Lo celebraron juntos.

Ganaron.

Miles de fotos. Alegres con los compañeros. Champán. En los vestuarios medio desnudos, saltos, abrazos, promesas cumplidas si ganaban. Fotos en el twitter, en Instagram, en Facebook. Fotos por wasap. Visitas magnas, presidentes, alcaldes. Visitas cercanas, familiares, padres, madres, mujeres, hijos y novias.

Alegres. Felices. En el Olimpo de los Dioses. Campeones.

Álvaro y Marco se miran. A distancia. Los dos saben lo que piensa el otro. Tantas fotos y no tendremos aquí y ahora la foto que nos gustaría. Los dos abrazados, besándonos, posando felices para la posteridad. Uno a cada lado de la copa. Los únicos que, en tanta maraña de fotografías, unas profesionales y otras no tanto, no tendrían un recuerdo de la hazaña junto a su pareja.

Aunque luego, por la madrugada, o quizás ya de mañana, se hagan su foto. Pero sin la copa. Con un balón. Desnudos quizás. Con una bandera o una bufanda rodeando sus cuerpos unidos.

Pero no es lo mismo.

Cuando empezaron a salir, al principio de temporada, lo sabían. Lo hablaron. Creyeron que eso no les costaría trabajo. Que no les afectaría. Pero al final, sí les está pasando factura. No es grande, porque su amor si es grande. Pero esas pequeñas cosas también tienen su importancia. Ver a todos sus compañeros celebrándolo junto a sus parejas, y ellos procurando estar separados por si se escapa una mirada, les empieza a doler. Y más si deben ir a agasajar a sus parejas femeninas postizas, las que les ha puesto su equipo de imagen. Para evitar habladurías.

Solo se abrazaron en la celebración del gol. Álvaro no se contuvo y le besó en la mejilla. Pero eso no cuenta, eso lo hacen todos. Hubiera sido bonito bersarle en los labios, agarrándole fuerte la cara, comiéndole su sonrisa.

Al llegar a Madrid tienen unas horas de asueto. Pocas. Se escapan a su refugio secreto, un piso al que pueden acceder directamente desde el garaje sin que nadie les vea. Casa uno llega por separado, directos al garaje. Álvaro llega primero. Pone la tele. Siguen con las imágenes del partido, de las celebraciones. Ve unas en las que besa a Marta, su pareja. Su representante estará contento: los cámaras pillaron el momento. Ve a todos los demás con su gente, sus niños, sus mujeres. Y él corriendo de un lado para otro. Cortando redes, saltando, sus padres, alejándose de los periodistas por si acaso.

– Creía que habrías abierto ya el cava.

Giró la cabeza justo cuando Marco le rodeó la cintura con su brazo y le besó en los labios.

– Vamos a sacarnos nuestras fotos.

Álvaro fue a la nevera para sacar las copas y la botella de cava. La abrió mientras volvía al salón. Marco tenía la cámara de fotos en la mano. Una cámara segura, sin conexión a redes, para evitar errores y visionados indeseados. Le saca unas fotos mientras sirve las copas. Álvaro sonríe, mientras le dice que no le saque fotos.

– Estoy sudado – se excusa.

– Me gustas sudado – le pica.

– Hace calor – dicen los dos a la vez.

Se desnudan y se recuestan en el sofá. Álvaro rodea con sus brazos el torso de Marco. Le besa en el cuello. Beben un par de sorbos de cava y se sacan unas fotos.

– Ninguno de estos va a tener unas fotos de celebración como estás – apunta alegre Marco, señalando sus cuerpos desnudos.

– Pero no se las podemos enseñar a nadie.

– Ni se te ocurra. Estamos sudados. No nos darán anuncios con estas pintas.

Se ríen.

Se giran para seguir besándose.

– Tengo algo – dice de repente Álvaro, levantándose de un salto. Va a su habitación y vuelve con una foto enorme de la copa que acaban de ganar. Marco aplaude la idea. Coloca la máquina sobre una mesa, encuadra, y la pone en disparo automático. Corre a colocarse al lado de la imagen.

– Sonríe – pide Álvaro.

La cámara empieza a disparar. La primera les pilla mirándose a los ojos. La segunda, con los pulgares arriba. La tercera con la V de victoria. La cuarta se miran sin sonreír. La quinta se besan. La sexta se besan. Y la séptima, y la octava. La novena Álvaro vuelve a poner la V con sus dedos, la décima se miran, la undécima se miran más de cerca. La duodécima, se vuelven a besar.

