Her, la película.

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Hoy toca otra película. Se titula “Her”.

La protagonista de la película es “Ella”. Qué chiste más malo, como me parto.

😉

Pero en pantalla el que sale es él.

Otro chiste malo.

Aunque a ella se la escucha permanentemente.

Dicho así puede parecer que se trata de una historia machista, y no es cierto. Dicho así puede parecer cualquier cosa, pero es otra muy distinta.

El protagonista que sale en la pantalla es Joaquim Phoenix. Yo todavía estoy subyugado de su hermano River. Una lástima su mala cabeza que nos privó de su presencia.

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Joaquim es un hombre que está en proceso de divorcio. Sigue perdidamente enamorado, y da la impresión de que su casi ex-mujer, también lo quiere. Pero pasa con ellos algo que suele ser más habitual de lo que parece: tienen distintas maneras de expresar su amor, y Joaquim es, digamos, un poco parco en sus expresiones de amor. De amor y en realidad de cualquier cosa.

Joaquim se dedica a escribir cartas a otras personas. Cartas de amor, de amigos, de padres a hijos, poner sentimientos en los dedos de otros, sentimientos que él mismo es incapaz de decir en voz alta.

Hay que decir que todo esto ocurre en un futuro no demasiado lejano, en la que la tecnología es abrumadora.

Un día, va a una de estas ferias de lo último de lo último, y resulta que se compra un nuevo sistema operativo. Está basado en Inteligencia artificial, que es algo súper guay.

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Lo pone en marcha, lo configura con voz de mujer, y joder, tío, que resulta, agárrate, que acaba enamorándose de ella.

Abre mucho los ojos, intenta explicarse el tema… pero para que veáis como ha cambiado la sociedad, casi nadie se extraña de que eso haya ocurrido. O sea, cuando lo cuenta a sus amigos, éstos lo aceptan como lo más natural del mundo. Es como si ahora dices por ahí que te has enamorado de un tío al que no has visto en la vida y que vive, vete tú a saber dónde. Y puede tener la cara de vete tú a saber quién, porque nunca lo has visto. Mucho menos lo has palpado o perfilado su cuerpo con tus manos.

Todo esto la culpa la tiene Cyrano de Bergerac. Que lo vemos como lo más natural del mundo su historia de enamoramiento a través de unas cartas, y que es el precursor de todas estas historias.

La historia es sencilla. Esto mismo lo podía haber contado en cuatro palabras: “Hombre se enamora de ordenador”. Han sido cinco, perdonad. Pero reconoce que es más guay la forma que he tenido de contarlo yo.

Por cierto, el Sistema Operativo responde al nombre de Samantha.

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Y llega el momento de expresar el regusto que le queda a uno después de verla.

Un regusto muy bueno. Merece la pena verla y sobre todo, pensar en ello. Reflexionar.

Reflexionemos.

¿Nos estamos volviendo unos anti-sociales en la era de la comunicación? La película está llena de solitarios incapaces de mostrar sus sentimientos. Estamos en un mundo en el que una empresa dedicada a escribir cartas luce muy boyante y paga unos sueldazos de muerte, porque la forma de vivir del protagonista así parece indicarlo. No está él solo escribiendo cartas, es un recinto lleno de escritores de sentimientos por cuenta ajena. Pero en realidad, ese chico que podría parecer que, dedicándose a ello, a escribir sentimientos, sería él mismo un gran exponente de sus propios, resulta que deja ir al amor de su vida por no saber decir “te quiero”. Por no saber adaptarse a su mujer, a la que conoce de toda su vida. Ella me da la sensación de que tampoco ha sabido adaptarse a él.

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Llega un sistema operativo que se basa en que él mismo va aprendiendo continuamente. Ella será la que se adapte a él, claro. ¿O no?

La verdad es que la película está llena de cosas interesantes. Cómo resuelve una reunión de un amigo y compañero de trabajo de Joaquim y su novia, con el propio protagonista y la suya. Como hacen el amor, no es una novedad, al fin y al cabo, muchos hacen el amor con voces lejanas.

Pero en parte, ese sistema operativo, acaba teniendo una forma de actuar que si te pones a pensar, tiene muchas de las cualidades que todos buscamos en nuestra pareja. Y siempre va contigo, siempre está disponible.

