Navidad 2016: “Adoración de los Reyes Magos de Durero”, por Dídac.

Y es una idea de Dídac que este año no hemos tenido tiempo de desarrollar convenientemente, pero que en futuras ocasiones, si es que llegan, seguramente merecerá atención y dedicación. Pinturas Navideñas. Cuadros. Como esta “Adoración de los Reyes Magos” de Durero.

 

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Dice Dídac al respecto:

 Un cuadro pintado en 1504 y que mide 100X114.5 según reza la ficha de la Galería Ufizzi, que en internet se comen ese medio centímetro, es un óleo sobre tabla que formaba parte de una gran retablo cuyos restos están repartidos por le mundo. Es de gran colorido me encanta su composición triangular, los colores recuerdan un poco a un Allegro de estos donde la flauta es un tanto protagonista, con juego de violines si le tuviera que poner música sería el concierto para flauta de William Babell Opus 3, número 1, porque pese a la pedrería ostentosa del Gaspar del primer plano, el Baltasar es de un elegante que me encanta, como el cielo y los ocres.

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Gracias una vez más Dídac.

Navidad 2016: “Noche de Paz”, por Dídac.

Un villancico de toda la vida, casi.

Dídac hoy nos recomienda esta versión de “Noche de Paz”, con arreglos de Juan J. Colomer, interpretado por la Orquesta y Coros de RTVE.

Cerrad los ojos y disfrutad.

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Qué gran elección de Dídac.

Y es que es la elección perfecta para desearos una Feliz Navidad a todos. Una canción bonita, propuesta por un amigo, Dídac, y en compañía de todos vosotros.

Espero que disfrutéis de la mejor compañía posible. Y si decidís pasarla solos, que os acompañen los personajes amados de vuestro “Mundo imaginario” particular. Ilusiones y buenos deseos que os hagan sonreír y sentiros a gusto y felices.

Gracias a todos.

Navidad 2016. “Una moneda en un sombrero.”

Es una buena metáfora.

Una niña pone una moneda en el sombrero de un músico que toca en la calle. Es una pequeña acción. Pero mirad lo que desencadena.

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Es una gran metáfora de la vida. Tú haces una pequeña buena acción, y eso puede desencadenar miles de buenas cosas. Tú sonríes, y eso puede originar miles, millones de sonrisas. Tú escribes una historia, aunque solo la lea una persona, si a esa persona le llega, puede producir reacciones inconmensurables.

O si haces una foto bonita.

O si pones una canción dulce. Aunque parezca que nadie la escucha, que nadie la ve.

 

Ha vuelto mi Príncipe.

¿Te acuerdas cuando te decía que había soñado contigo y que montabas un corcel blanco, con tu melena castaña al viento, tu mirada de ojos marrones penetrantes observándome fijamente, y que me sonreías de esa forma que sonríes en mis sueños?

Hoy he vuelto a soñarlo. Vestías una casaca de los Mosqueteros del Rey, esos de “Todos para uno, y uno para todos”. Es porque he estado escribiendo algo en lo que los “Los tres mosqueteros”, tiene algo que ver, no te pienses. Pero me mirabas y alargabas la mano hacia mí, y mira que solo con eso, parecía que estábamos haciendo el amor ahí, en plena plaza, con todo el pueblo mirando. Y era un pueblo grande, muy grande. Con mucha gente, vaya que sí.

Ha sido un sueño muy bonito, Mi Príncipe. El Príncipe de los Mosqueteros. Mi Príncipe, de todas formas. Me ha hecho sentirme dichoso, me ha producido como un terremoto de placer dentro de mí. Aunque solo era un sueño, el placer era real, lo juro.

Hoy, cuando he vuelto a casa y te he visto… bueno, no me has avisado que llegabas. Un mes fuera y no me avisas que vuelves. “¡Sorpresa!”, me has gritado. Y has alargado la mano, como en mi sueño. Te ha crecido el pelo, no hasta la melena con la que sales en mis vuelos imaginarios nocturnos. Pero sabes, joder, miras igual que en mis sueños. En realidad en mis sueños miras como miras en verdad. Un día de esos que tuve de depresión mientras estabas fuera, pensé que me habías dejado de amar. Pero esos ojos marrones tan… no sé como definirlos, tan… penetrantes, tan brillantes… me, me, me… me has… me he convencido de que fui tonto solo de pensar que no me querías. Joder, es que me he sentido tan amado… tan deseado, que te lo he notado… me deseabas, estabas… ardiente… “¡Bien!” he gritado para mis adentros apretando mucho los puños.

Y entonces yo he alargado la mano también, y nos hemos rozado los dedos y me he acercado despacio, y tú te has acercado también despacio… y ese primer beso después de un mes… esos labios finos, un poco secos, pero que me encantan porque me permiten humedecerlos con los míos, con mi lengua. Y otro beso, apasionado. Y un tercer beso, pausado, y un cuarto, delicado, y vuelta al beso pasional, urgente y bravo, y nuestras manos entrelazadas… y luego te has soltado y me has envuelto con tus brazos, y me has rozado la espalda, y me has quitado la chaqueta, y la camisa y has besado mi pecho… y yo he mirado al cielo, que no lo he visto, que estábamos en casa, pero te juro que he visto estrellas en el cielo, y la luna y he creído escuchar …

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Y yo te he quitado la camisa, y no te he quitado los pantalones, porque no los tenías. Ni me había dado cuenta, que bobo, con lo que te gusta estar en casa en calzoncillos…, tus pies desnudos…

