¡¡Atención!! “Esto no es una cita” se estrena en Madrid.

Os hable de “Esto no es una cita”, hace ya unos meses.

Pincha y recuerda.

jimmy060813-esto no es una cita - cartel

Virpink ha tenido el detalle de indicarme que esta película, que os recomendé encarecidamente, que os conminé a verla con pena de daros el coñazo durante toda la eternidad, al final, ha conseguido que sea estrenada aunque solo en una sala, en Madrid, el 20 de septiembre. Lo dicen en el blog de cine español.

Solo hay dos semanas para verla. Así que id haciendo planes. Yo voy a ir a Madrid a verla.

Os doy algunos nombres:

Dirige: Guillermo Gorizard.

El Guión es de: Pablo Flores.

La Pareja Protagonista: Virginia Rodríguez y Darío Frías.

jimmy060813-virginia rodriguez y dario frias

Otros actorazos: Fernando Cayo, Alexandra Jiménez, Jorge Pobes, María Galarrón, José Ángel Trigo, Carlotta Cosials, Gerald B. Fillmore.

¿De qué va?

Pues una comedia. Chico quiere a chica. Chica no quiere a chico, sino a su ex. Su ex no quiere a chica. Los amigos de la chica insisten de que quede con chico para olvidar a su chico-ex. El chico también tiene chica-ex, que quiere volver con chico. Pero chico no quiere.

¿Y por qué dices, Jaime, que hay que ir a verla si no la has visto?

Porque conozco a Pablo Flores y sé como escribe. Y me gusta como escribe. Mucho. Y esta película la ha escrito él, así que, siguiendo la argumentación, la película va a estar bien. Nos lo vamos a pasar “de cine”.

Porque la ha hecho un grupo de gente animada por la historia, con cuatro duros, poniendo el alma en ella. Y así, las cosas salen bien.

Porque tiene grandes actores. A casi todos los conoceréis, aunque el nombre no os suene. Otros si os sonarán, como Virginia Rodríguez, Fernando Cayo (qué genial en “La caída de los Dioses”, en el Matadero de Madrid) , María Garralón. Alexandra Jiménez. Jorge Pobes. Son asiduos en televisión.

jimmy060813-fernando cayo

Porque al director le debemos grandes series de televisión, como Compañeros, o Policías, en el corazón de la calle, dirigió algunos episodios de Águila roja, y muchas otras.

Porque es una comedia para reír, y no nos sobran motivos para ello. Y la risa da vida.

¿Alguna razón más?

¡Ah! sí, para que no os de el coñazo.

Os pongo otra versión del tráiler.

.

.

Hablaremos más de “Esto no es una cita”.

La web de “Esto no es una cita”.

El Facebook,

PD. Gracias  virpink por el aviso y felicidades por los premios. 😉

Hay que ir a ver “Esto no es una cita”, la peli.

jimmy080413-esto no es una cita - cartel

No sé cuando se estrena pero… en cuanto esté en cartelera, hay que ir a ver esta peli.

Sí, sí.

El guión es de un amigo.

Así que ni se os ocurra no ir a verla en cuanto se estrene. Ya lo he dicho antes, es más solo he dicho eso, pero… es que deseo que quede bien fijada la idea: hay que ir a ver esta película.

Seguiré informando. Esto quiere decir que o vais a verla, u os aburriré.

Podéis seguir su Facebook, y visitar la web.

París: el día en el que todo pudo ser distinto.

Banda sonora del relato a cargo de Dídac.

Dale al play.

Ese día todo pudo cambiar.

Levanté la vista. Quise mirar por la ventana, pero no la encontraba. Miraba hacia ella, pero… no la veía. Sostenía esa foto antigua en las manos. La giré un momento y vi la fecha del reverso: 28 de octubre del 2010.

Suspiré. Intentaba con ello controlar ese algo que salía de dentro, que me removía… pero no lo conseguí y el llanto acabó por descontrolar mi pose y acabó por llenar mis ojos de lágrimas.

– ¡Joder!

