Sigo con el debate: cosas de willy inkrose.

 Oye, pues ha estado bien el debate este. Y espero que no acabe aquí ¿eh? Qué además, como estamos cerca del Orgullo y eso, pues hay que darle a la hebra. Todo se lo debemos a willy inrose. Anda que no han salido temas. Me parece que no voy a abarcar todos. Y aún así, va a quedar un poco largo.

Confieso que es la segunda vez que escribo este post. La primera me ha quedado como un poco brusco, rígido. No me ha gustado. No me gusta cuando se habla sentando cátedra, sobre todo cuando se opina. Verdades absolutas hay pocas, creo. Así que he intentado volver a mi tono mesurado, de charla tranquila con una coca-cola en la mano. Así, todos nosotros, charlando. Cada uno con sus cosas, con sus opiniones… distintas, ¡Qué bonito!.

Lo que queda claro es que somos todos un poco complicados. Y en general, hacemos las cosas difíciles. Gays, heteros, negros, asiáticos, mujeres, hombres, trangéneros… qué bonito sería vivir todos en armonía, escuchando, hablando, cada uno exponiendo su forma de ver la vida, respetando a la de los demás. Pero no, no lo hacemos así. Escuchamos, sí, poco, pero solo a los que piensan y son como nosotros. Nos juntamos con nuestros iguales. Esto tiene un problema y es que luego, pensamos que todo el mundo piensa igual que nosotros, porque solo escuchamos las voces de nuestros acólitos. Por eso, los que no conocen un gay, piensan que son unos bichos raros, con el miembro viril largo, como un tentáculo de un pulpo que traspasa paredes y pantalones para introducirse en el culo de todos los hombres que pasen a diez metros de distancia. Y eso, claro, da miedo. ¡huuuuuuuuuuuuhhhhhh! Todo es cuestión de educación.

Pero ¿quién educa? ¿Los padres? ¿Y si los padres son homófobos, xenófobos, machistas? ¿Si son intolerantes? Bueno, podemos decir ¿la escuela? La escuela podría dar otro punto de vista. ¿La escuela es mejor? ¿Pueden dedicarse los profesores a eso? ¿Quieren hacerlo? ¿Y si los profesores son intolerantes, xenófobos, homófobos y machistas? Al fin y al cabo, como decíamos antes, nos juntamos con nuestros iguales, así que los padres llevarán a sus hijos al colegio en dónde se siga su ideario a pies juntillas.

Reitero mi recomendación de leer “La Edad de la Ira” de Fernando J. López.

En general no intentamos hacer nunca una abstracción de las situaciones que nos pasan. Alguien por ejemplo, no está de acuerdo con la opinión de otra persona. Voy a poner un ejemplo así, intrascendente. Vale, he cometido el primer error, porque para un fan de One Direction, su grupo no es intrascendente. Es casi lo más importante del mundo. Suele venir a la oficina una chica, la hija de uno de mis jefes, para que le haga carteles de One Direction, le imprima fotos… me suele poner al día de sus hazañas, sus canciones y sus conciertos. Todo ello intercalado entre suspiros de gozo por los huesitos de esos chicos. Es algo importante para ella. Se le ilumina la cara cuando habla de Harry o de Zayn, o de Liam.

Pensemos por ejemplo en un grupo del Face de fans de One Direction. Todos comparten sus hazañas, sus conciertos, fotos, suspiros de amor y deseo por sus cuerpos y sus almas, comentarios de “qué guapos son” “son los mejores del mundo”, bla, bla, bla. Los miembros de ese grupo están convencidos de ello: “Es el mejor grupo del mundo”.

Imaginemos a Teresa. Tiene un amigo, Juan. Juan como es amigo de Teresa, entra en ese grupo de Facebook. Pero Juan es fan de Justin Bieber. Y entonces, iluso él, comienza a colgar en el muro de ese grupo pues alabanzas de Justin. Todos en ese grupo, empezarán a lanzarle improperios. “¡Pero qué dices!” “No te has enterado que el mundo piensa que One Direction son los mejores sin discusión”. Él se enfada, empieza a ser más radical en sus opiniones, porque le dan por todos los lados. A él le gusta Justin Bieber. ¿qué pasa? ¿No tiene derecho a que le guste la música que hace Justin Bieber? “Pero de donde has salido, tal y cual, eres un tal y un cual, ¡majadero!” “¡Raro, depravado!”

Teresa le borra de su Facebook, no quiere que le relacionen con ese chico, por Dios, que es un tío raro que le gusta Justin, (“¡Qué decepción, no pensaba eso de él, no te puedes fiar de nadie!” – dice a sus íntimos) en lugar de besar el piso por dónde pasa alguno de los One Direction.

