Tenemos que hablar de Kevin. La novela y la película.

Tenemos que hablar de Kevin. La novela y la película.

Tenemos que hablar de Kevin.

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El otro día por fin vi la película. La novela ya la leí hace unos años. Tenía ganas de ver como se convertía en película. Me parecía complicado el empeño.

De qué va la historia, preguntaréis.

Nos encontamos con la madre de Kevin. Escribe cartas a su marido repasando su historia. Su historia está mediatizada por su primer hijo, Kevin.

Kevin ha sido siempre un chico difícil. Su madre no ha conectado nunca con él. Desde muy pequeño el chico parecía incómodo en sus brazos, o en su compañía. Tardó en hablar, tardó en hacer sus necesidades por si solo. Tardó mucho.

Luego, la cosa no mejoró.

En cambio con su padre, todo parecía ir bien. Su padre lo trata de colega. Siempre empieza sus conversaciones con él con un “amigo”.

Todo esto lo vamos conociendo como pequeñas píldoras epistolares. En ellas mezcla la madre el presente, el pasado. Intenta explicarle o más bien, explicarse a ella misma las cosas que han pasado. ¿Ha querido alguna vez a Kevin? ¿Es su culpa que sea un chico difícil? Quizás él percibiera que no deseaba tenerlo. Pero su marido, insistió hasta que no le quedó más remedio que quedarse embarazada. Tuvo que renuciar por ello a sus viajes por el mundo, cosa que era lo que más le gustaba. Tanto le gustaba que fundó una editorial especializada en guías de viaje. Era su vida.

Kevin lo cambió todo al nacer. Y lo volvió a cambiar drásticamente unos días antes de cumplir los 16. Ese día, cogió su arco y sus flechas y mató a un montón de gente en su colegio.

Hay tantos temas en esta obra… está por un lado la maternidad. ¿Qué tipo de reponsabilidad tienen los padres en cómo salen los hijos? Hay una señora, la madre de una de las víctimas de Kevin, que siempre que se encuentra con Eva, la abofetea. Quizás porque no entiende que la madre de Kevin, en su papel de madre de Kevin, defienda a su hijo y esté con él y luche porque tenga la menor condena posible.

Está el tema de hacer lo que se espera que tienes que hacer. La madre de Kevin, parece actuar siempre pensando en lo que debe hacer como madre, no en lo que quiere hacer. No siente ese papel de madre, quizás porque en el fondo, se vio obligada a serlo. Defiende a su hijo porque piensa que es su obligación.

¿Es obligación querer a los hijos, sean como sean? ¿Eva quiere a su hijo?

Está el tema de las parejas. El padre de Kevin pone entra la espada y la pared a Eva para tener a su hijo. Ella no quiere. Pero al final, por su amor a su marido, lo hace. Renuncia a su vida, a la vida que deseaba por su marido.

Está el tema, claro de los asesinos múltiples, tan habituales en Estados Unidos.

Parece que te lo he contado todo, pero hay muchas sorpresas en el desarrollo de la historia. Y tantos matices…

El otro día, al acabar de ver la película, me quedé pensando un rato sobre si, de no haber leído el libro, hubiera sabido interpretar completamente la película. Y yo creo que no. Para mi gusto se quedan muchas cosas en el tintero. Algunas importantes a la hora de interpretar a Kevin y a su madre. Pero quizás hubiera visto otra historia distinta y me hubiera gustado igual. Eso no lo puedo valorar.

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La madre con los tres actores que interpretan a Kevin

Para mí, la película tiene tres protagonista fundamentales. Tilda Swinton, en el papel de Eva, la madre de Kevin. Jasper Newell, en el papel de Kevin a los 6 años. Y Ezra Miller, en el papel de Kevin ya adolescente. Los tres están impresionantes. Ezra Miller basa todo en su mirada enigmática, en una mueca sarcástica e inquietante que te hace odiarle a cada instante. Tilda Swinton, que aparece en pantalla casi en todo momento, hace una interpretación llena de dolor y drama. A esa Eva, no me la imaginaba así al leer el libro, pero no me disgusta el punto de vista de la actriz a la hora de abordar el papel.