No debía haberlo hecho. No. No debía haber sacado esa caja de fotos. Esa misma caja de fotos que estuvimos mirando los dos, justo el día antes.

Esa foto le hizo llorar a él también aquel día.

– ¡París! – dijo con esa cara de soñador ilusionado con la mirada perdida en ningún sitio, pero en dirección al cielo – siempre quisimos ir a París.

Miró el calendario y suspiró.

– 28 de octubre.

Otra vez la cara. Otra vez esa luz en su mirada. Impotencia en la mía.

– 28 de octubre – repitió.

Y lo volvió a decir después, al cabo de unos instantes que parecieron horas. O a lo mejor fueron horas, y la vida pasó sin dejar huella.

– Hace 37 años – dijo al fin para dar por terminado un silencio que amenazaba con volverme loco.

Esa mirada, esa luz… tan pocas veces se la vi…

Aunque quizás no sea justo. Porque se la vi el día que nos conocimos. Yo era joven, muy joven, un poco loco, muy loco, dispuesto a poner al mundo a mis pies y pisarlo si fuera necesario.

Él no era joven ya, al menos eso decía su DNI. Qué bobada, porque él en realidad era tan joven como yo, tan loco, tan ilusionado. Y con tantas ganas de amar como las que tenía yo.

Nos miramos. Estaba nublado. Empezaba a nevar.

Sí, me miraba con esa luz, con esa ilusión, con esa… vida. Y en lugar de poner al mundo a mis pies, solo pude ponerme a los pies de Fran.

Hablaba siempre de ir a París. Tenía esa foto vieja, ajada, en la mesilla, sujeta por una pequeña rendija en la madera. La mirábamos a veces al levantarnos los domingos, perezosos y juguetones, sin prisas…

– Un día iremos, amor.

Yo lo miraba y no me atrevía a preguntar por qué no cogíamos un avión y nos íbamos en ese momento, sin problemas. No había ningún impedimento. De hecho habíamos viajado por medio mundo… viajes organizados y de ”vamos al aeropuerto y cojamos un avión, el primero que salga”. Pero nunca era un vuelo a París, y París quedaba relegado al tema de conversación, de queja o planes de futuro del domingo por la mañana, juguetones y remolones al levantarnos de la cama, y desayunar a las 3 de la tarde. Y volvernos a la cama para simplemente estar.

Me gustaba estar recostado en su pecho. Él jugueteaba con mi cabello, yo rozaba con mis dedos su pecho. De vez en cuando me apretaba más a él, lo abrazaba… y así pasábamos la tarde, los dos en la cama, con la foto de París en la mesilla. Quizás una suave música de fondo.

Un día la foto desapareció de allí. Quizás desaparecieron muchas más cosas que al igual que la foto, tardé en darme cuenta. Quizás porque no quería darme cuenta. Otras muchas cosas aparecieron, pero… tampoco quise darme cuenta.

Miento. Supe todo desde el principio. Fui consciente de todo. Pero no quería saber e hice todo lo posible porque no fuera así, porque no penetrara en mi ser, en mi ánimo. No lo conseguí aunque fingí hasta el final. Él tampoco se lo creyó, lo leí cientos de veces en esos ojos expresivos que me enamoraron una tarde de enero, en aquella cafetería, nevaba fuera.

Cuando Fran estaba ya muy enfermo, un día sacó esa caja. La caja de las fotos.

Las miró despacio, paladeando su esencia de vida.

Recuerdo que le traje un caldo caliente que había preparado Sara. Apenas lo probó.

– París – dijo despacio. Tenía la boca seca.

– 28 de octubre – bebió un trago del caldo, quizás porque tenía la boca seca.

– Hoy es 28 de octubre. – miraba a la foto, no me miraba a mí – Hace 37 años que la vi y me enamoré de ella. Viajé en el tren nocturno. Llegué a la estación de Orly. Llovía y había una ligera niebla. Ella estaba allí. Esperaba pero no a mí.

Fran se calló.

– Aunque fue a mí a quién encontró – sonrió triste.