Juan se envalentona, y empieza a desvariar en los foros que encuentra por el camino contra los One Direction y sus fans. Le duele además que Teresa le haya abandonado. Le gustaba Teresa, aunque no se había atrevido a decirle nada. Pobre Juan. Pero su discurso lleno de rencor y regado por las lágrimas que le han producido las palabras hirientes de otros, le hacen expresar con la misma radicalidad sus opiniones, molestando a otros a los que no gusta Justin, sino Lady Gaga.

Bueno. Cambiad One Direction por cualquier opinión, Real Madrid, Monarquía, partido de derechas, Tele 5, El País, y por contra, poned en el otro lado al Barcelona, a la República, a la izquierda, al diario “La Razón”, etc.

Poned heteros y gays.

Alguien del grupo de fans pudo decir algo así como: Ese Juan está pallá, si todo el mundo piensa que One Direction es el mejor grupo del mundo. ¿No se dará cuenta que es antinatural?

Pero esa misma persona, se quejará cuando escuche a alguien decir: “Un gay, que asco. Un pervertido. Si todo el mundo sabe que lo normal es ser heterosexual. Es antinatural”.

No hemos aprendido a escuchar, a tener contacto con otras opiniones, otras sensibilidades. A respetarlas, aunque sean minoritarias. Somos gays, somos minoritarios. Pero no respetamos a otras opiniones que pueden ser igual de minoritarias, o que lo son desde nuestra perspectiva.

Hablemos de los roles. Estamos encorsetados por los papeles que nos adjudican. Los gays somos de una forma, las lesbianas de otra, los hombres heteros de otra distinta… las mujeres son como son… Cuando alguna vez sale alguna encuesta hecha a hombres jóvenes y expresan su opinión sobre las mujeres, es sonrojante todavía la alta proporción que hay de chicos que piensan que las mujeres existen para satisfacer a los hombres. Y es sonrojante precisamente porque hay que pensar que muchos de los que dijeron que las mujeres era iguales a los hombres, en realidad estaban con la otra opinión, por lo de políticamente correcto, y no se atrevieron a decirlo.

Por eso, eso de que se acepta a los gays, vamos a dejarlo. ¿Qué estamos mucho mejor que antes? Sí, desde luego. Pero ojalá no ocurra nunca, si por un casual esos partidos de extrema derecha que afloran por Europa, ganan un día las elecciones, creo que podemos echarnos a temblar de la rapidez con que esa aprobación se convierte en denostación al estilo Rusia. Me imagino escenas como las de V de vendetta, la gente en sus casas avasallados por la policía, sin dar crédito a lo que ven: detenidos por ser gays, por ser distintos, por opinar distinto. Imágenes de la Alemania nazi, cuando mucha gente no se creía la deriva que tomaba el gobierno de Hitler y pensaba que todo eso pasaría. Cuando se dieron cuenta, estaban en un campo de concentración.

La televisión ayuda. Las series, ayudan, sí. Los personajes gays. Esos que se ganan el corazón de la gente. Ya hemos discutido muchas veces de ello, y willy inkrose lo saca a colación. Pero, en realidad, la mayoría, son un poco maquillaje. Algunos están para eso, para ir abriendo caminos. Pero muchos otros, están para satisfacer cuotas. Yo lo creo. Es que creo que tenemos un concepto de las series de televisión, un poco anticuados. Muchas series de televisión se planifican cuidadosamente. Tantos personajes hombres, tantos mujeres, tantos negros, tantos gays, los niños, los cachas, las buenorras, la abuela. Y es cierto que si aparece una trama gay en una serie, esa trama atrae a algunos espectadores gays. Por eso, por ejemplo, “Amar es para siempre” o su antecesora “Amar en tiempos revueltos”, suelen tener siempre algún personaje gay de vez en cuando.

Willy nos cuenta que ha cambiado la trama de su novela para enseñársela a su profesora. Es fácil decir: “Yo no lo hubiera cambiado”. Para mí sería muy fácil decirlo. Llevo muchos años en esto de los blogs, y he visto muchos comentarios así, cuando un gay expresaba sus miedos a contar lo que es, y la gente le animaba a quitarse la camiseta y tatuarse en el pecho “soy gay”. Pero… ¿sabemos las circunstancias de ese chico? ¿No le estaremos empujando a un abismo?