¿Ese es nuestro futuro?

Hoy, cuando estamos con amigos, muchos de ellos se dedican a wasapear sobre con quien estar, o a twitear, con lo cual se pierden las cosas que ocurren en la reunión. Sacan fotos, las editan, las suben a Instagram, mientras el otro espera, o hace lo mismo. Están juntos, están contando que están juntos, pero en realidad están con el resto del mundo.

Es muy interesante. Tiene solo un pequeño problema, y es que para mi gusto, le sobran diez minutos.

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Joaquim Phoenix está inmenso. La voz del sistema operativo, si la veis en inglés es de Scarlett Johansson y si la veis en español, de Inés Blázquez. Yo la he visto doblada y la voz de ella es maravillosa.

Otros actores son Chris Pratt, Amy Adams, y Rooney Mara. Y voces muchas.

Dirige Spike Jonze.

El tráiler:

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Y una (maravillosa) de las canciones de la banda sonora:

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Para más información y una crítica más sesuda que la mía, en la Butaca.

Philomena, la película.

Es uno de estos días en que una canción se mete en tu cabeza, en este caso la mía, y no para de sonar. Un bucle persistente, continuo.

La canción es “La vie en rose” por Edith Piaf, lo que pasa es que he encontrado a nuestro amigo Pablo Alborán cantándola, y como creo que a la Piaf ya la he puesto unas cuantas veces, pues nos vamos con un chico guapo.

Debo desmentir que Pablo sea mi nueva pareja. Ni siquiera nos conocemos, así que no busquéis un selfie nuestro por ninguna red social. No existe. Y si existiera, es un montaje.

A la pregunta de que si quisiera que existiera, sí, quiero. Tampoco me importaría con River Viiperi, o con Pablo Rivero.

Por hoy, vale. Y os iré diciendo más candidatos a que me inviten a comer. Porque lo de la foto a secas pues no… no mola.

¡Ah!, sí, la canción.

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Pero el tema de hoy no es mis comidas pendientes o los chicos estupendos, sino una película: Philomena.

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Dos actores primordiales y protagonistas: Steve Coogan y Judi Dench.

Y una historia.

SE trata de que Judi Dench tuvo un hijo de muy joven. Y soltera. En aquellos tiempos pues la verdad, no estaba nada bien visto. Eso de tener sexo antes del matrimonio, siendo mujer, no molaba ni bien ni mal. Había un convento en el que recogían a estas chicas y las ayudaban a parir. Luego, ellas pagaban por un tiempo largo con trabajo y mucha oración. Y claro, si había una familia de bien que llegaba y se encaprichaba de su hijo, lo daban “gustosas” en adopción.

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Eso pasó con el hijo de Philomena. Una familia de bien se lo llevó una buena mañana. Lleva toda una vida buscando a ese niño, para saber qué fue de él, si tiene una vida feliz, si se enamoró y sobre todo, si se acuerda alguna vez de ella. Pero ni las monjas ni ninguna otra instancia inglesa le da ninguna solución.

Steve Coogan viene en su ayuda. Más que nada porque de repente este hombre, un poco resabido y por qué no, prepotente, de repente cae en desgracia y es un apestado. Steve Coogan es periodista metido en política que se convierte de un día para otro en un grano en el culo del gobierno británico. Así que a regañadientes, se encarga de hacer un reportaje de esta mujer y luego, se anima a ayudarla a buscar a ese niño. Por hacer algo, más que nada.

Estos son los mimbres. Luego la historia va creciendo, y te encuentras con alguna sorpresa respecto a en quién se convirtió su niño.

La historia, luego merece un comentario, pero como tantas otras veces, destriparía la película. Así que me lo guardo.

No es una película de estas grandiosas. Es una película pequeña y una historia pequeña. O grande, depende, porque habla de intransigencia, de moral, de falsa moral, de lucha, de padres e hijos, de amor… de amargura, la de ella y la de él. Son temas enormes, en realidad. Lo que pasa es que no hay grandes movimientos de masas, ni explosiones

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Es una gran actriz, un director reconocido, Stephen Frears.

