III Semana del libro: “Ajedrez para un detective novato” de Juan Soto Ivars.

Voy a contaros hoy algo sobre una novela reciente.

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Título: Ajedrez para un detective novato.

Autor: Juan Soto Ivars.

Editorial: Algaida, 2.013

Ganadora del XVIII Premio de novela Ateneo Joven de Sevilla.

Unas semanas, solo hace unas semanas que esta novela se encontró de repente en las estanterías de las librerías junto a Arturo Pérez Reverte, Julia Navarro o Dolores Redondo y sus nuevas novelas. Y fíjate, acabé comprando ésta y no las otras.

¿Pues de qué va? Preguntaréis como siempre hacéis.

Pues mira, todo empieza en una fiesta. Una fiesta peculiar: como reclamo para asistir a la misma se adelanta la noticia de que va a ocurrir un asesinato. Y ya sabéis como somos, todos en tropel al grito de: ¿Un asesinato y me lo voy a perder?  Y claro, durante la fiesta mirando por los rincones en busca del cadáver y mirándose unos a otros pensando: ¿Será este el asesino? El asesino no, que todavía no se ha producido el crimen. ¿O será el fiambre dentro de unos minutejos? Fíjate si estás compartiendo un canapé de mortadela con aceitunas con un hombre muy serio y formal y de repente ¡Zas! Cae fulminado por una ráfaga de ametralladora… ratatatata. Ya tienes algo que contar a toda la parentela durante el resto de las Navidades de tu existencia.

Como pasa siempre cuando ya la tensión decae, ¡Ja! El crimen. Un afamado escritor cae con el cuello rebanado. El Escritor se llama Vélez de Pucela.

Para desgracia del asesino, el famoso detective Lapiedra, de los Lapiedra de toda la vida, está allí para detener en un pis pas, al asesino. Y eso sin descuidar la atención a las damas que asisten a la fiesta, que el buen detective es un ligón de tomo y lomo.

¿Y quién es acusado del asesinato?

Pues el narrador. El protagonista de la novela. Pobre chico. Un hijo de la basura, como le decían las monjas entre risas ja, ja, ja. ¿por qué le decían eso? Para eso tendréis que leer la novela.

¿Pero ese pobre chico será de verdad el asesino o es todo un montaje? Porque si tenemos un asesinato y lo resolvemos en la página 12, pues… no tiene gracia la cosa.

Buena pregunta, porque el chico resulta que era el “negro” del afamado escritor asesinado. Y claro, ahí está el móvil que el afamado detective y también ligón Marcos Lapiedra, descubre solo con mirar al chico a los ojos.

Pero la vida, oh, sí, la vida da sorpresas, huy, huy, huy, y el detective afamado, y también un ligón redomado “temblad mujeres del mundo” le propone un pacto al narrador: “quiero enseñarte la profesión; tú aprendes y yo me guardo las pruebas”.

Y así nuestro protagonista se convierte en el aprendiz de Marcos Lapiedra. Pasa de ser el negro de un escritor de novela policíaca a ser el meritorio del mejor detective que ha visto el mundo sobre su faz, a lo largo de toda la historia y parte de la prehistoria.

¿Y qué tiene que ver el ajedrez? ¿Eh? Porque el Ajedrez sale en el título.

Pues muy sencillo, todas las mañanas empiezan las clases profe y alumno, con una partidita de ajedrez. No hace falta decir que el protagonista, el aprendiz a partir de ahora, o mejor dicho, “el novato”, pierde todas las partidas con ese maestro de la profesión detectivesca. Y del ajedrez. Y de las mujeres.

Y hasta aquí puedo leer.

Llega la pregunta, que toca, ya toca, como en las reseñas de cine: ¿Y que te ha parecido Jaime?

Pues… (momento de emoción y suspensssss – dicho como con acento latinoamericano y con un cierto deje angloparlante – ), me ha encantado, me ha sorprendido, me ha dejado con la boca abierta. Me ha hecho reír y pensar.

