El concierto. (completo)

Capítulo 1.

– Muchas gracias a todos – gritó Dani desde el escenario.

– Muchas gracias de verdad, por haber venido a escucharnos, por vuestro apoyo… ¡¡Hasta la próxima!!! – levantó la mano derecha con el signo de la V, para seguido bajar la mano cerrada hasta el corazón. Dio unos pasos hacia atrás, y desapareció junto con sus compañeros de grupo entre bastidores.

Dejó la guitarra y se juntó con sus compañeros. Saltaban chocando sus pechos. Estaban contentos. El concierto había salido genial, y había ido mucha gente. Hasta habían vendido algunos discos, según les había parecido ver desde el escenario. No era mucha pasta, pero cualquier colaboración para ayudarles con los gastos, era bienvenida. A parte que, sentir que alguien suelta los cuartos para comprar su trabajo… era algo… algo que les hacía volar… era todo un subidón…

Dani se apartó unos instantes. Miró por un hueco del telón. No le vio. Ya se debía de haber ido. Bajó un momento la cabeza con desánimo. Pero fue un instante solo. Tenía que volver con sus compañeros.

Al cabo de un buen rato, después de comentar las incidencias, entre risas porque todo había salido bien, de ir recogiendo el material, salieron por detrás del escenario. El personal del Ayuntamiento ajustaba algunas cosas para el concierto siguiente, en una hora.

Dani se fue a una caseta como de obras que tenían a modo de camerinos. No era gran cosa pero al menos podían cambiarse o dejar alguna cosa.

– ¡Ehhhhhhhhhhh! ¡Qué grande has estado ahí arriba! – le dijo Carmen que salía del cuchitril-camerino- cada día sois mejores – y se abrazó a él dándole un beso en la mejilla.

– Ha estado de putísima madre – dijo Dani todo exuberante y gesticulante – ¿Has visto la gente? Yo flipaba arriba. Como saltaban, hasta cantaban algunos las canciones… ¡¡Se las saben tía!!

Carmen se fue rápido. Dani se la quedó mirando un instante cuando se alejaba. Todavía tenía un resquicio de sonrisa en los labios. Al final, dio media vuelta y entró en el camerino.

No había nadie. Se sentó en una silla frente al espejo. Se vio cansado. Había sido un concierto bueno. Pero había acabado muy cansado. Y sudado. Pero no podía pegarse un remojón. Más que nada porque no había ducha. Y no podía irse a casa. Tenía que escuchar al grupo siguiente. Era un grupo con el que habían tocado mucho en Francia. Y eran amiguetes.

Seguía mirándose en el espejo. Decían que era guapo, pero él se veía lo del montón. Se había fijado en  un chico mayor, que nunca repararía en un niñato como él, porque no era lo suficiente guapo, y era lo único que pensaba que tenía para ofrecerle.  Se le encontraba en la calle algunas veces. Una vez le había saludado… para comprobar como reaccionaba… y el otro ¡¡le contestó!! … le dio un subidón del 15 aquel día.  Pensó que, así le había obligado a fijarse en él, a quedarse con su cara, y  cuando se volvieran a encontrar, ya saludarían los dos… y bueno… otro día podría sacarle un tema de conversación… y no sé… a lo mejor…

Pero no se volvió a cruzar con él durante meses.

Pero hoy había aparecido allí. Le vio entre el público al principio, que había menos gente. Fue ¡¡la leche!!… ese chico estaba escuchando un concierto de su grupo… Eso le hizo crecerse en el escenario. Cantar mejor que nunca, tocar mejor que nunca, arriesgarse a hacer cosa en el escenario que raras veces se atrevía… ahora que lo pensaba, quizás por eso estaba tan cansado… todo para que el chico se fijara en él.

Pensó que al final del concierto podría acercarse a él con la disculpa de regalarle un CD. Y hablar un rato del concierto, de que le había parecido… mientras actuaba, se estaba imaginando miles de conversaciones… al segundo siguiente le entraba el bajón y pensaba que Miguel no le iba a hacer caso… un niñato como él… si al menos fuera espectacular… con un cuerpo, con una cara… Pero Dani seguía mirándose en el espejo… y no veía nada de eso. Y encima, Miguel… se había ido.

Miguel… otra alegría el día que se enteró de cómo se llamaba… otra vez por pura casualidad… un día le oyó como le llamaba alguien… ese día no pudo dejar de sonreír… ¡¡Ya sabía como se llamaba!! ¡¡Yeeeaaaaaaahhhhhhhhh!!

Pasaba el tiempo y tenía que salir. Se miró un momento, se pasó los dedos por el pelo, a modo de peine, y salió. Allí encontró a Saúl y Fermín, a Pacita y Gael, a Carlos y Jon, a Beatriz y Paula. A la chica que estaba con ellos no la conocía. Eran amigos que solían ir a todos sus conciertos. De tanto verles al final acabas hablando, y bueno, son buenos colegas. Dani levantaba la cabeza como buscando a alguien. La disculpa era ver si había más gente a la que saludar cerca. La verdad es que estaba esperando verle a él, a Miguel…

De repente… le vio. Estaba junto a la mesa que controlaba el sonido y las luces. Miraba como trabajaban los técnicos. El corazón le empezó a latir más rápido. Estaba apenas a 3 metros. Llegó Fernando y le saludó… le empezó a contar mil cosas del concierto… él seguía disimulando mirando hacia todos los sitios… siempre acababa mirando a Miguel… pero no fijaba la vista en él, la fijaba un punto más a la derecha… para que así no pareciera que le miraba… De repente vio como Miguel levantó la cabeza, y fijó su mirada en él. Bajó rápido la cabeza, haciendo que no escuchaba bien a su amigo… volvió a levantar la mirada… y Miguel seguía mirándole…  pero Dani no se atrevía  a fijar la vista en él, seguía pasándola por al lado…  para verle pero para que él no fuera consciente…

Empezó el concierto. Le rodearon todos los conocidos de por allí, y le arrastraron hacia la primera fila. Empezó a saltar al ritmo de la música. Levantó los brazos… y siguió saltando. En uno de estos saltos, miró hacia atrás, y vio como Miguel, se iba de la plaza.

Dejó de saltar. Se quedó mirando un rato como “su” chico se alejaba. Sus hombros perdieron intensidad… Si alguien se hubiera fijado se hubiera dado cuenta que Dani medía ahora 3 cm menos que hacía unos instantes. Fue consciente que nunca se fijaría en él. Y si un día hablaran… ¿Qué le diría? Seguro que pensaría que era un niñato…

Seguía la música. Eran sus colegas, sus compañeros los que tocaban. Pero en ese momento, a Dani, le importaba una mierda.

______

Capítulo 2.

Miguel se iba de la plaza cabizbajo. Sumido en un mar de sensaciones. De pensamientos. No estaba precisamente en su mejor momento. Estaba… depre. No, no era una depresión de esas de psicólogos y pastillas. Era un bajón… una caída libre, más bien, de su estado de ánimo.

Pocas cosas había ahora que le animaran. Pocas cosas había que le produjeran placer. Ni su trabajo, ni sus amistades, ni su familia… ni sus aficiones, conseguían sacarle de esa tristeza, de esa dejadez que le iba acompañando a cada instante.

Acababa de ver un concierto. Era un grupo joven, de música punk o rock o lo que fuera…  O eso se imaginaba. La música nunca había sido su fuerte.  Le gustaba, la escuchaba a cada instante, pero nunca le había llamado la atención lo suficiente como para aprender cosas de grupos y cantantes y estilos. Tenía amigos que se aprendían canciones, o trozos de ellas. Y luego utilizaban esas frases en la conversación… que recitaban un nombre tras otro de canciones, de grupos… a él eso nunca le había llamado la atención. Y además se creía incapaz de hacerlo.

Pero pasaba por la plaza… y  reparó en el grupo. No era una música que le gustara especialmente, al menos el estilo. Pero una canción, la letra, le… le atrapó… y se quedó plantado ahí, escuchándoles.

Y además, de repente, se fijó en uno de los componentes. ¡¡La madre que le parió!! ¡¡Era ese chico!! Se quedó con los ojos como platos. Casi sin respiración.  Hacía meses que dejó de coincidir con él… siempre se cruzaban cuando él iba a trabajar. A parte que le conocía de vista del club deportivo del que eran socios los dos… Normalmente cuando iba a trabajar, iba en su mundo. No se fijaba en la gente con la que se cruzaba. Muchos amigos se habían enfadado con él por pasar a su lado y no verles. Pero un día, en el bus, levantó la mirada y se le encontró mirándolo. O eso creyó él. No consiguió comprobar ese día si era cierto que le miraba…

Así comenzó esa rutina de todos los días. De ir pendiente de si se cruzaba con ese chico, o coincidían en el bus. Tenían un trecho del camino que coincidía. Pero unas veces uno lo hacía andando, el otro cogía el bus, o al revés… o si había suerte, los dos se ponían de acuerdo e iban en el mismo medio. Entonces empezaba una pequeña batalla de miradas.  Uno levantaba la vista, justo cuando el otro la bajaba… a veces un instante se cruzaban la mirada… aunque rápidamente los dos la escondían…

Le gustaba ese chico. Pero bueno, era consciente que, ese chico era inasequible a sus “ningunos encantos”. Era mucho más joven que él. Era además guapísimo. Aparentaba tener un cuerpo precioso… y él al menos, se lo imaginaba buena gente… por como miraba… era algo que intuía… parecía además tímido… pero también, no sabía por qué, se le imaginaba sensible, amoroso… ¡¡cariñoso!! Esa era la palabra… Un chico que podría tener al chico o chica que quisiera… o casi.

Y llegó ese día que le saludó… ¡¡Joder!! Se había levantado de la cama especialmente depre. Cabreado. Con él, con el mundo, con su trabajo. Nada le parecía bien. Iba que mordía. Y llegó este chico… le adelantó… giró su cabeza… y le saludó…

– ¡Hola!

Y hubiera jurado que decía detrás… su nombre… ¡¡Miguel!!

– ¡¡Hola!!  – Le contestó automáticamente. Eso sí, le dio tiempo a poner su mejor sonrisa, y a mirarle a los ojos… mirarle sin ver… por la sorpresa, los nervios…

Mil y una historias se le agolpaban en la cabeza. No se lo podía creer, que ese chico al final se había fijado en él. Bueno… no… seguro que era educado, y al encontrarse tantos días, al final había decidido saludarle… pero bueno… eso ya era…

Se imaginó al día siguiente saludarle de nuevo… Esta vez sería él quien lo haría primero… y disfrutaría del momento… ¡¡Ese chico era un bombón!! Ufffffffff… ¡¡Dios Santo!! Si fuera verdad que se hubiera fijado en él…

– ¡¡ayyyyyyyyy!!!

Pero al día siguiente, no se encontró con él. Ni al siguiente. Intentó cambiar un poco la hora, un poco antes, un poco después… se bajaba en la parada que el se subía, e iba andando despacio, mirando hacia atrás… Pero no… no volvieron a cruzarse… ni a compartir bus…

Hasta ese día. Se le quedó mirando con cara de bobo. Tardó un rato en reconocerle… le sonaba la cara… y la situación además le despistaba… ¡¡Era él…!! ¡¡Qué capullo!! ¡Y encima es músico! ¡Y tiene un grupo! Con el morbo que da eso… Ahí estaba, esplendoroso, más guapo que nunca. Hubo un instante en que creyó que él le vio… pero era imposible, el público estaba a oscuras, ellos tenían la luz de los focos… pero a partir de ese momento, él creyó que, estaba cantando para él, estaba tocando para él, bailando… que todo lo que decía y hacía en el escenario tenía un destinatario… él. Era una bobada, vaya, pero… ¡¡qué narices!! Bien podía soñar durante una hora… la hora que duró el concierto…

Acabó. Se apagaron los focos… el grupo desapareció entre bambalinas. La gente comentaba el concierto. Sus sueños se apagaron a la vez que los focos. Dio media vuelta, cabreado, por haberse dejado ensoñar por la imaginación. ¡¡Eres gilipollas!! Se repetía mientras se alejaba. ¡¡No sueñes en imposibles, Miguel!! Ese chico es sensacional, es guapo, joven… ¡¡qué coño va a ver en ti!!¡¡ Imbécil!!

Entró en un bar, y se pidió una cerveza. Poco a poco se fue relajando. Y esa rabia producida por la desilusión… por esos castillos en el aire que había fabricado en su cabeza, durante una hora de concierto… se fue diluyendo.

Salió del bar, y recordó las palabras de Dani… al menos se había enterado de su nombre… Dani… y volvió para comprar el CD de su grupo. Y para ver al grupo de sus amigos… los franceses… ¿O eran italianos? ¡¡Bah!! ¡¡Daba igual!! Como si eran egipcios… Dani… Dani… le gustaba el nombre… Daniel…

Compró el CD. Era barato… ganas le dieron de comprar 4 ó 5. Estaban haciendo los últimos preparativos del nuevo concierto… y le vio… estaba rodeado de gente… parecían colegas… seguro que eran sus fans… chicos y chica guapas, maravillosos todos… jóvenes… todos pendientes de él… se le imaginó eligiendo compañía para esa noche…

Juraría que le había pillado mirándole… pero parecía que buscaba a alguien. Parecía que cuando barría con su mirada la plaza, hacía un rodeo por dónde él estaba. Bueno era cierto que le sobraban muchos kilos. Que no era tan guapo como el resto… que tenía unos años más que él…  pero vamos… que justo cuando llegaba a dónde estaba, justo cuando su mirada se iba a encontrar con su cuerpo… esa mirada se perdía en la nada, para volver a centrarse al otro lado… ¿estaría en un agujero negro del espacio? Bromeó Miguel consigo mismo…

El concierto empezó… Era rock duro también… todos los que rodeaban a Dani se fueron hacia delante, a primera fila. Vislumbré sus brazos al cielo, haciendo el signo de la victoria hacia el cielo…

Ese era su mundo… el mundo de Dani… En ese mundo, Miguel no tenía cabida.

No quiso prolongar más la agonía, el suplicio… dio media vuelta y se fue.

Se fue despacio… durante unos segundos esperó que alguien viniera corriendo detrás de él… pero eso no sucedió… bajó la cabeza… volviendo a su estado normal esos días, de apatía, de tristeza… pensó, como siempre en los últimos tiempos, que todo, todo… era una mierda.

______

Capítulo 3.

– Es ese ¿no?

Dani se giró. Era Axel, uno de sus compañeros de grupo y su mejor amigo y confidente.

– No… que va…

– Dani… no seas capullo.

Dani agachó un poco la cabeza…

– Suéltame, cabrón, me haces daño – y Dani intentó que Axel le soltara el brazo…

– Escúchame por una vez en la vida… Te ha escuchado tocar durante una hora. No tiene pinta de que le guste la música que hacemos. Sois seguramente los dos igual de imbéciles. No has mirado a otra parte del escenario en toda la noche. Y él, creo que ha creído que tú tocabas todos los instrumentos… te miraba embelesado, como si no existiera nada más en el mundo.  Sal corriendo, me cago en la puta de dios, y vete tras él… no quiero verte como un fantasma como los últimos meses…

– Suéltame, me haces daño… ¿Y que le digo? Me planto delante de él… ¿y qué? Soy…

– Eres un niñato… un niñato… un niñato… – dijo Axel con voz de niño de 2 años.- eres un puto niñato… un puto niñato como yo… pero sabes… un puto niñato con esto – y le apretó con su mano libre los cojones… Dani escondió sus partes doblando su cuerpo y sacando el culo hacia atrás – y con esto – y subió su mano hasta el corazón… y abarcó su pecho con ella – y con esto  – y señaló su cabeza – y ahí arriba tienes muchas cosas. Y en el corazón, también. Y ¡JA! Por tener tienes algo hasta en los huevos.

Se quedó mirándole a los ojos. Dani levantó al final la vista… y se encontró con su mirada… No pudo mantenerle la mirada mucho tiempo… vio tanta decisión en su amigo, tanto cabreo…

– ¿Y que le digo? – volvió a repetir angustiado… levantando su mirada, implorante…

– Dile que… dile que quieres invitarle a una cerveza por habernos escuchado… que quieres conocerle… que quieres conocer lo que opina del concierto, si le gusta la música, si ha visto al resto del grupo que te acompañaba… si le gustan tus Van´s nuevas, o los calcetines cortos, o los calzoncillos que llevas – esto último lo dijo Axel con cara de chufla… creía que un poco de broma le relajaría a Dani…

– No te rías… será mejor que no vaya…

– ¡¡Lárgate!! – gritó Axel empujando a Dani, y levantando el brazo hacía dónde se había ido Miguel – ¡qué te largues de una puta vez ¡Que te ahostio si no te vas! Y sabes que hablo en serio…

– Pero no sé hacia dónde ha ido…

– Hacia la derecha…

– P…

– Dani, se me acaba la paciencia, corre, o de la patada en los huevos que te doy, te les saco por la boca, bobo de mierda. ¡¡Largo!! – la gente alrededor se le quedaba mirando… casi se le oía más a él que al grupo.

Dani empezó a dirigirse hacia la salida de la plaza por la que había desaparecido Miguel.   Cada poco se volvía y comprobaba que Axel seguía pendiente de su camino. Incluso andaba un poco siguiéndole.

Dani se giró completamente y empezó a correr no muy rápido. Su cabeza era un hervidero. Axel decía que se había ido por la derecha… llegó a la encrucijada… miró a derecha, izquierda, miro hacia la calle que seguía hacia delante… no veía nada… decidió seguir la indicación de su amigo… empezó a correr un poco más deprisa… no hacía más que levantar el cuello dando pequeños saltos y mirar por encima de la gente… la calle estaba atestada… de repente pareció verle… pasaba un grupo que le impedía seguir… les apartó como pudo… saltaba para ver si Miguel cambiaba de camino… otro grupo de gente… Dani se estaba poniendo más nervioso… ahora que se había lanzado no quería perderle… no sabía todavía lo que le diría… Vio que Miguel iba a girar por otra bocacalle…

– ¡¡Miguellllllllllllll!!!

No sabía como ese grito había salido por su boca. No fue consciente. La gente se le quedó mirando… pero le daba igual… Miguel se paró y se giró…

– Por  favor… paso, paso… – decía Dani…

… Miguel se giró y buscaba con la mirada de dónde había venido su nombre… no veía a  nadie conocido…

– Por favor, tengo prisa

La gente miraba con cara de desagrado a Dani…

… Miguel se iba a girar para seguir su camino… pensó que se había imaginado que alguien le llamaba…

Dani consiguió abrirse camino entre el gesto adusto y molesto de los que le rodeaban…

– ¡¡¡Miguel!!!!!

Volvió a gritar… veía que le perdía… la gente se volvía al oír gritar de esa forma…

Miguel se dio otra vez la vuelta, ahora sí lo había oído… no eran imaginaciones suyas… pensó que a lo mejor le llamaban de algún balcón o ventana de las casas de por allí… miró… bajó la vista… la perdió otra vez entre la multitud…

…Dani corría apartando a la gente. Saltaba… vio que Miguel se paraba… pero miraba a los edificios…

– ¡¡Miguel!!

Esta vez, Miguel ya pudo situar de dónde venía el grito…

…pero…

… Pero… no… no podía ser…

… No…

… ¡Era ese chico!

