El grupo vocal “Out of de Blue” canta “Merry Cristmast Everybody”.

“Our of de Blue” es un grupo formado por alumnos y exalumnos de la Universidad de Oxford. Cantan así de bien y lucen todavía mejor.

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Diario de un hombre sin nada que contar. 59ª entrada.

Didac se fue de viaje. Otra vez.

No volvía por Navidad. Iba dónde su familia. Con hermanos, padres, tíos y su abuela Obdulia.

Nos dimos un beso y nos despedimos. Fingí que no me importaba. Se fue apresurado, apenado. Te echaré de menos, dijo. Te quiero, dije. Un beso. Otro beso.

Fingí y sonreí. Dije adiós con la mano, como en las películas. Ridículo, lo sé. Decir adiós con la mano, en el salón, él en la puerta.

Los chicos dijeron que se ocupaban de la cena y eso. Me fastidió, porque me hubiera gustado ocuparme a mí. Por lo de cabeza de familia, el orgullo y la mente ocupada. Unos días antes, me dijeron que su padre se había empeñado en que fueran con él. Me fastidió más.

Teresa insinuó que venía. Lo hizo un mes antes. No dijo nada más.

Ya no recuerdo casi nada de las Navidades del año pasado. Estaba ese compañero del curro, creo. ¿Cómo se llamaba? Fue cuando los chicos vinieron a casa, porque su padre había dimitido de sus funciones. Estaban tristes, pero lo pasamos bien. Y aquel chico que me conquistó, pero se asustó.

Dídac no estuvo. Se fue con su novio de entonces. Conmigo de novio se va a ver a su familia. Curioso.

De repente, mis Navidades familiares se han convertido en Navidades solitarias, como antes.

Bajé al bar de siempre a tomar una cerveza. Feliz Navidad por aquí, feliz Navidad por allá. El chiste de ¿vas a pasar la Navidad bien o en familia? Yo bien gracias, más solo que la una. O que las dos y las tres, y las cuatro, y ya está. Solo. Hasta las mil.

Que suerte, me dicen todos.

Que suerte pensaba yo entonces.

Pero ahora necesito a los chicos. Y a mis hijos. Y a Dídac. Y a Teresa. Necesito convertir la casa en un hervidero de gente. Los amigos de Oriol y Pol. Vane y Justin. Kike y Ramiro. Isabella y Fresa. Y Libertad. Y Ricardo y Borja.

Joder.

Subí a casa y me encontré a los chicos. Malas caras. Sentados en el suelo del salón, a oscuras. Opté por hacerme el tonto y agradecerles que hubieran venido a pasar la nochebuena conmigo. Les abracé y les di un beso en la mejilla. Olían a hundimiento de barco.

Llamaron a la puerta.

Era Teresa.

Toma ya. Sorpresa. Me sonrió y me tendió los brazos. Le cogí las manos y las guié para que me abrazaran. Me dio un beso en los labios y recostó su cabeza en mi hombro. ¿Tu equipaje? Pregunté. Estoy en un hotel, no te preocupes. ¿Cómo vas a ir a un hotel? Déjalo, Néstor, por favor. Es mejor. Lo prefiero.

No hay nada de cena, dijeron los chicos.

Vamos a preparar algo.

Abrí la nevera. Estaba repleta. Creía que los chicos gastarían parte del presupuesto que les di para la cena y comidas de Navidad y que otra parte se la guardarían. Por como estaba la nevera, no debía haber sobrado muchos.

¿Habéis invitado a alguien? pregunté por si acaso. Luego se pasará algún amigo, dijeron.

El timbre de la puerta.

Más visitas inesperadas. Ojalá fuera Didac, pensé. Pero era Sergio, mi hijo pequeño. Sorpresa. Oriol saltó de la silla, como si hubiera tenido un resorte. Pol miró a otro lado cuando se fijó en que lo buscaba con la mirada. Si están juntos, que lo digan, le susurré a Teresa. Es complicado, me contestó. ¿Me lo explicas? Otro día. Preparemos la cena.

Nos pusimos a ello. Miraba a Pol y lo veía triste. Será por López. Tiene la esperanza de recuperar a su padre. Lo sé. No dice nada, pero se le nota. Medité el hablar con él, pero no me atreví. No quise romper el ambiente.

Didac llamó.

¿Vienes a buscarme? El coche me ha dejado tirado.

Anda.

Quería darte una sorpresa, confesó. Me la has dado, respondí. Voy yo, se ofreció Sergio cogiéndome las llaves del coche. Cuando han llegado, todo preparado. La mesa puesta. Justin, el amigo de Pol, se apuntó a última hora. Su madre trabajaba, se iba a quedar solo.

Lo abracé y lo besé. A Didac, no a Justin. Con rabia, con ganas, con el alma. Me faltaba el aire. No me he dado cuenta de lo que lo necesitaba hasta que lo he visto entrar en casa.

¿Y tu familia? Atiné a preguntar. Se habrán decepcionado. Nunca he pensado en ir. Esta Navidad la quería pasar contigo.

Cenamos a gusto. Lo pasamos bien. Una cena como muchas. Una reunión como muchas. Con mi familia. Mis chicos, mi novio, mi mujer, mi hijo. Nos reímos. Luego se pusieron a jugar al Monopoly. Yo me senté en mi butaca y los veía a distancia. De vez en cuando se levantaba alguno y se acercaba a contarme las incidencias del juego. Ganó Teresa, para enfado de Didac. No le gusta perder.

Se sentó sobre mis piernas y se acurrucó. No fue fácil, Didac es alto. Y así nos quedamos un buen rato, escuchando música. Mientras los chicos hacían un chocolate y Teresa regresaba a su hotel.

Creo que esta nochebuena he sido feliz. Al menos lo he rozado. La primera nochebuena realmente feliz. No está mal. Ya llevo muchas sobre mis hombros. Y no ha sido nada especial. Una nochebuena de alguien que no tiene nada que contar.

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Néstor G.