Borracho de desesperación, lo sabía. Si hubiera sido Oriol, no me hubiera extrañado. Pol…

Didac notó mi duda. Me empujó ligeramente. Me acerqué cabizbajo, olvidando mi necesidad de sentir la piel de Didac en esa primera noche del año nuevo. Miré a mi hijo. Se encogió de hombros, serio. Oriol me vio y se acercó a mí. No sé que le pasa, dijo con un tono apremiante. No me dice nada.

Me metí en el jardín y me senté al lado de Pol. El césped estaba frío, húmedo, pero me dio igual, aunque sabía que los pantalones que llevaba irían a la basura después de aquella noche. Me quedé cerca de él, rozando su brazo con el mío. Sin decir nada. Sin hacer nada. Miré a Didac y entendió; se llevó a los chicos de allí. Necesitaba intimidad. No se el tiempo que pasó. Bastante por el frío que iba penetrando en mi cuerpo. Al final, Pol me tendió su móvil. Durante unos minutos, no supe que hacer. Al final lo encendí y busqué.

Fotos. De López, su padre. Era evidente que estaba pasado de alcohol. Muchas fotos en distintos garitos. Pol lo había seguido. En cada bar había intentado ligar con algún hombre. Unos jóvenes, otros mayores. López era la viva imagen de un desesperado pasado de vueltas. Para Pol, ver a su padre así, no debía ser agradable.

Una foto llamó mi atención. López estaba con Justin, el amigo de Pol. Lo acorraló en una esquina. Otra foto, le manoseaba. Otra foto, buscaba su boca. Otra foto, Justin intentaba apartarlo. Otra foto, no tenía fuerzas. Otra foto, no controlaba las manos de López que parecían multiplicarse. Otra foto, consiguió besarlo.

La siguiente imagen no era tal, sino un vídeo. Se acercaba Pol a ellos. Debió dejar su teléfono a alguien para que grabara. Apartó a su padre de su amigo. Éste se sorprendió aunque reaccionó enseguida. Puso su mejor sonrisa de borracho lascivo. Se le oía decir “estás celoso”. “He llegado antes, me voy a follar a tu amigo”. Le dio la espalda a Pol y siguió buscando la boca de Justin, mientras intentaba meterle mano por la bragueta.

Ahí se acabó el vídeo.

Llegaron varios wasaps al móvil. Eran de López. Miré a Pol antes de leerlos. No dijo nada, así que entendí que deseaba que los abriera. Eran absolutamente indecentes. Un selfie de él besando a alguien. “Aprende a follar, sor Pol, ursulina”.

Llamé a Didac. Vete a buscar a López, al Miami, dije. Rápido. Y dale de hostias si es preciso. Pero que deje de hacer el imbécil. Pensé que podía ser Justin, pero me di cuenta enseguida que no. Llamé a Oriol. Busca a Justin, rápido.

Salieron todos de estampida.

Me guardé el móvil de Pol en el bolsillo de la camisa. Lo abracé. Me abrazó. Y lloró como un desesperado.

Me puedo imaginar lo que sentía. Él necesitaba a su padre. Hasta esa noche creía que podría hacerle cambiar. Conozco bien ese sentimiento. Lo tuve muchos años respecto a mis padres. Pensé que cambiarían. Los necesitaba y me aferraba a esa idea. Los míos lo hicieron a peor. López, también.

Para Pol, la mitad de su vida se había hecho añicos. Su castillo, se había derruido.

Tenía que pensar como empezar su reconstrucción. Con López en su vida, o no.

En otro momento de mi existencia, López hubiera sido mi prioridad. Sabía lo mal que lo había pasado. Ahora, después de ese vídeo, me daba igual. Al menos hasta no recuperar a Pol. Y ver como estaba Justin.

Vámonos a casa, le dije suavemente. Asintió con la cabeza.