… la voz venía de ese chico que sorteaba a la multitud que paseaba por esa calle… parecía que era Dani… sí, sí… era Dani… qué nombre más bonito, pensó como un bobo, y sin venir a cuento… Dani… un nombre bonito… parecía que venía hacia él… claro, pensó, si le estaba llamando, y corría hacia dónde él estaba… miró como un idiota alrededor por ver si había otro parado que tuviera cara de llamarse Miguel… pero no, no parecía que hubiera otro Miguel por los alrededores… Sí que había algunos señores de alguna edad que se habían dado la vuelta al oír el grito… y algunos de los que apartaba Dani al correr… también se daban la vuelta con cara de pocos amigos… porque era Dani que corría hacía él… pensó en acercarse, pero… sus piernas,  las bobas de ellas, parecía que no tenían muchas ganas de hacerle caso… al final torpemente…

…Dani empezó a tranquilizarse cuando vio que Miguel parecía haber reparado en él… y que estaba parado esperando… pero la distancia se le hacia eterna, no había más que un puñado de metros, pero parecía eso una escena de esas a cámara lenta, de las pelis de carreras  atletismo, en donde el sprint final dura más que el resto de la peli… jadeaba… no era que estuviera cansado de la carrera… es que estaba histérico… ahora llegaba el momento…

… ¿qué querría? Miguel empezó a darle vueltas… ese chico perfecto corriendo hacia donde él estaba… empezó a ponerse nervioso… empezó a pensar lo que le diría si le comentaba… si le decía… hubo un instante en que pensó que se lanzaría sobre él y le daría un beso… desechó la idea como una tontería más de su imaginación… todo parecía ir a cámara lenta… al final sus piernas decidieron dar un paso hacía delante… ya casi estaba a su altura…

… ya llegaba… parecía mentira… un último grupo de gente y estaría a su lado… dio un salto para la derecha… otro para la izquierda… los últimos que se interponían…

… otro paso… uno se puso en medio… giró hacia su izquierda…

… ya está…

– ¡¡Joder!! – exclamó Dani mientras sin poder evitarlo caía sobre Miguel.

El último salto de Dani, coincidió con un movimiento inesperado de Miguel… los dos se encontraron mas cerca de lo que hubieran previsto. Tanto se juntaron que algunos lo llamaron choque. Tanto se juntaron, llevando uno una velocidad apreciable, y el otro un estado de verticalidad poco asentada, que al juntarse cayeron los dos al suelo. Dani encima de Miguel, que para eso Dani llevaba la velocidad…

Casi de inmediato, se formó un corrillo alrededor…

– Esta juventud… mira este gamberro, ha tirado al otro joven… ¡Gamberro!

Todos miraban expectantes, esperando que el “agredido” se levantara del suelo y le diera su merecido a ese jovenzuelo descarado que llevaba empujando un buen rato a la gente…

– ¿Estás bien? – atinó a preguntar Dani – perdona… yo…

Si todo era difícil antes, ahora se le antojaba una tarea imposible decir algo medio coherente…

– No estoy mal – dijo Miguel. – La verdad es que pocas veces he tenido entre los brazos algo tan interesante.

Miguel se puso inmediatamente colorado. Se había dejado llevar por su humor, y por su sarcasmo. En circunstancias normales nunca hubiera dicho algo así… sería la cerveza de antes…

– Joputa, – gritó uno –  seguro que le ha roto la pierna

Miguel no apartaba la mirada de Dani. De sus ojos. Los tenía marrones… nunca se había fijado en el color. Dani le miraba… estaba como alelado… parecía que quería decir algo… pero era como si tartamudeara… como si… parecía que se rendía… Miguel notó como Dani empezaba a quitarse de encima suyo, empezaba a levantarse… pero de repente, no supo como… se encontró los labios de Dani sobre los suyos. Cerrados con fuerza… les apretó contra los suyos con fuerza… parecía que quería hundirle la cabeza en el suelo… eso duró lo que parecía una eternidad… debió ser solo unos mili segundos…

Todos alrededor se callaron. Alguno incluso se puso la mano para taparse su boca abierta de la sorpresa, del susto, o vaya a saber Vd. el qué. Ninguno se esperaba una escena así. Todos estaban esperando una escena de sangre, con el agredido, levantándose y lanzando invectivas contra el jovenzuelo agresor… no se esperaban un beso… y en los labios…

– ¡¡Marranos!! – gritó un señor.

– ¡Qué bonito! – dijo otro. – María, dame uno de esos – dijo con cara de pillo a la que parecía su mujer.

Ahora era Dani el que estaba rojo… empezó a levantarse… no sabía que hacer… entonces notó la mano de Miguel que le rodeaba el cuello y le atraía otra vez hacía él. Fue un suave piquito… con los labios cerrados… sí… pero esta vez más relajados… Le levantó la cabeza… y se cruzaron las miradas… la primera vez… los dos estaban callados, sin saber muy bien que decir… empezaron a levantarse… se agarraron de la mano para ayudarse…

– ¿Para que me buscabas? – dijo suavemente Miguel… inmediatamente pensó en la gilipollez que había dicho… pero ya estaba… lo había dicho. Y lo peor… Dani le había oído.

– Quería… quería que charláramos sobre el concierto…

– ¡Qué se besen! ¡Qué se besen!

Un grupo de parejas de mediana edad, que seguro habían salido de alguna cena regada generosamente con botellas de Ribera de Duero, empezaron a corearlo… otros se agregaron… al final era un grupo considerable el que lo gritaba… una pareja se fue indignada… Dani y Miguel estaban ahí, en el centro… azorados como nunca en su vida anterior lo habían estado… al final Miguel se acercó a Dani y le besó… suave, corto, nervioso… le agarró de una mano, y fue abriéndose paso entre el grupo que se había formado a su alrededor… mientras ese mismo grupo que les rodeaba empezaban a aplaudir… y ellos a la vez que hundían la cabeza debajo de sus sobacos, levantaban los brazos para saludar…

Corrieron para alejarse de allí… sin soltarse… al cabo de unos minutos, se pararon…

– No me has dicho que querías – preguntó innecesariamente Miguel, que todavía estaba en una nube… y que ya no recordaba haber hecho esa pregunta, y haber pensado que era una bobada…

– Quería… – Dani buscaba las palabras – ya te lo dije… bueno… en realidad… quería conocerte… y charlar… y…

– ¿Besarme?

– No… en realidad… yo… – Dani miraba al suelo…

– Yo si quiero besarte otra vez – dijo Miguel, con una decisión repentina… sin pensar mucho lo que decía…

Dani se quedó mirándole, sin saber que hacer… Miguel fue acercando poco a poco su boca… primero rozó suavemente los labios de Dani… fue profundizando… hasta que al final los labios de los dos se juntaron… esta vez abiertos, y las lenguas se rozaron por primera vez… nerviosas… perezosas… sin encontrar el ritmo, sin ponerse de acuerdo…

– Me llamo Axel

Se separaron los dos de sopetón. Los dos miraban a ese chico con gorra y una sonrisa debajo, que se había puesto entre los dos. Miguel miraba con cara de sorpresa. Dani, con cara de mala hostia. Axel tenía la mano extendida, como para saludar a Miguel. Éste fue a estrechársela, cuando Axel la movió y acabó dándole una palmada en su mano.

– Ya tenía ganas de conocerte, Miguel. Soy amigo de Dan. Su mejor amigo de hecho.

… y le rodeo con su brazo por los hombros, y le empujó hacia uno de los locales de la plaza. No se habían dado cuenta que habían vuelto a la plaza del concierto.

– Os invito a una birra. ¿Vienes Dan, o qué? Dale tiempo Miguel… Dan es un buen tío, sensible como pocos, trabajador, y con una cabeza… pero un poco timidote… aunque me da que tú tampoco eres un lanzado… – diciendo esto Axel le dio una palmada amistosa en un brazo a Miguel.

Dani decidió en ese momento asesinar a Axel en cuanto tuviera ocasión… Miguel estaba con la boca abierta… todo esto era demasiado para una tarde…

– Huy, creo que Dani va a encontrar la palabra perdida dentro de un momento y va a ser para mandarme a tomar por culo. Así que… os dejo… pero queda pendiente esa cerveza Miguel…

– Sí, sí, cuando quieras…

– Dani… la vida es una mierda… ¿a que sí?

Rápido, Dani cogió un cachi de un chico que pasaba por ahí, y se lo tiró a su amigo. Axel logró esquivarlo… y mientras se iba, le hizo un signo con el pulgar hacia arriba.

– ¿La vida es una mierda? – preguntó Miguel…

– Bueno… es largo de explicar… y la verdad ahora mismo no sé si tengo muchas ganas… – contestó dubitativo Dani.

– Tomemos esa cerveza…

– ¿Y mi cachi? – dijo el chico que suministró sin pretenderlo el arma arrojadiza a Dani.

– Tío… la vida es una mierda… – le dijeron los dos a coro.

______

Capítulo 4.

– Jajajajajaja – reía como un descosido Dani.

Miguel estaba tumbado en el sofá, y le miraba sonriente. Intentaba escribir en el portátil, pero estaba más pendiente de Dani y de su reacción a lo que estaba leyendo.

– Mira que eres…- decía Dani, en los descanso de sus risas… más que nada porque debía respirar de vez en cuando – Me está entrando flato… ¡¡Ayy!!

– ¿Qué te hace tanta gracia? No lo entiendo – decía Miguel, poniendo cara de falsa indignación – Yo creo que está bien escrito, que tiene chispa…

– Pero Miguel, no se parece nada a la realidad…

– ¿Cómo que no? Me dirás que lo de Axel cuando te mandó tras de mí no fue así.

– Hombre, Axel exageró un poco cuando te lo contó. No me agarró de los huevos, bueno o al menos no fuerte. Y no dijo eso de que “tienes tantas cosas ahí, en la cabeza” O como lo hayas escrito.

– Pero seguro que lo pensaba… – levantó un poco el mentón Miguel, como indicando dignidad…

– Y donde se te ha ido la olla por completo… pero por completo, es en nuestro encuentro. ¡¡Vaya pasada!!

– Hombre, había que darle un poco de salsa…

– No, no, guay… vale… no te digo nada, pero me ha hecho gracia… nada más… Ojala te hubiera dado ese primer beso en el suelo… Y tú me hubieras dado ese beso con lengua en la plaza… Tardaste casi un mes en dármelo…

– No te jode…  también me lo podías haber dado tú – Miguel se incorporó en el sofá y se sentó. Cerró el portátil y lo apoyó en la mesa baja de cristal que tenía delante.

– No, no, ya hemos discutido muchas veces sobre esto. Eres tú, como la parte más madura y mayor de esta pareja, la que debes tomar esas iniciativas.  Yo ya hice bastante con salir corriendo detrás de ti.

– Corriendo, corriendo… corriste mucho, sisisisisi, cualquiera que te escuche, pensará que recorriste Burgos de lado a lado… ¡¡Si fueron 500 metros!! ¡¡Sí llegan!!

– Que dices, al menos fue un kilómetro.

– De eso nada, monada… un kilómetro… anda, anda… y además fuiste bien despacito, y no digas que no, que me lo has reconocido.

– Pero fui detrás de ti. Y te alcancé. Y te dije “¡Hola Miguel!”

– Jajajajaja, por más que intento recordar, no lo consigo… no consigo recordar que me dijeras “¡Hola Miguel!”. Recuerdo que llegaste hasta mí… – Miguel se levantó y se fue acercando a Dani, que estaba sentado frente a la mesa del Salón, sentado a horcajadas en una de las sillas – … recuerdo que noté que me diste un golpecito en la espalda…

– Y ahí, cuando te diste la vuelta, fue cuando yo te dije… ¡¡Hola Miguel!! Con mi voz angelical y una sonrisa encantadora…

– Calla… calla… déjame acabar… ¿has dicho voz angelical? Pero si tenías una voz de camionero… estabas más ronco, afónico… no era una voz que enamorara…

– Anda… con lo bien que me salen los susurros con esa voz…

– ¡uhhhhhhhhhhhhhh! Con esa voz de ultratumba….

Dani levantó las manos con exageración, mientras hacía un gesto hacia atrás como de resignación…

– Estábamos en que llamaste a mi espalda, me di la vuelta, te vi, me sorprendí, me llevé una alegría, porque iba pensando en lo desgraciado que era al ser invisible para ti… y ahí nos quedamos un rato… no dijiste ni mú, pero ni mú… parecías próximo a un ataque…

– Por la carrera… ves… fui corriendo hasta alcanzarte…

– ¡Una mierda! Estabas nervioso, estabas atacado porque no sabías que decir…

– Pero te busqué… cosa que tu no hiciste…

– ¡Eh! ¡Eh! Que nadie te ha dicho nada… pero no dijiste ¡Hola Miguel! Fui yo el que al cabo de un rato, sonreí y te dije ¡Hola!

– Va, va… eso fue en respuesta a mi saludo primero. Por cierto, que tardaste un mes de contestar. Yo creía que eras mudo o algo. O que te había dado un ataque de esos, en que se queda uno mudo, un flash, o sordo de nacimiento… ahí encontré la razón de que te quedaras escuchando… con lo poco que te gusta la música…

– Hombre, como comprenderás, llega un chico guapo, que se acaba de bajar de un escenario, con el morbo que da eso, llama a mi espalda, yo que veo a mi ángel del Señor hecho huesos y carne… y ¡¡qué carne!! Y que me mira con esos ojos… esos ojos verdes…

– Me los has puesto marrones…

– Es para que no vengan a por ti, que seguro que ahora lo leen todos, y todos vienen a echarte los tejos.

– Pues a mí me gustan los ojos marrones…

– ¿Cómo los míos?

– Como los tuyos… son preciosos… son muy expresivos…

Miguel estaba al lado de Dani, le hizo levantarse, se sentó él, y luego Dani se sentó sobre sus piernas, mirándose. Los brazos de Miguel rodearon la cintura de Dani, y los de este, rodearon el cuello de Miguel. Dani acercó sus labios a los de Miguel para darle un suave pico en los labios.

– ¿Así que eres celoso?

– No, no es eso. Pero cada vez estás más guapo, estás tremendo… y yo no valgo nada a tu lado, es normal que piense que cualquier día verás a uno más guapo… y me dejarás…

– Eres bobo… te quiero… no por tu belleza, que a mis ojos lo eres y mucho… te quiero por ti… por tu mirada, por tus sueños, por tu forma de darme importancia, de escucharme, de abrazarme, de darme cariño, por dejarte llevar a veces por mí, y por llevarme tú en otras ocasiones… Yo si que no soy nada… un puto niñato con muchas cosas que aprender…

– Me vas a poner colorado… y en lo de niñato no estoy de acuerdo. Y no empieces con que no eres lo suficientemente guapo para compensar. Eres… mira no voy a empezar a decirte otra vez como eres… simplemente eres de una forma que hace que te quiera más cada día…

– Ese día sí que estabas colorado… jijijijiji – volvió Dani a tomarle el pelo a Miguel.

– ¡Vaya! Sería la cerveza que me tomé después de que no me hicieras ni puñetero caso al acabar el concierto…

– Pero si no me diste tiempo… puta… que te largaste antes de que bajáramos del escenario…

– Y… Y… luego tampoco… yo ahí, interesado en el trabajo de los técnicos, que no me interesaba una mierda, yo ahí disimulando por verte… y tú  que me tomaste por un agujero negro…

– No me cambies de tema…

– Ya, ya, tú vas a donde puedes hacer sangre….

– Luego reconoces que puedo hacer sangre, o sea, que tengo razón…

– Siempre intentas ganar la pelea… Pero no dijiste “Hola Miguel”

– Sí lo dije… ¡Cabrón! No me hagas cosquillas… Miguel… Miguel…. ¡¡¡Miguel!!! ¡¡¡Para!!!!

Miguel metía los dedos en los riñones de Dani, y éste no paraba de contorsionaste y reírse a carcajadas.

– Para… Miguel… para por favor…

– Reconoce que no dijiste “Hola Miguel”…

– Me rindo… para, para… no dije “Hola Miguel”… pero para… para por favor…

– Así está mejor.

– Esto no vale ante un tribunal, es tortura.

– Yo lo negaré todo.

– Mostraré las marcas que me has dejado…

– Huy huy huy… ¡¡mira como tiemblo!! – Y Miguel extendió las manos haciendo movimientos exagerados con  ellas…

– ¡Cabrón! – dijo Dani a la vez que le intentaba pegar con las manos en la cara.

– Vale, vale… tregua…

Pararon de jugar. Se miraron. Sonrieron. Juntaron sus labios. Se besaron largo rato…

– ¿Entonces no te gusta la forma en que nos conocimos? – preguntó al final Dani, apoyando su frente en la de Miguel…

– Sí claro que me gustó. Nos conocimos. Nunca te agradeceré lo suficiente que corrieras detrás de mí. Que me alcanzaras. Que me pararas… yo nunca me hubiera atrevido. Y me hubiera perdido estos meses maravillosos que llevamos.

– Ya es más de un año… ¿no?

Miguel se quedó pensando…

– Es cierto, ya hace más de un año… por días… pero ya ha pasado sí… se me ha hecho tan corto…

– Ha sido muy intenso…

– Ha sido más corto el año que hemos pasado juntos, que el momento aquel que pasamos mirándonos como tontos.

– Jajajajaja, la verdad es que fue un poco patético, sí. Al final no recuerdo ya ni quien dijo algo… tú me mirabas a los ojos con una sonrisa boba… creo que preguntaste algo… como que qué quería… o algo así…  ¡¡Como en el relato!! Eso si que lo dijiste… jajajajaja…

– Si, lo dije. Y sí te miraba… pero casi ni te veía. No recuerdo ni que llevabas de ropa… te miraba los ojos, y tardé casi un mes en darme cuenta del color que les tenías. Miraba… pero estaba tan nervioso… no sé… tantas veces había soñado con tenerte cerca, con hablar contigo, que verte allí, parado, que… no era buena época… no sé…  fue un shock…

– Yo ya tuve bastante con correr… llegué te vi… solo sabía intentar respirar… me quedaba sin respiración… no por la carrera, más bien era por lo nervioso… te tenía ahí, delante. Alargaba la mano y podía tocarte. Yo también había soñado muchas veces contigo. Mil formas de decirte lo guay que me parecías, que me molaba como me mirabas por debajo de tus gafas, cuando leías el gratuito aquél que dieron unos meses en las paradas de bus…  Me imaginé tantas veces entre tus brazos, tumbados, con mi cabezota sobre tu barriga… o sobre tu pecho…

– ¿Ves como era más divertida esa forma de contarlo?

– Lo que si es cierto es el pico.

– Joder, casi me tiras de la fuerza con que me lo diste… jijijiji.

– Serás bobo…

Empezaron otra vez a juguetear. Miguel le intentaba hacer cosquillas otra vez., Dani evitarlo, a la vez que lo intentaba también con Miguel… y como siempre al final acabaron con un beso.

– A Axel le caíste bien al instante.

– Es buena gente. A mi me cae genial también. ¿Y a los demás? ¿Cómo les caigo?

– Al principio a alguno le costó. Guille me dijo un día que si no eras muy viejo para mí. Que me aburriría.

– ¿A sí? Qué capullo el Guillermito. ¿A ver si va a estar enamorado de ti? ¿Eh? A mí nunca me ha hecho ver eso… siempre me dijo que hacíamos muy buena pareja…

– No se lo digas… Migue, no me jodas… Guillermo creo que nunca ha mirado con deseo a un hombre.

