Seman de las artes: Tadao Andō, Arquitecto Autodidacta. Por Dídac.

 

La serenidad de la geometría es quizás la definición que más se ajuste a la obra de este japonés, ex boxeador y autodidacta en la arquitectura, disciplina que muchas veces se presenta como una manufactura especulativa plena de soberbia y carente de sensibilidad, al servicio de la máquina de hacer dinero.

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Tadao Andô, nacido en Osaka, Japón en 1941, fue boxeador amateur; ya por entonces sentía una atracción especial por el diseño, lo que lo convirtió en arquitecto vocacional; colgó pronto los guantes para dedicarse a dar forma al hormigón. Este es uno de sus materiales imprescindibles para entender su obra, así como los elementos que orquestan los sentidos luz, agua y aire; en suma, una apuesta por la naturaleza y sus factores. Una de sus obras más interesantes la iglesia del Agua, es una excelente muestra para situar con precisión su manera de entender y desarrollar la arquitectura.

Iglesia del Agua

Desarrolla su trabajo enfatizando en las formas geométricas esenciales con una capacidad de armonización que está fuera de lo corriente. Pero además, consigue equilibrar estos caminos geométricos llenos de elegancia con los elementos representativos de la naturaleza dotando de una forma equilibrada todo esa imagen de complementariedad en sus proyectos, así como plasmar para la vista y el disfrute de la obra una percepción que sitúa al espectador y al usuario en su justa medida.

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Naoshima en Japón Contemporary Art Museum

Ya desde sus comienzos, la apuesta de Andô se centra en expresión neutra, las formas simples y el espacio puro. Se trata de una creación arquitectónica con notables dosis de ascetismo, una búsqueda sin enredos de lo espiritual en la naturaleza del espacio, mientras desestima el juego formal y la ostentación. El placer visual es el resultado de un conjunto de sensibilidades. La utilización de los materiales se aleja del abuso, incluso su preferencia por el hormigón no pesa en la contemplación de su obra. De esta forma, Tadao Andô consigue que el espacio adquiera el protagonismo total en sus construcciones. Al observar su obra “Capilla sobre el agua” realizada en 1988, la impronta primera es la sencillez y el papel que el paisaje integrador juega en la obra. Está situada en un llano en mitad de las montañas Yubari, en Hokkaido. Su planta consiste en dos cuadrados solapados de diferente tamaño. El edificio está encarado hacia un lago artificial creado al desviarse un arroyo cercano.

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Teatro Poly Grand en Shangay

Formas puras y materiales sencillos para una integración paisajista, Andô diseñó el pabellón japonés de la Expo del 92 en Sevilla, una pretérita obra en madera, pero su conceptualización arquitectónica precisa de paisaje, su arquitectura no forma parte de la naturaleza: se equilibra con ésta para juntas hacer una síntesis, un juego visual.

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Mamá.

Recuerdo aquella mirada tuya: la ultima. Muchas noches me voy con ella a la cama. Me decías tantas cosas con ella.

Me decías lo mucho que me querías y lo que sentías dejarme. Sí, porque tú sabías que te ibas. Lo supe en cuanto volví y te encontré en el suelo. Diez minutos pasaron, no más. No pude ni batir los huevos para una tortilla.

Me decías que lamentabas dejarme en este mundo, sin tu protección. Eras débil pero fuerte a la vez. Eras débil pero sacaste siempre las uñas por los tuyos. Venciste tus miedos, ahora lo sé, entonces no lo entendía. Quisiste a tu marido mucho, tanto que le protegiste asumiendo como propias decisiones y opiniones que eran suyas, no tuyas. Creo que supiste siempre que te ibas a ir antes y que íbamos a tener que cuidar de él, como así fue. Y me dijiste, con aquella mirada que mi padre iba a ser cosa mía, porque los demás iban a pasar, como ya pasaban.

Y pasaron.

Bueno.

Me pediste perdón por ello.

Y quizás por no ser capaz de entenderme.

Yo tampoco te entendí.

Pasamos malos tiempos en los que no nos hablábamos. Pasamos malas épocas en que ni nos mirábamos si nos encontramos. No fue agradable. No se si mereció la pena. No saqué nada en claro de aquello. Ni una ventaja. Ni fui más feliz. No sé si las decisiones que he tomado en la vida han sido adecuadas. Creo que no.

Podía haber pasado sin ser así, o de otra forma. No debería haberte echo caso en algunas cosas, aunque en otras debería haberte llevado la contraria. Creo que lo hice todo al revés. Como entenderte mucho después de que te fueras. ¿De que me sirve eso ya? Si te hubiera entendido cuando estabas, no hubiera hecho algunas cosas y hubiera tomado otras decisiones. Discutes, te pones a la defensiva con tu gente, ¿para qué? ¿Por qué? No, no mamá, no he estado acertado. Te echo mucho de menos para hablar contigo de ello. Quizás ahora hubiéramos podido hablarlo todo y nada. Pero no estás y cuando estabas, no podíamos hacerlo. Tú te ponías, yo me ponía y gritábamos y discutíamos y al final, no nos hablábamos.