Se levantó primero. Fui a hacerlo yo, pero se me habían entumecido los músculos y apenas me soportaban. Pol me ayudó. Le rodeé la cintura con mi brazo y le atraje hacia mí. El hizo lo mismo. Dame calor, le pedí. Y me rodeó con los dos brazos. Así caminamos hacia casa. La casa de Didac. Mi casa. La casa de Pol.

Miré la hora en el móvil. Eran las 5 de la mañana.

.

Néstor G.

El Adri y la magia de la Navidad.

La ostia puta.

Que joder, que el puto tema de la Navidad. Que na que aquí vuelvo como si na. De year en year. Que me mola el tema, que tal y cual. Que me la suda lo del consumismo o como se diga. Me molan los regalos y esas chorradas. Y las happy ccrismas y las postales de felicitaciones.

Al Jaime le mandao 4, os jodeis.

Que tíos que he estao full time ocupao. Que si las pelis pornos que si las chapas VIPs. La puta osta. Que soy casi VIP, que la peña me grita lo de los niños míos, que si toda la peña quiere follar con el Adri. Ya tengo una polla de esas de plastico, por si alguien quiere darse un gustazo del 10. la hosta, con el yeso ese que me pusieron pa hacer el molde o como se diga. Tios, que lo pasé mla, que sí. Que no se me ponía dura y tal. Yo alucinaba, si estoy hot a full time, lo juro. Pero ahí, que na, que no había forma. Pero tíos, pensé en el Jaime, joder, hasta le llamé y tal. Y me dijo un par de guarradas y tal, y me dio un beso en la punta, así en la distancia, que estaba yo en las americas, y ahí ya, na, todo very good. Hot y duro, para deleite del del puto yeso.

Y luego le mandé al Jaime una de regalo, que le hizo la hosta de ilu. Me dijo el richar que le daban vueltas los ojos, así como chiviritas o como se digan. No sé lo que es, pero el richar me dijo, yo repito.

Pues que la Navidad es así como magia. ¿No? La hostia, que way. Que la peña me felicita y tal y que me manda regalos y tal. La hostia. Y este year tambien e sentio la magia de la navidad, lo juro. El otro dia, que me fui de farra, a una disco para subirme a la barra en pelotas y tal, pos que estaba yo en el tema con un negrazo con un pollazo del 10, que me dio un mareo y tal. Joder, se me pusieron de corbata. Lo juro, ni gota de wiski ni de drogas, y cosas de esas, que yo no le doy a na. Pues que casi me desgracio y tal. Pero yo como si na y tal y seguimos con el de la polla del 10. es un pasivazo del 100. ni lo jures, porque esa tranca no me la mete ni el Adri. Que me lio. Que resulta que luego el richar me manda un wasap, que el Jaime se había caído, joder, que se dio un ostiazo en la cabeza y se estuvo un rato que ni pacá noi pallá. Joder, fue conexión y tal. Y llamé al punto para decirle besitos y guarradas, para animarle. Y que le vi un poco ido. Me asusté la hostia. Que si, que se me pusieron de corbata. Joder, me dio llorera y tal. Pero na, luego se puso bien en un decir na.

Pero tíol que fue conexión. Que si lo juro.

Le echo de menos, joder. Es la putá de estar lejos y tal, y no poder estar con la peña de toda la vida. No se dice na de eso, ni se escribe y tal, pero es una putada. Así que me e escapao y me e presentao en Burgos. Una paliza de las de aupa, que estaba en Miami y total pa 4 días y ya pasadas las navidades, pero tios, que me mola los abrazos de la peña y los morroes del Jaime, y dormir abrazaos y su puto aliento en mi cogote, y su polla en mi culo.

La hostia puta.

Eso es la magia. Ver la cara de los colegas de sorpresa. Y todos con el puto movil para sacarse un selfie con un VIP del porno. Una cena así de sorpresa sorpresa, cada uno una cosa y todos con risas y tal. Y luego, el Jaime y yo tiraos en el sofá, él recostao en mi pecho con las manos agarrás.