– Déjate, déjate…

– ¡¡Pero sin es un  devora-mujeres!!

– Vale, vale… o sea que a Guillermo al principio…

– A Guille, y a casi todos. Menos a Axel. De todas formas era el único que conocía mi pasión  por ti. Los demás no sabían nada. De repente se encontraron que me acompañabas a muchos sitios, que nos besábamos… les chocó… nada más. Ahora creo que les caes bien a todos… dejando a parte a Oller. A él le caes como una patada en…

– ¿Y quien le cae bien?

– Buena pregunta… jajajaja… oye y a tus amigos… ¿Qué les pareció conocerme?

– Hombre… la verdad es que les ha costado… jajajaja. Pero ten en cuenta que, yo les presenté a mi chico directamente, sin pasar por las etapas anteriores… O sea que se encontraron de sopetón con que mi pareja eras tú, hombre y mucho más joven.  Pero creo que les has conquistado. No es de extrañar… eres un poco relaciones públicas. No he visto a nadie que tenga tantos amigos, o conocidos como tú.

– No exageres…

– ¿Merendamos?

– Tengo que irme… tengo ensayo… ¿Vas a venir?

– Luego me paso a lo mejor… antes quiero acabar el relato. ¿No te gusta entonces?

– Sí… pesao, me mola… pero me ha sorprendido… nada más. Qué más hubiera querido yo que me dieras un beso de tornillo en los primeros 15 minutos de conocernos. Tardaste una eternidad…

– ¡¡Otra vez!! ¡¡Qué tú también…!!

– ¡¡Que no!! ¡¡Que tú eres el mayor de la pareja!! Hay cosa que debes llevar tú la iniciativa….

– ¡Que no! Qué tú eres el joven, el que debe empujar…

Empezaron otra vez la batalla. Esta vez se levantaron de la silla… se persiguieron por todo el salón, alrededor de la mesa… reían… a veces uno alcanzaba al otro con su mano… o le tiraba el mechero, o el periódico, o la revista que se encontraban en su camino…

– ¡Me voy que llego tarde! – dijo de repente Dani escapando hacia la puerta…

– Adiós… huye cobarde… ya volverás y me vengaré… –  le dijo Miguel, cerrando la puerta…

Miguel se quedó con una sonrisa pícara en la cara. Sacó su móvil del bolsillo. Marcó el número de Dani.

– ¡Que quieres pesao! Ya sé. Se te ha olvidado decirme que me quieres… eres adorable…

– Bueno, eso también, te quiero amor – Miguel intentaba evitar la carcajada que tenía a punto de caramelo – Te llamaba más que nada para… digo si no sería mejor que volvieras a ponerte los pantalones… una cosa es enseñar los calzoncillos por encima del pantalón, y otra es que no lleves pantalón…

– Hostia puta. Eres un grandísimo cabrón.

– Jajajajajajaja… repite conmigo…¡¡La vida es una mierda!!

– Sdvsvrgfsrbf  sfvveswvv efrdvwsfrgrc  dfvsfdd sdfwsdvvcabrónaedffed hpdcvwsvdcsc hijodeputamcsaiodvcsapodc sncdmierdaaaaaaa aaapdojvfpov.

______

Capítulo 5.

Dani tenía su cabeza apoyada en la ventana. Tenía la mirada perdida en ningún sitio. Pero una sonrisa alumbraba su cara.

Rodrigo iba a su lado, sentado en el autobús. Habían tocado en Salamanca el día anterior, pero se les había estropeado la furgoneta. Por eso volvían en el bus. Estaban cansados, había sido un concierto más largo de lo que normalmente estaban acostumbrados. Y luego, los problemas con la furgoneta, encontrar un hostal… un hostal de mala muerte en el que apenas pudieron pegar ojo.

Todos iban pendientes de Dani. Llevaba tiempo raro. Axel que era el más cercano, no soltaba prenda de lo que le pasaba. Pero era evidente que algo no iba bien. Rodrigo intentó sacarle algo, al principio del viaje, pero fue en vano. Solo recibía monosílabos o evasivas como respuesta. Al final, Dani le dio la espalda ostentosamente, y se puso a mirar por la ventana, como si le fuera la vida el ver cada árbol del camino. Rodrigo no volvió a abrir la boca, pero tampoco dejó de mirar de cuando en cuando el reflejo de la cara de Dani en el cristal. De vez en cuando sus amigos le miraban y le pedían novedades… él solo podía encoger los hombros, haciendo ver que, la misión encomendada por los demás, salvo Axel, que se había mantenido al margen, había sido un fiasco.

Axel también miraba de vez en cuando a Dani. Estaba sentado detrás de él. Había intentado incluso entablar también alguna conversación con él. Pero el resultado fue parecido a los intentos de Rodrigo.

Pararon en un área de servicio. Bajaron todos a tomar un café. Dani fue al servicio, pidió su café, y se sentó en una mesa. No buscó la compañía de sus amigos. Rodrigo y Carlos intentaron sentarse con él, pero Axel les paró. Al final se sentaron los cuatro en otra mesa.

Dani parecía embebido en sus pensamientos. La expresión de su cara, hacía ver que sus ensoñaciones eran agradables. No dejaba de tener esa expresión de beatitud ausente.

Al volver al autobús, Axel se sentó al lado de Dani. Empezaba a estar preocupado por su amigo. Esto duraba mucho ya. Y se había acentuado desde el concierto en el que vio a Miguel.

–         ¿Me cuentas tus sueños? – dijo en voz muy baja, acercándose al oído de Dani.

–         No sueño – contestó rápido Dani

–         Dani… venga…

Pero Dani tardaba en responder… miraba a Axel como estudiando si podía confiar en contarle sus cosas sin que se enfadara.

–         No te van a gustar.

–         Me imagino que no. Con eso ya cuento.

Volvió el silencio entre ellos. Dani escrutaba la expresión de su amigo. Intentaba ver algún atisbo de enfado en su amigo.

–         Pensaba en que hubiera pasado si, al salir de la plaza del concierto, le hubiera encontrado.

–         Miguel…

–         Ya sabía que no te iba a gustar…

–         Sigue.

–         Me imaginaba una escena graciosa para nuestro encuentro- en ese momento Dani se giró hacía el asiento de Axel, poniendo su pierne medi cruzada sobre su propio asiento… parecía exultante –  Yo saltando entre la multitud, gritando su nombre. El me oía… y me esperaba con cara de pánfilo…

–         Un poco cara de eso sí tiene…

–         Si no te callas, no te cuento nada – dijo Dani desafiante.

–         Me callo – contestó Axel desanimado.

–         Le seguía y llegaba hasta él. Y nos caíamos. Yo caía encima de él… y al final como no podía decirle nada, le daba un beso en los labios. Y luego… luego nos levantábamos, la gente aplaudía, nos volvíamos a besar… y luego aparecías tú…

–         Vaya, que honor, un rasgo de realismo en tu sueño.

Dani pasó por alto su comentario. Le estaba gustando escuchar en voz alta su sueño… y no pensaba dejarse  llevar por el sarcasmo de su amigo.

–         Sí, aparecías, porque al volver a la plaza, nos interrumpiste un beso, y te presentaste. Yo casi te estrangulaba…

Volvió a callarse. Se quedó mirando hacia delante, como repasando otra vez cada escena, cada sonrisa de su historia, saboreando otra vez los besos que nunca dio a Miguel.

–         ¿Y? – preguntó al cabo de un rato Axel.

–         ¿Y? ¿cómo que “y”?

–         Tío, que,  tu sueño sigue… no te mosquees… solo quiero que me cuentes la peli entera…

–         Pues sí sigue, pero si te vas…

–         No me voy a reír… no me voy a nada. ¿Ves que me ría? ¿Lo ves? ¿A que no? Pues ya. Tira, anda…

Dani se apaciguo con ese momento de genio de su amigo.

–         Luego… soñaba que escribía el encuentro, ya ha pasado un año. Un año en que nos amamos, nos conocimos. Estaba en su casa… y estaba leyendo su relato, porque él escribe. Y había cambiado un poco el encuentro para hacerlo más literario. Y nos perseguimos por la casa, me hacía cosquillas…

Axel le miraba resignado. Estaba claro que esta obsesión de su amigo, no pasaba con el tiempo. Es más, cada vez era peor. Cada vez estaba más ido. Más triste, salvo esos momentos en que soñaba recuerdos de hechos que nunca tuvieron lugar. Se estaba dejando en su aspecto. Se olvidaba de las cosas, no le apetecía ensayar. Solo era él, cuando subía al escenario. Axel tenía la teoría de que era así esperando que Miguel apareciera a escucharles. Y tocaba para él. Por eso era el único momento en que Dani recuperaba un poco el brillo de sus ojos, recuperaba las ganas de vivir… de hacer música.

Axel no entendía a su amigo. Entendería que si se hubieran conocido y hubiera salido mal, por las cien mil cosas que puede salir mal una relación, o que de primeras no le hubiera gustado, o simplemente que no le fueran los hombres… entendería en ese caso que su amigo estuviera triste, deprimido. Pero no entendía que Dani se hubiera pillado de esa forma por alguien que no conocía. ¿Sería necesidad? Eso era lo único que le cuadraría. Dani no estaba pasando bueno momento familiar. Y puede que su mente huyera de esa situación soñando con una relación inexistente. Con un amor imposible. Imposible porque no se puede tener una relación con alguien que no conoces. Con el que siquiera has cruzado una palabra. Pero Axel, aunque no le entendiera, nunca dejaría tirado a Dani. Eran muchas cosas las que tenían juntos. Y nunca le dejaría caer. Sabía que cualquier cosa que le dijera, no iba a ser bien recibida. No era el momento de poner cordura a Dani. Era momento de estar a su lado… y de intentar no juzgarle.

–         Ya estamos llegando –dijo Rodrigo desde el asiento de atrás.

Dani se quedó mirando por la ventana. Su expresión era de tristeza. Parecía que llegando a Burgos, esos momentos de ensoñación llegaban a su fin. Y eso le ponía triste.

–         ¿Podrá acercarnos tu padre a por la furgoneta?

–         Ni lo sueñes. Está enfadado conmigo. Me odia.

–         NO…

–         Sí, me odia. Le he decepcionado, me lo dijo el otro día.

–         Dani…

–         Sí, a ti te cae cojonudo, pero no vives con él, ni eres su hijo.

–         No te enfades anda. Ya le diré a mi viejo, a ver si nos puede llevar a por la furgo. Si no volveremos en bus. Aunque no sé si mis riñones aguantarán otro viaje así.

El autobús entraba en la estación. La gente se levantó rápidamente, antes incluso de que el autobús aparcara definitivamente. Dani no hizo ningún movimiento para levantarse.

–         Venga, tío, vamos, que estoy hasta los eggs del bus éste

Dani al final, se dejó llevar por Axel. Cogieron sus chaquetas, y bajaron al andén. Cogieron sus guitarras del maletero. No tenían más equipaje. Carlos y Gabriel, se fueron los primeros. Rodrigo poco después. Dani se sentó en un banco, y Axel, tras quedársele mirando un rato, se sentó a su lado.

–         Dani, vamos a casa.

–         No tengo ganas… vete tú. No te preocupes.

Axel, se apoyó en el banco. Miró hacia la cafetería. Se fijó en la gente que había sentada en las mesas, esperando. Cruzó la vista con un hombre que levantó la mirada del periódico que estaba leyendo. Unos niños jugaban a su alrededor. Dos mochileros se sentaban en la mesa de al lado del hombre del periódico.

–         Vamos a tomar un bocata, tengo hambre.

–         No me…

–         Ya sé que no te apetece, pero por lo menos espero no tendrás los santos cojones de no acompañarme.

–         Vete tú… yo te espero aquí…

–         Dani… ¡¡¡joder!!!

Axel no sabía que hacer. No dejaba de mirar a Dani. Éste hacía como si no se diera cuenta. Se sentó, se puso sus cascos, por los que por cierto no escuchaba nada, y perdió su mirada en un punto concreto del suelo.

Al final, Axel hizo un gesto de fastidio, de desesperación y se fue hacia el bar de la estación. Se pidió sus bocatas, un para cada uno, y un par de latas de Pepsi. Al final también pidió una caña que bebió sorbo a sorbo, sentado en un taburete, mirando a través de la cristalera hacia Dani. No se movía. Seguía con la mirada perdida en ese punto en el suelo. A veces se sonreía, a veces casi se reía a carcajadas… Axel miró a su alrededor y vio una señora que fumaba. Aunque había dejado de fumar hacía unos meses, se levantó y se acercó a la señora para pedirle un cigarrillo. Lo encendió… y esa primera calada profunda… hizo que se relajara un poco… Dani seguía ahí…

Dani al final se puso un poco de música. Muy bajita… como banda sonora de su película. De esa peli que empezó el día del concierto. Ese día que descubrió a Miguel entre el público. Que le escuchó. Ese día que Axel se enfadó con él y le obligó a ir tras él. Pero no le encontró. Había mucha gente. Eran los días de fiestas, y todo el mundo estaba en la calle. Había casetas además, que eran de tapas, y estaban hasta las narices. Por más que intentó hasta subirse a las farolas, o saltar entre la gente no lo vio. No encontró a Miguel.

Durante toda esa búsqueda, él iba pensando solo que le diría, si sonreiría, si Miguel le contestaría… pero no le encontró. Al final se sentó en un bordillo. Dobló sus rodillas contra el pecho, y puso sus brazos sobre ellas. Y apoyó su cabeza. No pudo evitar llorar un poco. No se hubiera decidido a correr detrás de Miguel, si no le llega a empujar Axel. Pero una vez que había decidido buscarle, no encontrarlo le acababa de hundir en los más negros pensamientos.

Pero los combatió. Peleó contra esa negrura, con una película. Él era el actor principal, y Miguel el co-protagonista. Ya que la realidad no había cumplido sus expectativas, él crearía una historia en la que todo saldría bien. En el que el amor triunfa. En el que hay risas y complicidad. Y en el que hay decisión. En la que hay, resumiendo, todo lo que no hubo en la realidad. Todo lo que le faltó, lo que imaginó, lo que no vio, o lo que vio de más.

Empezó imaginando un encuentro con Miguel… de miradas, silencios. Luego aparecieron los violines de fondo. La cámara dando vueltas alrededor de ellos, rodeados por una maraña de gente. Los primeros días la gente no hacía nada. Después, empezó a aplaudir. Era casi como una escena de Titanic, en las bodegas, cuando Leo y Kate dan vueltas agarrados por las manos. Al final, uno de los dos alargaba los brazos… el otro los alargaba también y se cogían de las manos… sí, sí… como en Titanic. Y empezaban a caminar por entre la gente que les iba abriendo paso, haciendo como un pasillo de honor… y algún día hasta caían pétalos de rosas a su paso. Pero esto ya lo descartó por ser un poco excesivo.

Esa escena,  fue cambiando… él corría y saltaba como un desesperado, esquivando a la gente. En realidad esa parte fue cierta. Dani corrió y saltó y se chocó con la gente, intentando buscar a Miguel. Solo que en la peli de Dani, en uno de esos saltos, le veía. Y le llamaba. Y Miguel le oía. Y le esperaba. Y chocaron, y… sin saber como… se besaron en el suelo.

Dani, cada vez que llegaba a ese punto de la historia sonreía. Daba igual dónde estuviera viendo su peli. En los camerinos antes de una actuación, en la furgo, o en la estación como ahora.

Luego se cansó solo del capítulo del encuentro. Y empezó a alargar la historia. Empezó a adjudicarle algunos detalles a Miguel. Escribía como hobby. Tenía una casa estupenda, grande. No tenía un trabajo en el que ganara mucho dinero. Trabajaba por amistad. Pero lo que pasaba es que había heredado una fortuna. No se había decidido todavía por el trabajo, ni por la cuantía de la herencia. Lo que si sabía era que Miguel no era ostentoso. Era muy humilde. Le gustaba el chocolate, y le encantaba echarle imaginación cuando follaban. No, follar no… “hacer el amor”.

“¡Qué cursilada!”, se decía a sí mismo Dani… pero que cojones, le gustaba. Le gustaba el pastel… ese pastel al menos… y mancharse la nariz con nata, o con  crema, o con chocolate… para la próxima escena de amor con Miguel, se tenía que acordar de incorporar la nata. Y los siropes. Y frutas. Fresas, plátanos, naranjas…

Axel al final había acabado por comprarse un paquete de Marlboro. Detrás del piti que le pidió a la señora, vinieron unos cuantos. Al final se comió su bocata en la barra. Seguía mirando a Dani. Estudiaba sus caras. Aparte de hacía unas horas en el bus, Dani le había contado esos sueños que tenía en más ocasiones. Casi podía seguir la etapa en la que estaba, solo viendo la expresión de su rostro. Aunque había comprobado que la historia iba cambiando.

Axel, estaba cansado. Esa puta pensión… no había pegado ojo. Y luego… Dani… ¡Qué hostias podría hacer para que saliera de ese estado amorfo en el que estaba! Pillarse de esa forma por un hombre al que no conocía. ¿Tan desesperado estaba Dani? ¿Lo de su familia explicaría eso? ¿Sus problemas con sus padres? Porque era guapo, era listo, era un amor… tendría pretendientes a montones… ¿Por qué pillarse así de un desconocido? Todo esto le desesperaba a Axel… le desesperaba y le frustraba.

Se levantó y cogió la lata y el bocata para Dani. Y hacía allí fue. Iba decidido a obligar a Dani a irse con él a casa…

______

Capítulo 6.

Discutió con Dani. Más bien fue Axel quién se enfadó, quién chilló, quién intentó obligar a Dani a levantarse…

Dani solo estaba sentado. Con cara de lelo. Miraba a su amigo con pena… como si pensara que Axel estaba intentando ganar una batalla que estaba perdida de antemano.

Axel, aunque se había mantenido en un  segundo plano, siempre estaba, pero nunca intentaba convencer a Dani de que su actitud no le llevaba a ninguna parte, que tenía que reaccionar, posiblemente por el cansancio del día, perdió su norte. Perdió el referente en cuanto a la actitud que debía tener con Dani.

Chilló, se desesperaba… se alejaba de Dani a grandes zancadas, para luego acercarse igual de rápido y decidido cuando se le ocurría un nuevo argumento. Dani solo le miraba. Con cara triste… De vez en cuando le decía… “Axel, no pasa nada”. “No te preocupes por mí” “Estoy guay”

¿Guay?

¿Guay?

Ahí ya Axel se rindió.

Sí.

Cogió sus cosas, se dio media vuelta, y se fue.

Dani le miraba con cara de sorpresa. No se esperaba que se fuera así, sin despedirse, sin darle ese abrazo que siempre se daban, cuando se encontraban, cuando se despedían. “Adiós” le dijo con voz muy baja… casi inaudible, y haciendo un amago de levantar la manos para saludarle…

Se quedó preocupado. Pensó en seguirle, en enviarle un mensaje. Pero lo dejó para la tarde. Ahora… ahora su peli le estaba esperando. Eso sí le levantaba el ánimo… quería… quería rehacer un poco el encuentro. Ya no le gustaba el beso en el suelo, o el primer beso con lengua, al lado de Axel. Le parecía demasiado irreal… creía que debía darle un aire más de verosimilitud. Esas cosas pasaban, pero tampoco era tonto… a él, esas cosas no le pasaban. No de esa forma tan peliculera… ni siquiera creía que fuera capaz de pasarle esas cosas en la peli de su cabeza.