Tenía antes un lector que me escribía de vez en cuando por mail. Era un chico que amaba el cine y la literatura. Lleno de miedos. Yo me encendía a veces cuando me contaba cosas que decían sus profesores o sus allegados. Intenté animarlo pero fracasé. No era yo la persona de la que él esperaba ayuda, y yo tampoco supe hacerlo. Fue un fracaso. Su entorno podía más. Y quizás no supe mantener mi tono mesurado que exhibo normalmente. Lo asusté, porque entendió que debía enfrentarse a todo su mundo. Y no estaba preparado. Un día me dio con la puerta en las narices, e intuí que se había decidido por olvidarse de cómo es y dejarse llevar. Quizás ahora esté intentando enamorarse de una chica de su barrio. No supe calibrar sus dificultades ni el peso de su entorno. Esta experiencia me reafirmó en que no es conveniente decir a nadie lo que tiene que hacer con sus expresiones, sus armarios, o las obras que escribe, sin conocer todas sus circunstancias. Y más cuando hay escritores reconocidos que han cambiado el sexo de sus protagonistas, para que desapareciera cualquier atisbo de mariconeo en sus obras. ¿De verdad pensamos, por ejemplo, que alguien que aspira a vivir de escribir, lo puede hacer hoy escribiendo sobre gays? No me valen secundarios. Protagonistas. Por ejemplo, una novela policíaca. El protagonista gay. Y es un ligón. Y se tira a los que se encuentra por el camino. Con besos y escenas de cama, aunque sean solo marcadas, sin desarrollar. ¿Saldría en el top-ten de ventas?

Pero Willy, me gustaría que esa primera versión de tu novela, no la destruyeras. Que seguro que algunos la leerán con gusto.

Volvamos a los roles.

Un gay es un tío bueno. Bueno de macizo. Me hacía gracia el otro día, porque alguien llegó a este blog, buscando en google “¿Los gays pueden ser feos?”. Es un tío cachas, que le va el gimnasio. En general tiene pluma. Si tu ves a alguien con pluma, dices: “¡Maricón!” Yo tengo a algún amigo que es “suave de formas” y no tiene ni un ápice de gay. Pero a su paso, deja esa duda.

Si ves a un chico llorar, inmediatamente piensas: “¡Maricón!”.

Los gays somos la leche también. Algunos se piensan que, al igual que no hay gays feos, todos los gays son buenas personas. Mentira. Que los gays, como somos discriminados, no discriminamos: ¡Mentira! Unos, discriminan a los gays con pluma, porque no les gusta la pluma. Otros, en cambio, discriminan a los que no tienen pluma, porque piensan que son unos reprimidos. Y a un hombre hetero que sea sensible, porque piensan que es un “armarizado”. Si te gusta la película de los vaqueros… ¡hummmmm! “Que me da que te van los miembros viriles, aunque lo escondas”.

Me viene a la cabeza eso que apuntaba Dídac, de la cantidad de machos en el instituto, que luego se dedican a buscar en chats a hombres para partir piñas. Es recurrente, porque es que la defensa mejor para alguien que quiere ocultar su homosexualidad, es machacar a los homosexuales. El otro día escuché la opinión de un oyente de una radio, decir que al fin y al cabo, la persecución de los gays desde la Iglesia católica, la habían hecho los mismos gays, porque con mucha probabilidad, (sobre todo con os datos que sabemos ahora), los que la impulsaron, lo eran. O esos senadores de USA que después de denostar a los gays, resulta que los pillaron saliendo de clubs nocturnos gays.

El caso es que todos al final, discriminamos a quien no se comporta como nosotros pensamos que se deben comportar.

Paro.

Willy inkrose, mira la que has armado. Y puedes armarla cuando quieras. ¿eh?

Y vosotros también. Israel, Dídac, Lorién, Virginia, Sonia, Josep, Pucho.

El mundo ¿se va al carajo?