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John C. Reilly hace el papel de padre de Kevin.

La película sigue la estructura de la novela. Mezcla los distintos tiempos de la acción. El antes y el después del día fatídico. He leído en algunos sitios que hablan de la película como si fuera de intriga. Yo no lo creo. No creo que sea esa la finalidad ni del libro ni de la novela. La misión es la historia es la de descubrir a los personajes y te los presenta como si fuera un puzzle. Una pieza de aquí, y otra de allá. Y al final tú te construyes una imagen de ellos. La intriga no es la finalidad, sino el medio.

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Es una obra dura. No se regodea, ni la novela ni la película, en la tragedia. Pero esa tensión entre madre e hijo, es tan intensa, tan dura, que te hace estremecer en muchos momentos. Yo sentí la necesidad de entender el personaje, acabar sabiendo por qué. No sé si lo he conseguido, pero sigo sintiendo una gran fascinación por él. Me gustaría ir a la cárcel y charlar con él horas y horas. Es un personaje, ya, pero es que los personajes tienen vida, este la tiene al menos, o así lo siento yo.

Estaría bien ir a verlo y ver lo que pasa.

Es que sabes, me parece que en el fondo, es una gran historia de amor. Más en el libro que en la película. Kevin quiere con locura a su madre.

Y ahora que lo pienso, lo verdaderamente inquietante de esta historia, es que ninguno de los personajes te acaba por gustar. Hasta el personaje de Franklin, el padre de Kevin, en su aparente bonhomía, me parece muchas veces repulsivo. Es como esas personas llenas de sonrisas y aparentes buenas intenciones que sabes que son fachada, que son falsas, que en realidad ocultan a una persona egoísta y manipuladora. Kevin será manipulador, pero su padre… quizás de ahí ha salido…

A todos los sacas pegas, todos te indignan las más de las veces. A todos odiarías. Pero a la vez, todos son tan atrayentes… tan interesantes de estudiar…

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Como curiosidad, la película empieza con la recreación de una fiesta española que fascina a Eva: la tomatina de Buñol. El rojo es el color de la vida de Eva.

La autora de la novela es Lionel Shriver. La película la dirige Lynne Ramsay.

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Créditos de la Novela:

Tenemos que hablar de Kevin.

Título Original: We need to talk about Kevin

Autora: Lionel Shriver

Traductor: Javier Calzada

Año publicación: 2.007

Editorial: Anagrama

nº páginas: 616

El tráiler de la película:

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El chico de las estrellas. Un libro escrito y vivido por Chris Pueyo.

Cuando decidí que “El chico de las estrellas” de Chris Pueyo era un libro que me interesaba y que merecía adelantar a las decenas de otras historias que están esperando pacientemente que tenga tiempo de leerlas, no esperaba que, además de las cosas que me habían llamado la atención sobre él, fuera escrita por alguien que calza unas zapatillas plateadas. Y cuando al empezar a leer el libro, me di cuenta de este hecho, me alegré mucho y me di cuenta de que el destino había puesto este libro en mi camino a posta.

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Mi presencia en este mundo virtual está marcado por diversos pares de zapatillas plateadas. Las zapatillas y sus dueños, claro. Cuantas noches escribiendo, leyendo e incluso hablando de, a, y con aquel Iago cuya enseña eran unas zapatillas plateadas. Y ahora llega Chris Pueyo.

¿Qué es “El chico de las estrellas”?

Yo creo que es una amalgama de sensaciones. Sensaciones que produce la vida. La vida de alguien al que le han dado algunos palos. Palos de su madre que no supo serlo. Tener un hijo no supone que sepas ser padre. Palos de aquellos con los que su madre intentó ser familia. Palos de esos chicos y chicas que se cruzaban en su camino en el colegio y que les aterraba comprobar que había gente que no era igual que ellos. Y antes de que esos “diferentes” te ganen la mano, mejor machacarlos. Me aterra la imagen de ese pasillo de baldosas amarillas por el que camina el niño Chris. O ese patio lleno de depredadores dispuestos a saltar sobre su presa, “El chico de las estrellas”.

