Dido está hecho un lío.

rincon161114-francisco lachowskiModelo: Francisco Lachowski

Dido disimuló. Creyó que no lo conseguiría, y eso, durante unos segundos, le causó algo de ansiedad; pero al final, sí, lo hizo. Se fijó en todos los que estaban con él en el chamizo y sabiendo como eran, que no perdían oportunidad de reírse de cualquier cosa que le ocurriera a daba igual quién; comprobó aliviado que no había habido reacción; así que pudo relajar sus hombros. Hubiera sido el final de su historia como chico guay si alguien se hubiera fijado. Las mofas hubieran sido crueles. La persecución, implacable. Hubiera tendido que desaparecer, so pena de perecer en el mundo social que frecuentaba. Ese mundo era su vida.

Una vez que esa preocupación desapareció, empezó a meditar sobre qué le había ocurrido. Estaba desconcertado, absolutamente: Peter le había puesto la mano en el muslo, para llamar su atención para que se fijara en el partido y en la falta que el defensa había hecho a Ronaldo, “hay que matar a ese hijo de puta, pero si casi lo lesiona”. Un gesto como otro cualquiera, hasta ese momento, posiblemente cien veces repetido. Pero… ¡joder! que le había dado un escalofrío. ¡Joder! que el estómago lo sentía como extraño.

Joder, se había excitado.

Miró de reojo a Peter. Parecía absorto en el partido. Cogía de vez en cuando un puñado de palomitas y se trincaba un buen trago de Coca-Cola. Peter era el único que no bebía cerveza. No le gustaba, y para animar la fiesta no necesitaba alcohol. Siempre era el rey de los chascarrillos, de las bromas, buen humor, risas y diversión. Era su máxima.

A Dido siempre le había parecido que Peter exageraba un poco su buen humor. A veces sus ganas de juerga eran un poco forzadas. Pero era algo que nadie a parte de él veía, o al menos se daba por enterado en voz alta; ni siquiera en confidencias susurradas al calor del alcohol de fin de semana. Peter es como esas personas que ante todos son los más solícitos y educados, siempre prestos a echar una mano. Pero si escarbas descubres que es una pose forzada, porque luego quieren conseguir algo. Son buenos por obligación, que no sabía si era ser menos bueno, pero que al menos, quitaba un poco de naturalidad y espontaneidad al tema. “¡Qué cojones de buenos! ¡Son unos interesados de mierda!” Aunque pensaba que, a lo mejor, lo único que buscaba a la desesperada era la aprobación de la gente, ser guay, y puede, era una suposición apenas vislumbrada en su mente, evitaba preguntas y que la gente tuviera ganas de profundizar.

Tenía curiosidad de conocer al verdadero Peter. Los demás del grupo eran simples. No había más de lo que mostraban. No eran ni mejores ni peores, pero no había nada debajo que no estuviera en la piel de cada uno de ellos.

– Gola, gol gol.

Todos saltaron de alegría. Madrid 1, Bilbao 0.

– Riau, riau. Riiau.

Dido también se levantó, porque además, lo había marcado Benzema. Le gustaba ese futbolista. Como se movía entre líneas, abriendo el campo, jugando sin balón. No estaría marcando muchos goles, pero dejaba el camino libre para que Ronaldo o James entraran sin oposición. Saltaban todos de alegría, reían y se abrazaban.

– ¡Vamos, vamos! el grito de guerra.

– ¡¡Este año lo petamos!! – gritó Román como un poseso.

Todos mirando a la tele, brazos en los hombros del compañero, como si fueran a bailar el can can. Estaría divertido todos esos hombres “machos ibéricos”,  con ligueros y falditas, levantando las piernas y cantando el can can. “Dido, didodidodido, didodidodido, didodidodi”.

En un momento dado, Peter, que estaba a su lado, se soltó y le agarró la cara y lo besó. En la frente, pero lo besó. Fue un beso así como de ventosa, muy como de broma. Pero era un beso. Y a Dido no le pareció tan “de broma”.