¿Merece la pena luchar?
¿Qué es el futuro? ¿Existe?
El otro día veía correr a los bisontes en el parque Yellowstone, huyendo de algo que ellos solo saben lo que es. Ya se conoce que los animales son sensibles a las catástrofes. Salen corriendo mucho tiempo antes de que lleguen las enormes olas de un txumani, corren antes de que erupcione un volcán… se resguardan antes de una tormenta…
Estos bisontes corrían en fila india y por el carril derecho de una carretera. Cumpliendo las normas de circulación. Viendo el programa de Iker Jiménez, me quedé tranquilo porque contaban que en el parque del Oso Yogui, en el subsuelo, había como una enorme cámara llena de magma que cualquier día explotará, pudiéndonos mandar a todos a freír espárragos. La última explosión de esa bomba natural mandó algunas rocas a Europa. “Que las hemos visto y catalogado”, dijo uno de sus colaboradores. Esto me dejó mucho más tranquilo. A esa tranquilidad sin duda contribuyó de forma decisiva el comentario de uno de estos colaboradores sobre que en Indonesia había explotado una cosa así también y había supuesto la casi extinción del ser humano. “Quedaron cuatro, pero tranquilos que fueron capaces de repoblar el planeta”. Estupendo.
Bueno. Ya me imagino protagonizando una de esas películas de tragedias. Solo, perdido en una carretera abandonada, con la mirada igual de perdida en un horizonte inalcanzable.
Por otro lado, los científicos nos recuerdan que eso del calentamiento, nos va a joder bien, con una cierta rapidez, porque como que… que no, que seguimos mandando mierda a la atmósfera y que esto no hay quien lo pare. El deshielo de los polos, la subida de las aguas de los mares… los desastres naturales, inundaciones, terremotos, sequías, volcanes en erupción…
Menos mal que el petróleo se acabará en unas decenas de años. ¿Qué guerras provocará el cambio de sistema? Los rusos parece que se están entrenando… los sirios siguen a la greña con una saña espectacular, África en general se muere de hambre, y los que no mueren, se matan entre sí.
Tenemos también a valorar el tema de la luna sangrante. Una alineación de la luna el sol y la tierra que sucede de vez en cuando, y casualmente… ¡joder!, que pasan cosas raras cuando sucede. Y nos tocan tres o cuatro en un año.
Ya estoy que no quepo en mi cuerpo.
¿Para qué, entonces molestarse en nada? Si al menos un Príncipe azul llamara a mi puerta… sí, cojones, digo yo que la caída a los infiernos será más agradable con uno que te mire con amor y devoción… morir o deambular por el desierto al menos con un Príncipe y rodeados de azúcar. Salvo si eres diabético.
Aunque luego, claro… cada vez somos más raros, más competitivos, más… “desagradables”. Que aparezca el Príncipe azul y que resulte desagradable. Que sea un criminal, un tramposo, un pisa-cabezas con sonrisa ensayada en el espejo por las mañanas. Creíamos que los españoles éramos los reyes de la picaresca, y que encima, les miramos con admiración. Qué sí, que lo hacemos. Pero no, no solo en España se premia a los tramposos. En el mundo anglosajón están muy preocupados por los que copian en las universidades. Es una moda. Lo decía el otro día un documental de La 2. Casi un 50%, llegaron a decir, copiaban o pagaban para que les hicieran los trabajos. ¡Hasta en Harvard! Hasta los policías de una ciudad de Estados Unidos, copiaron el examen de promoción interna… ¿Cómo te quedas? Es el fin definitivo de los valores. Ya no solo los políticos españoles hacen trampas y se lo llevan crudo. Y nos creíamos especiales… ¡Ja! Los hay en Inglaterra, en Alemania los ministros falsean el currículum, y quién sabe si el presidente de la Reserva Federal en USA, copió los exámenes en la Universidad. O el médico que te atiende en Urgencias o en Anatomía de Grey. Imagínate que hasta House podría haber copiado el examen. La degradación de la sociedad, de los valores… no se tiene en cuenta el tipo de persona que seas, sino lo que ganas y lo que has estudiado y las notas. Una estudio el otro día, lo escuché por ahí, decía que las mujeres nunca se enamorarían de un hombre en paro. ¡Toma ya! Eso es el triunfo definitivo del amor.
Aviso a mi Príncipe, que no tengo un duro. El estudio no decía nada de los gays. Un rayo de esperanza.
Por no hablar de esas bacterias y virus que son inmunes a los antibióticos. ¿Qué hacemos? Si encima la medicina, las medicinas, están en manos de empresas sin muchos escrúpulos dirigidas por personas sin ningún escrúpulo, que seguro copiaron en los exámenes y que miran la cuenta de resultados para decidir qué curan y a qué precio. Con lo que ganan con el SIDA, o con el cáncer… ¿se curarán alguna vez de verdad esas enfermedades? O todas las medicinas paliativas del Parkinson, o del Alzheimer, o de la depresión…
Así que, estoy un poco desanimado. Veo el fin del mundo muy cerca. Y mira, no me atrae nada eso de protagonizar una de esas películas de tragedias y en las que los supervivientes se arrastran por una carretera vacía… y mejor que esté vacía que si te encuentras con alguien, seguro que te quiere comer el hígado o sacar los ojos por conseguir el cortauñas que llevas colgado del cuello, como un tesoro. Este concepto ya lo había expresado más arriba. Sí. Quiero que quede claro. No tengo ganas de arrastrarme por una carretera vacía perseguido por un atajo de desarrapados que quieren comerme asado a fuego lento. Vale, ya es la tercera vez.
Pero es que no quiero… vale, me callo.
Hermanos, cojámonos de la mano y recemos a Yahvé, para que no nos envía otro diluvio universal, aunque en este caso puede que en lugar de agua, caigan piedras del cielo, las piedras del Oso Yogui.
Y sin Príncipe azul… en fin.
¡Oh! Yahvé, ten piedad de nosotros…
Habrá que ir a ver Noé, la película, para coger ideas para poder salvarnos… lo que pasa es que dicen que es malísima.

Y ayer, fui a comprar naranjas para zumo, y había un tío poniendo carteles para vender un libro que dice que “El fino del mundo está cerca” “Arrepentiros de vuestros pecados”. La frutera comentaba: “empecé a leer el libro, pero lo tuve que dejar: ¡Qué depresión!”. Y encima las naranjas apenas tenían zumo…
No, repito, reitero, que no tengo ganas de ser Vigo Mortesen en “La Carretera”. O Mel Gibson en Mad Max. Vale, lo he vuelto a repetir. Soy cansino, sí.
Y yo que creía que después de superar el problema del calendario maya ya estaría tranquilo para el resto de mi vida respecto al fin del mundo. Los jodidos de los bisontes tienen la culpa de todo.
O tú. A lo mejor la culpa la tienes tú…

Seguimos con verdades o mentiras.