Es novela llena de humor. De sarcasmo. Escrita con un lenguaje directo, con mucha mala baba en algunas ocasiones. Las afirmaciones de algunos de los protagonistas a veces son puñetazos dados en el estómago de la sociedad. Los malos y los buenos de la novela son personajes llevados a los extremos, desde el mismo nombre que les ha puesto el autor.

María, es la amante el detective novato. Se llama María, pero es una amante del sexo insaciable.

Lapiedra se pasa por “la piedra” a toda dama que se ponga a tiro, y eso que ya tiene una edad provecta.

Una residencia de estudiantes que se llama “Metadona”. El director de la misma tenía su despacho fortificado, para defenderse de los estudiantes. Por cierto, el director de la residencia de estudiantes atiende al nombre de Marcial René Butragueño.

Y tenemos la Fundación Dignidad, cuyo lema es:

“Cagar da la vida. Reírse de cagar es reírse de la vida. No estás solo en tu retrete: dignidad.”

Creo que además la novela tiene un ritmo que la hace muy fácil de leer. Emplea un lenguaje directo pero cuidado a la vez. Sabe crear las dosis de misterio que aparte del humor, te hacen avanzar por ella con ganas de llegar al final, aunque te de pena que se acabe.

Y lo mejor es que creo que si, normalmente cada uno leemos una novela distinta y distinta a su vez a la que escribió el autor, en este caso se acentúa más. Creo que será difícil que dos personas se fijen en el mismo detalle, o pillen todas las cosas que plantea el autor, las indirectas, los dobles sentidos. Y posiblemente, si ahora mismo me pusiera a leerla de nuevo, pillaría otros detalles que se me pasaron la primera vez de largo.

Eso sí, como alguien se la tome en serio, que alguno habrá, y eso que el prefacio que ha elegido el autor es de Enrique Jardiel Poncela, o sea, que deja pocas dudas (eso si sabemos quién es Jardiel Poncela… ¿Sabes quién es Jardiel Poncela? El de “Amor se escribe sin h” o el de “Angelina y el honor de un brigadier”, por citar una novela y una obra de teatro), menudo berrinche se va a llevar.

Un trocito de otra de las obras de Jarciel Poncela, en concreto de “Usted tiene ojos de mujer fatal”.

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Pues chicos, chicas, a leer “Ajedrez para un detective novato”, escrita por Juan Soto Ivars. Y a esperar la siguiente novela del autor. O a encontrar las anteriores.

No os quejéis, os he presentado una novela interesante, un escritor interesante, y os he recordado a un maestro del humor algo olvidado. Todo de una tacada.

Y como colofón, el autor hablando de su novela:

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I Semana de la música: Dídac nos trae “West Side Story” de Leonard Bernstein y Arthur Laurents.

Una Zarzuela Norteamericana ???????

Es posible que cuando Arthur Laurents le dio el guión de West Side Story a Leonard Bernstein para ponerle música, no se plantea cosas raras. Me atrevo a decir que posiblemente no tenía ni idea de qué era un Zarzuela. Corría el año 1957 y es muy probable también que ni Laurents ni Bernstein se plantearan mucho más allá de hacer uno de esos musicales de Broadway que se convierten en un éxito rápido, fundamentalmente porque a las calidad del musical se unía con celeridad el interés cinematográfico. Naturalmente a Hollywood no se le escapa casi nada.

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Lo cierto que en ese 1957, lo musical contaba con los favores del público. Recordemos que en España se estrena el Último Cuplé con Sara Montiel, la gran diva del cine musical español y en Nueva York Bernstein pone música a la adaptación de Romeo y Julieta que hace Laurents, con un Romeo norteamericano de sangre impoluta y María, una Julieta puertorriqueña e hispana para más inri. Con su éxito, el cine se interesó en él y llevo el musical a las pantallas. Así en 1961 se estrenó la versión en celuloide con Robert Wise y Jerome Robbins en la dirección, lo de Natalie Wood, Rita Moreno, Rus Tamblyn y Richard Beymen ya se sabe, o ya lo sabe la mayoría que yo no había nacido aún.