Me gustó la historia. Me conmovió. No me parece que sea una película redonda. Creo que es un poco fría a la hora de contar la historia. Para mi gusto le falta algo de pasión en su puesta en escena. A veces me pareció más un estilo docu-drama. Incluso a veces me pareció que el guión intentaba darle más protagonismo al periodista para su lucimiento que a la madre. Pero hay actores que con solo una mirada en segundo plano, se comen el plano, la película y todo. Y Judi Dench, para mi gusto, es de esas actrices. Luego vi que Steve Coogan es productor y guionista y entendí ese empeño.

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Es interesante también, y hacen hincapié en ello en su publicidad, la historia de la relación entre el periodista y ella. Son dos personas completamente opuestas de carácter, de mentalidad. Pero también me quedé con la sensación que que se podía haber sacado más jugo al tema.

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Pero todos estos pequeños inconvenientes que encontré en la película, no me sacaron el regusto de haber visto una bonita historia, que me tuvo pendiente de ella y que me hizo pensar y sentir. Y eso es mucho.

Por cierto, cabe destacar también la música, del amigo Alexandre Desplat.

Un trocito de ella:

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Y el tráiler:

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Por cierto, en la publicidad de la califica de comedia. Pero no os confundáis, no vais a partiros la caja. Está contada la historia en un tono ligero, con pequeñas bromas y demás. Pero vamos, para sonreír ligeramente. Aunque una vez si solté la carcajada. Aunque me da que fue un chiste que no compartió conmigo el resto del cine.

😉

Se me ha olvidado citar a la actriz que hace de Philomena de joven que es Sophie Kennedy Clark.

Más información en La Butaca.

PD. Por cierto, esta película la podríamos etiquetar como “gay”. No digo más.

La caja de los recuerdos.

Hay días en que si hace sol o nubes, o llueve o nieva es indiferente. Apenas nos damos cuenta de ello. Si nos mojamos por la lluvia, llegamos a casa y nos cambiamos de ropa, como si fuera lo más normal. Si hace calor, nos quitamos la chaqueta y no nos quejamos del bochorno que hace y de que “no hay quien aguante esta canícula”…

Otros días nos fijamos en ello, tomamos notas, y así luego podemos hablar en el ascensor del sol, de que este año viene lluvioso, o de que el anticiclón de las Azores ya no es lo que era. Antes todos hablaban de él, ahora apenas se le nombra. Lo hemos cambiado por las “ciclogénesis explosivas”.

A Pablo hoy le daba igual el tiempo, las Azores y el incendio que se podía divisar desde la terraza del hospital.

Se llevó el cigarrillo a los labios y aspiró. Retuvo el humo durante unos instantes mientras miraba como la punta del cigarrillo perdía su fulgor lentamente. Con decisión, con rabia incluso, tiró la colilla al suelo y la pisó con saña.

Cogió la cajita que había apoyado en la barandilla y emprendió el camino.

En el ascensor una señora le sacó el tema del incendio. Él la miró como si fuera extraterrestre. “¿Qué incendio?”. “Si huele a humo”, contestó indignada la señora.

En el rellano de la planta tercera, unas enfermeras le saludaron. Apenas pudo insinuar un pequeño gesto de respuesta. Él no lo vio pero las enfermeras se callaron y le siguieron con la mirada un rato. Había pena en ellas. Resignación.

Llegó a la habitación 317. Respiró hondo, ensayó una mirada y entró decidido.

Su hermano se levantó como un resorte.

Leía.

Su padre no se movió, estaba dormido.

Soñaba.

Su hermano le contó, le dijo, le informó, pero Pablo no le hizo ningún caso. Lo miraba como si lo escuchara, pero sus pensamientos estaban muy lejos, tan lejos que nadie había llegado nunca hasta allí.

– A la noche vuelvo, dijo él.

Pablo se encogió de hombros y sonrió con tristeza.

Se fue.

Pablo se quedó con la vista fija en la puerta. Sin ver.

Poco a poco giró el cuello hacia la cama. Poco a poco fue cambiando su expresión autista por una sonrisa cálida. Dio lentamente los tres pequeños pasos que le separaban de la cama, se inclinó, y le pasó el dorso de la mano por su rostro.

– ¿Lo has traído?

– Pero como sabes que soy… si estás… si no has abierto siquiera los ojos.