Muchos días necesitaría un abrazo tuyo. Un beso. O dos. Necesitaría verte y sentarme a tu lado. Velarte como no te velé cuando pude. Tampoco querías que lo hiciera, no querías ser una carga. Yo tampoco. Creo que en muchos momentos lo fui para ti. Una decepción. Y te fuiste preocupada. Ahora lo se. Y no te faltaba razón. No se enfrentarme a la vida. Pero no es culpa tuya, es mía y solo mía.

No me encuentro, mamá. No soy capaz de encontrarme. Estoy perdido. Y sabes lo peor: me he dado cuenta que estoy solo. Muy acompañado, pero solo. Y que no sé apreciar ni el cariño y la alegría que dan los niños. Tus nietas. Te hubieran gustado.

En fin.

Todo esto se me ha ocurrido hoy, en tu día. Tenía que haber ido a trabajar y me he quedado viendo la tele, que si el clásico, que si el Real Madrid, que si Iniesta arriba o abajo. Si no te gusta el fútbol, me dirás. Y es cierto, no me gusta. Pero mamá, en realidad miraba pero no lo veía: pensaba en ti y en mí. Y que a ti si te gustaba. Tu Atletic de Bilbao. Sabes, ahora vería los partidos contigo. A lo mejor me hubiera acabando gustando el fútbol.

Bueno, mamá. Seguiré durmiéndome con esa mirada tuya. Con tus manos entre las mías y asegurándote que no tardaba nada en preparar la comida. Una comida que nunca acabé de preparar. No importa. Ahora tampoco soy capaz de preparar ninguna.

Que pena mamá que nos demos cuenta de como es la gente que queremos cuando se va. Ahora ¿qué más da? Ya no hay solución.

Y encima no me dejaste la receta de la tarta de queso.

Da igual. Se me ha estropeado el horno hace un mes y todavía no he llamado a que lo reparen.

Te echo de menos.

Mamá.

Semana de las artes: el arte de la fotografía.

Y como objeto primordial, el hombre.

 

Ahora todos tenemos teléfonos que incluyen una cámara de fotos. En muchos de ellos, con buenas cámaras, con muchas posibilidades. Todos somos fotógrafos. Algunos saben algo de pixeles, de ISO, de grandes angulares o de zoom. De aperturas del diafragma o de velocidad del obturador.

Pero todos no somos grandes fotógrafos. A pesar de tener una bune herramienta y de tener algunos conocimientos.

Está el arte. La manera de mirar por el objetivo Ese intangible que convierte una misma imagen en una gran fotografía o en una simple fotografía. Y si a ese talento, le unimos el trabajo de buscar un entorno atractivo o con mensaje, una colocación de la escena interesante, la luz adecuada para conseguir el efecto que queremos transmitir, todo eso sí, convierte a al fotografía en arte.

Nos pueden gustar los paisajes, o los retratos. O como en este blog, podemos sentir predilección por el cuerpo del hombre, por sus curvas. Pero  no todas las imágenes de ellos, de los hombres atractivos, son igual de estimulantes, en el aspecto espiritual y formal.

He recogido en este post distintas visiones de la vida, que tienen como objetivo al hombre. Distintos fotógrafos, distintas visiones. Algunos de estos fotógrafos con estilos muy definidos. Otros, más maleables al mensaje que quieren transmitir en cada trabajo. Pero creo que todos interesantes.

El Arte, las Artes.

Arte.

Es un palabro, un concepto muy complicado de explicar. También muy subjetivo.

El arte implica belleza. ¿qué es bello? A mí me parecerán unas cosas bellas, me llamarán la atención unos cuadros determinados o unas esculturas. Hay músicas que a ti te emocionan y otras que a mí si lo hacen, a ti te son indiferentes, incluso molestas.

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Judy Garland – Over The Rainbow

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El arte podemos definirlo como una actividad, un producto que busca una finalidad estética. Busca emocionar, busca comunicar. Busca embellecer. Adornar. Sublimar la condición humana.

Cada vez que llega esa gran manifestación cultural que es Arco en Madrid, vemos las polémicas que hay con determinadas manifestaciones artísticas. Productos artísticos. Productos suena como comercial, pero el arte se vende, se compra. Se pagan a veces cantidades exorbitantes. Otras se tira a un contenedor de basuras.