Sensaciones. Sensaciones que produce el chico de las estrellas. Un chico con una imaginación tremenda que construye una realidad paralela. El chico de las estrellas y su alter ego, el chico Chris.

Sensaciones que produce la Luna y esos soplidos.

Sensaciones que se producen cuando el chico de las estrellas se equivoca en sus formas de navegar por la vida y se da cuenta. Y rectifica. Pero duele. Y deja huella. Como le dejó aquella pedrada al grito de “maricón”.

Y darse cuenta de repente que era maricón. Y a mucha honra.

Sensaciones cuando habla de sus amigos del alma. Esos que le defendieron de los malos, que le cogieron de la mano y escucharon sus susurros.

Sensaciones cuando el Chico de las estrellas huye a Londres. Tantos amigos huyeron en su día a Londres… a buscarse, a encontrarse, a soplar a la luna.

Sensaciones cuando el Chico de las estrellas se enamora, que romántico. Cuando el amor se empieza a torcer, que triste. Cuando se destruye, que zozobra.

Las sensaciones dan alegrías, dan tristezas. Producen cosas dentro de uno. Te dan ganas de coger de la mano al chico Chris, de abrazarlo, de darle un beso en la mejilla y decirle: “todo está bien, aunque ahora no lo veas”. Dan ganas de saltar con él de alegría cuando todo parece encarrilado. Y de decirle: “ya encontrarás a esa persona a la que debas enseñar a soplar a la luna”. Pero no dejes a nadie más las zapatillas plateadas, porque ellas solo son tuyas. Por mucho que ames, tus zapatillas, son tuyas. No pierdas nunca tu esencia. Dan ganas de abrazar a la “Dama de Hierro”, esa abuela que decide coger de la mano a su nieto y darle toda su vida, aunque por ley natural no le tocaría. Pero hay gente que sabe ver lo que hay en las personas y ella vio todo lo que había en su nieto. Y no solo eso, que hay gente que sabe ver. Pero ella además decidió actuar. Bien por la Dama de Hierro.

Está confusa esta reseña. Veamos de aclararlo.

Cuando tu realidad te atormenta, las personas imaginativas se crean como un mundo paralelo lleno de magia y de personajes. Esos personajes tienen su correlación en la vida real, pero tienen un nombre mágico. Por eso lo de “La Dama de Hierro” o la “Arquitecta de sonrisas” o el “Chico más guapo del mundo”, (que eso habría que verlo, ejem) y otros muchos. Y tu personaje tiene su correlativo en ese mundo imaginario. Y esta historia es que uno de ellos cuenta la vida del otro, que en realidad es la vida del uno. Y a veces hablan los dos. Y aunque te estén diciendo que su padrastro le zurraba la badana con 4 años, pues parece que no es para tanto, pero cuando te llega dentro, te llena de una zozobra inmensa y te emociona. Parece que es de fiesta, pero te acaba zurrando el corazón.

No queda nada más que decir. Que os recomiendo encarecidamente que lo leáis. Es corto, es muy de “Estrellas”, escrito en azul.

con grandes letras a veces

y con otras más pequeñas.

Todas llenas de sensaciones, como os he dicho antes.

Y tiene una portada chula, muy chula.

Todo es muy chulo en “El chico de las estrellas”.

Ved este vídeo. Es bonito.

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IV Semana del libro: “Personas como yo” de John Irving.

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Título: Personas como yo.

Título Original: In One Person.

Autor: John Irving

Traductor: Carlos Milla Soler.

Nº Páginas: 592

Editorial: Tusquets.

La señorita Frost tiene la culpa de todo. Y quizás también la tenga Charles Dickens.

Billy Abbott es el protagonista. Su vida cobra un sentido cuando conoce a la culpable, la señorita Frost. Es la bibliotecaria del pueblo donde vive. Un pueblo pequeño de Estados Unidos, no es exactamente de la América profunda, pero casi.