El éxito indiscutible; si el musical había sido un bombazo en las preferencias del público, lo de la peli no fue menos: 10 estatuillas de la academia, entre ellas la mejor banda sonora, en la que curiosamente no figura Leonard Bernstein. Cosas del cine y de las producciones imagino, aunque suya era la partitura original, no la adaptación cinematográfica.

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Todo esto que cuento en esta semana musical del rincón de Tato (ya nos tomamos confianzas), es para hablar de Bernstein y de West Side Story en el correr de los años. Evidentemente para el gran público quedaba la peli y la banda sonora y todo el mundo cantando el………….

I like to be in America!
O.K. by me in America!
Ev’rything free in America.

Y los años pasan y Bernstein decide echarse novio (un chileno) pero luego decide volver con su amada esposa, en fin cosas que pasan, cuando de repente en el año 1984, el director y compositor decide realizar una nueva grabación con correcciones de la partitura, y para ello elige profesionales del Bell canto, como José Carreras, en el papel de Tony o la soprano Kiri Te Kanawa como María y la grandísima Tatiana Troyanos en el de Anita; y me permito la licencia de detenerme en la impresionante Tatiana Troyanos, porque creo que es una de las mezzos más importantes del panorama operístico mundial; de origen griego nos dejó en 1993 tras una enfermedad larga. Su Adalgisa en Norma de Vizenzo Bellini es memorable.

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Con todo este ramillete de voces, Berstein transforma un musical en una obra culta, lo hace dando intensidad y nota a la garganta, con un seguimiento de partitura; es cuando surge la pregunta, tratándose de una obra en la que la construcción que acaba de hacer el maestro, es de una obra en la que hay bel canto y declamación ¿Qué figura lírica se basa en esa estructura? Y concienzudamente los críticos americanos y sobre todo europeos comenzaron a debatir si Berstein en 1984 acababa de convertir West Side Story en una Zarzuela. Alguno pensará: “pero si la zarzuela es eso del madrileñismo más castizo……” Eso es que se ha ido poco de zarzuelas y no se han visto las grandes. Claro, esas, Tamayo no las saca en su Antología, que para eso está Federico Chueca que vende más.

Evidentemente si nos atenemos a la partitura de 1984, pues la estructura de la obra es netamente lírica. Ahora bien, hace falta saber si el montaje musical que se hace es en base a esa partitura o es más cómodo hacerlo en plan musical. Ya se sabe, cogemos a dos triunfitos y a dos coreógrafos y montamos en play back West Side Story y luego La Gran Vía de Chueca (Federico, no el Barrio). Como yo la única vez que he estado dentro de West Side Story era en concierto, pues no puedo decir que hubiera movimiento en escena con estructura de Zarzuela; me atrevo a insinuar que sería una buena obra para la temporada del teatro de la Zarzuela de Madrid y así salimos de dudas.

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Los que hayáis llegado hasta aquí supongo que ya pensáis que desvarío pero diré una cosa importante: está fuera de toda duda, que el musical norteamericano bebe de fuentes de la Zarzuela española. Ya lo decía el profesor de música de la Escuela de Arte de Fama (aunque lo decía en su papel de actor): la llegada de los americanos a Cuba a partir de 1898, hizo que conocieran la música española que había quedado en la Isla, entre otras cosas, la Zarzuela, género con gran popularidad. No hay que olvidar que Lecuona era Cubano y cubana es su Cafetal, zarzuela netamente propia de los cubanos.

Pues nada ahora toca ver la grabación, y ver como lo lírico y la partitura son la base de esta versión. También ver como el jersey rojo elegido por Bernstein realza su figura de manera indescriptible. Podía haber buscado el solo de Carreras, “María” pero después de pensar, me he dicho si todo el mundo se sabe el…………..

I like to be in America!
O.K. by me in America!
Ev’rything free in America.

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Orquesta Club Virginia, la función única. Víctor Elías.