Con algunas manifestaciones artísticas se acaba en la cárcel. Se puede morir asesinado o ajusticiado, dependiendo de sitios en el mundo. O de épocas en nuestro mundo. A lo largo de la historia se han hecho grandes piras funerarias alimentadas por libros que ofendían a algunos. El arte, la cultura, es también una forma de intentar dominar a los ciudadanos. Por los que lo practican y por los que lo denostan. Por la autoridad o por la oposición. Podríamos decir que a veces se utiliza como forma de márketing de las ideas políticas o sociales.

Es complicado. El arte implica muchas cosas.

Pero digamos que es un concepto que es característico del ser humano. Si ves un cuadro que te gusta, no te digo que te produzca orgasmos de placer pero puede conseguir hacerte sentir mejor. Puede conseguir relajarte o animarte. Una fotografía, un edificio, la música. Esas canciones que te gustan, la tuya y de tu pareja, esa que bailasteis la primera vez, o la que sonaba cuando os conocisteis o cuando os declarasteis vuestro amor. Esa otra canción que te emociona y no hay razón externa que lo justifique.

El cuerpo humano es un lienzo. Y es un objeto de arte también. En este caso hablamos de hombres, que es lo que nos incita más en este blog. Un cuerpo bien trabajado, bien proporcionado. Lo cuidamos, nos hacemos un piercing, un tatuaje:

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Nos peinamos de determinada forma o nos dejamos las uñas largas y las pintamos de bermellón. Es también arte. Y nos vestimos con ropajes estupendos que realzan nuestros ojos, o la forma del torso, o nos marcan los muslos.

La fotografía, la pintura y el dibujo. Sus nuevas manifestaciones que llegaron con la era digital, esos grandes ilustradores de ahora que utilizan en lugar de pinceles y lápices, ratones y ordenadores.

La arquitectura. La escultura.

El baile, la danza.

La literatura.

El cine, la televisión.

El arte debe emocionar de alguna forma. Creo. Por eso muchas veces no nos ponemos de acuerdo en lo que es y no es. Pero la gracia está en que a mi no se me ocurra matar tu arte y a ti no se te ocurra matar el mío.

Este escrito, podría ser muy largo. Podría cambiar según el día. Podría ir añadiendo párrafos y párrafos hasta el infinito. Quizás lo haga. Quizás si mañana entras y lo vuelves a leer, algo ha cambiado. Quizás quieras tú mismo añadir algo. Opinar. Bueno, aquí estamos para ello.

Hablemos pues durante unos días de arte. Veamos bonitas fotografías de hombres, de cuerpos de hombres, ya en sí mismos una obra de arte. Hablemos de libros, de música. Escuchemos música. Veamos algún corto, o largometrajes. Sintamos y emocionémonos. Para eso somos hombres. Para eso tenemos la capacidad de emocionarnos.

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Diario de un hombre sin nada que contar. 67ª entrada.

López es como su madre. Me repele. Oriol y Pol son de otra pasta. No sé a quién se parecerán. A su padre no, gracias.

López en el salón de su casa. No nos quería abrir. Didac se puso enérgico. Si Didac se pone serio, mejor no contrariarlo. López lo sabe. Al final, abrió.

Mejor no describir la casa. Desordenada, sucia. Hacía semanas que no ventilaba. Olía a sudor y a sexo. Con lo limpia que había estado siempre. Lo ordenada.

No puede ser. No entiendo esta caída al precipicio. Otra vez.

No lo entiendo.

No sé que me extraño. Pasó cuando se fue Elvira. Tocó fondo. Eso no quiera decir que despuntara y se recuperara. Soy un iluso, a veces. Me lo dice siempre mi mujer.

Desvarió un rato. Le dejamos hablar. Nosotros callamos.

Dijo algo de Justin. Sobre el sifonier del salón, vimos un calzoncillo azul, como el que dijo Justin a Didac que le había hecho ponerse. Disimuladamente me levanté y me lo guardé en el bolsillo de la americana.

Es un buen cachorro, dijo. Lástima que no sea mi tipo.

Pensamos que se refería a Justin.

Pues déjalo, dijo rotundo Didac, después de dejar durante unos instantes que el silencio se apropiara de la escena.

Es él. Lo juro. Me persigue.

Ni nos miró al decirlo. Pegó un trago de whisky.

Me quedé mirándolo. Ahora me daba asco. Desaliñado, en camiseta de tirantes de las cutres. Mal afeitado. Como algún día hace no tanto tiempo, me pude liar con ese espécimen. Que desesperado debía estar. Yo. O no. Él había cambiado mucho. O no. Desesperación. La huida de su mujer lo desarmó. No estaba preparado para volar solo y menos cuidar a sus hijos. No lo sé. Me siento tan lejos de él ahora. Nada de hacer el pino en el sexo. Ni de sexo telefónico. Como al principio de este diario. No hace dos años. Mi primer amor. Era mi confidente. Mi apoyo. Era mi refugio de sexo y compañía cuando acuciaba la añoranza por los sueños perdidos en aquel granero de nuestro pueblo. Por mis padres intransigentes. Lo que tardé en aceptarme. El miedo. Todo lo perdido en una vida falsa.