Luego se ocuparía de Axel.

Se levantó del banco de la estación. Empezaba a hacer calor, y ya estaba cansado de los gases de los autobuses. No hacían más que entrar y salir. Cogió su guitarra, su bandolera, y salió de la estación.

No se decidía por quitar ese primer beso que se dieron en el suelo, o el primer beso de verdad. Al final optó por este último. Era mejor dejarlo para un par de días después. Crear otra escena, en un café. Por ejemplo… se lo imaginaba en el “Principal”. A las 7 de la tarde o así. No hay mucha gente todavía. Podría ser su primera cita premeditada. Luego debería ir a ver un concierto de otro grupo de Burgos. Pero tenía tiempo. Ahí charlando… al principio se imaginaba una escena de “cortados”. Unos cafés “cortados” para tomar… y los protagonistas “cortados” por la situación. Al final, poco a poco, empezaron a animarse. Acabaron hablando uno sobre el otro, con una euforia en el cuerpo… parecía que no tenían tiempo para contarse todas las cosa que querían. Era como si quisieran recuperar el tiempo perdido de todos esos meses en que el destino no les había juntado. Porque ellos eran incapaces de dar un paso en ese sentido. Empezaron a tomarse el pelo con sus indecisiones… a contarse esos pensamientos sobre el otro que les acompañaban por la noche, al acostarse. O en el autobús, al ir a trabajar, o mientras paseaban al perro. Dani no tenía perro… pero estaba valorando el adjudicarle un perro a Miguel. Un Bobtail estaría bien…

Seguía caminando… no iba a ningún sitio en concreto.
Vio un banco a la sombra y decidió sentarse.

De repente se le ocurrió mirar al reloj, y pensó que era mejor irse a casa. No le apetecía discutir otra vez con su padre.

Miró alrededor para situarse. Había andado bastante desde la Estación. Estaba en la Quinta, un parque arbolado, semi-salvaje.

Volvió por dónde había venido. Volvió a perderse en sus pensamientos. En su película.

Se le ocurrió pensar en otra situación. Se le ocurrió que estaría guay si se encontraba ahora de frente. Sí, sí… levantar la cabeza y encontrársele. Imaginó las miradas, la sorpresa… se imagino diciéndole “Hola Miguel”… Según iba andando e imaginando, iba haciendo los gestos con la cara… levantaba su mirada… la volvía a bajar… levantaba su mirada…

… y Miguel venía de frente…

Dani se paró. Por primera vez se asustó. Empezó a creer que ya su cabeza le empezaba a jugar malas pasadas. Que empezaba a confundir realidad con sus sueños.

… pero Miguel se acercaba…

Dani seguía parado. Se apartó un poco… Miguel venía también imbuido en sus pensamientos…

Dani empezó a pensar si decirle algo, si ponerse delante suyo… dudaba en si llamarle por su nombre, o en decirle hola desde dónde estaba. No sabía que decirle luego… ¿Se pararía?…

Miguel casi estaba a su altura… seguía con la cabeza gacha… con su mirada perdida en el suelo…

Dani… Dani no sabía que hacer… la decisión de sus sueños se había esfumado… las dudas… “Eres un puto niñato”… retumbaba en su mente… “No tienes nada que hacer con él”…  el miedo… la duda…

Miguel ya estaba a su lado…

Dani callaba… Dani estaba paralizado… Dani casi lloraba de rabia, de impotencia…

Miguel ya le había rebasado…

Dani le seguía con la vista…

Miguel ya le daba la espalda…

De repente, Miguel giró un instante la cabeza hacía atrás… fijó su vista en Dani… y rápidamente volvió a mirar al suelo.

Solo dio unos pocos pasos más…

Dani le miraba… sin poder hacer nada… estaba paralizado…

Miguel se paró y se giró. Se quedó mirando a Dani…

Se quedaron los dos mirando… Dani con cara de desesperación… Miguel con cara de sorpresa…

– ¡Hola!

_______

Nota:

Este relato está escrito con dos desarrollos. El capítulo 6, es en el que los dos caminos se separan.

El siguiente capítulo, es el primer final.

Después del capítulo 7, volveremos a retomar la historia en el capítulo 6, hasta llegar hasta el segundo final.

Espero que os guste.

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Capítulo 7. 1º final.

Miguel no salía de su asombro.
Estaba parado en medio de la Quinta, mirado a ese chico… Dani…

Estaba guapo… aunque se le notaba que no había dormido bien últimamente. No se había afeitado hacía días… bueno, pensó Miguel, como yo… “¿Cuándo fue la última vez que me afeité? ¿El jueves?” Hoy es domingo…

No sabía que hacer. Le fallaba todo ese aplomo que debía tener, se supone. Se suponía que al ser más mayor que Dani, debía tener el dominio de la situación. Pero estaba claro que no. Era incapaz de decir nada… solo le miraba…

¿Y dónde estaban todas esas historias que llevaba semanas pensando? Todas esas historias en las que se encontraba con él de mil y una formas, y en todas indefectiblemente, acababan hablando de lo humano y lo divino, acababan siempre dándose un beso de horas y horas… en su imaginación ya habían batido varias veces el record al beso más largo…

Se había imaginado también como continuaría su historia de mil formas. Se había imaginado a Dani con problemas… que tras esa cara risueña que el recordaba, tras esa decisión que le vio en el escenario, aquella tarde de Junio, Dani era un mar de dudas, de problemas. Necesitaba mucho amor… amor que por supuesto, Miguel estaba dispuesto a darle por arrobas.  Y también se había imaginado que Dani, tenía mucho amor que dar. Todo ese amor que no encontraba en quien depositar entre la gente que conocía. Y Miguel estaba dispuesto a recibir ese amor…

Se había imaginado la escena de Dani llamando a la puerta de su casa… llorando… con una bolsa de deporte con algo de ropa, con un portátil, y con su guitarra. Una pelea familiar… y un portazo… y allí estaba Dani… pidiendo alojamiento por un par de días.

Se imaginó… se imagino un ciento de viajes, siguiendo al grupo. Empezaban a tocar en muchos sitios. Gustaban a la gente. Y Miguel les acompañaba siempre que le era posible.

Se imaginó cambiando de trabajo… empujado por Dani. Por esa decisión que se había imaginado… al verle en el escenario.

Se imaginó… tantas cosas… se le imaginó desnudo, soñó con mil variantes a la hora de hacer el amor… “¡¡Qué cursilada!!” pensaba Miguel siempre que decía eso de “hacer el amor” Pero… al final acababa reconociendo que le gustaba el pastel… ese pastel… y esa nata, y esa crema pastelera… o los siropes… sobre todo el de chocolate… le gustaba el chocolate… ¡¡Y fresas!!

Pero todos estos sueños… le dejaban más apagado cuando se acababan. Cuando debía ir a trabajar. La comparación entre esos momentos en que su mente volaba y construía castillos en el aire, y su realidad, le dejaban maltrecho anímicamente.

Al final intentó evitar con todas sus fuerzas esos momentos de imaginación. Luchaba contra esa tendencia que tenía su mente de construir quimeras. No conseguía así mejorar su ánimo, pero al menos, no lo hundía más.

Aunque era conciente que, no podía supeditar su futuro a conseguir a ese chico. Ni a ese chico ni a ninguno. Pero menos a ese en concreto. Era inalcanzable. Muy distinto, seguro. Tenía una evidente diferencia de edad. Y sí, era cierto que era lo que buscaba en una pareja. Alguien que le aportara lo que él no era. Lo que a él le faltaba. No quería un  igual, sino un opuesto. O un complemento. Pero… había idealizado tanto a Dani, el músico, que si llegara a conocerlo, seguro se iba a decepcionar. Le había dado forma a todas las partes de su cuerpo. Creado una historia familiar. Le había creado un currículum, una forma de ser, una forma de reír, de dormir, de… de follar. Comparar con la realidad, seguro, llevaría al desengaño. No por peor… ni mejor… sino por distinto.

– ¡Hola!

Contestaron los dos a la vez. Se miraban con sorpresa. Los dos creyeron escuchar al otro decir hola… pero ninguno de los dos recordaba haberlo dicho.

Miguel dio dos pasos hacía Dani. Parecían decididos… pero la decisión solo duró eso… dos pasos. Se miraban… pero no veían.

– Me llamo Miguel

Y Miguel extendió el brazo haciendo el gesto de dar la mano. Dani se quedó mirando la mano unos instantes. Al final reaccionó y se cambió la guitarra de mano para corresponder al saludo.

– Daniel – dijo mientras apretaba la mano de Miguel.

– Bueno… en realidad ya lo sabía… ya sabes… el concierto…

Entre palabra y palabra, Miguel no pudo evitar una especie de risa nerviosa…

– jeje – fue lo más que atinó a contestar Dani.

Y otra vez llegó el silencio. Dani bajó la vista y no hacía más que mirarse las Van’s. Miguel en cambio, parecía que miraba a Dani, pero en realidad miraba a un punto no determinado al lado de su rostro.

– Bueno… se hace tarde – dijo dubitativo Dani… entre risas nerviosas…

– Me preguntaba – empezó a decir Miguel, pero se arrepintió al instante.

– ¿Qué?

– No nada…

– Dispara, no te voy a asesinar…

– No… bueno… jejejeje… ya lo sé… o me imagino, vamos…

– Dime entonces – Dani parecía imprimir un tono de esperanza a sus palabras…

– Me preguntaba… en realidad es una bobada… te parecerá una estupidez… pero… ¿te apetece tomar una Pepsi? Bueno, seguro que tienes que ir a tu casa… has dicho que era tarde… no quiero causarte problemas… en realidad… déjalo, es una tontería…

– Vale.

– ¿Vale?

– Sí, guay.

– ¡Ah!

Y se quedaron los dos otra vez callados. Se miraban, al rato miraba sus pies, al rato un pájaro que cantaba en una rama…

– ¿Dónde?

– No sé… podemos irnos a Fuente Prior… incluso si te parece podíamos comer allí… bueno no podrás…

Dani se quedó dudando. Entre ir a casa para que no crecieran sus problemas con sus padres… ya arreglaría esos problemas luego…

– Tendría que llamar a casa…

– ¿Te dejo el móvil?

– No… si tengo… y tiene batería…

– ¿Quieres que me aparte para que llames con tranquilidad?

– No deja… al fin y al cabo… da igual.

Dani marcó. Se puso su madre. Le dijo que no iría a casa hasta la tarde. Se puso su padre… discutieron… más bien gritó su padre. Todos le gritaban hoy…

– Bye – dijo al final Dani, cortando a su padre.

Su padre volvió a llamarle. Seguro que indignado para gritarle un poco más por haberle dejado con la palabra en la boca. No cogió. Miró a Miguel, que intentaba no enterarse de su conversación, y sonrió. Al menos estaba con Miguel, el co-protagonista de su película mental.  Y cuando menos, tendría más datos ciertos para reescribir el guión… si las cosas no acababan bien…

– Me preguntaba… ¿Escribes Miguel?

– ¿Perdón?

– Qué si te gusta escribir…

Miguel se le quedó mirando perplejo…

– Hombre… sí me gustaba… recuerdo que hace muchos años… pero no… no lo hago bien… no escribo hace muchos años… desde el Instituto en realidad…

– ¿Me escribirías una canción?

– ¿Qué? No… no sé música… y… no… no…

– ¿Tartamudeas siempre? – Le preguntó con gesto socarrón Dani, que iba recuperando un poco su aplomo…

Miguel se le quedó mirando. Estudiándole.

– Estoy entre estrangularte…

– ¿No me contestas?

Miguel… no sabia que cara poner… se le quedó mirando, con los brazos en jarras… y golpeando rítmicamente con uno de sus pies el suelo… al final se decidido por contestar…

– No, no suelo tartamudear. La verdad es un efecto que solo produces tú.

– ¿Y qué otros efectos produzco?

– ¡Vaya con el músico! Hace apenas 5 minutos no sabía hacer una frase con sujeto, verbo y predicado, y ahora saca el sarcasmo a la palestra.

– Que bien hablas… ¿seguro que no escribes?

– ¿Vamos a comer? ¿O nos vamos a quedar aquí a pelar la pava?

– ¡Pelar la pava! No me esperaba esa expresión en tus labios.

– Pero… ¿cómo me imaginabas?

– ¿Tienes perro?

– ¿Eh?

– ¿Un bobtail?

– ¿Eh? ¿Tengo cara de tener perro?

– No sé…

– Muchas cosas me tienes que contar…por cierto… ¿pintas?

– ¿Alucinas?

– Veo que no… ¿y te gusta el skate?

– ¿Y todo eso?

– Yo también he imaginado.

Dani se echó a reír… al final Miguel también acabó riendo de buena gana…

– Sabes Migue – Miguel se quedó sorprendido por esa forma de llamarle, aunque le gustó – aquí debía estar Axel.

– ¿Se supone que debo conocer a Axel? ¿Quién es?

– Un amigo. Mi mejor amigo. Uno de los que me ha chillado esta mañana, por cierto. Le voy a llamar para que venga a tomar café con nosotros. ¿Te importa?

– Hombre…

– Es importante para mi historia…

– ¿Tu historia?

– Será mejor que vayamos a comer de una vez.

– Sí, será mejor… invítale si quieres… al Axel ese… me encantará conocerlo…

– Guay, ahora le mando un mensaje… digo… estaba pensando… ¿Te importaría que te diera un beso?

– ¿Eh? – Miguel apenas conseguía cerrar su boca de asombro, cuando ya la volvía a abrir…

– Sí… un beso…

– Bueno…

Y sin dejarle acabar de contestar, Dani acercó su boca a la de Miguel, y le dio un suave beso sobre sus labios húmedos.

Dani se separó, y se quedó mirando la reacción de Miguel. Parecía que le había gustado. Dani se quedó conforme. Podía seguir caminado por la peli real y ver dónde le llevaba, y dejar de momento su peli imaginaria.

– Vamos – dijo Miguel, alargando la mano hacia Dani, como invitándole a caminar junto a él. Pero Dani tomó el gesto de otra forma, y agarró suavemente la mano de Miguel. Y empezaron a caminar…

Miguel se sorprendió… pero no hizo nada por soltarse. Al revés… amoldó su mano entre la de Dani, para ir más cómodos.

– Esto parece un sueño – dijo Miguel al cabo de unos segundos de caminar.

– En todo caso será un sueño hecho realidad… estoy tocando tu mano… eso es lo que me hace comprobar que no es un sueño como el que tenia hasta hace apenas un cuarto de hora. Por eso necesito tocarte…

– Tienes razón… no me sueltes…

– No pensaba…

– ¿Tienes miedo?

Dani se quedó pensando.

– Sí. Tengo miedo a que… bueno a todo. Pero… ahora… cualquier cosa que pase será mejor que lo que no ha pasado en los últimos meses…

Miguel se paró un momento. Se le quedó mirando… y lentamente acercó sus labios a los de Dani. Les posó suavemente… y esta vez permanecieron unos instantes así…

– Esto va muy deprisa… apenas nos conocemos…

– Migue… no sé tú… yo debo recuperar muchos meses perdidos.

– No acabo de entender todo lo que dices…

– Yo tampoco lo que tú dices.

– Comamos… ya me contarás…

–         Sí comamos… y me cuentas.

–         Eso… y me cuentas.

Se fueron alejando por el paseo. Cogidos de la mano. Dani llevaba su guitarra en la mano izquierda. En la derecha llevaba la mano de Miguel.

Cada vez estaban más lejos.

Ya subían la curva a la derecha… para pasar por encima de la vía del tren.

Y ahí… ya… se perdieron entre los árboles.

La pantalla se fue oscureciendo… con un fundido en negro… de fuera hacia dentro… quedando solo un punto de luz en el centro…. Justo por dónde se habían perdido Dani y Miguel, cogidos de la mano.

La música subió de volumen… y fueron apareciendo los carteles con el nombre de los protagonistas…

La película acabó.

______

Capítulo 6-2º.

Os recuerdo que este capítulo de la historia, ya forma parte del segundo desarrollo. Empieza como el capítulo VI. Pero a partir de un momento, se desarrolla de otra forma.

Espero que lo disfrutéis.

——–

Discutió con Dani. Más bien fue Axel quién se enfadó, quién chilló, quién intentó obligar a Dani a levantarse…

Dani solo estaba sentado. Con cara de lelo. Miraba a su amigo con pena… como si pensara que Axel estaba intentando ganar una batalla que estaba perdida de antemano.

Axel, aunque se había mantenido en un  segundo plano, siempre estaba, pero nunca intentaba convencer a Dani de que su actitud no le llevaba a ninguna parte, que tenía que reaccionar, posiblemente por el cansancio del día, perdió su norte. Perdió el referente en cuanto a la actitud que debía tener con Dani.

Chilló, se desesperaba… se alejaba de Dani a grandes zancadas, para luego acercarse igual de rápido y decidido cuando se le ocurría un nuevo argumento. Dani solo le miraba. Con cara triste… De vez en cuando le decía… “Axel, no pasa nada”. “No te preocupes por mí” “Estoy guay”

¿Guay?

¿Guay?

Ahí ya Axel se rindió.

Sí.

Cogió sus cosas, se dio media vuelta, y se fue.

Dani le miraba con cara de sorpresa. No se esperaba que se fuera así, sin despedirse, sin darle ese abrazo que siempre se daban, cuando se encontraban, cuando se despedían. “Adiós” le dijo con voz muy baja… casi inaudible, y haciendo un amago de levantar la manos para saludarle…

Se quedó preocupado. Pensó en seguirle, en enviarle un mensaje. Pero lo dejó para la tarde. Ahora… ahora su peli le estaba esperando. Eso sí le levantaba el ánimo… quería… quería rehacer un poco el encuentro. Ya no le gustaba el beso en el suelo, o el primer beso con lengua, al lado de Axel. Le parecía demasiado irreal… creía que debía darle un aire más de verosimilitud. Esas cosas pasaban, pero tampoco era tonto… a él, esas cosas no le pasaban. No de esa forma tan peliculera… ni siquiera creía que fuera capaz de pasarle esas cosas en la peli de su cabeza.

Luego se ocuparía de Axel.

Se levantó del banco de la estación. Empezaba a hacer calor, y ya estaba cansado de los gases de los autobuses. No hacían más que entrar y salir. Cogió su guitarra, su bandolera, y salió de la estación.

No se decidía por quitar ese primer beso que se dieron en el suelo, o el primer beso de verdad. Al final optó por este último. Era mejor dejarlo para un par de días después. Crear otra escena, en un café. Por ejemplo… se lo imaginaba en el “Principal”. A las 7 de la tarde o así. No hay mucha gente todavía. Podría ser su primera cita premeditada. Luego debería ir a ver un concierto de otro grupo de Burgos. Pero tenía tiempo. Ahí charlando… al principio se imaginaba una escena de “cortados”. Unos cafés “cortados” para tomar… y los protagonistas “cortados” por la situación. Al final, poco a poco, empezaron a animarse. Acabaron hablando uno sobre el otro, con una euforia en el cuerpo… parecía que no tenían tiempo para contarse todas las cosa que querían. Era como si quisieran recuperar el tiempo perdido de todos esos meses en que el destino no les había juntado. Porque ellos eran incapaces de dar un paso en ese sentido. Empezaron a tomarse el pelo con sus indecisiones… a contarse esos pensamientos sobre el otro que les acompañaban por la noche, al acostarse. O en el autobús, al ir a trabajar, o mientras paseaban al perro. Dani no tenía perro… pero estaba valorando el adjudicarle un perro a Miguel. Un Bobtail estaría bien…

Seguía caminando… no iba a ningún sitio en concreto.
Vio un banco a la sombra y decidió sentarse.