– ¡Ala Madrid! – gritó poco después, fuera de sí.

Y otra vez el escalofrío. Y otra vez esa sensación rara, que aunque ya conocida, seguía siendo un enigma para él. Miraba y miraba a Peter, eso sí, de refilón, no fuera a ser que la peña se empapara de la situación. Buscaba señales, buscaba una correspondencia. En busca de una razón para esas cosas que nunca antes había hecho.

¿No las había hecho?

Lo que seguro que no había hecho es ese ligero roce de su dedo gordo al cogerle la cara. Como una imperceptible caricia. Ahora que lo pensaba, en la pierna había sucedido igual. Fue algo también muy ligero, nadie lo hubiera percibido, ni estando atento.

A lo mejor no se había dado cuenta hasta ahora, o no las había dado importancia por no haber supuesto ninguna reacción extraña ni para él ni para Peter. Una reacción como la de esa tarde de fútbol en el chamizo.

– ¡¡Ala Madrid!!

Gritó de nuevo Peter.

Dido se sentó abatido.

– Dido no jodas, no estarás de gripe o algo peor. El ébola ese. Mira a ver, cabrón.

Iba a contestar que le dolía la cabeza, por decir algo, pero se acordó de la vez que Timi dijo eso y todos empezaron a burlarse al grito de “Ya no lo haremos hoy, mi amor, que “la Timi” tiene dolor de cabeza”. Fue muy divertido ese día con Timi, pero hoy, para Dido, sería un suplicio, sobre todo porque… joder, es que no sabía lo que le pasaba.

Peter a su bola.

Los demás en el partido.

Joder, que ahora Peter le rozaba con la pierna.

¡Joder!

Dido se levantó del sofá y se fue al servicio. Entró y se sentó en la taza. Intentó pensar en otra cosa, en su madre y la matraca que le daría al llegar a casa oliendo a cerveza. Eso bajaba siempre la libido. O en que tenía que ir con su padre el domingo al pueblo a cargar los muebles del desván. Eso también daba bajón. Pero él tenía en su pierna, marcado a sangre, el ligero roce de la pierna del jodido Peter. Y otra dura reacción en su entrepierna.

“¡Joder! que Peter es un pavo. ¡Joder! que a mí no me molan los tíos.”

– ¡¡Golllllllll!!

– Ramos, Ramos, Ramos.

Dido salió escopetado del baño. Llegó a la repetición. Gol, gol.

– ¡Qué golazo el jodido! – se subió ligeramente en los hombros de Peter, sin pensar, solo feliz por el gol de “Ramos, Ramos, Raaaaaaaaaaaaaaaamos. ¡Súper Ramos!”

– Que hacías ¿te la cascabas pensando en mí?

Lo oyó en un susurro en su oído. Se giró para ver quién era, pero la algarabía, todos saltando de nuevo… no supo discernir. Buscó a Peter que estaba cerca, pero… ¿Habría sido él?

“¿Quién si no?”, pensó.

¡Joder!

Ganó el Madrid. Últimas cervezas, últimos saltos “Ala Madrid, Ala Madrid”. “¡Ronaldo es el mejor! ¡¡Cristiaaaaaaaaaaaaaaano!! ¡¡¡¡¡¡Bien!!!!!!”

Se fueron yendo cada uno por un lado. Dido se despidió de todos. Buscó al irse a Peter con la mirada, pero no lo vio. “Mejor”, pensó. Aunque debería pensar luego, en casa, lo que le había pasado. Joder, que mierda. 18 putos años y así, con estas tonterías.

Pensó en contarle a Jon. Pero no sabría como hacerlo. Porque no sabía lo que era, lo que había pasado y mucho menos su significado. Lo que le pasaba. O si a lo mejor, era algo de la cerveza. Eso podría ser, que le hubiera echado algo a la birra. Pero… no, porque había abierto él la lata. Y además, a lo mejor Jon se pensaba cosas raras, y aunque era un buen amigo, no, sería un palo. Ya no podrían hablar de chicas como antes.

