Otro poema de amor, mi amor.

si quieres puedo escribir un poema sobre tu piel

lo escribiría con besos

con besos de amor

a mí no me tienes que pedir permiso – dijo él

¿a quien si no, mi amor?

¿a quien si no que al objeto de mis deseos, de mi amor?

Amor.

sería un poema de amor por ti

glosando lo que me enamora,

cada poro de tu piel,

cada curva de tu cuerpo.

tus ojos

tu sonrisa.

– pero para escribirlo no necesitas mi autorización – insistió.

pero si lo escribo sobre tu piel

deberás desnudarte para mi

y quedarte quieto mientras lo transcribo;

deberás iluminarme con tus ojos,

para que pueda comprobar que los trazos de mis besos son certeros

y que la noche no me impida pergeñar el mejor poema de amor

que jamás se haya escrito

nuestro poema de amor

tuyo y mío.

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Tus ojos.

Que bonito.

Aquí hace sol,

primavera.

¡Que bonito!

Primavera en la calle

y primavera en tu mirada,

en esos ojos maravillosos.

Primavera en tus manos

sol de corazones.

Nada de nada

y todo;

todo;

todo.

Eres todo:

un ángel, un príncipe, un niño, un amor;

un tulipán;

Una cafetería vieja con encanto,

una vieja pianola,

una vieja canción.

Un joven capullo naciendo a la vida, cada día, al abrir esos ojos insondables y encandilantes

un nuevo día, una nueva vida, nueva cada día.

Me quedaría mirando esos ojos profundos toda la vida,

esperando por las mañanas a que se abran

y sonreír.

Permanecer despierto hasta que se cierren por la noche

para no perder ninguno de sus fulgores.

Ojos de amor, de primavera, de vida.

Amor,

paseemos cogidos de la mano,

guiados por la luz de tus ojos,

que nos lleven a los confines del mundo.

¡hummmmmmmmmmmmmm!

Me tumbaría frente a mi ventana,

en el jardín,

en plena Plaza Mayor,

en un tejado,

recostado sobre tu pecho,

con la cabeza ligeramente girada para poder ver, primero tus labios entornados hacia arriba en una sonrisa perfecta

señalando el camino de tus candiles,

tímidos y rotundos a la vez,

en una combinación perfecta.

Si mi amor

primavera

en Bombay

en Burgos

en los confines del universo

esos son tus ojos:

primavera.

 

Otra cantata de amor. Una más.

.


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Amor

dices que te hubiera gustado que anoche hiciéramos el amor bajo un cielo con luna de caricias;

los dos solos, en nuestro mundo mágico y particular.

A mí también, mi amor.

Así deberían ser todas tus noches, nuestras noches, mi amor

llena de estrellas, corriendo tras las luces de tu espíritu, nuestro espíritu

de tu corazón, mi corazón,

siendo dos y uno a la vez.

También a mí me hubiese gustado posar mis labios sobre los tuyos

mi sonrisa sobre la tuya,

mi mirada sobre la tuya;

me hubiera gustado besar tus ojos,

tus orejas,

tu cuello,

pasear mis dedos por tu pecho,

morder tus pezones,

recorrer con mis manos tus piernas,

besar tus pies,

sonreírte mientras nado en tus cristalinos.

Y de alguna forma lo hice

mi amor

En ese mundo privado, mágico, único para los dos.

Ese mundo de nubes y ambrosía

con la música sonando desde los confines del universo llenándolo todo de paz,

de la felicidad de dos almas que entrelazan sus dedos y se apoyan el uno en el otro.

¿Qué es real, que es imaginario, mi amor?

¿El amor es real, palpable?

De alguna forma fue real, mi amor

porque la imaginación y el deseo, el amor

tiene esa magia intangible.

Siente este beso que poso en tus labios.

Sabes a fresa y a champán,

de fresa son tus labios

¡Oh! mi amor;

de miel es tu corazón.

Lo sé porque acabo de besarte sobre él

mi amor

y he sentido su latir

pausado, pero contento,

feliz.

He sentido su dulzor embriagador.

Un corazón del tamaño del mundo,

mi amor.

Todas las noches debes volar, debes sentirte estrella del firmamento

porque yo deseo que sea así, mi amor.

Cierro los ojos y te veo,

te siento.

Quiero borrar toda la niebla que pudiera enturbiar tu vida, tu alegría.

Siente la música, dame la mano, entrelaza tus dedos con los míos;

déjame que apoye mi cabeza en tu pecho

y movámonos al ritmo de la música

mi príncipe,

mi amor.

Recojo tu beso en mis labios

sabe a fresa

por tus labios, sí, son de fresa.

Me apetecería ahora rodear tus pezones con mis dedos,

suavemente,

recorrer con mis labios el camino hacia tu ombligo;

ni un milímetro de tu piel sin besar

ni una micra sin saborear

despacio, muy despacio

sintiendo la música

buscando a cada instante tus ojos,

buscando ese mar balsámico de tu mirada

mi amor.