Me estoy pensando el darme un break de esos. De darle al stop y volver un tiempo. Un par de meses y tal. La productora me dijo algo al respectin, por no saturar y tal. Y me lo pienso, en serio. Volver a home y salir a pasear con el jaime, escribir para darle gusto y tal.

Me lo dijo un VIP. Un tío muy raro y tal. Pagó la hostia de pasta por una chapa. Eran un tal Marcel y tal. El tio me besó como un poseso. Pero na, que le busqué el paquete y na, ni flores, no lo encontré. Me apartó la mano así como suave y tal y me besó de nuevo. Pues que el tio entre beso y beso, que me decía que volver a casa y tal, para no perder a la peña. Que lo del curro y los VIPs y los fans y tal es guay, pero que la peña de siempre es mejor. Y tu novio, me dijo así mirandme a los ojos, que le brillaban, lo juro. Y al poco recibo un mensaje en el movil con un billete de avión y tal. Y al dia siguiente el jefe de la productora me dijo lo del brek. Juro que yo no compré el puto billete. Pero no lo pensé y me largué sin nada de ropa ni na. Total, pensé en despelotarme al llegar a ccasa y estar así los 4 dias. Pero en casa había riopa asi que me e podido vestir. Ja, ja, ja.

Y no recuerdo na más del Marcel ese de los cojones.

Solo que me pagó la hostia de pasta, que lo vi en la cuenta.

Pues eso.

Que me vuelvo, pero que vuelvo en ná. Una escenita prevista y ya. Con dos VIP del porno, ademas. Y luego, dos meses con el jaime, de relaxing.

Guay.

Que la hostia, que me dice el Jaime qua ya pare. Que la hostia, lo mal que escribo y tal. He perdido practica pero n le dejo corregir, que me la suda.

Pos hala, que os deseo y tal un año cojonudo. Y que el jaime lo mismo.

Kisses y tal.

No encuentro las palabras.

No encuentro las palabras.

Es un hecho que asumí hace unas semanas. Mi madre me puso en la encrucijada: o iba al pueblo por Navidad, o iba al pueblo por Navidad. Fue a verme a la Universidad solo para decírmelo a la cara. Seria como nunca la había visto antes. Acaso cuando se divorció de mi padre.

Desde ese momento, no dejo de darle vueltas. Hace ya mucho, fui consciente del mal que había causado a mi hermano. Durante algunos años de mi infancia, creí que Nacho tenía como única finalidad en la vida el fastidiarme. Una Navidad hace tiempo, nos acercamos de una forma increíble. Pero la cagué. Él se enamoriscó de un chico y yo me sentí incómodo. No sé por qué, y prefiero no ahondar en las razones: tengo miedo de descubrirlo.

El caso es que lo humillé. Lideré un grupo de acoso y derribo en el colegio. Le acosaron y le derribaron. Nacho es fuerte. Antes de esas Navidades en las que nos hicimos amigos, me hubiera machacado la cabeza sin dudarlo. Pero ahora sé que no me la machacó porque le parecía increíble que yo hiciera una cosa así. No a él, sino a cualquiera. Pasó de lobo a corderito. Recuerdo en una de las peleas que le provocamos, como me miraba a los ojos. Intentaba penetrar dentro de mi cabeza. Lo hacía tan bien, que aparté la vista y salí corriendo. No quería que notara que estaba acojonado.

Nacho no se rindió. El abuelo estuvo atento y se lo llevó al pueblo antes de que ocurriera algo irreparable. Lo engañó para darle una excusa y que no se sintiera perdedor: “Te necesitamos, la abuela y yo”. Cuando lanzas a una horda de gente contra algo o alguien, sabes cuando empieza. Luego pararlo, es casi imposible, si además, como en el caso de mi hermano, el objetivo no se rinde; muy al contrario, vende caro cada golpe que consiguen darle.

El abuelo supo enseguida lo que pasaba y vino a hablar conmigo.