De repente se le ocurrió mirar al reloj, y pensó que era mejor irse a casa. No le apetecía discutir otra vez con su padre.

Miró alrededor para situarse. Había andado bastante desde la Estación. Estaba en la Quinta, un parque arbolado, semi-salvaje.

Volvió por dónde había venido. Volvió a perderse en sus pensamientos. En su película.

Se le ocurrió pensar en otra situación. Se le ocurrió que estaría guay si se encontraba ahora de frente. Sí, sí… levantar la cabeza y encontrársele. Imaginó las miradas, la sorpresa… se imagino diciéndole “Hola Miguel”… Según iba andando e imaginando, iba haciendo los gestos con la cara… levantaba su mirada… la volvía a bajar… levantaba su mirada…

… y Miguel venía de frente…

Dani se paró. Por primera vez se asustó. Empezó a creer que ya su cabeza le empezaba a jugar malas pasadas. Que empezaba a confundir sus sueños con la realidad.

… pero Miguel se acercaba…

Todavía había mucha distancia entre ellos. Dani empezó a andar mucho más despacio…  su corazón empezó a desbocarse. Se daba golpecitos con su mano izquierda en la pierna. Para darse cuenta de que no estaba dormido. No supo como, pero empezó a escuchar unos pájaros que cantaban… nadie caminaba por ese paseo salvo él. Y Miguel que venía de frente… No sabía como abordarle… cada vez se ponía más nervioso… Quizás era mejor cruzar la carretera y evitar cruzarse con él, evitar que el sueño que estaba en su mente se diluyera por no ser capaz de enfrentarse al personaje de carne y hueso. Siempre sería mejor esa realidad ficticia, creada poco a poco a su medida, en su mente, que una realidad palpable menos gratificante, cuando no frustrante. No podría soportar un no, no sabría afrontar que Miguel no le contestara a su saludo, o que le despreciara, o que…

Miguel seguía acercándose. Andaba despacio, mirando al suelo. Llevaba un aire descuidado, un aire de fin de semana. O de tristeza… de desesperanza… Aunque los dos andaban despacio, Dani supo que tenía que tomar una decisión. Debía pararle a Miguel, saludarle con cualquier excusa. O debía pasar  inadvertido y que el sueño pudiera continuar en su cabeza. O evitar riesgos y cruzar la carretera, y evitar tentaciones. Si no intentaba nada, las posibilidades de éxito en su cabeza no se verían alteradas… Se  paró… necesitaba pensar, tomar una decisión… no dejaba de mirar a Miguel… pasaban por su cabeza a cámara rápida, las imágenes de sus cruces en las mañanas, del concierto… mezcladas con las imágenes creadas por él, de esos besos, de las risas, de cuando le tomó el pelo por salir de casa en calzoncillos… no distinguía ya las imágenes realmente vividas y las que respondían a su imaginación… todo en su mente parecía estar envuelto en una luz… una luz de esas, de los cuentos de hadas… el silencio de los bosques solo roto por los pájaros cantando… serán gorriones, pensó… de repente escuchó a lo lejos, muy lejos un ruido extraño…un ruido que no pegaba con todo lo que estaba viviendo… de repente todo le dio vueltas… ese ruido… parecía como un frenazo… todo le daba vueltas… escuchó un grito muy lejos… le pareció ver a Miguel que levantaba la cabeza… pero no le miraba con alegría, le miraba con terror… no le gustaba, pensó Dani… todo le daba vueltas… Miguel le miraba con terror… volaba… todo le daba vueltas… Miguel le miraba con terror… pero corría hacia él… sintió vértigo… como si estuviera cayendo por un acantilado… escuchó un  juramento… ¿Quién sería?… sintió como si cayera en el suelo, ya no sentía vértigo… Miguel… no veía nada… la película se había roto… no sentía nada… ya no escuchaba a los pájaros… solo escuchaba unas sirenas a lo lejos… se iban acercando… todo era oscuridad… alguien gritó… “le has matado”… alguien le intentaba abrir los ojos… estaba cansado… Miguel… esa jodida pensión… “Voy a dormir un poco”, pensó Dani… y desconectó… cuando alguien le rompía la camiseta… y alguien le abría la boca… y le tapaba la nariz.

Todo era oscuridad.

Miguel… ¿dónde estás mi amor? Miguel… dame un beso… pellízcame para saber que es cierto…

Todo era silencio.

Miguel…

Ya no estaba agobiado… ya no estaba nervioso… Miguel…

_______

Capítulo 7-2º.

El Dr. Ramírez salía de la habitación 438. Estaba cansado y se le notaba. Había salido de una guardia de 24 horas en urgencias, y había subido a ver a ese paciente, Daniel Ybarra.

No había habido avances. Y ya pasaban 4 meses.

Seguía ahí… en la cama. Casi como un vegetal. Le alimentaban por vía. Le hidrataban por vía. Le medicaban por vía. Sus necesidades fisiológicas, por sonda.

Si seguía así mucho más tiempo, el hospital le echaría. Deberían buscar un hospital especializado en ese tipo de enfermos.

El doctor subía todos los días. Unos días pasaba solo unos minutos. Otros días, se sentaba al lado del Daniel, y leía. Algunos días, incluso le hablaba. Le contaba cosas. Algunas intimidades suyas incluso. Le mojaba la cara, con un paño, si notaba que estaba sudoroso. Le acariciaba suavemente su mejilla con uno de sus pulgares.

Daniel se había recuperado de sus lesiones físicas, con relativa rapidez. Las roturas de huesos, unas cuantas, por cierto, diversas hemorragias internas… algunas complicaciones respiratorias al principio…

Todos sus compañeros le preguntaban. ¿Por qué? ¿Por qué tanto interés? Muchos le recomendaban que no se implicara… no le decían nada que no supiera. Debía dar por sus pacientes, todo. Todo su interés, su conocimiento, su trabajo, su dedicación… pero no debía implicarse. Lo sabía. Era su consejo más repetido para los MIR que llegaban. Pero ese chico… era el objeto de sus sueños. Era… el protagonista. ¿Cómo se lo podría explicar a nadie?

Miguel estaba cansado, sí. Se sentó en el hall de la planta. En uno de los bancos que los pacientes utilizaban para esperar en las consultas externas de Medicina Interna. Se recostó en el respaldo… qué incómodo pensó una vez más, como cada vez que se sentaba. Estiró las piernas… y las cruzó. Unos minutos descansando, y le daría fuerzas para irse a casa. Tenía tres días libres. El primero para dormir… los dos siguientes, salvo las visitas que tenía programadas a la habitación 438 del Yagüe, no tenía nada a la vista.

Pensó… como no, en Daniel. Le sorprendía la actitud de su familia. Era normal que en su estado, y ya habiendo pasado tanto tiempo, no tuvieran con él una dedicación diaria. Era duro ver así, como un vegetal, a un hijo. Día tras día. Pero, sus padres hacía semanas que no habían ido al hospital. Sus médicos siempre dicen a los familiares que hablen a los pacientes que están como Daniel. Muchos médicos creen que pueden oír… y que escuchar a sus seres queridos, puede ayudar al paciente a salir del coma. Sus padres… no parecieron escuchar el consejo, o les dio igual. O no supieron que decir a su hijo.

Su hermano Borja, ese sí venía casi cada día. Miguel tenía la impresión de que se escapaba. De que sus padres no sabían que venía a ver a su hermano. Tenía 15 años. Era… vivaracho, descarado. Le daba pequeños pellizcos a su hermano. Le tomaba el pelo, se inventaba las respuestas de su hermano… era todo un espectáculo verlo. Se habían hecho amigos. Miguel le solía invitar a una Pepsi, o a un bocata. Sonreía ahora al recordar la primera vez que se topó con Borja… éste le hizo un gesto con el dedo, como indicando silencio… acompañado de un sonido… “sssssssshhhhhhhhhhh”… “no hace falta que se entere nadie, salvo Dani, de que estoy aquí” “¿Tenemos un trato?” “Lo tenemos” contestó sonriendo Miguel. “Tú eres el de urgencias ¿verdad? Gracias” y extendiendo la mano con la palma hacia arriba, esperó pacientemente a que Miguel entendiera que debía corresponder con una palmada. Después de dos meses de práctica, ya se saludaban sin titubeos. Le caía bien Borja.

Silvia, una de sus hermanas, venía casi todos los fines de semana. Estudiaba en Madrid. Siempre que venía, una de las primeras cosas que hacía era venir a ver a su hermano. Estaba al menos una tarde entera con él. Venía siempre con la maleta. Calculaba la hora de llegada del último autobús de Madrid, y entonces se iba a casa. Cantaba, le hablaba, le contaba como le iba con su novio, con las clases… Incluso alguna tarde, había ayudado a los enfermeros y celadores a “bañarle”. Luego a veces, se metía en la cama, y le recostaba su cabeza sobre su regazo. Y le acariciaba suavemente.

Algunas enfermeras decían que Dani se le notaba mejor después de estas visitas. Aunque señalaban sorprendidas que, cuando mejor aparentaba, era después de las visitas del Dr. Ramírez. “Claro, pensaban, al fin y al cabo le salvó la vida. Se dará cuenta que es él.”

– ¿Miguel?

Miguel se sobresaltó. Se incorporó en un instante. Estaba somnoliento… y el que le llamaran justo al lado suyo, le había asustado.

– Perdón por haberle asustado…

Miguel se quedó mirando al chico que estaba a su lado. Le conocía de vista. También venía a ver de vez en cuando a Daniel.

– No perdona tú. Estaba un poco ido. Me asusté. Te he visto por aquí a veces… ¿vienes a ver a Daniel Ybarra?

– Sí… bueno… venía a verle a él y a Vd.

– ¡Ah! Pues aquí estoy… ¿Quieres un refresco o un café? Hay ahí una máquina…

Y diciendo esto se levantó y se llevó los dedos a su bolsillo, el de las monedas de los vaqueros…

– ¿Prefieres que bajemos a la cafetería? Así me como un bocata…

– Me da igual…

– ¿Tienes prisa? Perdona, a lo mejor solo quieres preguntarme una tontería y yo estoy haciendo aquí todo un mundo… estoy medio grogui… he salido de guardia… y ..

– No, no, me parece bien… tengo todo el tiempo del mundo… hoy no tengo nada que hacer.

– Vamos entonces.

Bajaron por las escaleras. Miguel iba delante. No se dirigieron la palabra en todo el camino. Llegaron a la cafetería, y cosa rara, apenas había gente. Pidieron unas bebidas y unos bocadillos. Se sentaron e una de las mesas, frente a la barra.

– Te llamas…

– Axel. Sorry, ni siquiera me presenté… Soy amigo de Dani.

– Vaya, lo siento. Alguna vez te he visto por aquí… ¿Vienes mucho?

– No todo lo que quisiera. Y a veces vengo y te veo… le veo…

– Tutéame, anda…

– Es que…

– ¿La bata impone? Ahora no llevo bata… decías que me veías…

– Sí, te veía en su habitación, y me daba la vuelta…

– ¿Por qué?

Axel se quedó en silencio. Justo dio un mordisco a su bocata. Masticó despacio mirando a la barra… cogió su lata de Pepsi, y pego un sorbo.

– Por no interrumpir. Mas que nada.

– ¿Me lo vas a contar? Axel, tú hoy has venido a decirme algo.

– No… en realidad no… No sé si debo contarlo. Es… Dani podría enfadarse de que te lo contara… ¿No vendrán los padres de Dani por aquí?

– ¿Qué pasa con ellos? ¿También te han prohibido venir a verle?

– Bueno… me dijeron que era mejor que no viniera.

– ¿Te dijeron eso?

Miguel iba a pegar un mordisco al bocata… y se quedó parado. Miraba atentamente las reacciones de Axel. Axel ocultaba su mirada…

– ¿Qué va a pasar con Dani si no se recupera?

–         Llegará un momento en que sus familiares tengan que buscar un sitio para que cuiden de él. El hospital necesita la cama.

Axel iba comiendo poco a poco su bocata. Su cabeza rugía. No sabía si confiar en el doctor. No sabía si lo que le contara, iba a traicionar a su amigo, a sus secretos. Pero…

–         Me sorprendí mucho que fuera Vd… perdón, que fueras tú quien le salvara la vida. Me pareció irónico.

–         ¿Irónico? No entiendo…

–         Al fin y al cabo, tú fuiste el culpable de que a Dani le atropellaran.

A Miguel, se le vino el mundo encima.

______

Capítulo 8-2º.

Axel empezó a contar la historia de Dani. Su obsesión con Miguel. Su amor por él. El estado permanente en el que había caído de vivir en un estado de ensoñación, en inventarse historias para conocer a Miguel, para amarle.

Miguel dejó su bocadillo. Escuchaba lo que le contaba Axel…  a la vez que su cabeza empezó a bullir. No era posible que la vida jugara de esa forma con él. Y con Dani. Él pensaba en Dani casi todos los días. Si no estaba ocupado trabajando, le era imposible sustraerse a soñar con encontrarle un día e intentar acercarse a él, y… bueno, y ver si había alguna posibilidad de sacar algo en claro.

Fue un shock aquel sábado, cuando iba paseando por la Quinta. Precisamente pensaba en él. En lo bonito que sería encontrarse y… y… Luchaba contra ello. Porque no lo encontraba racional. Pero… era tan agradable esas ensoñaciones… le hacían sentir tan bien… y tan mal. Tan mal porque no creía posible esa relación No creía posible que ese chico que se subía al escenario, al que se había encontrado muchas veces en su camino, en la calle, le mirara de una forma especial.

Se refugió en su trabajo, como siempre. Retomó su afición a escribir. Una novela inmensa con la que se entretenía. No tenía ni pies ni cabeza, pero, le mantenía ocupado.

Pero ese sábado…

Llevaba 4 meses como un zombie. Desde ese sábado. Trabajaba como siempre. Pero, en lo que atañía a su vida, a sus sentimientos, a su vida personal… era un zombie. Visitaba a Dani todos los días. Pero… le daba un aspecto profesional a las visitas. Salvo esos roces de la mano sobre su cara, o esos paños, o intentar que estuviera cómodo… pero aún así… intentaba darle a todo un aire profesional. No le ponía la pasión que se agitaba dentro de él. Se le quedaba mirando, con un libro entre las piernas… no pasaba una sola página. De vez en cuando cambiaba de libro, para no parecer un idiota. O para que nadie se diera cuenta de su… ¿de su qué? Ni él se atrevía a definirlo, a darlo un nombre.

Después de esas noches que medio había pasado al lado de Dani, iba a su casa y se duchaba. Y aprovechaba a llorar… por su suerte, por sus miedos, por su cobardía… por lo que hubiera podido ser y no sería nunca.

Ese sábado le salvó la vida. Desplegó todos sus muchos conocimientos sobre medicina de urgencias. Era su especialidad, y era bueno. Cuando llegó la ambulancia, su dotación siguió sus instrucciones. No dudaron en dejarle el mando. Le conocían, y sabían que no podrían mejorar sus decisiones. Montó en la ambulancia con ellos. Le siguió atendiendo en urgencias. Le preparó para que le operaran… e incluso entró en el quirófano con el cirujano de guardia. Todo salió bien… pero… Dani no despertaba.

¿Algo pudo hacer para poder mejorar la situación? ¿Algo se le escapó? Todos  le habían felicitado…. el equipo de la ambulancia, la familia, sus compañeros de urgencias… Pero él soñaba con eso algunas noches… “¿algo más pude hacer?”…  se despertaba sobresaltado… sudoroso… empapado completamente. Como con una sensación de desesperación… de opresión en el pecho…

–         Miguel, perdona… te suena el móvil

–         ¿Eh?

–         El móvil – Axel le tocaba el brazo y le señalaba su móvil que había dejado sobre la mesa…

–         Ah sí… ¿Dígame?… ah, Carmen… sí…

A Miguel le estaba cambiando la cara…

–         Vale… Gracias Carmen. Ahora subo un momento.

Y colgó.

Axel le miraba. Se estaba poniendo nervioso. El cambio que había dado su cara… hacía unos minutos estaba perdido en sus pensamientos. Axel se dio cuenta que solo le escuchaba a medias. Que Miguel estaba perdido en sus pensamientos. Era como cuando intentaba en los últimos tiempos hablar con Dani. Pero ahora… Miguel… juraría que estaba a punto de llorar…

–         ¿Qué ha pasado?

–         Sí… perdona…  Daniel ha entrado en parada…

–         Miguel, no soy médico… me pierdo en la terminología…

–         Perdona… le ha dado una especie de ataque. Han tenido que reanimarlo… está estabilizado, pero en la UCI.

Axel perdió completamente la compostura. Se le hundieron los hombros. Los ojos se le inundaron de lágrimas. Se había hecho a la idea de que, como mucho, Dani quedaría así por los años… y en sus mejores momentos soñaba que despertaba, y volvía a tocar… ¡mierda de sueños! ¡¡qué les den por culo a las ilusiones!! ¡¡todo es una mierda!!

–         Axel – Miguel se levantó, y rodeó su cuello con sus brazos, haciendo que se recostara sobre su estómago. Axel seguía sentado. Pasados unos segundos, le separó, y le obligó a levantar la vista con su mano en la barbilla…

–         Ahora está bien. No tiene por qué pasar nada. Ha podido ser una pequeña embolia por no moverse. Venga… vamos a subir a ver como está.

________

Capítulo 9-2º:

–         ¿Le quieres mucho? – preguntó Miguel

Axel se quedó parado… pensando su respuesta… iban en el ascensor…

–         Si lo que piensas es que si estoy enamorado de él, la respuesta es no.

–         No…

–         Tranki, no pasa nada. No soy gay. No es ese tipo de amor… pero le quiero con toda mi alma. Es mi mejor amigo. Es… es guay, es… no sé… te hace vivir… es… o era alegre… sabes… esto lo sabe muy poca gente… hace un par de años, tuve algunos problemas de drogas… Caes… caes… no te das cuenta, crees que controlas… no escuchas a nadie, te crees más listo y más fuerte que todos. Echas a todos de tu lado… y yo eché a todos de mi lado… pero a Dani fue imposible echarle. Ni con agua hirviendo… él estuvo ahí… me aguantó, me persiguió… me aguantó el mono… se gastó su dinero… ahí empezaron los problemas con sus padres… Nunca me puso como excusa. Sus padres… buenos sus padres se olían algo, y ya hace tiempo me dejaron claro que me querían lejos de su hijo… A él le dio igual… si le pasa algo Miguel… si le pasa algo… yo…

Axel no pudo seguir hablando… bajó la cabeza para que nadie se diera cuenta de que lloraba…

– No he dormido bien desde ese día – consiguió decir entre sollozos…

Miguel volvió a rodearle con sus brazos. Y le obligó a que apoyara su cabeza en su hombro. Dejó pasar la cuarta planta. Siguieron subiendo hasta la última. Poco a poco iba controlando su llanto.

