Diario de un hombre sin nada que contar. 9ª entrada.

Llamé a Guillermo para contarle. Quería una explicación. Necesitaba.

Quedamos.

No dijo nada.

Le conté y me habló de sus planes. Me habló de él.

Me preguntó como estaba. No me dejó contestar. Me habló de él, de sus planes.

Insistí en lo de su madre. Miró el móvil y dijo que tenía prisa.

Se fue.

He pasado el fin de semana haciendo memoria. Me sorprende el Guillermo de estos días. No era así.

Sí era así. Era yo el que era distinto, veía las cosas distintas. Lo quería y obviaba las cosas de él que no me gustaban.

He pasado el fin de semana sentado en mi salón, con la mirada perdida.

Patético. Compadeciéndome. Llorando por mi vida tirada a la basura. Llorando por las personas a las que no presté la atención debida y llorando por las que me ignoraron.

Tengo que pensar en lo de mi hijo Antonio. Me llamó hace unos días.

Tengo que pensar en ello.

Debería hacer algo.

Otro día en que la vida me pesa. En que me siento solo. En que sonrío cuando aparece alguien y lloro cuando nadie me observa.

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Néstor G

Diario de un hombre sin nada que contar. 8ª entrada.

Había prometido escribir cinco días a la semana. Llevo cinco días sin escribir. Seis.

Hace sol. Yo estoy nublado.

Algo me tiene bloqueado.

Es lo de mi hijo. Una posibilidad. Otro día lo cuento.

Didac no tiene tiempo para un café.

López me evita.

Morata no me llama. Ni me llamará. Esto es una tontería. Tom Daley tampoco. Otra tontería.

Ayer una clienta entró en mi despacho de improviso y me vio con los ojos llorosos y la mirada perdida en el infinito. Me miró con desprecio. Era desprecio. Era asco.

¿Por qué? La pregunté. No me contestó.

Llamé a Eduardo y le pedí que la atendiera. Cuando se iba con él, la oí comentar que si era un tal y un cual. Yo era tal y cual. Dijo algo de marica y de que Dios me castigaría. Estaba llorando, le decía a Eduardo. Vergonzoso.

Me giré para evitar enfrentarme a ella y echarla de la oficina.

Eduardo se encargó de ello. La dijo que mejor que se cambiara de banco, o al menos de oficina. Amenazó con llamar a alguien que conocía. Me iba a enterar, me iban a echar por marica. Ella sabía, ella tenía amigos. No sabes con quién estáis hablando. Eso es una abominación. Lo dice la Biblia.

Salí a tomar el aire.

Volví al cabo de diez minutos. Todavía estaba allí. Montaba un espectáculo. Muchos clientes observaban. Uno parecía darle la razón asintiendo imperceptiblemente con la cabeza. Lo conozco. Es Manolo. Es políticamente correcto. En voz alta dirá siempre que los homosexuales bien. Que él tiene amigos homosexuales. Parece que su subconsciente le traiciona.

Los demás la miran con pena.

Me lanzo al problema. Eduardo no tiene que pagar los platos rotos. La indico que vuelva a mi despacho. La explico que me ha faltado al respeto. Me amenaza. Cojo el teléfono y la pido que me diga quien es su amigo en el Banco. Para llamarlo. Me dice un nombre: Luis. Lo conozco. Llamo. Le explico la situación. Pongo el manos libres. Habla la señora. Se envalentona. Le dice de que da asco, que Dios, que su familia. No hace falta que te recuerde lo que hizo mi marido por ti hace unos años, le espeta de repente.

Le oigo suspirar. Incluso me imagino que se ríe.

Les dejé hablando. Me aburría el tema. Me fui a tomar una cerveza.

Me llama Luis al móvil.

Perdónala. Acaba de enterarse de que su hijo es gay. Y cree que tú eres el culpable de que lo sea.

Me quedo en silencio. No conozco al hijo de la señora.

Es Guillermo. Es la madre de Guillermo.

Conozco a Guillermo. Íntimamente.

Por eso vino a verme. Para avisarme. Pero no me avisó. Ni quiso usar las sábanas limpias que había puesto en la cama.

Esta historia no ha ayudado precisamente a que mi ánimo se desbloquee. Ahora el día está más nublado.

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Néstor G

Fer y David, la historia. 25ª parte.

Volvemos sobre la historia de Fer y David de Física o Química.

Hoy toca ese tema tan peliagudo: tú eres amigo de los dos miembros de la pareja. Te enteras de que uno le pone los cuernos al otro. ¿Qué haces?

Fer está un poco enfadado.

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Pero David no se rinde. Y hace un vídeo.

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Diario de un hombre sin nada que contar. 7ª entrada.

López se ha mosqueado conmigo. Por lo del sexo telefónico. Por contarlo. Le he dicho que tranquilo, que López hay muchos. Nadie se entera.

Me parece que se ha mosqueado porque no me puso. Aunque calla. No le tenía que haber dicho lo del diario.

Le he preguntado si pasaba algo. Me ha dicho que no. Me ha mentido. He insistido. Se ha enfadado. He insistido. Me ha dicho que si que le pasa, pero que no me lo cuenta. He insistido: me ha colgado.

Mañana le iré a buscar al trabajo.

Me ha dicho tatojimmy que alguien le ha escrito preguntando por mí. No tengo intención de interactuar con nadie, ya se lo dije cuando me dijo de quedar. Me da vergüenza. Escribir a alguien que no conoces. Me dice Didac que es normal, que no pasa nada. Pero no, no lo voy a hacer. Le preguntaré a López.

La gente se extraña que no me gusten los ordenadores ni nada de eso. Soy raro. No me gustan. No tengo redes sociales ni nada de eso. Me dice López que podría ligar. Todos se piensan que todos mis problemas se solucionan con ligar. Si digo que estoy triste: a ligar. Si digo que me duele el cuello: a ligar. Si tengo la digestión pesada; a ligar.