A Billy Abbott, desde los 15 años, le da por “encapricharse” de gente inconveniente. De la señorita Frost, por ejemplo. O de su padrastro. Este chico… es raro. Le gusta el teatro, le gusta la literatura, mira el mundo que le rodea con los ojos muy abiertos y sorprendido por las cosas que hacemos a veces por luchar contra aquellos que se salen un poco de la norma.

La historia nos la cuenta el propio Billy, cuando ya mayor, decide hacer un poco de memoria y recordar su vida. Las cosas han cambiado mucho desde que él era joven. Aunque quizás no todo lo deseable.

Por supuesto, Billy sale pitando de su pueblo en cuanto puede. Viaja por Europa, vive en Nueva York, luego en San Francisco. Vuelve a First Sister, su pueblo, ya mayor.

En la novela hay muchos personajes. Todos van marcando de una forma u otra a Billy. Su abuelo, empresario maderero y actor de teatro en su tiempo libre, con una cierta predilección por interpretar personajes de mujer en el escenario. Un profesor de lucha, que le enseñará cuatro cosas básicas para defenderse, a petición de la señorita Frost. Un campeón de lucha en el colegio, Kittredge y su madre. La madre de Billy, su verdadero padre ausente y del que solo sabe cuatro cosas y del que nadie le quiere hablar, sus amantes a lo largo de su vida. Y la amiga del alma de Billy, Elaine, con la que compartirá lo bueno y lo malo de una forma u otra.

Muchos de estos personajes con una forma de ser que hace que la vida no sea fácil. Porque la mayor parte de ellos, son raros, entre los raros. Gays que no se ajustan a la norma, bisexuales que son proscritos entre los heteros y entre los gays, los travestidos o transgénero, que en general son incomprendidos por todos y relegados a lo peor. Son personajes, personas, que son susceptibles de ser etiquetados, porque se salen de la norma. Cuando se etiqueta, en general, es para denigrar, para juzgar. Fuera tolerancia, fuera respeto. Y en un momento de su vida, llega el SIDA.

John Irving es un escritor magnífico. Sus novelas siempre tienen miga. Responden a la necesidad de contar una historia, pero a la vez reivindican algo, a la vez que reflejan un mundo extraño para muchos. Leerle es como hacer un puzzle. En general cuenta siempre sus historias desde la perspectiva del escritor como protagonista, primera persona, y lo escribe desde la vejez, haciendo memoria. Entonces, sus viajes en el tiempo, atrás, adelante, son una constante. Pero no es complicado, aunque tampoco es fácil, porque, es como si estuvieras con Billy alrededor de una mesa, en una cafetería, fumando un cigarrillo y escuchando sus recuerdos. Los recuerdos a veces son un poco caprichosos. Vamos avanzando en la historia y nos viene a la cabeza un hecho que sucedió muchos años después, cuando reencontraste a esa persona, y luego vuelves atrás, porque has recordado algo que te dijo tu primo cuando eras pequeño y que entendiste en ese momento, con ese amigo reencontrado.

He de reconocer que Irving es un autor que me encanta siempre. Me encanta dejar fluir la historia que, poco a poco, se vaya componiendo el cuadro que te está dibujando.

Esta novela tiene la gracia para nosotros, en que prácticamente acaba en Madrid, en Chueca. Puedes visitar en sus letras algunos locales verdaderos de Chueca, para luego sumergirte en los que él ha creado para la historia.

Quizás la única pega que le pondría a esta novela, es la terminología específicamente gay que utiliza. No es la que estamos acostumbrados aquí.

Cuando la palabra “areola” y “areolas” se sumaron a mi larga lista de pronunciaciones conflictivas, Martha Hadley me preguntó:

– ¿Reside la dificultad en lo que son?

– Es posible – contesté -. Por suerte, no son palabras que se usen a diario.

– Mientras que “biblioteca” o “bibliotecas”, por no hablar ya de “pene”… – comenzó a decir la señora Hadley.

– El problema está más en el plural – le recordé.

– Supongo que no haces mucho uso de “penes”, quiero decir, el plural, Billy – señaló Martha Hadley.

– No todos los días – contesté.