Mi abuelo ha sido alguien muy importante en mi vida. Cuando yo era cordero era mi apoyo. Cuando era un marginado, él me hacía ver lo bueno que había en mí y conseguía la más de las veces hacerme sentir bien conmigo. Ahora que era yo el lobo, vino a hablar conmigo y le mordí. Todavía me acuerdo la cara de sorpresa, primero, de lástima, después, y la de desilusión suprema, para acabar.

Me sentí triunfante. Aunque al día siguiente me empecé a sentir mal. Cada día que pasaba me sentía un poco peor. Aunque muchos días conseguía apartar esos pensamientos de mi cabeza. Era un lobo y la gente me respetaba. Mi manada me aclamaba como líder indiscutible.

Mi madre me observaba como si fuera un desconocido. Un día tomó una decisión: estudiaría el curso siguiente en Dublín o en Boston. Elegí Boston. Estaba más lejos. Me fui muy dignamente. Aclamado por mis secuaces, ignorado por el resto de mi familia. Mi madre me despidió en el aeropuerto como lo podía haber hecho con un compañero de trabajo.

No volví en varios años. Siempre me las arreglaba para tener un curso especial, o alguna actividad extra-curricular. Me ennovié, lo cual me daba más excusas para no regresar ni por Navidad. Pero un día, las excusas se acabaron y hube de regresar.

Mi madre en el aeropuerto. Estaba más guapa que nunca. Tuve el impulso de abrazarla, aunque lo superé rápidamente. Pero ese impulso activó mi cabeza y ya no he podido pensar en otra cosa que en mis razones, en asumir mis actos y en sentir vergüenza de mí mismo. Pero soy muy orgulloso. Y me he tragado mis sentimientos de culpa hasta ahora.

Debo enfrentarme a mi abuelo. A mi abuela. A mi hermano. Podría hacer como que no ha pasado nada. Pero no es lo que me pide el cuerpo. Estas semanas he sido consciente todo lo que les he echado de menos, de cuánto los necesito para ser quien quiero ser. No quiero ser lo que soy ahora. Pero no sé como pedir perdón. No sé que decir.

El autobús enfila la calle Mayor del pueblo. Veo a mi abuelo y a mi hermano esperándome bajo los soportales. Llueve ligeramente. El abuelo lleva una cachaba. Mi hermano lo sujeta del brazo. Nacho no está cómodo, lo sé, lo conozco. El autobús se acerca a la acera. Estoy agobiado. Mi corazón late a mil. Cierro los ojos e intento acompasar mi respiración. En mi cabeza, sin invitarlos, aparecen los personajes con los que soñaba de pequeño: La Bailarina de la caja de Música, el cuarto Rey Mago, el Paje perdido, el Príncipe enamorado. El Príncipe valiente enamorado de un bello cortesano que tanto ayudó a Nacho. Todos ellos me saludan inclinando ligeramente la cabeza. Me rodean y me hablan al oído. Lo que pasa es que no logro entender lo que me dicen. Pero sin darme cuenta, me siento más tranquilo.

El autobús se detiene. El conductor grita el nombre del pueblo. Me levanto con la cabeza centrada en recoger mi equipaje. No sé que decirles. Sigo sin encontrar las palabras. Ensayo mentalmente aunque solo logro balbucear. Bajo las escaleras y los veo enfrente mío. Los ojos se empañan y empiezo a llorar. Me acerco a ellos y… Nacho suelta al abuelo, da ese paso que nos separa y que a mí me hubiera costado la vida darlo. Me abraza. Siento el impulso de besarlo y lo hago. En la mejilla, en la frente, en los ojos, decenas de besos seguidos, besos de abuela. El abuelo se acerca y nos abraza a los dos. No puedo parar de llorar. Lloramos todos.

Lo sé, ahora lo sé, son las personas más importantes de mi vida. Las he hecho daño, es cierto. Pero intentaré, a partir de ahora, compensarlas. Amarlas y asegurarme de que se den cuenta de ello. Va a ser la finalidad de mi vida.