Otra vez esa luz en sus ojos, como aquel día que renuncié al mundo para estar junto a él. Me sentí romper un poco, porque esta vez no era yo su destinatario.

– Pasamos unos días maravillosos – seguía contando, despacio, le costaba hablar, o a lo mejor, le costaba recordar – no existía ni el día, ni la noche, ni la gente, ni nada. No existía París aunque correteáramos por sus calles, incansables, o nos refugiáramos cada noche en un hotel distinto, o una pensión, o en la cama de un amigo, los dos juntos, pegados.

– Una noche, me lo dijo: “mañana me voy, Ryan”.

Me miró. Yo bajé la mía, no quería que viera mis celos, mi dolor. Estaba dolido, celoso por un amor de hace más de 40 años… es que no sabes como amé a Fran…

– Me llamaba Ryan. Yo a ella Minerva. No sé como se llamaba, no lo recuerdo, quiero decir.

– Y yo, ¿como me llamo? – me levanté furioso conmigo por muchas cosas, por los celos tontos, por el dolor, por no controlar mis tonterías, por necesitar ser la única persona a la que Fran hubiera amado…

Intenté alejarme pero él se estiró y me rozó la mano. Fue suficiente para retenerme a su lado. Ese roce tenía tanta vida…

– Mi vida. Así te llamo… Mi – hizo una pausa mirándome a la cara – Vida.

Y lloré, sin girarme, no quería que me viera… lloré… ese roce suave de sus dedos huesudos, maravillosos…

– Así te siento, como Mi Vida…

Tuve un impulso y me giré, me agaché y lo besé. Lo besé una y otra vez, una y otra vez… una y otra vez… Él me miraba de esa forma, con tanto amor… jodido… cuando amor vi en esa mirada… y yo dudando, celoso como un bobo… por no ser la única persona que había amado, o… por algo que había sucedido veinticinco años antes de que yo naciera.

– Acaba, por favor – dije recostando mi cabeza en su pecho, como las tardes de domingo que enlazaban con las mañanas de lunes, los dos en la cama, abrazados, desnudos, sin otra cosa que hacer que sentirnos juntos, uno parte del otro…

– Me asusté. No podía concebir la vida sin ella. Me partió el alma aquella noche. Un día me quedaba con ella. Después…

“El destino, Ryan, el destino nos juntará de nuevo si estamos hechos el uno para el otro”, me decía juguetona.

Silencio.

– “Bobadas”, pensé. Pero tras una ducha fría y un par de puñetazos en la pared, decidí vivir el día que me quedaba junto a ella.

Silencio.

– Pasamos por un puente, corriendo como siempre. De repente me paré y… “Saquémonos una foto, Minerva, aquí los dos, un marco perfecto”. Nos colocamos y cuando un señor aceptó sacarnos la foto, ella se arrepintió.

Fran jugueteaba con mi pelo. Yo volvía a tener la cabeza en su pecho. Él la mirada perdida en aquella mañana de un 28 de octubre.

– “Saquemos solo el marco”. Me lo dijo con esa ilusión tan… como si fuera una niña de 15 años, o de 10. “Si el destino nos llama a juntarnos, nos pondremos nosotros en la foto”. “Si no, vendremos y nos sacaremos la foto con nuestro amor”.

Suspiró mientras tuvo un pequeño ataque de tos. Un trago de caldo, ya templado.

– Y sacamos la foto. Qué podía hacer – dijo resignado.

Yo… no quería pensar. Volvían m is celos infundados, mi dolor… quizás porque sabía que lo iba a perder… que no había remedio

– Pasaron los años, volví cada uno de ellos… cada 28 de octubre…

Silencio.

– Y un día te conocí. Un día te… vi y supe que ella había tenido razón. Que… el destino nos tenía preparado otro amor, el verdadero. Aquel duró apenas 6 días, o a lo mejor fueron 8, pero el tuyo, mi amor por ti, durará una eternidad. No sabes hasta qué punto me has dado la vida, Amor, mi Amor, mi Príncipe. Y no quisiera que tu vida se acabara conmigo.