 

La ficción es buena para contar casi todo y hacerla llegar de una forma más directa. Yo escribo ficción. Casi todo mi blog es ficción. Ni siquiera los personajes que llamo como yo, son reales, aunque alguno tienda a pensar que si un personaje en mi blog se llama Jaime, estoy contando mi vida. O si escribo en primera persona. Como piensan que, si llamo a un personaje Saúl, estoy hablando de Saúl. O Borja. O Aarón. O si lo llamo Ricardo, piensan que si tengo un amigo que se llame así, estoy contando su vida. Adri no es real, o sí, porque habrá Adris en la vida, pero no viene a celebrar mi cumpleaños conmigo a casa. En ese sentido no es real. Pero dice cosas y da voz a otras personas que sí lo son. Y se expresa de otra forma.

Y si llamo a un personaje Sonia, no estoy hablando de mi Sonia.

El otro día Luis hizo un comentario en un post antiguo sobre Areko Martiánez. Areko dibujaba, me imagino que lo seguirá haciendo aunque no lo comparta con la gente. Sus dibujos estaban tomados muchas veces de fotografías provenientes de estudios de porno. Incluso hizo alguna versión de un par de fotos de Biron, y el mismo Biron le agradeció su versión.

Luego él se inventaba una historia que en general, protagonizaba. Yo creo que todos sabíamos eso. Yo incluso alguna vez he publicado las fotos originales y sus versiones. Luis está muy enfadado… dice incluso que son Photosop. Eso no lo creo, porque a veces sus versiones no son exactas al original. Yo he intentado alguna vez hacer alguna versión de las fotos que tengo, y no me ha dado el resultado que yo buscaba, ni parecido al de Areko.

Hay dibujantes que lo hacen al natural, los hay que tienen en fotografías su modelo, e incluso existe la técnica de la calca, con papel cebolla. Bocetan sobre el original y luego perfilan y dan volumen y vida. Por cierto, quién diga que eso de la calca es muy fácil, le invito a que coja cualquier foto y la calque con un lápiz. E intente dar vida a ese dibujo.

Un tío mío, pintaba con paleta, y pintaba teniendo como modelo fotografías. Se recorría Euskadi, la tierra de mi tía, o la suya, Castilla la Mancha, sacaba fotos y luego pintaba esos paisajes que antes había fotografiado.

Así que lo hiciera como lo hiciera, creo que algún mérito tendrá.

Areko y sus dibujines no nos ha costado llorar por él como una desgracia, ni preocuparnos porque no puede casarse, o porque haya muerto su amigo del alma, o porque intenten asesinarlo unos traficantes de droga, como otras historias en las que nos hemos implicado.

Pero… claro, no siempre leemos todo con atención. Ni las etiquetas de los post, ni sus categorías, ni leemos todo, todo. Y cuando lo leemos, aún así nos la meten. Porque a veces vamos con una idea, y no nos desviamos de ella. O porque necesitamos que eso sea así, y no como es en realidad. O porque sencillamente, nos la meten.

En el caso de Areko, evidentemente si no conoces la historia de las fotos o su procedencia y te crees que son los chicos con los que Areko y su pareja se lían en su casa, si un día te encuentras con esas fotos en otros blogs con el anagrama del estudio de procedencia, evidentemente, puedes llevarte una gran decepción. Pero a lo mejor, en ese caso, lo importante era el personaje creado, y no exactamente la persona que lo escribe. Y para mi gusto, los dibujos que hacía, utilizara la técnica que utilizara, tenían encanto.

Cuidado, que puede que sus historias fueran reales, solo que no las protagonizaran los chicos de sus dibujos. Pero, eso, creo que no era lo importante. Yo a veces ilustro mis relatos con fotografías de modelos que no tienen nada que ver con la historia. O incluso muchas veces, veo una foto y me imagino una historia alrededor de ella.

En fin. ¿Verdad o mentira?

Quizás la finalidad sea lo que cuenta. O los modos. Areko no pedía que te implicaras con él, pedía que miraras sus dibujos y disfrutaras con sus historias. Este grupo de “Audiovisuales”, pedían que te implicaras, que estuvieras a las 6 de la tarde para ver la boda del supuesto padre con el supuesto novio, supuestamente mucho más joven. Pedía tu implicación emocional, aprovechando que hay casos así, y casos mucho más sangrantes en este mundo de Dios, que aunque camina, no lo hace al ritmo que todos desearíamos. Para muchos hombres y mujeres que se sientan gays, será tarde, salvo que el azar les sitúe en la misma dimensión espacio-tiempo con alguien o con algo especial que le empuje a tomar otros caminos y ver el futuro con esperanza. Y no solo me refiero a gente con una cierta edad, sino también a personas, hombres y mujeres, jóvenes. Yo conozco casos de chicos jóvenes, en España,  que no tienen las fuerzas necesarias para enfrentarse a su mundo y ser como son.