Me refería a que la ocasión de decir la palabra “penes” surgía rara vez, aunque eso no significaba que no pensara en los penes a diario, porque sí pensaba. Y por tanto – quizás porque no se lo había contado a Elaine ni a Richard Abbott ni al abuelo Harry, y probablemente porque no me atreví a contárselo a la señorita Frost -, se lo conté todo a la señora Hadley. (Bueno, casi todo.)

Grande Billy. Grande John Irving.

IV Semana del libro: “La verdad sobre el caso Harry Quebert”.

¡Mire Marcus! ¡Mire dónde estamos! Estamos en el paraíso de los escritores. Basta con escribirlo y todo podrá cambiar.”

El paraíso de los escritores es el lugar donde se decide reescribir la vida como uno hubiera querido vivirla. Porque el poder de los escritores, Marcus, es que deciden el final del libro. Tienen el poder de hacer vivir o de hacer morir, tienen el poder de cambiarlo todo. Los escritores tienen en sus dedos una fuerza que, a menudo, ni siquiera sospechan. Les basta con cerrar los ojos para cambiar radicalmente el curso de una vida, Marcus, ¿qué habría pasado ese 30 de agosto sí…?”

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Estas citas del libro de Joël Dicker, me encantan. Tiene otro montón de frases que me dicen muchas cosas. Eso no quiere decir que las suscriba. No estoy completamente de acuerdo con, por ejemplo, la segunda. No creo que los escritores tengan el poder de escribir las cosas a su albedrío. Yo soy de los que piensan que los personajes son los que dictan las cosas. Tú puedes obligarles a hacer cosas, a decir cosas, pero… sabes, si ellos no las sienten, será un fiasco. Es mejor que la historia fluya como ellos quieren. En todo caso, puedes negociar, por ejemplo, hasta donde llegar, porque si no, algunas historias no acabarían nunca. Porque luego, un personaje te puede presentar a un amigo, o te puede contar algo que escuchó en la cafetería “Mármol”, o vete tú a saber, te saca una foto de su caja mágica, y una historia surge ahí, de improviso.

Pero en esto de los escritores, hay varias corrientes. Otros muchos están de acuerdo con la afirmación de Joël Dicker.

Por si no lo parece, estoy hablando de “La verdad sobre el caso Harry Quebert”.

Supe de ella, por un reportaje en “El País”. Sí, creo que fue justo en estas fechas, el año pasado, antes de la Feria del Libro de Madrid. En cuanto leí de que iba la cosa, me subyugó.

¿De qué va para que me llamara la atención?

Va de un escritor. Me gustan las historias de escritores. Yo voy a escribir historias de escritores. Redundemos en la palabra “escritor” y en su concepto. Porque no es solo la historia de un escritor, sino la de dos escritores. Incluso podríamos decir que es la de tres escritores. Y un editor. Y un agente de escritor.

No, vale, estoy llevándoos por el camino de la confusión. Otra vez:

La verdad sobre el caso Harry Quebert”, trata del descubrimiento del cadáver de una niña que desapareció 30 años antes. Nola. Que bonito nombre. Creo que lo utilizaré yo también en alguna historia. El caso es que resulta que acusan al Harry Quebert este del crimen. Harry Quebert es escritor. Harry Quebert, además, resulta que se enamoró de esa chica. La joven tenia 15 años, él 30.. Es un doble escándalo: por un lado el crimen y por otro lado, el amor por la joven.

Harry tiene un amigo-pupilo-alma gemela, Marcus Goldman, que tiene una falta increíble de inspiración literaria, después de un bombazo de primer libro que está a punto de hacerle acabar como alguno de los protagonistas de “La hoguera de las vanidades”. Goldman, acuciado por un amor profundo por su amigo, del cual no se ha acordado para nada en los meses de vino y gloria, viaja a Aurora, el pueblecito en dónde ha ocurrido todo, para ayudar a su amigo.

Luego resulta que el editor de Goldman, lo presiona para que escriba un libro sobre el tema. Goldman se resiste y tal, pero en el fondo, yo creo que está encantado con que se lo pidan. Porque después de dos años de no haber podido escribir ni un “sujeto, verbo, predicado”, con sentido, ahora se siente con ganas. La justificación es “defender a su amigo”. Pero yo creo que en todo esto subyace la necesidad de resurgir de sus cenizas.