Yo no podía decir nada… lloraba en silencio ocultando mi cabeza en su regazo.

– No debes, sé que amarás de nuevo…

Silencio apenas roto por mi llanto. Negaba con la cabeza.

– Por un lado me apetecía ir a ese sitio y sacarnos una foto en ese punto. Porque es la foto de mi amor, de mi vida. Contigo, cogidos de la mano, sonriendo como bobos, con esas farolas flanqueándonos. Con la torre al fondo. Pero… hubiera sido injusto, porque… hubiera sido tenerla a ella de alguna forma en la foto, y sabes, mi Vida, mi Amor, mi Príncipe, tú has sido mi amor por ti mismo, solo tú, por ti, y has llenado cada instante de la vida que hemos tenido juntos, y cada instante de mi vida anterior, cada instante de mi eternidad.

Cogió un lápiz y escribió la fecha: 28 de octubre de 2010.

– Hoy empieza tu nueva vida – y me sonrió, tendiéndome la foto.

Al día siguiente, murió.

Guardé sus cosas. Busqué un guardamuebles y las escondí. Me dolía cada retazo de él que veía en cada objeto que habíamos compartido. Pero ayer me di cuenta de que sin él, sin sus cosas, me siento vacío. Qué él está dentro de mí y necesito tener nuestras cosas cerca. Hasta esta foto. Si aquel 28 de octubre de hace 39 años ella hubiera dicho sí, yo quizás hubiera puesto al mundo bajo mis pies, pero… no hubiera encontrado estos 18 años de amor profundo, único.

Iba a guardar la foto de París, pero no, creo que su lugar está en mi mesilla. Los demás no ven nada más que un puente, dos farolas, una foto vieja y estropeada, con la Torre al fondo… yo veo a mi amor, nuestro amor y al destino.

Llaman a la puerta.

Abro despacio.

– Buenas tardes, mi nombre es Néstor, de Iberdrola, venía… que bonita foto… perdón, no quería… – ha sido un impulso y se ha arrepentido.

Nos hemos quedado mirándonos. Yo desconcertado, él incómodo.

He girado la cabeza y él ha bajado los ojos.

Yo he bajado los ojos, y él los ha subido.

Bajando y subiendo al final hemos coincidido.

– Quizás tengas ganas de comer conmigo.

Ilusión, un sí, miedo, esperanza. Todo en sus ojos.

– Vamos, Néstor de Iberdrola – digo decidido.

He cerrado la puerta, él ha cerrado la carpeta, y sin tenerlo previsto, a la altura del primero, mis dedos han acabado entrelazando los suyos.

Me he guardado la foto en el bolsillo de la camisa.

Y me he guardado su mirada en mi cabeza.

 ______

Dedicatoria: A Dídac, Dedicar algo es… no sabes bien que decir. Pero esta historia parte de una foto hecha por él, de un paseo un día de niebla y lluvia. La música, como tantas en este blog en los últimos tiempos, ha sido elegida por él, y como casi todas, ésta también se amolda perfectamente al ritmo del relato. Son bandas sonoras, como las de una película. Y eso no es tan fácil. Pero él lo hace. Así que Dídac, este relato  es en tu honor. Gracias por tu complicidad. Gracias por todo.

II Semana del libro: “Entrada + Consumición”, de Carlos G. García.

Hoy va a ser un día especial en esta semana del libro. Voy a hablar del libro de un amigo.

Estaba yo barajando varias posibilidades. En esta semana yo quería incluir algún libro de temática gay, o al menos con gays pululando por ahí. Más que nada porque no hablo nunca de ellos, y al fin y al cabo, muchos de los relatos que escribo aquí, tienen a un gay como protagonista.

Lo que se entiende por “temática LGTB” quizás merezca un par de párrafos, pero, creo que no es el momento. Si eso, me lo recordáis. (jijijiji, la de cosas que me tenéis que recordar… vosotros sois mejores para ese fin que lo de apuntar en una barra de hielo en el desierto del Sahara a las 12 del mediodía).