Marco coge el mando del equipo de música y pulsa el play.

– Dice mi padre que bailaba esto en las discotecas cuando se ligó a mi madre.

(Backstreet Boys – I’ll Never Break Your Heart)

Rodea la cintura de Álvaro y le acerca su copa de cava. Pega su cuerpo al suyo y empiezan a moverse al ritmo de la música. Lentos. Sin apenas moverse. Con las copas entre ellos. Bebiendo pequeños sorbos de vez en cuando.

Saben que volverán a hablar del tema dentro de poco. Decirlo o no decirlo. Vivir a escondidas o no. Son jóvenes, con una carrera por delante. Son buenos. Cobran mucho dinero. Saben que en su mundo, empezando por sus entornos, les dirán que no lo hagan. Que perderán mucho dinero. La carrera. “Seréis los gays del fútbol. Se os recordará por eso. Nada más”.

“Sería una pena. Sois muy buenos en esto”.

“Total, son unos años. Luego hacéis lo que queráis”.

Total, unos años, se repiten para ellos. Pero les duele tanto vivir así esos años… si no se hubieran enamorado, quizás fuera más llevadero. Pero se quieren. Les duele cada vez que están separados. Y además, está la boda. Álvaro se casará en unas semanas con su novia oficial. Irán todos los compañeros. Y dolerá. Besar a la novia en el altar y pensar que lo que de verdad quisiera es que en lugar de Marta, estuviera Marco.

– Alva, no te amargues. – sabe lo que está pensando su amor – Disfrutemos del momento. Vuelve conmigo. Baila. Ya nos preocuparemos del resto mañana.

Sonríe.

Y bailan. Y se abrazan más fuerte.

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Nota:

Las fotos pertenecen a la película “Barcelona noche de verano”. Alex Monner y Luis Fernández.

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Jason Bourne, la película.

Casi me da un pasmo al abrir mi Facebook. Lo primero que he visto es que me sugerían una página sobre la película de “Jason Bourne”.

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Y yo me he preguntado: ¿Cómo saben que he ido a ver la película?

Ya te mosquea bastante que cuando buscas “perras en celo” en el buscador, cuando abres el correo te aparecen anuncios de bonitos perros de raza en venta. Ejem. Y te siguen apareciendo esas sugerencias durante semanas. Yo un día busqué un libro en concreto, y me sigue apareciendo misteriosamente sugerido en los anuncios de librerías que se cruzan en las webs que visito. Que esa es otra, lo que se anuncian las librerías, pensé yo un día, tonto de mí. Hasta que me di cuenta que se anunciaban porque visitaba yo las páginas, como lo de los perros.

Escribo sobre amor a veces, sobre ligues y tal, y me aparecen anuncios de páginas de contactos.

Nos espían, queridos.

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Iba a hablar de la última película de Jason Bourne. Es una saga que me ha gustado siempre. Salvo aquel intento que hicieron sin el director original Paul Greengrass y sin Matt Damon, que no me hizo feliz. Volvemos a la esencia de la serie. A su director y a su actor protagonista. Los villanos, pues bueno, van cambiando, porque los anteriores están alimentando a las amapolas.

Oye, que he pasado un par de horas muy entretenidas. Se me han pasado volando.

La verdad es que da pocos respiros. Coge ritmo y no para hasta el final. Emoción, persecuciones impresionantes, actores resultones, y guión creo que aceptable… complicado, enrevesado, como mandan los cánones para este tipo de films.

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Y os preguntaréis: ¿Cómo se puede mantener la intriga en una película que sabes que al protagonista no le va a pasar nada?

Pero es que el resto de personas que pasan por su lado pueden morir todas. Y lo hacen bien, porque cada parte de la película, se fija en un personaje. Y en ese tiempo, la intriga es ¿morirá o no? ¿Lo matará Bourne o lo matará la CIA? ¿Morirá por disparo o por un puñetazo bien dado? Pero lo hacen de tal forma que verdaderamente consiguen angustiarte.

Y da igual que sean hombres y mujeres. Los guionistas de Bourne no discriminan. Matan tanto a hombres como a mujeres.

¿De qué va la película?