He tenido suerte, lo he pasado. No del todo. Tengo mis momentos. López ha tenido peor suerte. Se autodestruye. Quiere proteger a sus hijos de él. Por eso los echa. No sabe hacer bien ni eso.

Vamos a adoptar a Pol y Oriol. Didac se lo suelta sin anestesia. Es lo que querías desde un principio. Yo callé.

López discutió. Dijo que no, de eso nada. Sus hijos eran sus hijos. Presumió de amor de padre. De que los chicos me necesitan. Repitió y repitió la monserga.

Yo callé. Callamos los dos.

Se levantó de su butaca y paseó nervioso por la habitación. Encendió un cigarrillo. Movía mucho las manos. Llegó un momento en que me hartó tanta falsedad. Lo conocía. Quería salvar la cara. Protestar y poder decir que había sido en contra de su voluntad. Sus ojos decían otra cosa. Estaba feliz. Me levanté y me enfrenté a él.

Diremos que te has opuesto. Haremos el paripé. Pero calla. Te conozco. No me insultes. Y mañana le dirás a Justin que se acabó.

Fue a protestar. Le encaré con el dedo amenazante, a dos palmos de su jeta. Nos quedamos mirándonos un rato. Mi mano temblaba de rabia. De buena gana le hubiera dado de cachetadas. Por imbécil. Se iba a perder lo mejor que tenía en su vida. Había echado a sus dos mejores bazas en su vida. Ahora se quedaría solo de verdad. Con sus hijos despreciándole. Oriol y Pol tenían suerte. Otros casos acaban mal, porque no hay nadie para recoger los pedazos de los chicos. Durante un momento pensé que mis propios hijos podrían haber pasado por algo igual si no hubiera sido por su madre. Tuvieron suerte de que fuera Teresa y no Elvira. Me agobié pensando en la posibilidad de que las cosas hubieran sido distintas y haber sido yo el que cayera en el abismo.

Didac se acercó a mi por detrás. Me tocó suavemente el hombro. Tardé en darme cuenta. Me relajé. López hizo lo propio. De repente parecía mucho más pequeño. Pero liberado. Volvió a su butaca, volvió a su copa.

Nos dimos media vuelta y nos fuimos. Me costó ponerme el abrigo. Temblaba de rabia, de impotencia, de miedo. Estaba asustado. Por el pasado. Por lo que podía haber sido de mí y de mi familia. Si Teresa hubiera muerto en aquel accidente que tuvo, por ejemplo. Aquellas semanas de convalecencia casi acaban conmigo.

Ya en la calle me senté en un banco. Estaba nevado, pero no me importó. Didac se sentó a mi lado y rodeó mi hombro con su brazo. Fue pegándose a mí poco a poco. Hasta que hundió mi cabeza en su pecho. Cuanto ha cambiado Didac en poco tiempo. Antes tan parco en gestos así. Tan aparentemente desapegado de la gente. Carantoñas son pamplinas, parecía decir. Sexo y ya. Amigos y ya. Dejar correr el aire durante el día, salvo si se trata de un buen polvo. Ahora me acuna. Me abraza. Desde que empezamos a intimar, hace ya unos años, me demostró siempre su apoyo, su presencia, pero con una distancia. Cuando empezamos nuestra relación, fue poco romántico, dejando correr el aire salvo en el sexo, que ahí sí, estábamos bien pegados. Creo que me quiere de verdad. Me ama de verdad. Me ama. Que suerte tengo. Me ama tanto que ha ido cambiando sus costumbres por mí. Casi imperceptiblemente. Hasta ese momento no fui consciente de todo ello. De la suerte que tenía, que tengo, de que esté junto a mí en la vida.

Deberé darles las gracias a todas esas parejas frustradas que me dejaron. Si no hubieran huido de mi lado, ahora no estaría con él. A pesar de que es del Barça. Aunque quizás con el tiempo le cambie de acera en ese punto.

Me solté del abrazo de Didac. Le sujeté la cara con mis manos heladas y le di un beso en los labios. Le acaricié las mejillas. Le sonreí. Le dije “Gracias”. Le dije: “Te amo”. Y él me dijo: “Te amo, Néstor”. No dijo “Yo también”. Dijo: Te amo, Néstor.

Volvimos a casa caminando despacio. Nevaba y el suelo estaba resbaladizo. Pero Didac me sostenía.

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Néstor G.