– ¿Lo has traído? – insistió.

Ahora sí lo miraba. Con decisión, con mala uva.

– Sí – contestó dulcemente.

Su padre intentó incorporarse, pero las vías que le ataban casi a la cama y su falta de fuerzas convirtieron su torpe intento en fracaso rotundo. Pablo dio al botón de la cama que levantaba la parte del cuerpo. Le ahuecó la almohada y lo ayudó a acomodarse.

Pablo le sonreía.

– Ten.

Su padre puso las manos abiertas sobre la caja. Parecía que pensaba si abrirla o no, o si… quizás tenía reparo a enfrentarse a lo que había dentro.

– Todavía recuerdo el manotazo que me diste cuando me pillaste jugando de pequeño con ella.

– Y seguro que faltará alguna – dijo en un tono de voz inequívocamente malencarado – Es mi vida y nadie tenía derecho a manosearla.

– Papá…

Pero su padre le hizo un gesto para que se callara. Se quedó mirando la caja pensativo. A Pablo le pareció ver que los ojos de su padre se humedecían.

– Pablo, eres mi preferido, siempre lo he dicho, aunque no me has creído nunca.

– Papá…

– Eres el único con el que puedo contar.

– No…

– Ponte a leer o lo que quieras…

– Creía que me ibas a contar la historia de cada…

– ¿De cada entrada? No, hijo, no tenemos tiempo… y son recuerdos muy… no sabría como contártelos ¿sabes? Si sabes mirar, quizás cuando muera, tú podrás leer en ellas.

Pablo miraba como su padre abría la caja y sacaba una entrada.

– “Al Este del Edén”. La vi con tu madre. Le gustaba James Dean. Me hubiera dejado por él… Na, son bobadas, no te enfades. Aquel día llovía, la tía Felisa se había quedado con tu hermano, tendría entonces… 6 años… no, 7; Con los dos, que ya había nacido el ausente. Qué cabeza tengo, si ya tenía 3 años… Era 1957… tu madre estaba guapísima, tu madre era guapa ¿sabes? Sabes la confundían con Joan Fontaine – el hombre revolvió la caja y sacó una foto – mira…

– Mamá.

– No, Joan Fontaine.

Su padre sonreía orgulloso.

– Tú te pareces a ella.

Pablo quiso mostrar su desacuerdo, pero su padre no le dejó.

– Pero…Cuando éramos novios y se estrenó “Rebeca” los amigos le decían: “Te hemos visto en el cine, estabas guapísima…” Y ella contenta, porque le hubiera gustado ser artista, pero los tiempos… no era bien visto para una chica de bien, y al final se casó conmigo y … destrocé su vida y sus ilusiones… sus ambiciones, tampoco podía hacer mucho más, eran otros tiempo…

Esta vez si que se echó a llorar… no pudo más… Pablo no sabía que hacer, no estaba acostumbrado a verlo así… no sabía si mirar a otro sitio, si darle un beso, o abrazarlo…

– Siéntate, Pablo, a tus cosas, déjame a mi con las mías… – su padre se secaba las lágrimas.

– Pero yo quiero…

– No Pablo… cuando me muera quiero que te quedes con esta caja. Quiero que… ahora que lo pienso, si a los demás no les importa, como no les importo yo, ni siquiera vienen a verme…

– Hombre, papá, Teo se acaba…

– Porque estamos en el hospital… fíjate los días anteriores, el caso que nos hizo… y sus hijos, ¿Dónde están mis nietos?

– Papá, no… – quería decirle que no le dijera nada, que ahora lo necesitaban, que no se enfadara… pero una vez más no le dejó.

– Tu hermano siempre parece enfadado, y el otro, es como si no existiera.

Permanecieron en silencio un rato.

– Me siento entonces – Pablo suspiraba rendido.

Se sentó y sacó el libro que llevaba de la bandolera: “Ocultos”, de Jordi Sierra. Y con una lágrima en los ojos y repartidos estos entre el libro y su padre, se puso a leer.

Por el ojo que le correspondía a su padre, podía verle sacar infinidad de entradas de cine de afiches, de fotos… le veía llorar o reír, o mirar con tristeza, o despectivamente, o… cada entrada tenía un gesto distinto. Cada afiche, cada foto… llegó una en la que se le volvió a iluminar la cara.