Pues de Jason Bourne. Y un poco de seguridad cibernética, de que nos espían, de algo parecido a Facebook, pero que se llama de otra forma con un fundador que se llama de otra forma. Y que esa empresa tiene ahí unos acuerdos muy raros con los malos. Y que Bourne quiere saber cosas de su papá, o mejor dicho, se las dicen pero quiere contrastarlas.Y hay una gente empeñada en que siga en la inopia, o mejor dicho, que se vaya a alimentar las mismas amapolas que alimentaron los malos de las películas anteriores. Y lo más emocionante, para la siguiente parte, es que sabes que hay malos en la peli que no son descubiertos. Ahí queda eso. Y que algún personaje no sabes a que juega ni al final.

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Y lo más bonito de todo es que por Bourne, han pasado los años. Y eso es reconfortante cuando uno se mira al espejo. Es cierto, no os riáis. Vemos a un Bourne que ya no tiene la piel tersa y suave, que parece un poco hinchado. Hombre. Tened en cuenta que el pobre lleva escondiéndose de los malos muchos años. Y que se gana la vida de pelea en pelea, con sus apuestas y esas cosas. Eso para el cutis no debe ser bueno.

El caso es que me ha gustado. Trepidante, emocionante, con ritmo y hasta podríamos abrir un debate sobre alguna parte de la trama: la CIA espiando a la gente 24 horas, la privacidad en las redes sociales o como los buenos y los malos a veces nivelan sus métodos de actuación.

Me gusta Matt Damon como Jason Bourne. Tommy Lee Jones, que decir de él. Y Julia Stiles. Y esta chica de moda, Alicia Vikander. Y Vincent Cassel, que es muy malo, pero malo.

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¿Os he dicho que hay dos persecuciones de coches estupendas? Seguramente las veáis cuando se hagan recopilaciones de las mejores persecuciones en la historia del cine. Trepidantes, originales y muy bien rodadas. Y las escenas de Grecia, con los manifestantes y la policía. Y los protagonistas entre la multitud. Eso no es fácil de hacer sin que se note que es todo una coreografía. Y si no, que se lo pregunten a Amenábar en aquella película sobre Hipatia.

Hacía mucho tiempo que no iba al cine y oye, en mi vuelta, me lo he pasado pipa.

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Y para acabar, un “detrás de las cámaras”, por ver otras perspectivas de algunas escenas.

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Tenemos que hablar de Kevin. La novela y la película.

Tenemos que hablar de Kevin. La novela y la película.

Tenemos que hablar de Kevin.

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El otro día por fin vi la película. La novela ya la leí hace unos años. Tenía ganas de ver como se convertía en película. Me parecía complicado el empeño.

De qué va la historia, preguntaréis.

Nos encontamos con la madre de Kevin. Escribe cartas a su marido repasando su historia. Su historia está mediatizada por su primer hijo, Kevin.

Kevin ha sido siempre un chico difícil. Su madre no ha conectado nunca con él. Desde muy pequeño el chico parecía incómodo en sus brazos, o en su compañía. Tardó en hablar, tardó en hacer sus necesidades por si solo. Tardó mucho.

Luego, la cosa no mejoró.

En cambio con su padre, todo parecía ir bien. Su padre lo trata de colega. Siempre empieza sus conversaciones con él con un “amigo”.

Todo esto lo vamos conociendo como pequeñas píldoras epistolares. En ellas mezcla la madre el presente, el pasado. Intenta explicarle o más bien, explicarse a ella misma las cosas que han pasado. ¿Ha querido alguna vez a Kevin? ¿Es su culpa que sea un chico difícil? Quizás él percibiera que no deseaba tenerlo. Pero su marido, insistió hasta que no le quedó más remedio que quedarse embarazada. Tuvo que renuciar por ello a sus viajes por el mundo, cosa que era lo que más le gustaba. Tanto le gustaba que fundó una editorial especializada en guías de viaje. Era su vida.

Kevin lo cambió todo al nacer. Y lo volvió a cambiar drásticamente unos días antes de cumplir los 16. Ese día, cogió su arco y sus flechas y mató a un montón de gente en su colegio.

Hay tantos temas en esta obra… está por un lado la maternidad. ¿Qué tipo de reponsabilidad tienen los padres en cómo salen los hijos? Hay una señora, la madre de una de las víctimas de Kevin, que siempre que se encuentra con Eva, la abofetea. Quizás porque no entiende que la madre de Kevin, en su papel de madre de Kevin, defienda a su hijo y esté con él y luche porque tenga la menor condena posible.