Lo pensé ya en la I semana del libro, y pensé en dedicárselo a Mario, un chico que se asomó aquí en aquella semana empujado por un amigo hetero al que le engañamos para que escribiera una reseña sobre un libro. Mario pudo comprobar, por si tenía alguna duda, que creo que no, que a su amigo le importaba una mierda con quien se acostara, que lo único que le preocupaba es que fuera buen tío, buen amigo, y eso, parece que no hay duda al respecto. A Mario creo que le hizo ilusión que a su amigo ligón (de chicas) no le dolieran prendas en escribir en un blog tan gay como éste. Hombre, yo en lo de “tan gay” no estoy muy de acuerdo, pero ese también es otro tema.

El amigo de Mario ha vuelto a escribir en esta nueva semana del libro, y ya os anuncio que lo va a volver a hacer en breve (mañana, para más precisión). Y Mario se ha vuelto a asomar aquí para leer a su amigo. Y hoy le voy a dar otro motivo para asomarse aquí.

 Es que todavía hay mucho déficit de historias escritas con gays como protagonistas.

Ya me he ido de madre. Si estuviera Richi aquí, me echaría la bronca como el otro día. Menos mal que no está.

Pues retomo el hilo y retomo también aquella idea que tuve hace unos meses y voy a hablar de una novela en la que los protagonistas da la casualidad de que son gays, y se enamoran, se desenamoran, sufren, se sienten solos… vamos, como les pasa a todos y todas, sean cuales sean sus preferencias. Y voy a retomar mi idea primigenia, y se lo voy a dedicar a Mario. Mario, para ti. (Ahora ya no te queda más remedio que escribir algo para mí) 😉

 

Libro en cuestión:

Entrada + Consumición.

Autor en cuestión: Carlos G. García.

Editorial: Stonewall.

Páginas: 206. (se leen en un suspiro)

Estuve a punto de responderle, pero en lugar de eso me contuve y escapé tan rápido como pude hacia la puerta de salida, dejando al gilipollas del subdirector con la palabra en la boca. Necesitaba respirar aire fresco y relajarme, Estaba allí, con los ojos cerrados y las sienes palpitantes cuando alguien me abrazó por detrás.

Yo no sabía quién era. Podría haberse tratado de cualquier pirado. Sin embargo, me sentía tan mal, tan ajeno a ese mundo que me rodeaba, que me dejé abrazar. Sencillamente, experimenté esa sensación de protección sin plantearme nada más. Luego, una voz me susurró al oído:

– Uno crece el día en que por primera vez se ríe de sí mismo. Tú puedes reírte de todo esto y crecer. Él ni siquiera puede admitir que se ha equivocado, ni siquiera pude verlo. Prefiere vivir cegado por su certidumbre fingida. Ya sabes quién es el estúpido aquí.

Os hablé de este libro hace un año, cuando fui a la presentación en Madrid. Estaba contento y feliz por ello. El Gran Paper ya tenía su libro publicado por una editorial. Dale al play.

¿Qué cuenta?

Es una historia de amor. Bueno, en realidad es una historia de desamor. Juan Carlos no se quiere nada. Nada. Quizás a ese estado le ha llevado el que algunos que en su momento le deberían haber querido, no lo hicieron. Bebe, sale, folla. Busca… nada… porque no sabe lo que busca.

Tiene un gran amigo: Jorge. Éste, ejerciendo de eso, de gran amigo, le presenta a un chico maravilloso: Ojos Bonitos. Coño no recuerdo si los ojos eran azules sobre blanco, o marrones sobre blanco… Ojos Bonitos viene rodeado de tormenta y eso, una tormenta de sensaciones será lo que provoquen en Juan Carlos. Nada es lo que parece, ni en la vida, ni en el amor. Y mucho menos en Entrada + Consumición.