–         Soy un bobo – dijo al final separando su cabeza del hombro de Miguel – Dani me diría que parezco más marica que él – dijo riendo nervioso… – pero es que… siempre he querido devolverle el favor… pero… le he fallado…

Axel volvió a bajar la cabeza. Parecía que otra vez se iba a descontrolar… llegaron otra vez a la cuarta planta. Miguel empujó ligeramente a Axel para salir del ascensor. Giraron a la izquierda… Axel levantó la cabeza… y en un suspiro, cogió del brazo a Miguel, y desandaron el camino que habían hecho. Abrió la puerta de las escaleras… y tiró de Miguel hasta el primer descansillo…

–         ¿Qué pasa?

–         Sorry… eran los padres de Dani… no quiero que me vean… me voy…

–         No creo que…

–         Lo prefiero… Miguel de verdad… don’t worry… no… bueno ya sabes…

–         Pero eres su mejor amigo… y por lo que me has contado tienes casi más derecho que cualquiera a verle, a estar cerca de él…

–         No… no…

–         Axel…

–         NO… – y diciendo esto le ponía una mano en el pecho… como si su proximidad le pudiera convencer de cambiar de opinión…

–         ¿Qué te van a…?

–         Con la mirada es bastante… no les conoces… no… no podría soportarlo… me echaría a llorar y no quiero que ellos me vean llorar… no…

–         Dame tu teléfono, luego te llamo… y te cuento.

–         Sí ahora… pero antes una cosa… tengo una teoría… quisiera contártela…

–         Dispara…

–         Creo… creo que Dani está todavía como en sueños… dicen que los que están en ese estado pueden escuchar… dile que le quieres… que tiene que despertar… que le cuidarás, que le amarás… pero que le necesitas despierto y bien, que necesitas que te cuide… no sé… dile cosas bonitas, haz planes para hacer con él…

–         Pero… – Miguel dudaba…

–         Inténtalo…

–         Pero… ¿Estás seguro…?

–         De qué… ¿de que te ama? Claro que estoy seguro…

–         Pero luego, cuando despierte, puede que al conocerme…

–         ¿Y qué? ¿Qué seas peor de lo que te ha imaginado? ¿qué no congeniéis? Ok. ¿y qué?  Él vivirá… y se quitará su obsesión por ti. Y si sale todo bien, yo seré el padrino de vuestra boda.

–         ¿Quién te ha dicho que…?

–         Lo he soñado ¿Pasa algo?

–         Vale, vale… otro que sueña…

–         Es la moda…

Se quedaron mirando los dos. En silencio. Bajó un grupo de gente, y se apartaron para dejarles pasar.

–         El teléfono – dijo Axel.

Miguel le dio su teléfono. Axel le hizo una perdida. Quedaron en que luego Miguel le llamaría.

Se despidieron.

Bajaron otra vez hasta la cuarta planta. Axel empezó a bajar las escaleras. Miguel abrió la puerta para salir al hall de la planta. De repente Axel se volvió… y llamó a Miguel. Miguel volvió a la escalera, Axel subió los escalones que había bajado. Abrazó a Miguel. Fue un abrazo… incómodo… le pilló por sorpresa a Miguel… duró apenas unos instantes… Y Axel volvió a abalanzarse a las escaleras.

________

Capítulo 10-2º.

No podía creer lo que iba a hacer. Aunque ya no le sorprendía nada de todo lo que estaba pasando.

Se estaba poniendo el traje estéril. Eran las 3 de la madrugada. Se miró en el espejo del vestuario antes de ponerse el gorro y la mascarilla. Dani seguía en la UCI. No había una razón clara para la arritmia que había producido su traslado a la UCI. La Dra. Marquina, la que lo había llamado, no se lo explicaba. Tenía una teoría… pero eran de esas teorías que no se podían probar, por lo que no llevaban a ningún sitio. Sus padres estaban hablando con ella en la habitación. Le estaban comunicando que se iban a llevar a Dani a una residencia dedicada a enfermos “dormidos” en Coruña. Le habían dicho que además, pensaban que era mejor que no tuviera visitas, hasta que se produjera el traslado. La Dra. les comentó que eso no era así, que al revés, todo hacía indicar que este tipo de enfermos estaban mejor con compañía. Pero ellos fueron radicales al respecto. No querían que Dani recibiera visitas. Ni siquiera del doctor Ramírez.

Fue entonces cuando Dani sufrió la arritmia.

Miguel se miró una última vez en el espejo. Solo podía ver sus ojos surcados por unas sombras enormes que indicaban lo poco que había descansado ese día. Y la catarata de emociones por la que había caído.

Cuando volvió de hablar con Axel, ya no estaban los padres de Dani. Sus colegas y las enfermeras le contaron todo lo que había pasado. La investigación que habían hecho los padres de Dani, y como se enteraron de las visitas de dos de sus hijos, y las atenciones que Miguel le dedicaba a Dani en sus horas libres. De su enfado por todos estos hechos. Les daba igual lo que opinaban los médicos al respecto de todo eso… Ellos decidían. Dani estaba incapacitado, y ellos estaban al mando.

Esta noche era la última que podría acceder a la habitación de Dani. Luego, correría el riesgo de poner en problemas a sus colegas, y al hospital. Y a él mismo. Iba a probar la teoría de Axel. No confiaba nada en ella… o sí… o era todo esperanzas infundadas, u otro de sus sueños… no sabía. Lo que tenía claro era que, o  lo hacía esa noche… o las esperanzas se perdían completamente.

Salió del vestuario. Y entró en  el reservado donde estaba Dani.

Había visto  a mucha gente intubada, con cientos de vías, de cables… pero era distinto al verlo en alguien que… ¿qué era lo que sentía por este chico? Iba a decirse en su soliloquio… amor… lo iba a definir así… pero… se negaba a llamarlo así… era irracional… él era médico, debía ser racional… pero era lo que mejor se aproximaba… ¿o sería obsesión?…

Se sentó en la cama. Muy suavemente… solo en el borde… como para no molestar… rozó con su mano enguantada la mano derecha de Dani…

– Sabes Dani…

Paró… pensó como seguir… llevaba toda la noche pensando como le iba a hablar. Decenas de formas se le ocurrieron. Pero ahora, ninguna le parecía bien…

– No sé que decirte. Mil veces me he imaginado el encontrarme contigo en la calle, y decirte… decirte que me gustabas y que me gustaría conocerte… Pero por mucho que soñé con formas verdaderamente rocambolescas, nunca me imaginé que estuviera en la UCI, hablando contigo en ese estado de inconsciencia del que no quieres salir…

Paró un momento. Levantó la vista, hasta ese momento había hablado mirando la mano de Dani, o mirando al suelo… Le cogió la mano…

– He hablado hoy con Axel. Buen tío. Creía que era tu novio o algo así. Ya me ha dicho que no. Pero te quiere mucho. Sabes, yo creo que si te pasara algo, moriría de dolor. Debes de ser especial para conseguir tener amigos así. No todos lo consiguen. Tiene una teoría… pero luego no le cuentes que te lo he dicho… ¿Lo prometes?

Miguel esperó una respuesta…

– Entenderé tu silencio como que sí, lo prometes… él piensa que estás en el mundo de los sueños. Y que crees que no encontrarás mejor vida en la realidad, que en tus sueños. Que por eso no despiertas. ¿Cómo me sueñas? … Casi mejor no me lo digas, seguro que es mucho mejor de lo que en realidad soy…

Volvió a hacer una pequeña parada…

– Estás ahí, en la cama… panza arriba… me dan ganas de abrazarme a ti y decirte al oído que todo va a salir bien… pero no sé… Sabes, me he imaginado estos meses mil formas de conocerte… esto creo que ya te lo dije… y mil escenas de los dos juntos, bromas, ratos en los que los dos estamos juntos, abrazados… Mil formas de hacerte el amor… me he imaginado cientos de veces recorriendo cada milímetro de tu piel con mi lengua, o dándote besos, o lamiendo todos y cada uno de tus poros. Me he imaginado dándote masajes en los pies, después de que volvieras de los conciertos. O yendo a ellos y sacándote fotos… o incluso actualizando vuestra página web, que la tenéis un poco abandonada por cierto…

Se levantó un momento. Anduvo un rato alrededor de la cama… se sentía mal… aunque decir todas estas cosas en voz alta, le estaba haciendo bien… pero… cada vez tenía más la idea de que esto no serviría de nada. Tenía un presentimiento… Dani no querría despertar nunca. Y un buen día, moriría. Sus padres… no les entendía…

– He luchado contra todos estos sentimientos. No los encuentro racionales. No encuentro normal que me enamore de un chico al que no conozco… Dani… no te conozco apenas. No… miento, no te conozco en absoluto. Estos 4 meses que llevas aquí he visto como has calado en ciertas personas que tienes a tu alrededor… en Axel, en tu hermano Borja, en tu hermana Silvia. Me han dicho que tienes otros dos hermanos, pero ellos no han venido, o no les he visto al menos. Tienes una familia rara… no lo entiendo. Pero… debes ser excepcional, porque aún así, Borja y Silvia han venido todo lo que han podido… Borja me hace reír… es un cabrón… Y Axel… me ha contado todo lo que has hecho por él… Debes de ser un chico excepcional… Me hubiera gustado conocerte, e intentar conquistarte… No te puedo ofrecer gran cosa… Sabes, cuando antes de cruzarme en tu camino soñaba con una pareja, no me la imaginaba como tú. Me la imaginaba mucho más mayor, con una profesión aburrida… Me imaginaba los dos serios y circunspectos, sentados los dos leyendo el periódico por la mañana, ante un zumo de naranja recién exprimido, y un actimel. Llegaste tú, tan joven, tan libre… o eso parecías, ahora lo empiezo a dudar… con esa mirada, con esos ojos… con esa vitalidad… con esa timidez… yo te imaginaba seguro de ti mismo… pero hablando…

–         … me estoy dando cuenta que vas a coger manía a Axel… pero él me ha contado todo esto porque te quiere… ¿Cómo pudiste pensar que alguien como yo no se fijaría en ti? ¿Un niñato? Que sepas además que me has costado un dineral en teléfono. He estado hablando con Axel por teléfono esta tarde cerca de 3 horas. Una pasta… Ya te lo cobraré… ¡¡en carne!!…

–         …

–         …

– … aunque eso será si quieres despertar…

Miguel miró el reloj. Debía acabar ya. Si no quería tener problemas, debía irse. Llevaba casi hora y media ahí… con Dani…

–         Dani, me voy a tener que ir. Estaré unos días lejos. Mis jefes… bueno, parece que tus viejos me han puesto en su punto de mira. Les han dicho que no soy buena influencia… se han enterado que iba a verte a la habitación todos los días. Axel dice que han relacionado el Miguel del que hablas en sueños conmigo. Antes era solo el DR.  Ramírez, el que había salvado a su hijo de una muerte cierta… ahora soy el acosador que quiere beneficiarse a su hijo… ese marica… ¿Hablas en sueños? ¿Y hablas de mí? Vaya…

–         …

–         …

– … Pues eso… que me han aconsejado que me vaya unos días… y me iré. Creo que tendría problemas si no lo hiciera, e incluso podrías tener tú problemas… a lo mejor encuentran un sitio dónde llevarte que esté en Canarias, o en Hawai, Bombay… son dos paraísos…

Dijo esto último canturreando la melodía de Mecano.

– Así que querido… mejor será que despiertes y me busques. Axel tiene mi teléfono. Y si no, preguntas por Marta, la enfermera jefe de esta planta, y ella me llamará. O la pides el teléfono… Me voy a Málaga. Mi amigo Carlos seguro me saca una sonrisa… y hace que me olvide de la angustia que tengo en el cuerpo… lucha jodido… sal de ahí… sal de ese cuarto dónde te has metido… tienes 20 años… lucha por ti… cualquier cosa es mejor que esa nube dónde estás… eres tan guapo, tan… eres especial ¡maldito! Si no es por mí… si has descubierto estos días que soy un gilipollas que no merece la pena, que has perdido el tiempo soñando conmigo… sal… hay tantos que daría un brazo por encontrar alguien como tú… jodido maldito… ¡¡niñato decías!! Una paliza te daría yo…

Miguel se levantó. Miguel se dio la vuelta para que no le viera Dani… porque estaba llorando… se dio cuenta que era una idiotez. Dani no le podía ver… y estaba por ver si le podía oír. Se dio la vuelta y encaró a Dani. Se agachó despacio… y le dio un beso en la frente. Giró sobre sus talones, y salió sin mirar atrás…

Iba caminando por el pasillo y se iba quitando el traje estéril. La mascarilla, la bata… lo iba tirando en las papeleras que se iba encontrando…

…llegó a las escaleras y las bajó corriendo, de dos en dos…

…salió a la calle… hacía frío…

… cruzó la calle… y seguía corriendo…

… subió por un camino que llevaba a unos jardines en la montaña que había enfrente del hospital…

… subía corriendo… iba quedándose sin resuello…

… vio un banco y se sentó… estaba mojado, pero no se dio cuenta…

… se tapó su cara con sus manos… y lloró… lloró como no lo había hecho desde que era pequeño y su madre le dio un azote delante de todos sus amigos… lloró de forma espasmódica… estaba sin resuello… no podía respirar… lloró…

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Capítulo 11-2º.

Eran las 12 del mediodía.

Hacía sol. Pero mucho frío.

Era el 14 de diciembre.

En el hospital de Burgos.
Un nutrido grupo de personas estaban en la puerta. La Dra. Marquina. La Dra. Campos. Marta Arnáiz, la jefa de enfermeras de la 4º planta. Estaban también Begoña, Almudena, Jacinta, enfermeras de planta. Maripi y Filo, celadoras.

Ahora se incorporaron el Dr. Flores, y el Dr. Marijuan. Venían de Urgencias. Estaban de guardia.

Estaban Borja y Silvia, los hermanos de Dani. Silvia estaba con su novio Carlos. Estaban también Ricardo y Juan, amigos de siempre de Silvia. Y Aitor, Eneko y Marcos, amigos de Borja. Axel estaba al lado suyo. Pero estaba hablando con sus compañeros de grupo, con Rodrigo, con Carlos y con Gaby.

Axel fue a saludar a otro Carlos, el amigo de Málaga de Miguel. Venían con él Alberto y Sandra, amigos también de Miguel. Les saludó a todos con un  par de besos. Como diría Dani, se estaba convirtiendo en más marica que el marica más grande del universo. Llegó detrás corriendo como siempre, Nerea, la novia de Axel. Se abrazó a su novio y le dio un suave pico en los labios.

En otro grupito estaban Guillermo, Andrea, Juanjo, Iván y Alex. Eran compañeros de la Uni de Dani. E Iñigo, Gorka y Andrés, amigos de la ONG con la que colaboraba Dani. Estaban también Arturo García y Mercedes Atienza, los directivos de la ONG.

Borja dio la voz…

– ¡Ya vienen!

Se abrió la puerta… todos prorrumpieron en aplausos.

Poco a poco se abría camino una silla de ruedas. Dani iba sentado en ella. Miguel empujaba. En un momento, los congregados en la puerta sacaron una pancarta… “Dani eres el mejor” otra pancarta decía… “Dani has estado a punto de ganarte una colleja”. Empezaron a corear el nombre de Dani… Dani… Dani… mientras seguían dando palmas al ritmo de los gritos.

Dani miraba a todas partes… no veía nada… estaba abrumado… sus ojos se hicieron agua… miró hacia atrás y cruzó su mirada con la de Miguel. Miguel sonreía… pero también tenía los ojos acuosos. Decididamente Dani era especial. Estaban todos… y los que no estaban ahí, les  esperaban en casa… En casa de Miguel, que a partir de ese día iba a ser la casa de los dos.

Sus padres… Dani les convenció. O les chantajeó… o lo que fuera. Sobre el tema no quiso ser más explícito. El caso es que, en el mes largo que había pasado desde que había despertado, hizo lo necesario para llevar a cabo sus sueños en la vida real. Primero, preguntó  por Miguel. La enfermera jefe se encargó de llamarle. Sus padres intentaron impedir cualquier acceso de “extraños” a Dani. Pero Dani estaba despierto y era mayor de edad. Llamó a Axel. Axel lloró… lloró como en su vida… al ver a su amigo despierto y bien… le abrazó, le besó… Sus padres volvieron a intentar hacerse con la situación… Dani habló con ellos a “puerta cerrada”, y no volvieron a aparecer en el hospital. Ni a preocuparse de Dani. Borja y Silvia volvieron a ir regularmente. La regularidad de Borja era diaria. La de Silvia, todas las semanas venía de Madrid. Los otros hermanos siguieron sin aparecer.

Miguel cogió el primer AVE a Madrid. Y desde allí, un autobús a Burgos. Fue directo al Hospital.

Llegó a la habitación… abrió la puerta despacio… creía que Dani estaría echando la siesta… pero estaba despierto. Estaba sentado en una de las sillas de la habitación. Miraba hacia la puerta. Se miraron un buen rato. Ninguno dijo nada. Ninguno retiró la vista ni siquiera un instante de los ojos del otro. Al cabo de un buen rato, Miguel se fue acercando a Dani. Dani sonrió ligeramente. Miguel llegó a la silla, se agachó… y besó a Dani. Le besó en la boca… lentamente… no quería perderse ni una migaja de las sensaciones de ese primer beso. Dani rodeó con su mano el cuello de Miguel… por si intentaba retirarse demasiado pronto.

Se separaron. Volvieron a mirarse a los ojos. Dani sonreía imperceptiblemente. O era más bien la expresión de la felicidad que le embargaba…

– Has tardado mucho, cabrón.

Fue Miguel quien habló.

Volvieron a besarse.

Y otra vez.

Y otra.

– ¡¡¡¡¡¡¡¡Daniiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!! –gritó Rodrigo.

– ¡¡Bien!! – gritaron todos a coro.

– ¡¡Daniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!

– ¡¡Bien!!

– ¡¡Daniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!

– ¡¡Bien, bien bien!! Alavin, alavan, alavin bom bam, Dani, Dani… Dani es el mejor…

No hizo falta casi   que hicieran los planes en voz alta. No hubo dudas en que Dani iba a vivir con Miguel. Miguel fue preparando su casa para recibir a “su chico”. La primera vez que pensó en Dani como “su chico” le duró la sonrisa todo el resto del día. Debería seguir haciendo rehabilitación durante semanas. Tanto tiempo echado en la cama, había dejado sus músculos fuera de juego. Aparentemente, no había secuelas. Eso sí, no recordaba el accidente… y sobre las cosas que pasaron a su alrededor, aunque los neurólogos le preguntaron, nunca dijo haber percibido nada de lo que pasaba a su alrededor. Con Miguel, tácitamente, nunca sacaron ese tema.

Miguel se compró un bobtail. Una, más bien. Jara, la llamaron. Era parte del sueño de Dani… Era una perra muy cariñosa, que le ayudaría a Dani a recuperarse, en los ratos en que estaría solo mientras Miguel trabajaba. Esa era la excusa para los demás… pero Axel sabía que Miguel la había comprado, solo porque Dani soñó que él tenía perro. Le llevaron una guitarra al hospital. Al principio pusieron alguna pega… pero él dijo a todos que, en lugar de encender el televisor, él tocaba la guitarra… y bajito. Al final… lo dejaron estar… a parte de que, todos reconocían que, era muy difícil llevar la contraria a Dani. Era tan encantador, y tenía esa sonrisa… que a todos desarmaban. Y encima tocaba bien. Bueno, los primeros días… no. Los dedos también habían estado inactivos… pero poco a poco fueron cogiendo la forma…

– ¡¡¡¡Biennnnnnnnnnnn!!!!!