– Mira, otra de tu madre – se rió pícaramente girando la foto para que Pablo pudiera verla.

– Sí – contestó sin muchas ganas.

Pablo puso la guía en la página del libro, y sacó sus pañuelos. Uno lo dedicó a secarse las lágrimas, y el otro a despejar sus fosas nasales.

– Y todavía lo que me queda – murmuró.

Lo que pasa es que todavía no era consciente verdaderamente de todo lo que le quedaba.

Y mientras, su padre seguía recorriendo su vida a través de sus entradas de cine.

La vida secreta de Walter Mitty – la película.

La vida secreta de Ben Stiller . Huy, perdón, que me he equivocado: “La vida secreta de Walter Mitty”.

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Cuando vi por primera vez el tráiler me produjo dos sensaciones: una de enorme interés, porque la historia me seducía. Y por otro lado, sensación de pena, de frustración, porque algo de lo que se cuenta en esta película, me gustaría contar a mí alguna vez en una novela.

He dudado en ir a verla, pero al final, y tras una cola en el cine, sí, había cola en el cine, he ido.

La primera pregunta de toda reseña que se precie escrita por mí: ¿De qué va Jaime?

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Pues ya que lo preguntáis, os lo cuento:

Va de un hombre, Ben Stiller. El pobre pues, de vez en cuando, como dice su hermana, se le va la olla. Sí, de repente escucha un ladrido (me refiero a un ladrido de perro, no a uno de humano), y cual héroe de cómic de la Marvel, se lanza al vacío para entrar por una ventana en una casa a punto de explotar por un escape de gas. Consigue salvar por supuesto al perro ladrador y sacar a todos los habitantes de la casa. La gente lo vitorea… ¡Es un héroe, Warter Mitty!, y el sonríe modesto y le da el perro a su dueña, que casualmente es la mujer de la que está enamorado en secreto, una nueva compañera de trabajo.

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Walter el pobre tiene estas escapadas en momentos de los más inconvenientes. Por ejemplo, pues resulta que la empresa en la que trabaja, una conocidísima revista, ha sido comprada por unos nuevos dueños que quieren cerrar con alevosía la edición en papel y despedir a la leche de gente, claro. Pues al pobre Walter se le va la olla justo cuando debe presentarse al nuevo jefe, que parece un jefe Amis, con su barba y tal, o un tipo de esos de los primeros estadounidenses, esos que firmaron la Declaración de Independencia y 4 de julio de hace un par de cientos de años.

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Pues, que el pobre Walter pues que se va de fiesta a ser un súper-héroe en cuanto puede. ¡Cáspita! Pero la pérdida de un negativo que estaba destinado a ser la última portada de la revista en papel, hace que el amigo Walter deba convertir sus sueños de héroe viajero en realidad. Y ahí tenemos (léase esto con tono engolado) a nuestro héroe surcando los mares, los cielos, arrostrando peligros a lo largo de este inhóspito mundo, para conseguir la salvación de la humanidad.

A mi me gusta el argumento. Yo de hecho es lo que hago. Yo soy Walter Mitty. Sí, lo reconozco. No, no he escrito el relato original en el que está basada esta película. Por cierto, si alguien quiere comprar un relato corto de los míos para hacer una película, pues estoy dispuesto a tratarlo. Mi correo está en el lateral. Y si alguien quiere invitarme a un café, un Príncipe azul, o verde, da igual, pues que también para ellos tengo el correo en el lateral.

Ya estamos, dejemos de dar vueltas a la madeja para llegar al punto culminante. ¿Qué te ha parecido Jaime?

Bueno, pues… na, que no. Que sí, pero que no. Tiene muy buenas intenciones, el planteamiento es bueno, pero… hace aguas, por lo menos para mi gusto.

Mezcla muchas cosas, muchos tonos y creo que no consigue que funcionen adecuadamente.

Primero falla Ben Stiller. Yo creo que dirigir y protagonizar hace que se ofusque en él mismo. Es el protagonista, pero creo que puede serlo de muchas formas, y en esta caso, al menos para mi gusto, no lo consigue.