Carlos siempre imprime a sus personajes un trasfondo profundo. Les dota de alma. Sufren por algo, reflexionan. Carlos no crea personajes planos. A veces esos sufrimientos los podemos entender, otras veces no. Como en la vida con nuestros amigos o con nosotros mismos que en ocasiones no nos entendemos ni nosotros. Carlos habla de máscaras, de incomprensión, de soledad. A veces tiñe todo esto de sarcasmo. Trufa las situaciones más duras de humor. A veces creo que necesitamos del humor para mirarnos dentro y ver lo poca cosa que somos. Lo digo por mí ¿eh? Y Carlos G. García es único en esto, en utilizar el sarcasmo, la ironía, la mala leche a veces, es único para hacernos pensar  a la vez que nos hace reír. Aunque también es capaz de hacernos llorar.

Si leéis el libro, que yo creo que deberíais leerlo, hay ratos en que os puede dar la impresión de que el mismo Carlos os lo está contando. Que estáis tomando con él unas cañas en el “Carmen” y charláis. Es un lenguaje cercano, directo. Y si lo leéis, os sorprenderá, porque como digo antes, nada es lo que parece. He dicho cañas, pero podría haber dicho “daiquiri”, o “Martini con limón”… cada capítulo se llama como una bebida… ¿Tú que tomas cuando sales por ahí? Yo le suelo dar al Gin Tonic.

Ahora que lo pienso, esto estaba predestinado. Hoy, es 23 de septiembre (cuando escribo la reseña) y el libro fue presentado el 23 de septiembre del año pasado.

Casualidades. 

A Carlos lo podéis leer en:

Su columna de Universo Gay.

En su blog.

Se acabó. La Semana del libro 2012.

Todo llega a su fin… para algunos sé que se les ha hecho un poco largo. Para otros sé que se les ha hecho muy corto y hubieran querido más libros, más géneros y más opinadores. Pero… yo creo que no ha estado mal.

Me ha gustado especialmente que hayáis entrado a comentar y a contestar a los comentarios. Porque los que habéis escrito las reseñas sois al fin y al cabo, los destinatarios de los comentarios en las mismas.Y esa interacción entre vosotros ha sido muy bonita.

Ahora queda leer los libros que nos hayan llamado la atención. Y cuando los leáis, no os olvidéis de venir al post correspondiente y decir lo que os ha parecido. Si leéis mi relato, El concierto, espero que prodiguéis los halagos, claro, ya sabéis, por mi autoestima y esas cosas. Ejem.(Broma).

Esta semana del libro, me va a suponer unos gastos tremendos… ains. Menos mal que alguno se ha apiadado de mí y me regala alguno de los libros.

Por cierto, me gustaría que si leéis algún libro que os guste, os lanzarais a hacer la reseña correspondiente y me la enviarais. Estaría bien seguir hablando de libros sin necesidad de que llegue un 23 de abril.  Algunos habéis hablado de algunos libros en los comentarios… hummmmm, no estaría mal que en un par de minutillos escribierais sobre ellos… algunos parecían interesantes.

18 libros. 9 colaboradores cómplices. Más de 150 comentarios hasta el momento. Autores japoneses, argentinos, españoles, franceses, estadounidenses, alemanes… narrativa, poesía, divulgativo… distintas formas de contar las historias, distintas formas de aproximarse al libro… Unos libros han sido llevados al cine, otros no… otros incluso hablan de cine…  variedad.

Gracias, gracias, gracias.

Y para acabar de una forma original, e hilando con esto de llevar al cine,  os voy a poner una banda sonora de una película basada, claro,  en una novela. Una gran película, de esas en el glorioso blanco y negro, con dos monstruos de la actuación: Joan Fontaine y Laurence Olivier. Dirigía el chico este muy gordo… Alfred Hitchcock. La novela del mismo título la escribió Daphne du Maurier. Y se llama… tchan, tchan… Rebeca.

La música la compuso Franz Waxman, compositor alemán aunque desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos. Por cierto, Franz Waxman es también el compositor de la BSO de “El crepúsculo de los Dioses”, una de cuyos afiches ilustra la reseña de “El cine y sus oficios” de Michel Cion, que nos escribió Marcos.

Algún día os contaré por qué tengo mucho cariño a Joan Fontaine.