Otra salva de aplausos volvió a atronar el vestíbulo del Hospital. Los que entraban o salían del Centro, se quedaban extrañados mirando que pasaba. Algunos más lanzados se acercaron a preguntar. Y algunos al final, se animaban a unirse a los aplausos. Llegó un chico con un ramo de flores en una mano, y una niña de unos 4 años en la otra. Preguntó que pasaba… uno de los amigos de Borja se lo contó. La niña tiraba de él para acercarse más… decía que no podía ver al que aplaudían todos esos señores. Al final entre empujones, llegaron el padre y la hija hasta la primera fila. Entonces al padre se le ocurrió coger una flor del ramo que llevaba para su mujer, que acababa de tener su segundo hijo, y se lo dio a su hija. Se agachó y le susurró algo al oído. A la niña se le iluminó la cara, cogió la rosa que le daba su padre, y de tres o cuatro pequeños saltos se acercó a Dani. Le alargó la flor… Dani se la quedó mirando… la hizo acercarse más… la intentó coger en brazos, pero estaba débil… y no pudo levantarla para darla un beso y un abrazo. Miguel rápido la cogió por detrás y se la acercó… Dani le dio un montón de besos de la abuela… cortos y sonoros… Miguel dejó a la niña otra vez en el suelo, y ésta corrió hacia su padre, mientras Dani olía la rosa y le daba las gracias con un gesto al padre.

Esa fue la señal para que todos se acercaran a Dani. Todos le fueron felicitando, le abrazaban unos, le besaban otros, algunos optaban por apretones de manos, otros por un chocar de palmas… o de puños… Silvia su hermana… lloraba como una desesperada… ora miraba a su hermano… ora escondía su cara en el pecho de su novio…

Axel se acercó a Miguel, después de abrazar a Dani un buen rato. Se le quedó mirando a los ojos.

– Gracias

Fue apenas un susurro. Un movimiento de labios sin sonido. Si en algún momento a Miguel se le habían secado sus ojos, en ese momento se volvieron a llenar de lágrimas. Abrió sus brazos… y Axel se fundió en un abrazo con él.

– Bobo – fue la respuesta que musitó Miguel al oído de Axel, su futuro padrino de boda.

Llegó Alfonso, el padre de Axel con su monovolumen. Miguel cogió en brazos a Dani para acomodarle en uno de los asientos de detrás del coche. Axel plegó la silla y la metió en el maletero. Miguel se montó también detrás….

Otra salva de aplausos…

Miguel y Dani saludaban con la mano…

– ¡¡¡Vivan los Reyes!! – gritó socarrón Borja… todos rieron…

Y el coche partió…

Se quedaron casi todos un rato charlando… Los amigos y compañeros de Miguel, con los amigos  de Dani… todos coincidían en que hacían muy buena pareja… aunque ninguno era capaz de explicar de dónde había nacido esa complicidad entre ellos tan… tan de repente… esa complicidad que la mayor parte de las parejas necesitaban muchos meses, incluso años para adquirirla…

Axel, que quizás podría haber contestado alguna de esas preguntas, se perdía por la acera, agarrando a su chica por la cintura, y apoyando la cabeza en su hombro.

Hacía frío… mucho frío. Pero nadie pareció notarlo,  esa mañana de diciembre.

Hacía sol.

Eran las 12 y veinte.

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Capítulo 12-2º.

Hola Miguel… amor:

Hay cosas que sabes me cuestan decir en voz alta. Recuerda que al principio te dejaba cartas por la casa… y tú me las contestabas… tienes una letra horrorosa, por cierto. ¡ah! Vale… eres médico, y ya se sabe la fama que tenéis de escribir horroroso. Entendí entonces la desesperación de la farmacéutica amiga de mis padres, que se volvía tarumba cada vez que íbamos con recetas.

Como siempre, me voy por las ramas. Y no quiero. Tengo muchas cosas que decirte. y no quiero que te aburras leyendo. Que hace tiempo que no nos mandamos cartas y has perdido práctica.

Nunca te he contado qué pasó con mis padres en el hospital. Y siempre has respetado mi silencio. Pero creo que hoy, te lo voy a contar. Mis padres, en realidad, no son mis padres. Son mis tíos. Mis padres y los de Borja, murieron en un accidente. Sí, Borja es el único que es mi hermano de verdad. Silvia y los otros, los “desconocidos” como tú les llamas, son mis primos. Pero Silvia es distinta al resto. Esos días en que desperté, solo les recordé a mis “padres” que no lo eran. Qué yo era mayor de edad, y que tenía ya la potestad de decidir que hacía o qué no. Y que ya ellos, no estaban en mi plan de futuro. Aunque podría haber reclamado la custodia de Borja, quedamos en que de momento, Borja seguiría con ellos. Pero, con la condición de que me vería siempre que quisiera. Silvia. Silvia es mucha Silvia. Ella se valió sola para seguir en contacto con nosotros.

Y ese es todo el secreto. No es nada del otro mundo. Pero hasta ahora he preferido no hablar de ello. Es una tontería, pensarás. Pero a veces hay cosas que, no sabes muy bien por qué, no quieres que se digan. No, no te estoy diciendo toda la verdad. En realidad me avergonzaba de no haber dado ese paso a los 18. Y de haber pedido la custodia de mi hermano. Mis padres nos dejaron algo de dinero. Hubiera podido hacerlo. Sobre todo cuando se enteraron de que era gay. Ahí empezó un pequeño infierno, una persecución. Mis tíos son muy radicales en las cuestiones religiosas y de moral. Aunque eso es un tema muy largo. Moral, ¿qué es eso? Mi tía… mejor eso no lo digo. No les voy a pagar con la misma moneda.

Sabes, Miguel, amor, el día que apareciste después de despertarme, que venías de Málaga, cuando te vi en la puerta, desaliñado, con barba de dos días, con una cara de cansado que era patética, casi me da un ataque. Fue el mejor momento de mi vida. Y cuando te acercaste todo decidido, y me diste ese primer beso… recuerdo que te agarré el cuello para que no quitaras tan pronto los labios. Porque parecías muy seguro, pero noté como si te quemaran los labios cuando me besaste. “Éste se va a retirar a todo correr” Pensé. Y me aseguré que, aunque te ardieran, no te quitaras. ¿Sabes lo que se siente cuando se cumple un sueño? ¿Un sueño que creías inalcanzable? Fue como una sensación de felicidad, de emoción. Subía desde el estómago. Era como una bomba que estalla, y su onda expansiva  va engullendo los alrededores, con rapidez, con contundencia. Fue algo extraordinario.

Como lo fue también cuando me levantaste de la silla de ruedas, y me cogiste en brazos para entrar en casa. Y entramos… y nos recibieron esos amigos tuyos… con globos, con música… con mis amigos de Adrenalina33 que fueron a tocar para nosotros. “vuela , vuela…” me encanta esa canción. Hasta un día le dije a Eloy y Josu, si nos dejarían cantarla a nosotros…

Y nuestras discusiones. Hemos discutido mucho. Me has hecho rabiar. Pero mucho. Me has obligado a hacer tantas cosas que no me apatecían. Me has obligado a estudiar como el que más, a tocar como el mejor, a cantar, y a amarte. Y te has dejado obligar a ir de acampada, a ir de viaje sin planes, a hacer deporte, y a amarme. Y a ir de juerga hasta las mil. Y te has dejado obligar a no hacer dobles turnos. Y a escribir. Todo esto nos ha costado discusiones. Vale, también discutimos por la tapa de la taza del water. Pero al final conseguiste lo que querías, que la bajara. Pero a cambio conseguí que te hicieras socio del Burgos conmigo. Y creo que ahora hasta te gusta un poco el fútbol…

Sabes Miguel… te amo con todo mi ser… hace por lo menos un par de días que no te lo digo. Teníamos miedo al principio. Tú, médico eficiente y considerado. Yo, estudiante mediocre, y músico más mediocre. Tú 40 años. Yo, 20. Tú acostumbrado a hacer las cosas por ti. Yo, acostumbrado a que mis padres primero, y mis tíos después, me soltaran la pasta. Tú gran cocinero. Yo, apenas sabía poner la lavadora. Tú con amigos de tu edad, yo con amigos de la mía. Pero al final todo ha ido bien… estamos rodeados de buenos amigos de los dos. De tu edad, y de la mía. Y de la de mi hermano Borja. Y de los de mi prima Silvia. Hemos creado una gran familia. Lo estamos haciendo bien ¿verdad?

Ahora que lo pienso, creo que a lo mejor, el mejor día de mi vida, no es el día en que llegaste desde Málaga. El día de nuestra boda. Ese día fue… maravilloso. ¿Te acuerdas? No me mires así, ya sé que te acuerdas. Si te pasaste llorando todo el día. Axel, como te prometió, fue nuestro padrino. Y Silvia, la madrina. Borja fue uno de los testigos. Carmen, y Marta, también fueron testigos. La doctora y la enfermera. Y Rodrigo en representación del grupo. ¡Qué bonito fue! Fue en el Monasterio de San Juan. Y luego fuimos a comer a la “Deportiva”.Casi recuerdo que no cabemos en “La Garrocha”. Que bonito fue cuando iniciamos el baile los dos… estabas de guapo con tu chaqué… recuerdo como me mirabas mientras bailábamos agarrados. Me mirabas con esa sonrisa boba que a veces se te pone, con esa mirada que tenía tanto amor…

Que sepas que mientras escribo esto, me salen las lágrimas recordándolo.

Lo hemos hecho bien.

Voy acabando Miguel.

Hoy, estás leyendo esta carta. Eso significa que, estoy muerto. Seguramente la dolencia de mi corazón, que he intentado ocultarte con mucho cuidado, ha hecho que éste haya dejado de latir definitivamente. No te hagas preguntas sobre por qué no pudiste enterarte de ella cuando tuve el accidente. Ni pienses que podías haber hecho algo. Es una de las herencias que me dejó mi padre. El pobre… pero también heredé de él los ojos, y mi pasión al amar. Así que no te eches la culpa a ti, ni a mi padre.

Te conozco. Y sé que estarás hecho puré. Estarás llorando por las esquinas, para que nadie te vea. Habrás estado ocultándote en el tanatorio para hacerlo a gusto. Y cuando te digan lo de mi “problemilla”, darás muchas vueltas a todo. Y te sentirás culpable. Y llorarás más. Y estarás tentado de dejar la medicina. O dejar de vivir la vida…

Miguel, has respetado siempre la forma en llevar mis cosas más íntimas. Respeta esta forma de llevar este tema. No tienes culpa de nada. No podrías haber hecho nada.  Nada.

Puede que tengas la tentación de recluirte unos días. Como la tengan los que hoy están escuchándote leer esta carta. Si Axel ha seguido mis instrucciones, estaréis sentados ahí, Borja, Axel y Nerea, tú mismo, Rodrigo, Carlos y Gaby. Y estarán también Silvia y Carlos.

Te he dicho hace unos párrafos que lo he…

Miguel no podía seguir. Apartó la carta de Dani. Lloraba. Durante todo el tiempo una lágrima pugnaba por salir… pero ya no pudo contenerse… lloraba compulsivamente.

Silvia se levantó  se acercó a él. Le obligó a levantar la cabeza… le dio un beso en la frente… y empujó su cabeza hacia su regazo. Miguel se dejó hacer…

–         ¿Por qué Silvia?… ¿Por qué?… ¿Por qué?…

Su voz se escuchó ahogada… por los sollozos… ahogada por estar abrazado a Silvia… Borja se levantó de un salto y se abrazó a su prima y a Miguel. Axel se levantó también y se fue a mirar por la ventana. No lloraba. Ya se le habían acabado las lágrimas. Él,  hoy, jugaba con ventaja además. Era el cómplice necesario de Dani. Él único que ya sabía de su enfermedad. Al único que su muerte no constituyó una sorpresa mayúscula… aunque no fue menor el puñetazo en el estómago al encontrárselo en el hotel… al despertar… en la cama… muerto…

Rodrigo, Carlos y Gaby seguían sentados en el sofá. Tenían perdida la mirada en ninguna parte. Cada uno de ellos estaba ahora repasando sus mejores momentos junto a Dani. Los conciertos, las cervezas, las risas… aquella época en que estaba zombie… aquella época anterior a Miguel.

–         Axel… ¿quieres seguir tú con la carta, por favor?

Era Silvia la que había hablado…

–         Sí Axel será mejor que sigas tú – apoyó Nerea

–         Voy.

Axel se acercó a la mesa. Se sentó en la silla que antes había ocupado Borja. Le cogió la carta a Miguel de entre sus manos. Borja se sentó en el suelo… apoyado en el respaldo del sofá, mientras acariciaba a Jara… Silvia se quedó de pie rodeando el hombro de Miguel…

… y estarán también Silvia y Carlos.

Te he dicho hace unos párrafos que lo hemos hecho bien. Hemos creado una familia. La mayoría no tenemos la misma sangre. Pero hemos logrado unirnos como una piña. Edades distintas, gustos distintos. Y sabes, amor… me gustaría que intentaras seguir con esta familia.

Estarás pensando que esto se parece un poco a “Mi vida sin mí” esa peli de Isabel Coixet que tanto te gusta. Me la hiciste ver 20 veces… ¿recuerdas? A lo mejor no fueron tantas… jijijiji, pero de tanto verla, saqué esta idea. O de aquella otra que vimos juntos… “Postdata: te quiero”.

Pero los mismos objetivos que los protagonistas de esa peli… esos son mis objetivos. Quisiera que todos vosotros me recordéis… pero sigáis viviendo. Sigáis trabajando, sigáis tocando, sigas escribiendo Miguel. Y sigas curando a la gente… y vuelvas a amar.

Quisiera deciros muchas cosas más, pero no quiero que esto sea muy largo. Chicas, chicos, sois lo más importante que he tenido en esta vida. Os he querido a todos todo lo que se puede querer. He sido muy feliz. Y todo eso, os lo debo a cada uno de vosotros.

Os quiero. Os querré, esté dónde esté.

Quisiera pediros una cosa. Que me perdonéis. No siempre he sido capaz de estar a vuestra altura. De vuestro cariño. De vuestro amor.

Quisiera… no… solo quisiera deciros que os quiero.

Miguel, te amo. Me has hecho el hombre más feliz de la Tierra. Pero la vida sigue. Vuelve a amar. Con toda tu alma. Como lo has hecho conmigo. Mira a tu alrededor. Quizás alguien que ya conoces, te quiere. No cierres la puerta. No me traicionarás… al revés… es lo que más deseo, que seas feliz. Que vuelvas a sonreír. A amar. Es la mejor manera que puedes tener de seguir queriéndome.

Borja. Hermano… mi hermano pequeño enseñándome a vivir, a ser valiente, y a reír. Borja te quiero. No sabes todo lo que me has aportado. Eres especial. Que nadie te engañe diciéndote lo contrario. Y perdóname. No he estado casi nunca a tu altura. Y siento que te he traicionado muchas veces. Te quiero, te quiero, te quiero.

Silvia. Mi prima, mi hermana. Valiente y decidida. Te he envidiado siempre. Por tu forma de ser. Si me hubiera parecido un poco a ti, todo hubiera sido distinto. Cuídameles a todos estos. Y Carlos, como no la quieras como se merece, piensa que estaré mirándote desde dónde esté.

Gaby, Rodrigo, Carlos. A tocar. Sin descanso. Y a vivir. No seáis tan acojonados como lo fui yo.

Axel. Acabo contigo. Algunos de nuestros amigos piensan que si tú hubieras sido gay, hubiéramos sido pareja. No estoy seguro de ello. Pero sí sé que has sido la segunda persona más importante de mi vida. Y la que siempre ha estado ahí. Y sé también que te quiero con toda mi alma. Nerea… cuídamele… y quiérele… es grande el cabrón. Aunque yo canto mejor.

He pensado cientos de formas de acabar esta carta. Ninguna me ha convencido. Así que me limitaré a repetir lo mismo que ya he dicho más arriba.

Os quiero.

Miguel, amor, te amo.

Y como esto es así, quisiera… no, no quisiera. ¡Quiero! Que sigáis adelante.

Os estaré mirando.

Abur.

Axel levantó la mirada de la carta. A duras penas había podido acabar sin echarse a llorar. Miguel se levantó y se fue a una esquina del salón. Borja seguía sentado en el suelo, con la cabeza de Jara apoyada en su pierna y con las manos tapando su cara. Rodrigo y Gaby se habían abrazado. Carlos tenía la mirada perdida. Silvia cogía de la mano a su Carlos. Y Nerea miraba preocupada a Axel.

Se levantó. Debía cumplir las últimas indicaciones que le había dado Dani. Salió de la habitación, hacia la cocina.

Solo tardó un par de minutos. Volvía con una botella de cava. Y copas para todos.

Poco a poco todos fueron fijándose en lo que hacía Axel.

–         ¿Estás de coña? ¿Cava? – dijo al fin Rodrigo.

–         Parece mentira que no conozcas a Dani – contestó Axel, sin mirarle siquiera.

Abrió la botella. Ruidosamente, como le gustaba a Dani. Se escapó un poco del espumoso.

–         Voy a por otra botella, no va a llegar para todos – dijo Borja levantándose de un salto.

Otro estallido. Otro chorro de cava en la alfombra.

Llenaron todas las copas.

Todos rodeaban la mesa.

Axel repartió.

Miró a Miguel.

Borja rodeo con su brazo libre la cintura de Miguel. Silvia hizo lo mismo con Borja, mientras le besaba en la mejilla. Gaby lo hizo con Silvia, Rodrigo con Gaby… así fueron formando un círculo.

Miguel levantó poco a poco la cabeza. Miró a los ojos a Axel. Éste hizo un pequeño gesto afirmativo.

Miguel levantó su copa.

Paseo su mirada por todos. Luchaba por contener otra vez las lágrimas que pugnaban por salir. Lo consiguió.

–         Dani ha muerto. ¡¡¡ Por Dani!!!

–         ¡¡¡Por Dani!!! – contestaron todos.

–         ¡¡¡Por nosotros!!!

–         ¡¡¡Por la vida!!!

–         ¡¡¡Por el amor!!!

–         ¡¡¡Por la música!!!

–         ¡¡¡Por… por nosotros!!!

–         ¡¡¡¡¡Por Dani!!!!! – volvió a decir Miguel.

Y levantaron sus copas…

…Y bebieron…

…Y sonrieron…

Aunque los ojos… los ojos seguían llorando.

Vuela – Adrenalina33

_______

Capítulo 13 – 2º (final)

– ¡¡¡Pero serás capullo!!!

– …

– ¡¡¡¡Me has matao!!!!!

Ramón miraba a Javier con la boca abierta.

– Es algo literario. Ya sabes que los finales dramáticos venden más…

– ¡No te jode! Eso me parece cojonudo, pero haberte pegado un tiro tú…´

– Bueno, no te enfades… – Javier le miraba con una sonrisa socarrona.

– Hummmmmmm, Pero… ¿Cómo no quieres que me enfade? Mañana nos vamos a casar, y me entero por casualidad, que, en el relato que has hecho de nuestra historia, me matas…

– Desde luego mira que eres dramático… Ramón, mi amor…

– Mi amor, mi amor, mi amor… ¡Qué leches! Mi amor… ¡muerto!…

– Pero mira que eres…

– No, no… no soy nada. Yo solo se que por casualidad leo tu relato…

– Por cierto, esto… Ramón… ¿Por casualidad?