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La historia mezcla, claro, un mundo imaginario con el mundo real. Creo que ese engarce no está conseguido. En el sentido, además, de que el mundo imaginario puede tener unas licencias en lo que es posible o no, que en el real no es factible. Encuentras en el mundo real cosas que no tienen un sentido, que en otras películas incluso pensarías que es un fallo de raccord, a parte que muchos de los recursos que utiliza son muy previsibles, tanto que llegando a un punto, sabes casi paso por paso lo que va a suceder. Es una película, pues, que en principio debía sorprenderte, y al final no lo hace, al revés, te la sabes.

El personaje de Walter creo que, aunque te va desgranando un poco lo que pasa con él, por qué es como es, o bueno, o digamos que lo justifica con algunas píldoras de su pasado, el resto de personajes son un poco estereotipados y muy planos. Su amor platónico te imaginas cosas, casi mejor no profundizo por no destripar alguna cosa, pero en el fondo se queda ahí, en lanzar cositas sin concretar demasiado. Deja pues al personaje un poco cojo. Claro, si cojo está el protagonista, la musa que poco sentido más tiene en la historia, no va ser más.

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En realidad el resto de los personajes no son nada, son humo o focos para iluminar al dueño de la historia.

Tiene cosas interesantes, como el recurso del hombre de la página de contactos que lo llama de vez en cuando para completar el perfil de nuestro hombre. Sale también un rato Sean Penn, pero vamos, na, como un cuadro para adornar. Y sale Shirley Mclaine, también para adornar un poco.

El malo es de opereta, es malo de cómic. Y creo que su actor tampoco le aporta nada especial. El actor es Adam Scott.

Tampoco acierta me parece en el ritmo, por no decir que, como pasa mucho últimamente, el tráiler te engaña miserablemente. El tráiler tiene un ritmo estupendo, que en la película se convierte en absolutamente cansino.

Podríamos hablar del mensaje, pero… es tan evidente, que no merece la pena.

Pues hasta aquí ha llegado el tema, aunque me dejo alguna cosa en el tintero, pero no quiero aburriros.

Por lo menos me quedo más tranquilo, porque algún día podré escribir lo que tenía pensando sin que alguno me tache de copión.

El tráiler:

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Más información en La Butaca. , en Cine 365

Y para que tengáis referencias de otras críticas con distinta visión de la película que yo, Filmaffinity

Agosto, la película.

Debería existir una categoría de cine que se llamara: Reuniones catárticas. O más llanamente: Reuniones tira-mierda.

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Esto es Agosto, la peli que toca hoy.

Antes de nada, os pongo esta canción; sale en la película, en los créditos del final. Quedaros a escucharla. Es maravillosa.

(Last Mile, por King of Leon)

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Dirige John Wells, un chico que se le conoce sobre todo por televisión, como productor de series como “Urgencias” y las últimas temporadas de “El ala oeste de la Casa Blanca”. Ahora está produciendo Shameless o Southland.

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El de qué va es fácil: una reunión familiar en la que vuelan los trozos de excrementos de un lado al otro de la mesa. Secretos, rencillas, odios, reproches…

Lo demás de la trama es secundario, creo. El que se reúnan para santificar el año nuevo o para despedir al tío Borja que va a forjarse una nueva vida, da igual. A lo mejor se reúnen porque es el cumpleaños de alguien o puede que sea una reunión del comité de organización de las fiestas del pub de la esquina.

En este caso el viaje de los latigazos dialécticos no se circunscriben a la reunión en sí, siguen luego, y ya empezaron antes.

Tenemos a los personajes. Esta es una película de mujeres. Los hombres somos aquí meros convidados de piedra. Y en algún caso, meros sacos de boxeo a los que zaherir con contundencia por su pusilanimidad. Eres pusilánime, pues toma, en la derecha y en la izquierda.

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Tenemos a mamá. Meryl Streep, la inconmensurable. Es mamá. Es adicta a todo lo que viene en botecitos con el nombre de un médico pegado en una etiqueta y que se pueda tragar. Alucina en colores la mayor parte del tiempo. Las pastillas.

Tenemos a la hija, la preferida, según su madre. Como se llama esta chica… Julia, Julia Roberts. Ésta, os cuento un secreto, es la más parecida a su madre, pero no se lo digáis, porque se enfadará seguro, no quiere parecerse a ella por nada del mundo.