Y ya tenemos el libro que Marcus Goldman escribe mientras investiga. “El caso Harry Quebert”.

Un libro sobre un libro. Me encanta.

Pues qué deciros, que a mí la verdad es que me ha gustado. Tenía un poco de miedo, porque parece que cuando cojo una novela con muchas ganas, parece que éstas se diluyen como azucarillos en un vaso de aguita caliente. Pero aquí no.

He disfrutado con la investigación, con el caso policíaco, con la crítica al mundo editorial, espero que Joël Dicker no se haya convertido en lo que imaginó para el éxito de Marcus Goldman, con los consejos de escritor a escritor con que empiezan cada capítulo. He disfrutado de las conversaciones de Marcus con su madre, con su editor. He disfrutado con la estructura de la novela. Y me he sorprendido con los giros que va dando la historia. Hasta el epílogo, la historia está viva.

Además, sufrí ese movimiento telúrico que me suele dar cuando estoy con una historia que me subyuga, y es “la carrera final”. Hasta un momento, puedo controlar el ritmo de lectura. Llegado un punto, la pasión se desata y según va pasando el tiempo y no puedo soltar el libro, voy cambiando planes mentalmente. Hasta que la acabo.

Entonces respiro, y retomo mi vida. Y hago cálculos para recomponer mi agenda. Este finde, por ejemplo, no he podido escribir nada. Nada. Pero bueno. Tampoco he ido al cine, ni a Lisboa a la final de la Champions. Me había invitado Florentino, pero he debido declinar el ofrecimiento. Harry Quebert tiene la culpa.

También me llamo Morata para que le ayudara a subir a la Cibeles con la copa y tal. Pero me faltaban dos capítulos y le dije que no. Y mira que me cuesta decirle que no a Morata. 😉

Así que recomendaros la novela. Es apasionante, es divertida, es intrigante. Hay que fijarse en los detalles, en las palabras. En algún momento del libro, no encuentro la cita exacta, viene a decir que las palabras son importantes, pero que lo verdaderamente determinante es “el sentido de las palabras”.

Otro trocito para acabar:

¿Recuerda nuestra conversación, el día que obtuvo su diploma de Burrows?

– Sí, dimos un largo paseo juntos a través del campus. Fuimos hasta la sala de boxeo. Me pregunto que pensaba hacer a partir de entonces, y le respondí que iba a escribir un libro. Y entonces, me pregunto por qué escribía. Le respondí que escribía porque me gustaba y entonces me dijo…

– Eso, ¿qué le dije?

– Que la vida tenía muy poco sentido. Y que escribir daba sentido a la vida.”

Título: “La verdad sobre el caso Harry Quebert”.

Titulo original: “La Verité sur l’Affaire Harry Quebert.”

Autor: Joël Dicker.

Editorial: Alfaguara

Traductor: Juan Carlos Durán Romero.

Nº Páginas: 667

IV Semana del libro: “Middlesex” de Jeffrey Eugenides, por Pucho.

 

MIDDLESEX, de Jeffrey Eugenides

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Supongo que a pocos descubriré algo nuevo con esta propuesta. Se trata de una obra sobradamente conocida y reconocida, firmada por Jeffrey Eugenides (el autor de “Las vírgenes suicidas”) bestseller internacional y ganadora en su año del premio Pulitzer. Algunos la habréis leído ya, pero quizás otros, por su generosa extensión, o por cualquier otro motivo, no habréis encontrado el momento, o simplemente la dejasteis pasar. A mí me gustaría animaros a que os acercarais a sus páginas. Incluso a los que la hayan leído ya, a recordarla.

El libro comienza así:

Nací dos veces, fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960¸y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974 (….)

En mi partida de nacimiento, mi nombre figura como Calíope Helen Stépanides. En mi último carné de conducir (de la República Federal de Alemania), mi nombre es simplemente Cal.(…)

Pero ahora, que tengo cuarenta y uno, siento que se acerca otro nacimiento. Tras decenios de despreocupación, de pronto pienso en tíos abuelos fallecidos, en abuelos olvidados mucho tiempo atrás, en desconocidos primos de quinto grado, o bien, tratándose de una familia endogámica como la mía, en todo eso a la vez.”