– Pura casual…

– Ramón el relato estaba en el cajón de mi mesa. Bajo una carpeta gorda, con los papeles de la casa, el gas y esas cosas.

– No me cambies de tema…

Javier se levantó del sofá en el que estaba sentado, y se fue acercando a Ramón, que estaba en la puerta al pasillo. Iba con sus manos en la espalda, y echando hacia delante su cuerpo… ligeramente. Seguía teniendo una expresión algo socarrona en su cara…

– Si estamos en el mismo tema. En el tema de que tú estás enfadado porque has cogido una copia de mi relato que versa sobre nuestra historia juntos, relato al que le he dado un  toque dramático al final. Bueno, y algún otro por en medio. Ejem. Para producir la emoción del lector, y que acaben llorando a moco tendido. Pero el caso es que tú has mirado en ese cajón… en el fondo de ese cajón… ¿Qué buscabas Ramón?

– Yo, yo… nada. No, no te acerques más… que me das miedo… Javi… – Ramón ponía sus manos por delante como para protegerse – Javi – Ramón dio un paso atrás – Javier… que no me caso mañana… Javi… No… no… ¡Javier! No… cosquillas no… Javi que estás poniendo esa cara… sí, sí, esa cara de sádico… Javi…

Y Ramón finalmente echó a correr por el pasillo, seguido por Javi, que aceleró su paso…

– Javi, Javi, Javi…aléjate… cosquillas no… no… no…

– Reconoce pues que me estabas espiando truhán.

– Que dices… ¡una mierda! Yo no recono… no… Javi… esos dedos…. ¡¡Mamón!!

Javier había acorralado a Ramón en la habitación del fondo, en la que ocupaba Rodrigo, su hermano. Habían acabado sobre su cama. Ramón echado de espaldas, y Javi sentado a horcajadas sobre él. Con sus dedos hurgando a la altura de sus riñones. Y Ramón retorciéndose de risa, mientras in tentaba quitarse de encima a Javi.

– Javi, para, para… esto debe estar prohibido expresamente por las  Naciones Unidas, por el Consejo de Seguridad ese… ¡¡¡Javier!!!

Ramón intentó escapar, con tan mala suerte que cayó al suelo, arrastrando a su chico.

– ¡Serás capullo! Mira que eres – Dijo Javi, mientras se levantaba. – No sabes ni aguantar unas pocas cosquillas.

– …

– Venga anda, levántate.

– …

– Ramón no seas bobo…

– …

– ¿Ramón?

Javi le empujó con el pie. No hubo resistencia del cuerpo de Ramón. Se quedó unos segundos dudando… creía que Ramón le estaba tomando el pelo… Volvió a empujar con el pie…

Se asustó. Rápidamente se agachó y le dio la vuelta. Puso su oído sobre sus pulmones…

– ¡¡Susto!! – Gritó Ramón levantándose de repente.

Javi se echó hacia atrás… le miraba con cara de miedo… de susto… de angustia… y de alivio, al comprobar que era una broma. Ramón le miró y se arrepintió. Vio tantas cosas en esa expresión. Vio el miedo que había sentido Javi al pensar siquiera por esos instantes que le hubiera perdido. Vio tanto amor, tanto dolor por la posibilidad de que Ramón se encontrara mal, le pasara algo…

Ramón se abalanzó sobre Javier. Le abrazó. Se pegó a él como una lapa.

– No pasa nada, Javi. Perdón, perdón, perdón… Javi… era una broma estúpida… estoy aquí Javi… mi amor… Le dio besos, y más besos…. Por toda su cara. Habla, Javi… habla…

– Joder, Ramonchu… en la puta vida me vuelvas a hacer esto… Ramón, Ramón… te… te mato como me vuelvas a gastar una broma así… eres mi vida… no podría soportar que te pasara algo, y menos por un juego estúpido…

Javi apretaba el cuerpo de Ramón, como si le fuera la vida en ello… como si necesitara estrujarle para comprobar que esos instantes anteriores habían sido solo un mal sueño…

– Hazme las cosquillas que quieras, Javi… y mátame en tu relato todas las veces que quieras… perdón, perdón… soy un niñato estúpido… no te merezco.

– No me hagas enfadar encima. Sabes que no me gusta oírte decir que eres un niñato. Y que mierda de cosquillas quieres que te haga si te dejas. La emoción de las cosquillas es que te resistas…

– A pues me resisto…

Se levantaron del suelo. Ramón se separó de Javi, pero éste no dejó de rodear con los brazos su cintura.

– Ahora no me apetece. Solo quiero tenerte así… cerca… ¿Y que coño buscabas en el cajón? ¿Eh?

Ramón apoyó su cabeza en el hombro de Javi.

– Es una bobada. Buscaba eso que vas a leer mañana en la ceremonia. Me entró curiosidad…

– No está escrito, Ramón… está en mi cabeza. ¿Quieres que te lo diga? ¿Quieres que te anticipe lo que mañana diré a nuestros amigos y family?

– No…

– ¿No?

– No – dijo dubitativo Ramón…

– ¿Eso es un sí?

– ¡Joder! Haz lo que quieras… ya me has puesto nervioso… me gustaría… no sé… por otro lado… ¡¡Mierda!!

Javi se sentó en la cama de Rodrigo. Se recostó en ella. Alargó el brazo para acercar a Ramón hacia él. Se tumbó igualmente en la cama. Javi rodeó el hombro de Ramón, y éste recostó su cabeza sobre su pecho.

– Te lo voy a recitar, aunqu…

– Hola, hola. ¿Dónde estáis tortolitos? – era Rodrigo que acababa de llegar a casa – Que mañana es el gran día… ¡¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!

– Estamos… jajajajajaja, estamos en tu habitación – contestó Javi sin poder evitar reírse.

– ¡¡Joder!! Y estaréis tumbados en la cama. Y haciendo cositas… como si no os conociera…

– No estamos haciendo cositas, bobo – contestó su hermano.

Rodrigo llegó a la puerta de la habitación y se quedó mirando la estampa de su hermano y Javi sobre su cama.

– Pues esta noche, dormís en mi cama, y yo en la vuestra. No me gusta meterme en la cama ya usada, toda arrugada. Así que, desterrados. Además, si nos debíamos cambiar la habitación, si os pasáis más tiempo en la mía que en la vuestra. ¿Os pone mi recuerdo? ¿Mi olor?

– Sí tu olor. A pies será…

– Cuidadín que eso ya no es cierto. No levantes falso testimonio, hermanito.

– Bueno, no tengo ganas de discutir, pero por si las moscas no te quites las zapas ahora.

– Eso es una declaración de guerra… – Y Rodrigo hizo amago de lanzarse en plancha sobre ellos…

– No, no… Rodrigo, déjate que ya hemos tenido bastantes jueguecitos hoy – se apresuró a decir Javi, mientras se incorporaba un poco.

– ¿Jueguecitos? – les miró con esa cara de picaruelo que sabía poner tan bien… aunque lo que vio en su cara, le hizo desistir de seguir por ese camino – Bueno, venga… os dejaré tranquilos. Voy a utilizar vuestro cuarto de baño para ducharme. Ha venido Joel conmigo, y tenemos que apresurarnos para llegar a la fiesta sorpresa que os vamos a dar.

– ¡Mierda! Se me había olvidado – dijo Javi.

– ¿Fiesta sorpresa? ¿Y lo sabes? – Y Ramón se echó a reír a carcajadas.

– Me torturó y tuve que confesar – se defendió Rodrigo.

– Anda, anda, que fama me vais a poner los dos hermanitos. Anda bobo, vete a prepararte, que si no luego no vamos a poder poner cara de sorpresa cuando nos encontremos con la fiesta “sorpresa”.

– ¡Hola Joel!. Puedes venir a saludarnos – gritó Ramón.

– Hola… esto… bueno… no sé…

– No estamos desnudos follando

– Esto bueno…

– No le pongáis nervioso, capullos. – terció Rodrigo. – Por cierto, veo que le has enseñado el relato ¿qué te pareció hermanito?

– Calla, calla, que casi no nos casamos mañana porque se ha enfadado porque le he matado. ¿Tú te crees?

– Ya te dije que mi hermano es bobo. Pero tú como estás encoñado con él no le ves los defectos. Y ya lleváis con la tontería casi 4 años.

– Oye, Rodri, cuidado, o duermes en la calle.

– Ya llamaré a Chus para que me deje dormir en su habitación.

– Sí, sí, eso será sorteando los perros de presa que han puesto tus tíos para que no contagiemos a nadie nuestra enfermedad.

– Que exagerado eres. A mí me tratan bien.

– No te jode, porque no les has dicho que ese chico que está colorado como un tomate sentado en el salón, no es tu compañero de clase, si no tu novio. Vete dónde tus tíos y diles que Joel, es tu “novio”. Y luego me cuentas. ¡Ja!

– Ya se lo dije, y no pasó nada.

– Porque se pensaron que era una tontería tuya para solidarizarte conmigo. Joel, ven aquí, y besa a Rodrigo, así tengo una foto para mandarles a mis tíos… ¡¡la prueba del delito!!

– Javi, tenías que haberle matado tirándolo desde un acantilado o así. Ya te dije que merecía una muerte más dolorosa.

– ¿O sea que Rodri había leído la historia? Pero…

– Pero nada. Ha sido mi corrector. Sí, sí, no me mires así…

– Mi hermano y mi cuasi-marido conspirando contra mí… ¡¡y me matan!!! Esto es una conspiración para delinquir… esto es muy grave. Os pasaréis la vida entre rejas… ja, ja, ja.

– Pero que mala es la televisión – dijo riéndose Javi.

– Menos mal que al menos, el nombre que me habéis puesto me gusta más que el mío. “Daniel” me gusta.

– Por eso te lo puso capullo. Qué todavía no te has enterado que tienes un marido que no te lo mereces, que te mima y se queda con cualquier detalle que digas… y si no investiga para darte gusto… ¿Harás lo mismo conmigo, Joel?

– Eh…

– No hagas caso a nadie de esta casa, Joel. Ni caso. Rodrigo,  entre tú y tu hermano me le vais a asustar. ¿Quieres tomar algo? Vete a la nevera y tienes Pascual Tropical, y tienes pan y Nocilla en la repisa de al lado de la nevera.

– Si sabe hasta lo que le gusta a mi novio. Javi, si te cansas de mi hermano yo quiero ser el siguiente en tu corazón.

– ¿No ibas a ducharte? ¿Eh? Y ponte guapo para la fiesta sorpresa, que no quiero que me dejes en ridículo. Joel, estás guapísimo, por cierto.

– ¿Ridículo yo? ¿Yo? Flipas tío. ¿Qué te has metido hoy? Y no tires los tejos a mi novio…

– Rodri, vas a llegar tarde – apuntó Javi – ¿Le estás tirando los tejos a Joel?

–         Si tienes razón.

–         Que bobos sois los dos – dijo con cara de falsa indignación Ramón.

Y Rodrigo salió sin perder tiempo y quitándose la sudadera hacia el baño que había en la habitación de Javi y Ramón.

– ¿Has encontrado la Nocilla? ¿Joel?

– Sí, sí… no te preocupes, Javi, gracias.

– ¿Te gusta más Miguel que Javier?

– ¿Por?

– Me has cambiado el nombre en el relato por uno que me gusta más que el mío. No recuerdo haberte oído que te gustaba más Miguel que Javier.

– Quizás no hayamos hablado nunca de ello. De todas formas, me gusta mi nombre. Pero para el relato, me pareció mejor cambiar los nombres.

– ¿Borja le gusta más a Rodrigo que su nombre?

– No, solo elegí el nombre de un amigo mío al que quiero mucho. Como el de Edu, que le cambié por Axel, o el de Chus, por Silvia.

– De todas formas, aunque me hayas matado, cosa que dicho sea de paso, no estoy seguro de perdonarte nunca… pero nunca… me has descrito mucho mejor de lo que soy. No tengo tantos amigos, ni me quiere tanto la gente. Ni soy bueno en nada…

– No tengo yo esa impresión, Ramón. No es así. Creo que en muchas cosas, no te he hecho justicia. Eres muy inteligente. Y valiente. Tu hermano te adora. Chus igual. Se ha enfrentado con sus padres por no perder el contacto contigo. Edu… Eduardo daría la vida por ti. Tampoco me he atrevido a reproducir todas las cosas que me contó de ti en los muchos días que charlamos cuando tú estabas en coma. Todo lo que habías hecho por él, y como te quería. Y los chicos del grupo, Carlos, Rodrigo y Fermín. Estela te adora. Podría seguir así… el mismo Joel te idolatra.

– ¿Y tú?

– Yo…

Habían llegado al salón mientras hablaba. Joel estaba en la puerta de la cocina. Rodri llegaba del baño con una toalla en la cintura, y secándose su melena con otra. Javi cogió de las manos a Ramón. Las subió hasta su boca, y besó primero una, después la otra.

–         Yo… Ramón, yo… te amo. Podría decirte esas dos palabras gritando a los cuatro vientos. Podría decirlas en voz alta. Podría repetirlo miles y miles de veces seguidas.  Podría decírtelo en verso. O con una melodía. O susurrándotelas al oído al levantarme cada mañana. O con una mirada. O con un roce de mi mano sobre tu mejilla. Un día, no quiero acordarme de cual, porque aunque te encontré, estuve a punto de perderte, te encontré, digo,  por fin,  en medio de una carretera, con un charco de sangre a tu alrededor. Era tu sangre. Me obsesionabas desde hacía meses. Ese otro día anterior que te encontré arriba, en el escenario, después de semanas de haberte perdido, volví a revivir. Pero te perdí entonces otra vez. Soy cobarde. No era capaz de enfrentarme a ti y que me dijeras que no.

–         …….

–         Pero esta vez fue la definitiva. Quizás porque era muy evidente que necesitabas de mis servicios y mi profesión me obligaba a acercarme a ti e intentar que te recuperaras. Ahora que lo pienso, a lo mejor debería agradecer al conductor que te atropelló… no, bueno… era una pequeña broma… perdona.

–         …

–         Esos días en que estuviste dormido, me era difícil hacer otra cosa que pensar en ti, y en las posibilidades de que despertaras. A la vez tenía dudas… la razón me dictaba que era una locura… mi corazón me pedía que me lanzara al abismo contigo. No te conocía. Pero Rodrigo fue desgranando todo lo que te quería. Y luego vino Eduardo. Y Chus. Y fueron pasando por allí muchos de tus amigos… y me mostraron a un Ramón que, ni en el mejor de los sueños hubiera pensado que… fuera tan perfecto. Tan maravilloso. Tuve miedo. Yo no parecía estar a la altura. Pero Eduardo por un lado, y Rodrigo por otro, no me dejaron que me achantara. Porque decían que, tú me amabas. Que por algún misterio del universo,  no podrías vivir sin mí. Y ellos no estaban dispuestos a renunciar a ti. Fui valiente, por una vez en la vida, y te declaré mi amor. No lo escuchaste… mejor… no dije más que tonterías.  Y despertaste. Y… la primera vez que vi tu mirada posada en mis ojos… supe por primera vez en la vida,  lo que es amor, lo que se siente cuando se es amado… lo que es la felicidad.

Javi hizo una breve pausa. Cogió resuello… y siguió.

– Quisiera que tuvieras esta historia que he recopilado para ti.

Diciendo esto, se giró y cogió el libro que le acercó Carmen, su hermana. Rodrigo le miraba con una sonrisa de felicidad y de orgullo, al otro lado de Ramón. Estaba guapísimo con el chaqué que se había comprado para ser el padrino de la boda de su hermano. Javi le dio el libro a Ramón, que hacía ya tiempo que estaba emocionado.

– Ayer te dije más o menos estas palabras. Ayer viste más o menos este relato que te entrego hoy. Tranquilo, el final que leíste ayer, era solo para picarte. Siempre me has dicho que debería escribir. Este es el primer libro que escribo. Y quizás el último.  Tu historia. Nuestra historia. Una historia que ahora tienen también todos los que están en esta ceremonia. Nuestros amigos, nuestra familia. Son casi 50 páginas. Aunque, sabes Ramón… – y diciendo esto volvió a subir su mano derecha, y volvió a besarla – sabes Ramón, esos 50 folios, podrían resumirse en dos palabras: “te amo”.

Fue ahora  Ramón quién cogió las manos de Javi. Las puso sobre su corazón, y acercó sus labios hasta los de él… y le besó.

– Nunca he escuchado palabras tan bonitas, sentimientos tan profundos como los que hoy os he escuchado a vosotros – era Luis Escribano, el concejal que oficiaba la boda de Ramón y Javier, mirándoles alternativamente – Por el poder que me otorga la Ley, yo os declaro, unidos en matrimonio. Podéis besaros… todavía más de lo que ya lo habéis hecho.

– ¡¡¡¡Bravo!!!! ¡¡¡Vivan los novios!!!!

Fue Rodrigo quien inició el grito. La sala del Monasterio de San Juan de Burgos, dónde se celebraba la ceremonia, estaba abarrotada de invitados. Todos aplaudieron. Los vivas se iban repitiendo. La secretaria del Ayuntamiento que actuaba para dar fe de la unión, miraba la escena con sorpresa y alegría. El oficiante, aplaudía con los demás invitados. Le habían dicho que iba a ser una boda especial, pero, nunca se imaginó que lo iba a ser tanto.

Ramón y Javier se unieron en un abrazo. Se unió Carmen. Y Rodrigo. Subió Eduardo a la tarima, a quien a partir de leer el libro de Javier, algunos llamarían Axel, y también se unió al abrazo. Chus, Rodrigo, Carlos y Fermín, los otros miembros del grupo de Ramón, subieron también. Eloy, un amigo de Ramón. Del colegio. Joel, al final se atrevió a unirse… mientras los demás invitados, iniciaron una cerrada ovación.

– ¡¡Vivan los novios!! – gritó el oficiante

– ¡¡¡¡¡Vivan!!!!

Y volvió a sonar una vez más… “Vuela”, de Adrenalina33. Esta vez sonó en directo, no como las otras veces que sonó en un libro. “El concierto” se titulaba. El libro.

Vuela – Adrenalina33

7 pensamientos en “El concierto. (completo)

  1. Tambien muy bueno, la verdad q me salieron un poco las lagrimas con el 2do final jajaja, no esperaba elverdadero final……….Saludos..

  2. Cuando vi lo largo que era el relato pense en leerlo a ratos y por capitulos, tal y como esta escrito, luego fue imposible y acabe por leerlo del tiron, fueron casi 3 horas en las que lo he sentido con muchas flucctuaciones y altibajos, y es bueno porque asi he podido disfrutar mas los momentos intensos. Queria decirte que han sido 3 horas muy emotivas , llenas de sentimientos , me ha encantado leerlo. Gracias
    Un abrazo fuerte

    • pucho, pues poco puedo decirte, más que darte las gracias por leerlo. Y me alegra que te haya gustado hacerlo.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Pingback: Se acabó. La Semana del libro 2012. « el rincón de tatojimmy v.2.0

  4. GENIAL, SIN DUDA, GENIAL, ENTRETENIDO, AMOROSO, RECURSIVO, EXPECTANTE, ESPERANZADOR, RECONFORTANTE Y MUY BIEN ESCRITO…
    F E L I C I T A C I O N E S…!!!

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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