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Luego está Juliette Lewis. Ésta es la que se agarró a la cintura del primer chico que se puso delante de ella y salió corriendo. Es hombre-dependiente. Lo demás le importa más bien poco.

Y tenemos a la que más me gusta (el personaje): el que hace Julianne Nicholson. Es la mujer que se queda a cuidar de sus padres, estando cerca y aguantándolos. Es la más callada y a la que su madre tiene oportunidad de fustigar todos los días, por la mañana y por la tarde. Nadie le agradece el haberse ocupado de ellos. Mucho menos tiene un premio por haberlo hecho. Y está más sola que la una. Está tan sola que eso le lleva a tomar decisiones a veces un poco cuestionables. Es un personaje gris, chilla menos, requiere menos protagonismo.

Los hombres de la película son Chris Cooper, Ewan Mcgregor, Dermot Mulroney y Sham Shepard.

Y se me olvidaba otra mujer importante en la trama, la hermana de la madre: Margo Martindale.

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Si vais a ver la película, sabiendo lo que os he contado, vale. Estoy viendo cosas, noticias por ahí, y casi cuentan detalles de la trama que me parecen irrelevantes y que le quita una gran parte de la posible gracia a la película. Porque una de las gracias es que no sabes la mierda que se van a echar, y te acaba sorprendiendo. Si ya sabes parte de esa mierda antes de sentarte en la butaca del cine pues parte del interés se diluye.

En éste género de películas que me he inventado, pero que es un hecho, se suele recurrir a personajes muy extremos para que digan muchas de esas “mierdas” que llevamos todos colgando. Así en parte evita que te sientas identificado completamente con ellos, aunque parte de lo que se diga en la película, te toque de cerca. En esta película se habla muy mal, se grita mucho, los personajes están llenos de rencor, frustrados, en el fondo, solitarios. Amargados. Pero claro, entre tantas cosas, es raro que no te toque algo y alguno de los personajes diga algo que te afecte, en lo que te veas representado. O que veas a un amigo tuyo, o a tu padre, o tu tío el de Pontevedra. Ahí empiezas a ver otra película. Eso claro, si no haces como en la vida real, que te resbala todo y silbas mirando al cielo.

Decía el otro día Àngel Llácer a un concursante de “Tu cara me suena” que la gente en realidad, si se mostrara tal y como es, la querrían mucho más. Pero cada vez más, seguimos el camino contrario. Llácer por supuesto animaba al concursante a desnudar su alma.

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El caso es que en este film, sobre todo lo demás expuesto, la trama, el director, etc. se levanta la sombra de dos mujeres: Meryl Streep, y Julia Roberts. Son tan apabullantes sus papeles y sus interpretaciones, que todo lo demás pasa a segundo plano. Echan de la película a todos los demás. Solo Margo Martindale puede con ellas.

Me parece una película interesante. Y una película que es para ver en el cine, sin luz, sin interrupciones, atentos a los que se dice. No me parece una película perfecta. Es demasiado excesiva a veces, con ciertos desajustes en el ritmo y en el equilibrio de los personajes. Muchas veces además achacamos a los hombres que no escriben bien personajes de mujeres, que las dejan un poco cojas. Aquí pasa al revés. Los personajes masculinos son planos, meras comparsas de esas cinco mujeres-apisonadora.

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La puesta en escena no desentona; viene del teatro y no deja de ser eso, una historia para teatro, aunque le des un poco de alma inventando algunas escenas para exteriores. Sacando ese ambiente desolado que rodea la casa, esa llanura americana en pleno mes de agosto, calor y más calor, luz que quema, aunque no es de esas veces que sientes el calor, por más que no hagan más que repetir: ¡Qué calor!

Algunas de estas escenas exteriores son un poco tontas, pero… aunque ahora que lo pienso, remarcan lo que luego vamos a saber de los personajes. Remarcan, no, contrastan. Eso es, ponen el contra-punto. Podéis luego atar cabos y reír, o llorar de pena.

Estas películas es también el problema que tienen: que a veces no sabes si reír o llorar. Se pueden tomar de las dos formas.

Y ahora, ya sí, el tráiler.

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Más información en “La Butaca”

O en Filmaffinity.

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