No sé cuando me has quitado los pantalones. No sé si ha sido en el beso 45 o en el 52. no sé si ha sido antes de que te besara el cuello, o que me perdiera por enésima vez en tus ojos. No sé si ha sido antes de que nos tumbáramos sobre la alfombra del salón y nos abrazáramos mientras nos besábamos y nos acariciábamos… que piel más suave, mi Príncipe. Que dedos tan maravillosos tienes, cuando recorren mi cuerpo… y cuando te he empujado al suelo y te he indicado que te tumbaras boca abajo… y me he puesto sobre tí y he buscado tu cuello, escondido entre los mechones de tu pelo, y lo he besado apartándolo suavemente. Y he besado tu columna, que te ha gustado, vaya que sí, que te estremecías con mis besos. Y cuando he llegado a tu culo, bueno, me he tenido que levantar un momento para ver su forma, para disfrutarla recorriendo sus curvas con las manos, tan suavemente como he podido, y te ha gustado, y me ha gustado… y he vuelto a acercarme para besarlo, para besarlo arriba, abajo, para besar sus lóbulos, sus hoyuelos.

Te has dado la vuelta y te has incorporado. Nos hemos quedado ahí, mirándonos, mientras rozabas con tus dedos mis mejillas, mientras recorrías con tus yemas mi frente, mientras me besabas la nariz, las orejas, mis labios, mi barbilla… “Rascas”, me has dicho sonriendo, “Me gusta”, con otra sonrisa.

Y hemos vuelto al suelo, abrazados, muy pegados. He sentido tu miembro palpitando. He sentido tu deseo. He sentido como tus piernas se tensaban, tus vellos se erizaban. No había prisa, la noche era joven. No había prisa, el amor es duradero. Nuestro amor es eterno, mi Príncipe.

Rodearé tu miembro con mis labios y lo recorreré suavemente. Y tú harás lo mismo con el mío. Y volveremos a besarnos un ciento de veces, hasta que tengamos irritados los labios. Y nos miraremos a los ojos, y nos diremos “Te amo” sin pronunciar palabras, y luego, te lo prometo, te lo diré susurrando en tu oído, haciéndote cosquillas, como siempre, como te gusta. Y tu me lo dirás también, que esas cosas a veces hay que decirlas en voz alta, o queda, o media, pero decirlo con voz y entonación.

Mi Príncipe. Que luego me dices que los sueños… pues los sueños se han hecho realidad. Esta noche pasada soñé contigo y hoy, has llegado por sorpresa. Hemos hecho el amor en el salón y ahora, te veo en la cama, mirándome mientras escribo. Sonríes, me miras. No hay corcel, pero si un poco de melena. No hay plaza del pueblo, pero sí tu mirada profunda, buscándome y encontrándome, porque no puedo por menos que dejarlo todo e ir a tu lado… y volver a amarte, volver a recorrer tu cuerpo, sentir tu miembro entre mis piernas y sentir tus entrañas rodeando el mío. Y al revés, y vuelta a empezar.

Te amo mi Príncipe.

Toca el piano sobre mi piel. Toca el violín en mis piernas. Haz que la música suene entre nuestros cuerpos mientras nos amamos, mientras gritamos de placer.

Voy que te impacientas.

Voy a decirte de nuevo, cuánto te amo. Voy a demostrártelo.

Te amo mi Príncipe.

Voy.

Retazos de vida imperfectos 05. He sentido tu piel en mis dedos, Mi Príncipe.

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Frank Liszt: Sueño de amor.

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Esta noche he sentido tu piel. Esta noche. Mientras intentaba conciliar el sueño.

Hace tanto tiempo que no acaricio tu piel que parece que eso no ha sucedido nunca, mi Príncipe. Esa piel sedosa, blanca, esa piel que tanto gustaba de mis dedos. Que se llenaba de calor y color solo con que estuviéramos tumbados al lado, en la cama, en la arena de la playa, en el césped de los jardines del Emperador.

Hace tanto tiempo que no estamos juntos, mi Príncipe, que parece que no nos hayamos conocido. Que nunca hubiéramos entrelazado nuestras manos para pasear por las calles de Lisboa, que nunca nos hubiéramos abrazado en aquella pensión de mala muerte de Cádiz. Hace tanto tiempo, mi Príncipe que no estamos juntos, que aquella vez, aquella primera vez que hicimos el amor en Brujas, parece que no hubiera sucedido nunca. Ni aquella primera vez que hicimos el amor en Madrid. O aquella de casa, tu casa. O aquella vez en casa, mi casa. Aquella vez que nos amamos en aquel barco sobre el Sena.

Hoy, mi Príncipe, hoy, he sentido tu piel en mis dedos. La acariciaba, y te juro que la he sentido. La acariciaba, mi Príncipe, y te juro, que me ha recorrido una descarga eléctrica de excitación y placer. Luego, me he llevado los dedos a mi boca y te he besado, como se besa a un amante, a un amado.

Ahora, desvelado por tu recuerdo, pienso que la vida no tiene sentido sin ti, sin tu amor, sin tu consuelo, sin tu apoyo, sin tus necesidades. Nadie me necesita, mi Príncipe, desde que te fuiste.

No seré capaz de dormir hoy en nuestra cama. Debería haberla vendido. Debería haberla tirado. Mañana lo haré, mi Príncipe.

Y hoy dormiré en el suelo. Acurrucado. Deseando que llegue el amanecer para que la luz esparza tu sombra en el abismo del olvido y así, poder recuperar mi vida.

O eso, o vuelve, mi Príncipe. Y deja que las yemas de mis dedos acaricien tu piel y mis labios, acaricien los tuyos.