Está el tema de hacer lo que se espera que tienes que hacer. La madre de Kevin, parece actuar siempre pensando en lo que debe hacer como madre, no en lo que quiere hacer. No siente ese papel de madre, quizás porque en el fondo, se vio obligada a serlo. Defiende a su hijo porque piensa que es su obligación.

¿Es obligación querer a los hijos, sean como sean? ¿Eva quiere a su hijo?

Está el tema de las parejas. El padre de Kevin pone entra la espada y la pared a Eva para tener a su hijo. Ella no quiere. Pero al final, por su amor a su marido, lo hace. Renuncia a su vida, a la vida que deseaba por su marido.

Está el tema, claro de los asesinos múltiples, tan habituales en Estados Unidos.

Parece que te lo he contado todo, pero hay muchas sorpresas en el desarrollo de la historia. Y tantos matices…

El otro día, al acabar de ver la película, me quedé pensando un rato sobre si, de no haber leído el libro, hubiera sabido interpretar completamente la película. Y yo creo que no. Para mi gusto se quedan muchas cosas en el tintero. Algunas importantes a la hora de interpretar a Kevin y a su madre. Pero quizás hubiera visto otra historia distinta y me hubiera gustado igual. Eso no lo puedo valorar.

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La madre con los tres actores que interpretan a Kevin

Para mí, la película tiene tres protagonista fundamentales. Tilda Swinton, en el papel de Eva, la madre de Kevin. Jasper Newell, en el papel de Kevin a los 6 años. Y Ezra Miller, en el papel de Kevin ya adolescente. Los tres están impresionantes. Ezra Miller basa todo en su mirada enigmática, en una mueca sarcástica e inquietante que te hace odiarle a cada instante. Tilda Swinton, que aparece en pantalla casi en todo momento, hace una interpretación llena de dolor y drama. A esa Eva, no me la imaginaba así al leer el libro, pero no me disgusta el punto de vista de la actriz a la hora de abordar el papel.

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John C. Reilly hace el papel de padre de Kevin.

La película sigue la estructura de la novela. Mezcla los distintos tiempos de la acción. El antes y el después del día fatídico. He leído en algunos sitios que hablan de la película como si fuera de intriga. Yo no lo creo. No creo que sea esa la finalidad ni del libro ni de la novela. La misión es la historia es la de descubrir a los personajes y te los presenta como si fuera un puzzle. Una pieza de aquí, y otra de allá. Y al final tú te construyes una imagen de ellos. La intriga no es la finalidad, sino el medio.

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Es una obra dura. No se regodea, ni la novela ni la película, en la tragedia. Pero esa tensión entre madre e hijo, es tan intensa, tan dura, que te hace estremecer en muchos momentos. Yo sentí la necesidad de entender el personaje, acabar sabiendo por qué. No sé si lo he conseguido, pero sigo sintiendo una gran fascinación por él. Me gustaría ir a la cárcel y charlar con él horas y horas. Es un personaje, ya, pero es que los personajes tienen vida, este la tiene al menos, o así lo siento yo.

Estaría bien ir a verlo y ver lo que pasa.

Es que sabes, me parece que en el fondo, es una gran historia de amor. Más en el libro que en la película. Kevin quiere con locura a su madre.

Y ahora que lo pienso, lo verdaderamente inquietante de esta historia, es que ninguno de los personajes te acaba por gustar. Hasta el personaje de Franklin, el padre de Kevin, en su aparente bonhomía, me parece muchas veces repulsivo. Es como esas personas llenas de sonrisas y aparentes buenas intenciones que sabes que son fachada, que son falsas, que en realidad ocultan a una persona egoísta y manipuladora. Kevin será manipulador, pero su padre… quizás de ahí ha salido…

A todos los sacas pegas, todos te indignan las más de las veces. A todos odiarías. Pero a la vez, todos son tan atrayentes… tan interesantes de estudiar…

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Como curiosidad, la película empieza con la recreación de una fiesta española que fascina a Eva: la tomatina de Buñol. El rojo es el color de la vida de Eva.

La autora de la novela es Lionel Shriver. La película la dirige Lynne Ramsay.

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Créditos de la Novela:

Tenemos que hablar de Kevin.