Ahora cuando pensaba en que escribir, me venía a la cabeza una foto que está puesta en un bar al que suelo ir a tomar un bocata antes de ir al cine. En ella aparece la camarera con otras dos personas: Natalia Millán y Víctor Elías. La foto siempre me mira mientras como.

El otro día, casualidades de la vida, fui al teatro a ver a Víctor Elías. En realidad no fui a verle a él especialmente, fui a ver “Orquesta Club Virginia”, que es una versión de la película del mismo nombre de hace 20 años. Salen también algunos que salían allí, como Antonio Resines, Jorge Sanz, Quique San Francisco y Pau Riba. Algunos han cambiado de papel, Antonio Resines sigue siendo el director de la orquesta.

Y hete aquí que de repente aparece Víctor Elías en la escena. Yo pensando… esa mirada me suena… vale, podría ser de que me sonara de la serie de televisión en la que fue el hijo de Resines precisamente durante 6 años, “Los Serrano”. Pero iba algo más allá… de repente me di cuenta que tenía hambre, y me acordé de los bocatas de mi bar antes de ir al cine.

Na, esto no me gusta… no me gusta como estoy escribiendo esto. Borrad lo anterior. Empezamos de nuevo:

Hoy os quiero hablar de teatro. Sí. El otro día fui a ver una obra de teatro.

No, no fue Hamlet, ni siquiera fue algo de Lope de Vega. Ya le hubiera gustado a mi acompañante. ¡Ja! La función era en el Matadero de Madrid, que dejó de ser Matadero hace años, y se ha convertido en un sitio en dónde se cuida la cultura, un sitio interesante, aunque sea para pasar la tarde y tomarse un algo. Sí, en la sala de al lado, ponían Hamlet. Pero yo insistí en ver: “Orquesta Club Virginia”.

¿De qué va? Preguntaréis algunos.

Yo os podría responder que deberíais haber visto la peli del mismo nombre del año 92. Vale, no la habéis visto… bueno, pues va de un chico que se une a la orquesta que dirige su padre. Su padre es, a parte de Director de la orquesta, un crápula que va por ahí dejando hijos por todo el mundo. Uno de ellos es Tony. Tony es un chico enamorado de la música… y que quiere de paso encontrar el amor hecho mujer, que al unirse a la Orquesta Club Virginia, pues… no sé como sigue gustándole la música… pobrecito, las decepciones que tiene. La primera su padre, joder, que padre le ha tocado en suerte. “Llámame Sr. Domenech, como todos”. Y el que pensaba llamarlo “Papito”. Va, pero a pesar de todo esto, lo que verdad quiere el pobre Tony es… conocer a su padre. De paso a lo mejor conoce a algún hermanastro y demás… pero bueno, eso es anecdótico. Vale, y conocer el amor.

La orquesta se va de gira. En principio van a un gran hotel de Beirut… aunque los pobres acaban tocando en sitios de mala muerte en cualquier ciudad del mundo, incluso en guerra. En todos los sitios… menos en Beirut. Vamos conociendo a los chicos de la orquesta, vemos sus actuaciones, sus peleas, sus risas… sus cariños… tenemos el músico marica, tenemos al pelota, tenemos al chulo mujeriego, tenemos al borracho que está de vuelta de todo… al director que se cree algo…

En realidad podríamos decir que es una película hecha en teatro. Sigue su misma estructura. Ha copiado la forma del cómic, a mí me lo recuerda al menos, con tres viñetas, tres pequeños escenarios en dónde van ocurriendo secuencias. Es la forma de obviar la función que tiene el montaje en el cine. Así que tenemos esas tres viñetas, y el escenario delante, y la platea se convierte a veces también en escenario. Este recurso yo creo que poco utilizado, creo que podrían haber sido más arriesgados en ese punto. La obra da escusas… y la forma de la sala yo creo que lo favorece.

No es una comedia para reír a carcajadas. Pero es una comedia que te deja buen cuerpo, que te deja una sonrisa… y así estaba siendo hasta que… hasta que ocurrió.