Me gustaría ahora beber champán en tu ombligo,

perseguir las burbujas por tu piel,

sentir el cosquilleo que recorre todo mi cuerpo.

Dame un beso mi príncipe

dos besos,

un millón de besos.

Mi príncipe del mundo mágico

mi amor.

Pero no olvides nuestro mundo mágico

en donde bailamos y disfrutamos de nuestra compañía,

de nuestro amor

mi príncipe.

Dices que serás siempre mi mar de caricias, que serás mi amor, mi chico.

¡Que delicia mi príncipe!

Sí, serás mi mar de caricias, mi chico en nuestro mundo mágico.

Mi príncipe

porque deseo que seas feliz.

Deseo hacerte feliz.

Que no haya nubes en tu vida

que todo sea cielo estrellado, iluminado por la luna llena

dibujar en tus labios con mis dedos una sonrisa de felicidad eterna.

Ese es mi deseo mi príncipe,

mi amor.

Y para ello, estoy dispuesto a cualquier sacrificio,

mi amor,

hasta el supremo sacrificio de desaparecer de tu vida y perderme en el abismo del olvido, si así es menester.

Mi amor.

Mi príncipe.

Te amo.

Joel. Otro de los protagonistas de “Tómate otra”. Mi novela. La primera.

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

Joel no recuerda cuando empezó a gustarle la poesía. Quizás a los 11 años, cuando D. Fernando, el profesor de Lengua les propuso aprenderse una poesía y recitarla en clase. Para todos fue un suplicio. Las protestas fueron generalizadas. El profesor no dijo nada durante un rato, les dejó que se quejaran sonriendo; pero llegado un momento, se puso serio y firme:

– Dejaros de pamplinas. En lugar de aprenderos una canción de Madonna, os aprendéis una poesía. No se ha muerto nadie por eso todavía.

Pero él, por primera vez en su vida, encontraba algo que le gustaba de verdad, que le movía por dentro. Se aprendió dos o tres poesías, porque todas las que leyó le gustaban y no se decidía.

Da bienes Fortuna
que no están escritos:
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

¡Cuán diversas sendas
Se suelen seguir
En el repartir
Honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
A otros sambenitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

A veces despoja
De choza y apero
Al mayor cabrero,
Y a quien se le antoja;
La cabra más coja
Pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

Porque en una aldea
Un pobre mancebo
Hurtó sólo un huevo,
Al sol bambolea,
Y otro se pasea
Con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

Al final recitó dos, para alegría del profesor y el oprobio de sus compañeros. Gerardo Diego empezó su recitado. Góngora lo terminó.

Ahí se acentuó su fama de bicho raro, su soledad. Le salvó de problemas más graves con sus compañeros, una especie de aura que todos percibían y que desalentaban a quienes por un momento tuvieron la idea de ensañarse con él.

Un día, en el jardín de su casa, encontró un alma gemela, un Ángel. Un Ángel y un amor. Un Ángel de amor.

Es del dios de las aguas el tridente;
es de Moisés la milagrosa vara;
es del salvaje la ligera jara;
es la espina dorsal de un pretendiente;

es la momia de tísico escribiente;
es la segur que al golpe se prepara;
es lanza que Telefo no empuñara;
es un timón delgado, pero ingente.

Es triste, prolongada catacumba;
es electro-magnético un alambre;
es una tabla lateral de tumba;

es una hembra, mal dije; es una hambre,
es un cañón de colosal embudo
El Ángel de mi amor, si está desnudo.

(de Antonio Plaza Llamas)

Donde decía “hembra”, él decía hombre.

Un ángel que su madre desaprobó, condenó y echó de su casa. Como hizo con su hijo Joel cuando cumplió los 18.

Y Joel empezó a buscarse en el mundo ahí fuera. Solo y sin un euro. A merced del destino.

Un día, algunos años después, recaló en “Tómate otra, Sam”. Y Edu lo acogió en su plantel de camareros.

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Él y la magia: otra cantata de amor.

el amor tiene esa magia, mi Príncipe;

siente este beso que poso en tus labios

sabes a fresa y a champán;

de fresa son tus labios

¡oh! mi Amor;

de champán es tu saliva

y de miel tu corazón;

lo sé porque acabo de besarte sobre él y me ha recordado su dulzor,

mi Amor

y he sentido su latir pausado, pero contento,

feliz

un corazón del tamaño del mundo,

mi Amor.

todas las noches debes volar, debes sentirte estrella del firmamento

porque yo deseo que sea así, mi Príncipe;

cierro los ojos y te veo,

te siento.

quiero borrar toda la niebla que pudiera enturbiar tu vida, tu alegría.

siente la música de mis entrañas

música de claveles y rocíos.

dame la mano;

entrelaza tus dedos con los míos;

déjame que apoye mi cabeza en tu pecho

y movámonos al ritmo de la música del amanecer,

mi Príncipe

mi Amor.

un beso, mi Amor.

recojo tu beso en mis labios;

sabe a fresa

porque de fresa… son tus labios.