Título Original: We need to talk about Kevin

Autora: Lionel Shriver

Traductor: Javier Calzada

Año publicación: 2.007

Editorial: Anagrama

nº páginas: 616

El tráiler de la película:

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Steve Jobs, la película.

Hoy voy a hablaros de un biopic. Es el de este hombre que nos ha cambiado el mundo, Steve Jobs.

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He dicho biopic, y tampoco es exactamente. Sí, habla de Steve Jobs, de hecho el personaje se mantiene en pantalla creo que en todo momento. Pero no es como por ejemplo, aquella película sobre Zuckerberg que tanto juego dio hace años. En aquella la narración abarcaba unos años en la vida del protagonista, lo seguía, veía como creaba Facebook y como interactuaba con sus amigos. Su vida, vamos. Aquí, como os decía, vemos al protagonista en tres momentos de su vida. Tres momentos que coinciden con la presentación de tres productos. Coinciden estos tres productos con digamos un momento decisivo en su vida, un punto de inflexión. El primero, el fracaso que le condujo a su salida de Appel. El segundo, aquella cosa que creó fuera de Apple y que fue un relativo fracaso, pero que tenía algo que propició su vuelta a la compañía de la manzana mordida que en aquellos momentos se hundía en la miseria: su sistema operativo. Y acaba con la presentación de su primer producto, tras su vuelta a Apple, el que salvó a la empresa y que supuso el primer paso para su revolución definitiva de la vida cotidiana: el iMac. En estas tres presentaciones cuenta con su mano derecha, Joanna Hoffman, su directora de marketing.

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Y esto es la película, un tour de force entre Steve Jobs y Joana Hoffman. O sea, Michael Fassbender y Kate Winslet. Vale, no solo entre ellos, que salen otras gentes importantes.

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Me pasó una cosa curiosa en la película: fui a verla sin mirar ni los intérpretes ni nada. Me dijo un amigo: vamos, y fuimos. Fassbender, era más reconocible, y eso que iba vestido, que yo desde aquella película, Shame, siempre me lo imagino desnudo, andando por casa. Pero con Kate Winslet, pues que estaba tan hipnotizado por su contundencia en la interpretación, que solo era capaz de admirar como lo hacía. En un momento pensé: tengo que saber quien es esta mujer. Hasta que al cabo de un rato, caí en la cuenta: es Kate Winslet. Maravillosa. Solo puedo decir eso.
Y luego tuve como otra idea: esta película me suena a guión de Aaron Sorkin. Y efectivamente, era un guión de él. Es inconfundible. Es una película de Aaron Sorkin en estado puro.

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Es que se habla mucho. Esto podría haberse hecho en un teatro, en una obra de tres actos. Encima todo sucede en un auditorio. Los dos protagonistas principales, y luego, otra serie de personajes secundarios que van apareciendo por allí.
Steve Jobs es un genio, creo que nadie lo puede negar. Es posiblemente uno de los hombres que más ha influido en nuestras vidas. Y en esta película, no vamos a saber exactamente lo que hizo, ni cuando se le ocurrido lo del iPad, o lo de iTunes, ni siquiera que compró una pequeña empresa a Lucas y creo Pixar. Vamos a conocer al hombre. Sus miserias, su cabezonería, su trato, cuando menos cuestionable, con muchos de sus trabajadores y colaboradores. Su altanería. Todo esto hilado magníficamente en una narración potente y sin concesiones. Con un intensidad narrativa impactante, sin apenas bajones ni descansos.

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No sales del cine queriendo a Steve Jobs. Por lo menos a mí no me pasó. Al revés, me pregunté muchas veces si ser un genio te da licencia para despreciar al resto de la humanidad. Pero es interesante ver ese otro aspecto de los genios, eso que la maquinaria propagandística de las empresas nos suelen ocultar con perseverancia. Al fin y al cabo, Steve Jobs era Appel. Y mira si no, como el día que anunció que dejaba la compañía, unos meses antes de morir, su cotización en Bolsa bajó de golpe un 5%. Y la de Disney de la que era un importante accionista después de que vendiera Pixar, un 1,5%.

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Salí del cine, repito, teniendo un poco de manía a Jobs, pero con la idea de que haber visto una obra dramática extraordinaria.
Dirige el cotarro, Danny Boyle.

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Truman, la película.