Salían por la parte izquierda del escenario, Pepón Nieto, Jorge Sanz, Víctor Elías. Salían alegres, dicharacheros. Víctor se cayó al suelo, tropezó, o vete tú a saber… Pepón Nieto le dijo algo así como, “te vas a hacer daño, Tony”, y se acercó a “Tony”. Le cambió la cara, Jorge Sanz se acercó también, y de repente, la pregunta: “¿Hay algún médico en la sala?”

Estupor, “Qué original el guión”, “Están de coña”… pero no lo estaban.

“No, no no es broma, no es la obra”.

Encendieron las luces y el escenario se llenó con el resto de los actores y del personal de la obra. Antonio Resines nos indicó un poco brusco que mejor que nos fuéramos, que eso no era agradable. Alguno dijo que “era un poco borde”, pero me imagino que no es fácil ver a un compañero al que has visto crecer desde los 12 años casi como su padre, que se retuerce de dolor en el suelo ante la atenta mirada de 400 personas. Personas que tampoco sabíamos muy bien que hacer… “lo sentimos”, “es mejor que se vayan”, o cosas parecidas… pero el irse suponía pasar al lado suyo y echarle un vistazo. ¿Por qué somos así? Pasar a su lado, lo teníamos que hacer a la fuerza, pero no hace falta pararse a mirar. ¿Por qué necesitamos pararnos a mirar? Y alguno insistía cuando alguien del teatro le indicaba que saliera por favor. Si a alguien se la ha salido una articulación como el hombro, o la rodilla, como era creo el caso, sabe lo que duele.

Yo, una de las cosas que más me gusta del teatro son los aplausos. Es una tontería, pero… me emociono si los actores se emocionan al recibirlos. Ese día, no pude aplaudir ni mirar azorado alrededor mío intentando evitar esa lágrima desobediente que se escapa al ver la cara de emoción, de alegría que pondría el elenco. No pude ver al Director Resines, ni al cachondo San Francisco, ni al entrañable Pepón Nieto, a Jorge Sanz, el cual me ha acompañado en el cine desde “Valentina”. No pude aplaudir cuando el peque de la función, Víctor Elías, hilo conductor de la obra, saliera a escena y le dejaran entre tanta vaca sagrada, solo, a saludar. No pude ver esos gestos cómplices que se suelen dedicar los actores… y aplaudir, y aplaudir con una sonrisa tonta…

Pero bueno, para eso tiene uno un blog, para aplaudir cuando no se ha podido hacer en su momento. Así que hoy, todo esto, era para dar un aplauso a Víctor Elías. Que lo estaba haciendo muy bien, que es joven y que viene de la televisión, pero que creo que está en camino de ser un gran actor, a parte de que sea guapo y esté bueno, que son las cualidades que se les supone a los que salen en televisión. Y que el sábado 30 de junio, pasó, me imagino, por uno de los peores momentos que le ha dado su trabajo. Y que encima no pudo recibir el sueldo en especie que tienen estipulados los actores de teatro: los aplausos.

Aplausos por favor. Hasta que Víctor Elías llore de emoción.

Y eso que me quedé sin ver el final de la obra.

Y sin emocionarme al aplaudir y ver emocionados a los actores. Con lo que a mí me gustan esos momentos… ains. (esto creo que ya lo había dicho; si es así, pues no lo tengáis en cuenta)

El Sábado iré a comer un bocata al bar de siempre para que él y Natalia Millán me miren como saboreo mi bocadillo de pechuga con queso. Y mi mosto rojo. Pero que no insistan que no les voy a dar un mordisco.

Casi, ahora que releo todo, borrad todo, y aplaudir a Víctor Elías. Hasta que se retuerza esta vez de la emoción.

 

Y si  tenéis la oportunidad de verla, la obra digo, Orquesta Club Virginia, pues eso, me contáis en final… jijijiji.

Nota mental: Cada vez escribo peor… creo que me voy a retirar… ains.