Yo pretendo que leas mis historias, que te emociones con los personajes, y a lo mejor que pienses sobre ellos. Puede ser que te sientas identificado y eso te haga sentir un poco mejor. Si un día acierto y sucede eso, ¡Albricias!

Y si te compras mi libro, mucho mejor. Esto último es broma. ¿O no?

Hagamos preguntas:

¿Cuánto de verdad ponemos en nuestras amistades virtuales?

¿Cuánto de verdad contamos a nuestros amigos?

¿Hay alguien que no se ha dado cuenta que un amigo virtual es totalmente ficticio?

¿Hay alguien que no se haya dado cuenta que un amigo real es más falso que las pesetas falsas? ¿Que nos la ha metido doblada teniéndonos horas y horas hablando sobre una situación que es totalmente adulterada?

Si tu respuesta es que no… a lo mejor es que todavía no lo has descubierto… siento ser tan pesimista al respecto.

¿Verdad o mentira?

Os invitaré a mi boda con Adri. La emitiré en streaming. Espero asistáis. Incluso os mandaré un trozo de tarta by streaming. El regalo, os rogaría, me lo enviarais por correo ordinario, o en su defecto, por transferencia bancaria.

Muchas gracias por anticipado.

¡Vivan los novios!

¿Verdad o mentira?

¿Verdad o mentira?

O ¿Podemos fiarnos de algo o de alguien?

A mí me la han dado con queso en innumerables ocasiones. Este caso de hoy, el de “mi padre es gay y necesita ayuda para su boda”, no es nuevo. Esta vez caí, pero un poco menos, porque… aunque lo vi por la noche y un poco cansado, hubo cosas que me llamaron la atención y me puso en alerta. No había fotos de los novios, algunos comentarios tanto en el vídeo de youtube como en la página de facebook daban que pensar. Con buena intención, lo dejas pasar, pero cuando ya estás escaldado… todavía recuerdo un caso de gallegos interesantes por los que algunos estuvimos hasta altas horas de la madrugada dando apoyo e implicándonos en sus problemas, hay algo dentro de ti que, aunque no busques, encuentras. Y no suelo ser de buscar tres pies al gato.

Aquello, lo de los gallegos, fue mucho mejor, muchos personajes, todos con sus historias, sus blogs, sus cuentas de MSN para hablar… todo mentira.

Aquí se trataba de apoyar a un hombre que decide casarse con otro hombre, después, claro, de haberse casado en su juventud con una mujer y tener una hija que se preocupa maravillosamente bien de él. Un vídeo de su hija, me imagino que en flamenco (la chica vive en Bélgica, con su madre) con sus correspondientes subtítulos… y todos a ver la boda en streaming, porque los contrayentes van a estar solos. ¿La razón? Bueno, la de ser gays, o la diferencia de edad, que no queda muy claro, o ambas cosas, porque siguen la táctica de decir y callar, lanzar la piedra y ya está. Pero para eso estamos los gays, para lanzarnos a apoyar a alguien que lo está pasando mal por su condición sexual, que todavía son muchos, muchos, aunque algunos piensen que estamos en días de vino y rosas, al menos en España.

Para algunos no son ni Vino ni Rosas, ni una vida llena de colores. Ni siquiera en España.

Estuve a punto de preparar un post para apoyar la causa, para que todos nos lanzáramos a las 6 de la tarde a ver la boda de Fran y no sé quién. Pero… cuando estaba preparando el post, copiando el enlace… todas estos detalles me chirriaron. Y borré.

Ahora resulta que es un experimento de cuatro estudiantes de audiovisuales. El caso es que no dicen más. Podían decirnos de qué Universidad, y ya de paso, quiénes son. Podían haber mejorado el trabajo poniendo una foto de los novios dándose un beso, por ejemplo de uno de los alumnos y un profesor, por lo de la diferencia de edad.  Para hacerlo más interesante. Como están tan por los gays, no les importará que esa foto se propague por la red sin medida. También estaría bien que quién lo cuelgue, lo haga en una cuenta que tenga más vida, no que parezca creada para ese fin. Porque Pepe, pongamos por ejemplo, uno de los que ha creado esta historia (No sé si se llama Pepe, o Tamara), pues le dará igual colgarlo en su cuenta normal de youtube.