Tal y como anuncia desde el comienzo, el libro abarca la historia personal de la familia Stépanides, Empezando por los abuelos Eleuterio y la fascinante Desdémona, criadores de gusanos de seda y pertenecientes a la minoría griega en Turquía, que logran escapar de la persecución turca tras la guerra entre los dos países, exiliándose en los Estados Unidos. Habla de cómo se enamoraron y ocultaron al mundo que eran hermanos para casarse y tener hijos. Cuenta después, a través de varias generaciones, la supervivencia y la lucha en el día a día. Habla de la depresión económica, de los conflictos raciales, de los sentimentales, y en definitiva de los mil momentos y circunstancias que escriben cada vida.”

La variedad de registros por los que pasa la obra, que van desde el relato histórico al costumbrista, es extraordinariamente enriquecedora y la profundidad descriptiva y sobre todo humana de los personajes, que son capaces de hacerte creer hasta en leyendas esotéricas, la convierten en una lectura apasionante y casi adictiva. Pero sin duda, su mayor valor está en su protagonista, Cal (o Calíope), persona serena y reflexiva, tan apegada a la realidad, que desprende verdad con cada palabra. Calíope es el fiel reflejo de cómo ni educación, ni roles, ni imposición alguna, pueden acallar la verdad íntima y personal de cada uno. Sus circunstancias son en principio un tanto particulares, ya que tienen el condicionante biológico de haber nacido hermafrodita, algo que por descuido y por ignorancia, pasa ante todos desapercibido y a resultas de lo cual se le asigna erróneamente el género femenino, conjuntamente con una educación, diría bastante tradicionalista en ese sentido. Pero creo que aunque su historia sea particular, puede hacerse igualmente extensible a todo el que por una razón u otra se encuentra ante la realidad de una identidad sexual que diverge con respecto al rol que se le asigna. Es fácil seguir sus pasos y entenderla, tanto, que seguramente hasta el lector más alejado de este tipo de circunstancias, habrá sentido acompañándola en su viaje hacia la edad adulta como esa realidad se va abriendo camino y como seguramente cosas que muchas veces desde la distancia, parecen incomprensibles, o incluso anómalas, no son mas que la auténtica verdad de la naturaleza humana y de la vida.

En definitiva, se trata de un libro cuya fama es más que merecida, valioso en muchos sentidos y que invita a reflexionar de muchas maneras distintas: ¿Dónde reside la esencia de cada ser humano?, ¿Qué nos hace ser únicos?, ¿Qué nos define?

Nos abrazamos. Dada mi estatura, apoyé la cabeza en su hombro, y ella me pasó la mano por el pelo mientras yo sollozaba.

-¿Por qué?- Siguió llorando sin ruido, sacudiendo la cabeza-¿Por qué?- Pensé que estaba hablando de Milton. Pero entonces aclaró-: ¿Por qué te escapaste cariño?

-Tenía que hacerlo.

-¿No crees que habría sido más fácil seguir siendo lo que eras?

Alcé la cabeza y miré a mi madre a los ojos. Y se lo dije.

-Es que era así.

(…)

Cuando volví de San Francisco y empecé a llevar vida de hombre, mi familia descubrió que, contrariamente a la opinión popular, la identidad sexual no es tan importante. Mi cambio de chica a chico era menos dramático que la distancia que todo el mundo recorre de la infancia a la edad adulta. En muchos aspectos seguía siendo la persona que siempre había sido. Incluso ahora, que vivo como hombre, en lo esencial sigo siendo la hija de Tessie. Soy yo quien se acuerda de llamarla todos los domingos. Es a mí a quien ella cuenta la creciente lista de sus dolencias. Como toda buena hija, seré yo quien la cuide en su vejez.”

Título: Middlesex

Autor: Jeffrey Eugenides

Editorial: Anagrama, 2005

Traductor: Benito Gómez Ibáñez

nº Páginas: 680