Semana de las artes: Moda.

¿Os habéis fijado que cada vez hay más exposiciones o incluso museos dedicados a la moda? Hace relativamente poco se paseó por toda España una muestra de las creaciones de Paco Rabanne, por ejemplo. Tenemos un magnífico Museo del Traje en Madrid. Un museo que a parte de tener su colección residente, tiene una programación de exposiciones temporales contínua en el tiempo.

Seguro que alguno dirá que las fotos que os pongo debajo no son de grandes diseñadores, que no lo sabemos. O, como diría mi amigo Iago, son una mamarrachada. Bueno, puede ser. Hoy puede ser, dentro de veinte, cincuenta años, vete tú a saber. Paco Rabanne segudo que fue calificado por alguno de mamarracho. Y el amigo Delfín, David, recientemente fallecido. Aunque ya se siga de él que fue una bocanada de aire fresco en la moda española.

 

Y también es cierto que los diseñadores de moda están más pendientes de la mujer que del hombre para hacer sus creaciones. ¿Los hombres somos osos? ¿No damos más de nosotros? A lo mejor es que somos muy machos, muy hombres para innovar en el vestir. Las mujeres tampoco suelen sacar a la calle esos diseños tan rutilantes.

El caso es que la moda es un arte también. Un arte que busca enaltecer el cuerpo que visten, que a su vez, es una obra de arte de la naturaleza. ¿Qúe más queremos? Una obra de arte sobre otra obra de arte.

A parte de todo esto, la moda, la forma de vestir suele mostrar una identidad cultural. Quiero decir, que tu habitat, tu procedencia, puede condicionar tu forma de vestir. Te define. Eso es importante también.

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Por Navidad. Chicos en calzoncillos.

Por Navidad. Chicos en calzoncillos.

Chicos en calzoncillos con gorro de Papá Noel.

Nos desean unas Felices Navidades.

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Os recuerdo que podéis enviar vuestras colaboraciones para esta programación especial de Navidad 2017. Fotos de vuestras ciudades, canciones especiales, historias, comics, Reyes Magos buenorros, lo que se os ocurra.

 

Estabas desnudo…

Te miré cuando saliste del baño, después de ducharte, en tu casa, en la mía. Ibas desnudo, pero no vi tus genitales. Solo vi tu cuerpo mojado, tu mirada, tus labios acariciando el filtro del cigarrillo que te habías encendido.

Volví a mirarte cuando te sentaste en la butaca, pensativo. Tus muslos, tus hombros.

Luego te arrodillaste para recoger algo que se te había caído. Bromeaste  con las camisas que tenía colgadas en una puerta, para que se secaran.

Me miraste tú desafiante, con tu tazón de café.

Estabas desnudo pero parecía que te cohibía que te viera tu sexo.

Cada vez que te miré no ví tu desnudez al completo. Tampoco me obsesionaba, al fin y al cabo la noche anterior la había tenido entre mis manos, en mi boca, en mis muslos…

Sabes, ha sido esta mañana cuando te he deseado de verdad, cuando me he acabado enamorando de ti.

 

Necesito un beso.

Venía por la calle. Pensando. Agobiado por la vida. Intentando disfrutar del sol otoñal, sin conseguirlo. Mirando a los niños, a los jóvenes. A los abuelos. A los de la cafetería, a los del ultramarinos. A los matrimonios saliendo del DIA, las compras semanales. A los perdidos. A los guapos, a los resultones. A los feos. A los amargados de rostro iracundo.

Los miraba, pero no los veía.

Solo veía un beso.

Tu beso.

O el tuyo.

O el mío.

O el nuestro.

Aquella primera vez en la esquina de Sol y Preciados.

Aquella primera vez, en la salida del metro.

Aquella vez que te hizo perder el autobús.

Un beso que iba a la mejilla y acabó en los labios.

Tu beso.

Necesito tu beso. Un beso. O un ciento.

En la mejilla.

En los labios.

En el cuello.

Necesito un beso tórrido.

Uno casto.

Con tus manos en mis mejillas.

Con mis brazos rodeando tu cuerpo.

Un beso mientras hablamos.

Uno mientras follamos.

Uno con mucho amor.

Uno con nuestros cuerpos pegados.

Necesito un beso.

En la calle.

En tu casa. O en la mía.

En el parque.

Tomando un café.

O un pincho.

Un beso.

Necesito un beso tuyo, que no me lo has dado nunca.

Un beso.

¿Cómo saben tus besos? No me acuerdo.