A lo mejor alguno de los que ha ideado este experimento es gay… aunque desde luego, en el texto no parece que se pueda deducir eso. Pero no todo el mundo va diciendo a quién ama o con quién sueña mientras se ducha, o en la cama…

NO hay que creer en todo lo que vemos en internet, es cierto. Pero cuidado, ni en lo que nos dicen en la calle, ni en lo que dicen los de nuestra ideología, ni los de la contraria, ni lo que dicen nuestros amigos, ni nuestros padres, ni nuestros hijos, ni los primos, ni los sobrinos…

Pero esto tiene un efecto colateral. Claro, mañana surge una historia parecida. Y nos piden nuestro apoyo. Esta vez he visto el vídeo, incluso dos veces. La próxima ni me molesto. Esta vez he valorado escribir sobre el tema y en la medida de mis posibilidades, ayudar a que tuviera más repercusión. La próxima vez, ni se me pasará por la cabeza. Y a lo mejor, me equivoco. Pero ya sabéis eso de “Qué viene el lobo”, luego todo era un experimento sociológico, y al final el lobo vino y se comió a todos, todos.

¿Qué ha sido viral? Sí, pero bueno, menos. Viral fue aquel vídeo de esos chicos enamorados:

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Por cierto, ¿Seguirán juntos estos chicos?

Y luego Facebook, tiene esas cosas. Nos cuentan que es una trola, y damos al “me gusta”. Pues mira que bien.

Si fuera el profesor de esa asignatura, no les pondría muy buena nota. Para estudiar comunicación y estar en la edad de dominar las redes sociales… se puede hacer mucho mejor. Algunas pistas ya he dado antes. Otras… me las guardo por si acaso un día decido hacer yo un experimento.

Bueno, casi que sigo otro día. ¿Verdad o mentira?

Grandes esperanzas.

Grandes Esperanzas.

Recapacitemos sobre ellas.

Dejemos de lado que es una película que se ha estrenado estos días, sobre una novela clásica de toda la vida de Charles Dickens. Otro día hablamos de ella. Aunque parto de ahí, de esa historia.

¿Cuáles son nuestras Grandes Esperanzas?

Ser feliz. ¿No? Es un buen resumen.

El problema es definir la felicidad.

Felicidad es un estado espiritual. O físico. O una combinación de ambas. A veces depende de nuestro entorno. En la novela de Dickens, Pip, es feliz con su cuñado en la forja del pueblo. Pero un día es llamado a la mansión de una mujer rica, que quiere verlo jugar. Esto podía llevarnos a una reflexión sobre si los niños ahora juegan a algo que no sea las consolas o cosas parecidas. A lo mejor dentro de unos años los niños se pueden ganar la vida en un circo jugando, y el público pagando por verlos. Pip no sabe jugar a casi nada. Con esa excusa conoce otra realidad distinta a la suya. Conoce la realidad de las Damas y los Caballeros, hombres y mujeres con dinero para gastar y cuya máxima en su vida es ir de baile en baile. A partir de ese momento, su realidad, que hasta ese momento le había colmado, ya no le satisface. A parte de que ya en su tierna infancia, queda prendado de una bella niña educada para hacer sufrir a los hombres. Porque los hombres somos unos cabrones y hay que castigarlos. Pip no es un cabrón, y su cuñado el herrero, tampoco. Pero no son caballeros. ¿Solo los caballeros son unos cabrones? Buena pregunta. ¿Los hombres somos unos cabrones? Lo que sí estamos, hombres y mujeres es un poco perturbados en general. ¿No? Cabrones hay en todas partes, ricos y pobres. Cultos o analfabetos.

El caso es que pasa de tener como máxima ambición quedarse con su cuñado en la herrería, a participar de ese mundo lleno de oropeles que vislumbró en esas visitas a la mansión de la señora loca.

Y le llega la oportunidad de poder convertirse en un caballero y disfrutar de ese estilo de vida. Un benefactor le paga el capricho. Y su cuñado empieza a… avergonzarlo. Ya no le vale como compañía, porque no sabe coger los cubiertos, o porque habla muy alto.

El problema a veces, es que no sabemos como ser felices. ¿Cuáles son nuestras Grandes Esperanzas? ¿Parecernos a esos que salen en el Hola o en los programas de televisión que se nutren de las historias de los famosos? Quizás eso sea ahora lo equivalente a la mansión de esa señora despechada que describe Dickens en su novela. O quizás es la contraria: ver sufrir a esos que vemos en la tele. Ver como se ponen los cuernos, como se rebozan en el barro, como chillan, como sufren bajas por estrés porque la vida es muy dura para ellos, que tienen una cuenta saneada y la gente les para por la calle y se sacan fotos con ellos. O que son medio bobos. Aunque en realidad, la mayoría, aún sufriendo, quisieran parecerse a esos sufridores.

¿Tener dinero? ¿Amor? ¿Hacer en la vida lo que nos gusta? Pero en realidad… ¿Sabemos lo que nos gusta de verdad? O muchas veces nos engañamos a nosotros mismos y montamos películas en nuestra cabeza, como si fuéramos novelistas y escribiéramos… lo malo es que lo hacemos para nosotros solos, nos las creemos, y luego, la realidad nos da de tortas. Conozco unos cuantos así.