Estoy solo. Me pesa la soledad. Pero me ha pesado siempre. Cuando estaba casado, cuando he vivido con mis hijos. Nadie ha logrado llenar la sensación de soledad que me pesa en el corazón. Ni cuando estuve con Guillermo. Tres años de intenso amor. Didac me dice que tengo que ir a un psicólogo. López me dice que ni se me ocurra. No voy a ir.

El otro día un periódico inglés criticaba a unos deportistas por celebrar una medalla muy juntos. Se abrazaban en bañador. Eran saltadores. Uno era Chris Mears. Me gusta Chris Mears. Era una celebración muy gay para el periódico. Pensando así, no me extraña que haya ganado el Brexit. Que pena. Yo me hubiera abrazado a Chris Mears. Muy pegados.

No he tomado la cerveza de después de trabajar. Me he ido a casa y miraba por la ventana. Me he pasado con el whisky.

La vida es una mierda.

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Néstor G.

Jason Bourne, la película.

Casi me da un pasmo al abrir mi Facebook. Lo primero que he visto es que me sugerían una página sobre la película de “Jason Bourne”.

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Y yo me he preguntado: ¿Cómo saben que he ido a ver la película?

Ya te mosquea bastante que cuando buscas “perras en celo” en el buscador, cuando abres el correo te aparecen anuncios de bonitos perros de raza en venta. Ejem. Y te siguen apareciendo esas sugerencias durante semanas. Yo un día busqué un libro en concreto, y me sigue apareciendo misteriosamente sugerido en los anuncios de librerías que se cruzan en las webs que visito. Que esa es otra, lo que se anuncian las librerías, pensé yo un día, tonto de mí. Hasta que me di cuenta que se anunciaban porque visitaba yo las páginas, como lo de los perros.

Escribo sobre amor a veces, sobre ligues y tal, y me aparecen anuncios de páginas de contactos.

Nos espían, queridos.

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Iba a hablar de la última película de Jason Bourne. Es una saga que me ha gustado siempre. Salvo aquel intento que hicieron sin el director original Paul Greengrass y sin Matt Damon, que no me hizo feliz. Volvemos a la esencia de la serie. A su director y a su actor protagonista. Los villanos, pues bueno, van cambiando, porque los anteriores están alimentando a las amapolas.

Oye, que he pasado un par de horas muy entretenidas. Se me han pasado volando.

La verdad es que da pocos respiros. Coge ritmo y no para hasta el final. Emoción, persecuciones impresionantes, actores resultones, y guión creo que aceptable… complicado, enrevesado, como mandan los cánones para este tipo de films.

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Y os preguntaréis: ¿Cómo se puede mantener la intriga en una película que sabes que al protagonista no le va a pasar nada?

Pero es que el resto de personas que pasan por su lado pueden morir todas. Y lo hacen bien, porque cada parte de la película, se fija en un personaje. Y en ese tiempo, la intriga es ¿morirá o no? ¿Lo matará Bourne o lo matará la CIA? ¿Morirá por disparo o por un puñetazo bien dado? Pero lo hacen de tal forma que verdaderamente consiguen angustiarte.

Y da igual que sean hombres y mujeres. Los guionistas de Bourne no discriminan. Matan tanto a hombres como a mujeres.

¿De qué va la película?

Pues de Jason Bourne. Y un poco de seguridad cibernética, de que nos espían, de algo parecido a Facebook, pero que se llama de otra forma con un fundador que se llama de otra forma. Y que esa empresa tiene ahí unos acuerdos muy raros con los malos. Y que Bourne quiere saber cosas de su papá, o mejor dicho, se las dicen pero quiere contrastarlas.Y hay una gente empeñada en que siga en la inopia, o mejor dicho, que se vaya a alimentar las mismas amapolas que alimentaron los malos de las películas anteriores. Y lo más emocionante, para la siguiente parte, es que sabes que hay malos en la peli que no son descubiertos. Ahí queda eso. Y que algún personaje no sabes a que juega ni al final.

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Y lo más bonito de todo es que por Bourne, han pasado los años. Y eso es reconfortante cuando uno se mira al espejo. Es cierto, no os riáis. Vemos a un Bourne que ya no tiene la piel tersa y suave, que parece un poco hinchado. Hombre. Tened en cuenta que el pobre lleva escondiéndose de los malos muchos años. Y que se gana la vida de pelea en pelea, con sus apuestas y esas cosas. Eso para el cutis no debe ser bueno.

El caso es que me ha gustado. Trepidante, emocionante, con ritmo y hasta podríamos abrir un debate sobre alguna parte de la trama: la CIA espiando a la gente 24 horas, la privacidad en las redes sociales o como los buenos y los malos a veces nivelan sus métodos de actuación.

Me gusta Matt Damon como Jason Bourne. Tommy Lee Jones, que decir de él. Y Julia Stiles. Y esta chica de moda, Alicia Vikander. Y Vincent Cassel, que es muy malo, pero malo.

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¿Os he dicho que hay dos persecuciones de coches estupendas? Seguramente las veáis cuando se hagan recopilaciones de las mejores persecuciones en la historia del cine. Trepidantes, originales y muy bien rodadas. Y las escenas de Grecia, con los manifestantes y la policía. Y los protagonistas entre la multitud. Eso no es fácil de hacer sin que se note que es todo una coreografía. Y si no, que se lo pregunten a Amenábar en aquella película sobre Hipatia.

Hacía mucho tiempo que no iba al cine y oye, en mi vuelta, me lo he pasado pipa.

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Y para acabar, un “detrás de las cámaras”, por ver otras perspectivas de algunas escenas.

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