Hace tiempo ya que vi esta peli, Truman. Y la sigo recordando con mucho cariño y emoción. Es de esas películas con historias aparentemente pequeñas, que te llegan.

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Podríamos ahora debatir sobre lo de “historias pequeñas”. En realidad no hay historias pequeñas, pienso. Pero en el cine parece que nos llaman más esas historias que llevan muchas carreras, espadas láser y grandes escenarios naturales. Historias que nos recrean el pasado o el futuro con todo lujo de detalles. Yo reconozco que a veces me gusta ver películas en las que los protagonistas masculinos sean de mi gusto y enseñen palmito. Ver ahí en la pantalla grande a tu actor favorito paseando desnudo por la pantalla te da un momento de éxtasis sublime que a veces viene muy bien. A veces es cierto que esos chicos con la piel sedosa y un cuerpo maravilloso, con las curvas en su lugar, lo de actuar no es su punto fuerte. Pero quién ha dicho que debamos ser perfectos, tanto los actores como los espectadores.
Truman no tiene nada de esto. No hay actores que me pongan en lo físico. No hay grandes escenarios naturales, ni espadas láser. Hay un perro, mira. Un perro viejo, con sus achaques y tal. El perro se llama… “Truman”.

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Anda mira, que alguno se había pensado que la película se llamaba así por Truman Capote o algo. Pues no. Y tampoco cuenta la historia de ese escritor, ni del presidente de los Estados Unidos de América del Norte. Otra cosa es por qué se llama así el perro. Pero eso no es relevante.
Truman cuenta la historia de dos amigos. Mejor, cuenta la historia de una amistad. Uno de los amigos es Javier Cámara. El otro es Ricardo Darín. Grandes actores. Grandes interpretaciones.

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¿Qué les pasa a estos hombres? ¿Cuál es la excusa?
Pues Ricardo Darín está enfermo y ha decidido no seguir luchando contra su enfermedad. Quiere disfrutar de sus últimos días sin pasar por los sufrimientos de la quimio, que por otra parte, no le garantizan más que un alargamiento de la vida en condiciones no demasiado agradables.
Javier Cámara vive en Canadá. Y decide volver por unos días para intentar convencerlo de que luche. Y ahí están, en su reencuentro, pasando tiempo juntos, recordando, disfrutando el uno del otro. Tan distintos en el fondo los dos, y con esa cercanía, con esa complicidad.

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Solo de pensarlo se me nubla la vista por la emoción. Es bonita esa relación. Es bonita la amistad cuando es de verdad, quizás porque no es tan habitual como quisiéramos. Quizás porque tampoco la hemos conocido. A lo mejor es por eso que podemos seguir adelante con nuestra vida sin escharla de menos. En un libro que estoy leyendo y del que hablaré dentro de poco, “El chico de las estrellas” de Chris Pueyo, se auto adjudica tres amigos. Tres. Tiene suerte al fin y al cabo Chris Pueyo.

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Y de eso va. Y eso es lo que hace sentir. Entre medias trata sobre la enfermedad y la reacción que tiene mucha gente ante ella. Que tenemos. Mientras pasean por Madrid, se encuentran con viejos amigos del enfermo que lo evitan, que no saben como reaccionar. Y como lo llevan su ex-mujer y su hijo, éste último también poco acostumbrado a mostrar sus emociones. El personaje de Darín los enfrenta… que más da, si sabe que va a morir… intenta arreglar algunas cosas con su hijo… Deberíamos hacer un poco de introspección al respecto y pensar en cómo afrontamos la enfermedad de las personas cercanas.

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Yo creo que si tenéis la posibilidad de ver la película, debéis hacerlo. No es perfecta. El personaje de Javier Cámara, casi al final de la película, tiene una trama que no sé muy bien a que viene, ni si encaja con el resto del tono de la película. No la entendí. Pero es el único pero que puedo ponerla.
NOP es un dramón, no nos confundamos. Está contada con un tono amable, con situaciones tragicómicas, como cuando los dos amigos van a la funeraria para pedir presupuesto para su propio funeral. Es dramático, pero como lo cuenta, le da un toque de humor muy agradable.
Ya digo, con un tiempo desde que la vi, sigo recordándola con mucha emoción.
Salen también Eduard Fernández, Javier Gutiérrez, Dolores Fonzi, Alex Brendemühl, Pedro Casablanc, Oriol Pla y algunos más. Dirige Cesc Gay.

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