Una variedad de montarnos películas en la cabeza, es montarlas en internet. Nos creamos una personalidad ficticia, muy guay en general, y se la contamos a quien nos escuche. Así ya son más quienes se creen esas historias. Y así, la torta se la trasladamos a los pobres cándidos que se convierten en nuestras víctimas y nosotros nos libramos de enfrentarnos con el espejo y comparar lo que somos con lo que hemos inventado.

Una cosa imprescindible para estar a gusto, es tener que comer. Evidentemente. Y tener ropa que ponernos, y un techo. Posiblemente las expectativas de unos años para acá, han cambiado mucho. Esta maravillosa crisis que nos asola y que amenaza con quedarse a vivir con nosotros, nos ha hecho cambiar la percepción de la felicidad. Antes era tener un coche superior al vecino, o comprar la mejor casa de tu grupo de amigos. Ahora es tener que comer; no perder la casa; poder comprar unos zapatos aunque sean de mercadillo a los niños. Tener trabajo o no perderlo. O la cordura.

El amor. ¿el sexo? Ahora no sé muy bien que lugar ocupa. O la cultura, ese placer que a algunos embarga al leer un buen libro, o ver un cuadro que nos traspasa, o escuchar la música que nos trasporta a un nivel espiritual tal que se nos olvida la realidad. Cuidar el espíritu, el placer de aprender por aprender, no por sacarle una rentabilidad.

¿Cuales son nuestras grandes esperanzas? A lo mejor ver crecer a nuestros hijos, quien los tenga. Y que puedan criarse con alegría. O ver como te sonríen.

Unas Grandes esperanzas de pequeños detalles, una flor, el olor de la lluvia en la hierba, un cigarrillo a escondidas, o contemplar el arco iris. O ver en la calle a una pareja de viejitos que todavía se cogen de la mano al pasear.

A lo mejor ahora más que nunca sea prosperar, subir de nivel social y económico. O a lo mejor al revés, ahora sean Grandes Esperanzas más mundanas, como ver una película los sábados por la tarde en casa o invitar a los amigos a tomar unos pinchos y una cerveza. O que te inviten. Y por supuesto, que gane tu equipo de fútbol los sábados, domingos, lunes, martes o jueves, el día que toque, que ya toca todos los días. Lo del equipo de fútbol da muchas alegrías y cura muchas tristezas… quién lo iba a decir.

Pero venga, sea cual sea, yo creo que debemos seguir creando nuestras Grandes Esperanzas. Convertir en Grande a lo mejor cosas más intrascendentes. O no. ¿Se nos ha olvidado ya el placer de ver la sonrisa de un niño, una flor en primavera, el canto de los pájaros, o el llegar a casa y sentarte con tu copa de vino preferida? Se nos ha olvidado el placer de ir pausado, tranquilo, de disfrutar de todo lo que hacemos. ¿Se nos ha olvidado el placer de hablar con un amigo, de amar…? ¡Oh el amor! Se me olvidaba el amor.

Pero el amor tiene una disertación él solo.

Con el amor… ¿Pasa como decíamos antes? Si no se ha sentido nunca a lo mejor no se echa de menos. O a lo mejor lo idealizamos. ¿Necesitamos amar? Pero ese amar de mariposas en el estómago… qué digo mariposas… águilas reales. Estar junto a alguien se puede estar por cien mil cosas muy respetables, sin que necesariamente haya habido y vaya a haber, amor.

Huy, y ahora que hablo de amor, se me olvidaba el sexo. Un polvo bien echado anima a muchos… para algunos es la Gran Esperanza de todas las noches. Rozar la piel del otro/a, y explotar de placer… O explotar de placer casi sin rozar la piel del otro… para que vamos a perder el tiempo. Y encima el otro día escuché que si tienes orgasmos así en cantidad, te alarga la esperanza de vida. Así que habrá que  tener muchos orgasmos si queremos llegar vivos a la edad de jubilación.

La Gran Esperanza de la conquista, cada día uno.

Tengo que buscar mi Gran Esperanza. Pero que sea real. Sí, porque lo de la primitiva está muy trillado y no me da resultado. Y lo de tener 347 efebos desnudos a mi alrededor suspirando por mis huesos… tampoco va a ser como muy real.

Quizás mi Gran Esperanza sea llenaros de historias cada día, y que las leáis. Y quizás conseguir que con alguna de ellas, soñéis, o paséis un rato bueno, o incluso que os sintáis mejor después de leerlas. Servir de ayuda a alguno. A lo mejor mi Gran Esperanza sea que, vuestra Gran Esperanza sea esperar mis historias.

Pero no olvidéis buscar vuestra Gran Esperanza. Una Gran Esperanza en positivo. No vale que el vecino se rompa una pierna.

Busca, busca. Busca tu Gran Esperanza.