¿Y si… Kris? ¿Y si lo comentaba con Kris? Podía hacer eso de que “un amigo le ha pasado”. Bah, pero Kris estaba a su rollo, ya tenía bastante con lo de su hermana, en el psiquiátrico por lo de comer. Su madre estaba de los nervios.

Llegó a su casa y se fue derecho a su habitación. Se tiró en la cama y cerró los ojos. Sintió que tocaban en la puerta. Era su madre.

– ¿Estás bien?

– Me duele un poco la cabeza.

Su madre lo miró un segundo fijamente. Él tuvo la impresión de que ella lo sabía. Fue un instante, pero… se le quedó esa impresión ahí, en su puta cabeza.

– Habrás bebido demasiado, como siempre – dijo con poca convicción. – ¿Quieres algo?

– No, nada.

– He hecho tarta de queso. – y sonrió.

– Guay.

Dido se levantó de un salto, dio un beso a su madre, que sí que puso cara de susto, y se fue a la cocina. Intentaba romper así la dinámica de “Mamá mira a Dido y Dido se emparanoia con que su madre sabe.” “ Y si mamá sabe, es una puta tragedia”. “Pero ¿Qué sabe mamá?”.“¿Hay algo que saber?”

En el primer mordisco de la tarta pensó en que debía olvidarse del tema. Con el segundo…

– Dido, no seas guarro. Corta un trozo, no piques de la tarta entera. Va a quedar como un cromo.

– Es que está tan buena y la haces tan pocas veces…

En el cuarto trozo, había decidido decirle a Arancha de salir juntos.

– ¡Guay! – pensó alegre mordiendo de nuevo su trozo de tarta de queso.

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Modelo: Francisco Lachowski.

I Semana del chico guapo: Francisco Lachowsky.

Impresionante este modelo. Francisco “Chico” Lachowski. Aunque a mí me da que chico está triste… no sé, le veo un velo en su mirada en algunas fotos del backstage y demás. Creo que cuando se de cuenta de que invitándome a un café se le van a pasar todas las penas, y charlaremos y tal…

Vale, no ha colado. Una pena.

15 fotos de Francisco Lachowski.

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Más el resto de fotos de otros post, más los vídeos en los que sale. Una buena colección de sus trabajos. Y todo sin salir de este blog.

Hasta nos manda un beso.

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Presiento que el café está a punto de llegar.

Y como extra, el anuncio de perfume que últimamente han dado por televisión con Lachowsky de protagonista.

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Prólogo a la I Semana del chico guapo.

Y que mejor prólogo que un divertido vídeo, como otros que ya he puesto en el blog, con multitud de modelos masculinos maravillosos.

Además, en este vídeo salen algunos de los modelos que luego van a protagonizar la I Semana del chico guapo.

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El vídeo lo ha dirigido Justin Wu.

Y próximamente, la I Semana del chico guapo.

Estáis a tiempo de enviar vuestros chicos guapos.

Modelos que bailan. Guapos. Estupendos. Divertidos.

De la mano de Justin Wu.

Dejaros contagiar por el ritmo de la música y no perdáis de vista la pantalla, eso sí.

Antes de nada, este vídeo se lo debemos a Sonia, que ha querido animarnos el fin de semana. Gracias Sonia.

Y después, fijaros porque salen amigos de este blog. Y algunos que lo serán en breve.

Adrián Cardoso, Adrien Sahores, Francisco Lachowski, James Smith,   Vladimir Ivanov, Leebo Freeman, Sebastian Sauve, Isaac Carew, Sacha M’Baye. Robbie Wadge, Nils Butler, Harry GoodwinsTobias Sorensen, y muchos más.

Y muchos más de los que están acreditados.